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Balance 2009: algunas películas para recordar

Diciembre 22, 2009

En estos tiempos en los que se accede a las películas de manera arbitraria y dispersa, repensar las que se han visto durante el año y seleccionar las mejores puede ser algo más que un simple pasatiempo: permite rescatar títulos y nombres que se distinguen del resto, poniendo el foco en ellos, tomándolos incluso como referentes del cine valioso, estimulante o innovador que se hace en la actualidad.
Procurando que el blog sea –como se planteó desde su creación, un año atrás– un modesto espacio para la reflexión y la discusión, se buscaron opiniones. Los convocados fueron críticos, realizadores, programadores y docentes de la especialidad (es decir, espectadores con una mirada más exigente y analítica), todos de nuestra ciudad.
Mario Piazza y Sonia Helman optaron por destacar un solo título cada uno de ellos (el documental de Andrés Habegger Imagen final y el largometraje realizado por alumnos y docentes de la Escuela para Animadores de Rosario Guía de Rosario misteriosa, respectivamente). Julia Solomonoff, Hugo Grosso, Andrés Nicolás, Esteban Tolj y Juan Mascardi pidieron disculpas por no poder intervenir, alegando distintos motivos. Otros no respondieron a la invitación. Las listas de quienes cordialmente participaron (más el recuento de las películas más mencionadas), pueden apreciarse a continuación. La invitación está abierta para agregar comentarios o discutir estas valoraciones.

JUAN AGUZZI
(Crítico, editor de la sección Espectáculos del diario El Ciudadano)

- Entre los muros (L. Cantet)
- El silencio de Lorna (Hnos. Dardenne)
- El sol (A. Sokurov)
- My Winnipeg (G. Maddin)
- Los abrazos rotos (P. Almodóvar)
- Big bang love (T. Miike)
- Arrástrame al infierno (S. Raimi)
- Gomorra (M. Garrone)
- La huérfana (J. Collet-Serra)
Película argentina:
- El sueño del perro (P. Pécora)
Película no estrenada comercialmente:
- Aquél querido mes de agosto (M. Gomes)

LEANDRO ARTEAGA
(Docente, periodista, crítico de Rosario/12 y Radio Universidad)

- Arrástrame al infierno (S. Raimi)
- Bellamy (C. Chabrol)
- Belle toujours (M. de Oliveira)
- Competencia desleal (E. Scola)
- El silencio de Lorna (Hnos. Dardenne)
- Entre los muros (L. Cantet)
- Gran Torino (C. Eastwood)
- MR 73: La última misión (O. Marchal)
- Sector 9 (N. Blomkamp)
- Los abrazos rotos (P. Almodóvar)
Película argentina:
- El niño pez (L. Puenzo)
Película no estrenada comercialmente:
- Dark Blue (R. Shelton)

GUILLERMO BRUNO
(Crítico de espectáculos de LT3 y FM Latina)

- Milk (G. Van Sant)
- La culpa es de Fidel (J. Gavras)
- Arrástrame al infierno (S. Reimi)
- La ola (D. Gansel)
- Gran Torino (C. Eastwood)
- Rebobinados (M. Gondry)
- La duda (J. P. Shanley)
- El árbol de lima (E. Riklis)
- Al otro lado (F. Akim)
- Coraline y la puerta secreta (H. Selick)
Película argentina:
- El último verano de la boyita (J. Solomonoff)
- Luisa (G. Calzada)
- Fantasma de Buenos Aires (G. Grillo)
Película no estrenada comercialmente:
- Hacia rutas salvajes (S. Penn)

FLORENCIA CASTAGNANI
(Realizadora, directora de Bienvenidos a 1968, documental estrenado este año en el Centro Cultural Parque de España)

- Entre los muros (L. Cantet)
- Entre nosotros (M. Ade)
- El silencio de Lorna (Hnos. Dardenne)
Película argentina:
- El último verano de la boyita (J. Solomonoff)
Película no estrenada comercialmente:
- Pingpong (M. Luthardt)
- 34 rhums (C. Denis)

GABRIEL CEJAS
(Realizador, músico, integrante del equipo organizador del Festival Transterritorial de Cine Underground)

My Winnipeg (G. Maddin)
Bastardos sin gloria (Q. Tarantino)
Big bang love (T. Miike)
El silencio de Lorna (Hnos. Dardenne)
Sector 9 (N. Blomkamp)
El luchador (D. Aronofsky)
Película argentina:
- El secreto de sus ojos (J. J. Campanella)
Película no estrenada comercialmente:
Anticristo (L. Von Trier)

ELBIO CÓRDOBA
(Realizador, docente, coordinador de talleres de guión para cine y TV)

- Bastardos sin gloria (Q. Tarantino)
- Belle toujours (M. de Oliveira)
- Coraline y la puerta secreta (H. Selick)
- El silencio de Lorna (Hnos. Dardenne)
- Goodbye Solo (R. Bahrani)
- Gran Torino (C. Eastwood)
- La huérfana (J. Collet-Serra)
- Lejano (N. Bilge Ceylan)
- Ponyo y el secreto de la sirenita (H. Miyazaki)
- Up: una aventura de altura (P. Docter/B. Peterson)
Película argentina:
- Vil romance (J. C. Campusano)

LEONARDO DE ANGELIS
(Crítico de espectáculos de LT3)

- Gomorra (M. Garrone)
- ¿Quién quiere ser millonario? (D. Boyle)
- Entre los muros (L. Cantet)
- El primer día del resto de nuestras vidas (A. Desplechin)
- Belle toujours (M. de Oliveira)
- Gran Torino (C. Eastwood)
- Milk (G. Van Sant)
- Bastardos sin gloria (Q. Tarantino)
- Up, una aventura de altura (P. Docter/B. Peterson)
- Criatura de la noche: vampiros (T. Alfredson)
Película argentina:
- El secreto de sus ojos (J. J. Campanella)
- El último verano de la boyita (J. Solomonoff)
Película no estrenada comercialmente:
- Vals con Bashir (A. Folman)

GUSTAVO ESCALANTE
(Realizador, miembro del equipo de trabajo del Centro Audiovisual Rosario)

- Australia (B. Luhrmann)
- Bastardos sin gloria (Q. Tarantino)
- Bellamy (C. Chabrol)
- Coraline y la puerta secreta (H. Selick)
- El silencio de Lorna (Hnos. Dardenne)
- Gomorra (M. Garrone)
- Gran Torino (C. Eastwood)
- Los abrazos rotos (P. Almodóvar)
- Sector 9 (N. Blomkamp)
- Up: una aventura de altura (P. Docter/B. Peterson)
Película argentina:
- El artista (M. Cohn/G. Duprat)
Película no estrenada comercialmente:
- Mother (B. Joon-ho)

DIEGO FIDALGO
(Realizador, ganador este año del concurso de proyectos documentales del INCAA por Hombres de ideas avanzadas, actualmente en rodaje)

- Al otro lado (F. Akim)
- Belle toujours (M. de Oliveira)
- Che: Guerrilla (S. Soderbergh)
- Cous cous, la gran cena (A. Kechiche)
- El luchador (D. Aronofsky)
- El silencio de Lorna (Hnos. Dardenne)
- Entre los muros (L. Cantet)
- Jardines de otoño (O. Iosseliani)
- Milk (G. Van Sant)
- Shotgun stories (J. Nichols)
Película argentina
- Imagen final (A. Habegger)
- Süden (G. Solnicki)
Película no estrenada comercialmente:
- Los límites del control (J. Jarmusch)

ERNESTO FIGGE
(Realizador, editor, docente, jefe del área técnica del Festival Latinoamericano de Video Rosario)

- Up: una aventura de altura (P.Docter/B. Peterson)
- Rebobinados (M. Gondry)
- Entre los muros (L. Cantet)
- El lector (S. Daldry)
- Las horas del verano (O. Assayas)
- Bellamy (C. Chabrol)
- Los abrazos rotos (P. Almodóvar)
- Los amantes (J. Gray)
Película argentina:
- El último verano de la boyita (J. Solomonoff)
- Mentiras piadosas (D. Sabanés)
Película no estrenada comercialmente:
- Man on wire (J. Marsh)

DIEGO FIORUCCI
(Realizador, docente, dibujante)

- Gran Torino (C. Eastwood)
- El lector (S. Daldry)
- El silencio de Lorna (Hnos. Dardenne)
- El sustituto (C. Eastwood)
- La duda (J. P. Shanley)
- Coraline y la puerta secreta (H. Selick)
- Entre los muros (L. Cantet)
- Criatura de la noche: vampiros (T. Alfredson)
- El luchador (D. Aronofsky)
- Up: una aventura de altura (P. Docter/B. Peterson)
Película argentina:
- El niño pez (L. Puenzo)

LUIS FITTIPALDI
(Docente, actor, director de contenidos del sitio Rosariocine)

- Gran Torino (C. Eastwood)
- Bastardos sin gloria (Q. Tarantino)
- Sector 9 (N. Blomkamp)
- Frost/Nixon: la entrevista del escándalo (R. Howard)
- Up: una aventura de altura (P. Docter/B. Peterson)
- El luchador (D. Aronofsky)
- La huérfana (J. Collet-Serra)
- El lector (S. Daldry)
- Arrástrame al infierno (S. Daldry)
Película argentina:
- El último verano de la boyita (J. Solomonoff)
- Homero Manzi, un poeta en la tormenta (E. Spagnuolo)
Película no estrenada comercialmente:
- Camino (J. Fassler)

GUSTAVO GALUPPO
(Realizador, músico, docente, director del film experimental Sunlight, premiado este año en el Festival Latinoamericano de Video Rosario)

Lejano (N. B. Ceylan)
My Winnipeg (G. Maddin)
Película argentina:
- El sueño del perro (P. Pécora)
Película no estrenada comercialmente:
- Melancolía (L. Diaz)
- Aquiles y la tortuga (T. Kitano)
- Nymph (P. Ratanaruang)
- Santiago (J. Moreira Salles)
- 12 Lotus (R. Tan)
- Anticristo (L. Von Trier)

RODRIGO GRANDE
(Realizador, director del largometraje Cuestión de principios)

- Up: una aventura de altura (P. Docter/B. Peterson)
- Bolt: un perro fuera de serie (C.Williams/B. Howard)
- Vicky Cristina Barcelona (W. Allen)
- El lector (S. Daldry)
- Sector 9 (N. Blomkamp)
- La era de hielo 3 (C.Saldanha/M. Thurmeier)
- Gran Torino (C. Eastwood)
- Frost/Nixon: la entrevista del escándalo (R. Howard)
- Bastardos sin gloria (Q. Tarantino)
- 500 días con ella (M. Webb)
Película argentina:
- El secreto de sus ojos (J. J. Campanella)

DANIEL GRECCO
(Gerente del complejo de cines Monumental, de Rosario)

- Bastardos sin gloria (Q. Tarantino)
- El curioso caso de Benjamin Button (D. Fincher)
- ¿Quién quiere ser millonario? (D. Boyle)
- Camino a la redención (G. Arriaga)
- Cuentos que no son cuentos (A. Shankman)
- Corazón de tinta, el libro mágico (I. Softley)
- El árbol de lima (E. Riklis)
- Enemigos públicos (M. Mann)
- Identidad sustituta (J. Mostow)
- La era de hielo 3 (C. Saldanha/M. Thurmeier)
Película argentina:
- El secreto de sus ojos (J. J. Campanella)

GABRIEL GUILLAUMET
(Realizador, docente, director de fotografía)

- Entre los muros (L. Cantet)
- El luchador (D. Aronofsky)
- ¿Qué pasó ayer? (T. Phillips)
- Rebobinados (M. Gondry)
- Vicky Cristina Barcelona (W. Allen)
Película no estrenada comercialmente:
- Un hombre serio (Hnos. Coen)
- Moon (D. Jones)
- Castaway on the moon (H. Lee)

FERNANDO HERRERA
(Realizador, director de Punto Qom, actualmente en rodaje)

- Entre los muros (L. Cantet)
- Coraline y la puerta secreta (H. Selick)
- Bastardos sin gloria (Q. Tarantino)
- Criatura de la noche: vampiros (T. Alfredson)
- Rumba (D. Abel/F. Gordon)
- Adventureland: un verano memorable (G. Mottola)
- Gomorra (M. Gorrone)
- ¿Qué pasó ayer? (T. Phillips)
- Up: una aventura de altura (P. Docter/B. Peterson)
- Watchmen: los vigilantes (Z. Snyder)
Película no estrenada comercialmente:
- Aquél querido mes de agosto (M. Gomes)
- Vals con Bashir (A. Folman)
- La frontera del alba (P. Garrel)

ARTURO MARINHO
(Realizador, productor)

- Sarajevo, mi amor (J. Zbanic)
- El lector (S. Daldry)
- Home (U. Meier)
- Enemigos públicos (M. Mann)
- Che: Guerrilla (S. Soderbergh)
- Cous cous, la gran cena (A. Kechiche)
- Hace mucho tiempo que te quiero (P. Claudel)
- Entre los muros (L. Cantet)
- Del tiempo y la ciudad (T. Davis)
Película argentina:
- La sangre brota (P. Fendrick)
- El asaltante (P. Fendrik)
- El corredor nocturno (G. Herrero)

JAVIER MATTEUCCI
(Realizador, director del documental Cinética, energía en movimiento, estrenado este año en el cine Madre Cabrini)

- Rebobinados (M. Gondry)
- Coraline y la puerta secreta (H. Selick)
- Bastardos sin gloria (Q. Tarantino)
- Monstruos vs. aliens (R.Letterman/C.Vernon)
- La era de hielo 3 (C.Saldanha/M. Thurmeier)
- Terminator: la salvación (Mc G)
- Up: una aventura de altura (P.Docter/B.Peterson)
- El extraño mundo de Jack –3D– (H. Selick)
- Australia (B. Luhrmann)
- El curioso caso de Benjamín Button (D. Fincher)
Película argentina:
- El ultimo verano de la boyita (J. Solomonoff)
- Cuestión de principios (R. Grande)

HÉCTOR MOLINA
(Realizador, docente, regente de la Escuela Provincial de Cine y TV de Rosario)

- Che: Guerrilla (S. Soderbergh)
- Rebobinados (M. Gondry)
- Operación Valquiria (B. Singer)
- Milk (G. Van Sant)
- El curioso caso de Benjamín Button (D. Fincher)
- Entre los muros (L. Cantet)
- El luchador (D. Aronofsky)
Película argentina:
- El secreto de sus ojos (J. J. Campanella)
Película no estrenada en salas comerciales:
- Beijing bicycles (W. Xiaoshuai)

RUBÉN PLATANEO
(Realizador, integrante de Calanda Producciones, director de Dante en la casa grande, documental premiado este año en el Festival Latinoamericano de Video Rosario)

- El sol (A. Sokurov)
- Sector 9 (N. Blomkamp)
- Belle toujours (M. de Oliveira)
- My Winnipeg (G. Maddin)
- El luchador (D. Aronofsky)
- Big bang love (T. Miike)
- Entre los muros (L. Cantet)
- Arrástrame al infierno (S. Raimi)
Película argentina:
- Süden (G. Solnicki)
- El asaltante (P. Fendrik)
- La sangre brota (P. Fendrik)
Película no estrenada en salas comerciales:
- Aquél querido mes de agosto (M. Gomes)
- Santiago (J. M. Sales)
- Belovy y Tishè (V. Kossakovsky)
- Izo (T. Miike)
- Luz silenciosa (C. Reygadas)

GUSTAVO POSTIGLIONE
(Realizador, docente, director del largometraje Días de mayo, programador de la sala Arteón)

- My Winnipeg (G.Maddin)
- Del tiempo y la ciudad (T. Davis)
- El primer día del resto de nuestras vidas (A. Desplechin)
- Las horas del verano (O. Assayas)
Película argentina:
- La ventana (C. Sorín)
Película no estrenada comercialmente:
- El vuelo del globo rojo (H. Hsiao-Hsien)
- Irene (A. Cavalier)

LUCIANO REDIGONDA
(Realizador, integrante del equipo de trabajo del Centro Audiovisual Rosario)

- Del tiempo y la ciudad (T. Davis)
- Criatura de la noche: vampiros (T. Alfredson)
- Sector 9 (N. Blomkamp)
- Bastardos sin gloria (Q. Tarantino)
- Rumba (D. Abel/F. Gordon)
- Watchmen: los vigilantes (Z. Snyder)
- Gomorra (M. Garrone)
- Gran Torino (C. Eastwood)
- Up: una aventura de altura (P. Docter/B. Peterson)
Película argentina:
- El secreto de sus ojos (J. J. Campanella)
- Regreso a Fortín Olmos (P. Coll y J. Goldenberg)
- El último verano de la boyita (J. Solomonoff)
Película no estrenada comercialmente:
- Vals con Bashir (A. Folman)
- El hijo de Rambo (G. Jennings)

PABLO ROMANO
(Realizador, ganador por Santa Fe del concurso nacional de telefilmes documentales convocado este año por el INCAA)

- Entre los muros (L. Cantet)
- Sólo un sueño (S. Mendes)
Película argentina:
- El último verano de la boyita (J. Solomonoff)
- La sangre brota (P. Fendrick)
- Cuestión de principios (R. Grande)

ALFREDO SCAGLIA
(Director de Cine Club Rosario)

- Al otro lado (F. Akim)
- Belle toujours (M. de Oliveira)
- Del tiempo y la ciudad (T. Davis)
- Entre los muros (L. Cantet)
- Goodbye Solo (R. Bahrani)
- Hace mucho tiempo que te quiero (P. Claudel)
- Julie & Julia (N. Ephron)
- La ragazza del lago (A. Molaioli)
- Lejano (N. Bilge Ceylan)
- Sarajevo, mi amor (J. Zbanic)
Película argentina:
- Cuestión de principios (R. Grande)
- El secreto de sus ojos (J. J. Campanella)
- El último verano de la boyita (J. Solomonoff)
Película no estrenada comercialmente:
- Madre (B. Joon-Jo)
- Nada personal (U. Antoniak)
- Una habitación y media (A. Khrzhanovskiy)

GUSTAVO VALENZUELA
(Realizador, director de En la distancia, premiado como mejor video local en el Festival Latinoamericano de Video Rosario 2008)

- Al otro lado (F. Akim)
- El sol (A. Sokurov)
- Milk (G. Van Sant )
Película argentina:
- Tierra sublevada-Parte 1: oro impuro (Fernando Pino Solanas)
- El secreto de sus ojos (J. J. Campanella)

FERNANDO VAREA
(Docente, periodista, autor del blog Espacio Cine)

- Las horas del verano (O. Assayas)
- My Winnipeg (G. Maddin)
- El telón de azúcar (C. Guzmán Urzúa)
- Coraline y la puerta secreta (H. Selick)
- El sol (A. Sokurov)
- Gomorra (M. Garrone)
- Lejano (N. Bilge Ceylan)
- Rebobinados (M. Gondry)
- Los amantes (J. Gray)
Película argentina:
- El sueño del perro (P. Pécora)
- El último verano de la boyita (J. Solomonoff)
Película no estrenada comercialmente:
- Hunger (S. Mc Queen)
- Luz silenciosa (C. Reygadas)

MARCELO VIEGUER
(Licenciado en comunicación audiovisual, docente, autor del blog Ficciones Narrativas)

- Los amantes (J. Gray)
- Belle toujours (M. de Oliveira)
- Operación Valquiria (B. Singer)
- Criatura de la noche: vampiros (T. Alfredson)
- El sustituto (C. Eastwood)
- Vicky Cristina Barcelona (W. Allen)
- La huérfana (J. Collet-Serra)
- Terminator: la salvación (Mc G)
- MR 73: La última misión (O. Marchal)
- El curioso caso de Benjamín Button (D. Fincher)
Película argentina:
- El último verano de la boyita (J. Solomonoff)
Película no estrenada comercialmente:
- Peligro en la intimidad (W. Friedkin)

FRANCISCO ZINI
(Realizador, director del videominuto Un inventario, premiado este año en España y Brasil)

- Milk (G. Van Sant)
- Bastardos sin gloria (Q. Tarantino)
- Che: Guerrilla (S. Soderbergh)
- Enemigos públicos (M. Mann)
- Vicky Cristina Barcelona (W. Allen)
- La zona (R. Plá)
Película argentina:
- El secreto de sus ojos (J. J. Campanella)
- El último verano de la boyita (J. Solomonoff)

La película que tuvo más menciones fue la francesa Entre los muros, de Laurent Cantet (14). Las siguientes fueron:
- Bastardos sin gloria (11)
- Up, una aventura de altura (10)
- Gran Torino (9)
- El silencio de Lorna (8)
- Belle toujours, Coraline y la puerta secreta, El luchador y Sector 9 (7)
- Gomorra, Milk, My Winnipeg y Rebobinados (6)
- Arrástrame al infierno, Criatura de la noche: vampiros y El lector (5)
- Al otro lado, Che: Guerrilla, Del tiempo y la ciudad, El curioso caso de Benjamin Button, El sol, La huérfana, Lejano, Los abrazos rotos y Vicky Cristina Barcelona (4)
- Bellamy, Bing bang love, Enemigos públicos, La era de hielo 3, Las horas del verano y Los amantes (3)
Entre las argentinas, cosechó más votos El último verano de la boyita (12), seguida de El secreto de sus ojos (9), Cuestión de principios (3), El sueño del perro (3) y La sangre brota (3).

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Postales de Mar del Plata

Noviembre 17, 2009

El 24º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata comenzó con lamentos varios de asistentes y organizadores sobre la crisis internacional, el recorte de presupuesto, la falta de personalidades y estrellas, la ocurrencia de sacar el diario del festival o el hecho de que las películas que se exhibían ya habían sido estrenadas en otros festivales. Pero todo esto tiene muy poca importancia, y para explicarlo, no hay palabras más acertadas que las que pronunció José Martínez Suárez en la ceremonia de inauguración: las verdaderas estrellas son las películas. Y si en algo hubo consenso al finalizar el festival, fue en que el nivel de las mismas había sido de bueno para arriba.
Podría decirse que la Competencia Internacional alternó cine de autor con algunas propuestas bastante clásicas. Causaron mucha decepción los cortos latinoamericanos (algunos de los que no entraron en la competencia, proyectados en una función aparte, resultaron ser más originales, honestos y disfrutables que los otros) y, en cambio, en las muestras paralelas hubo verdaderas joyas que merecerían no pasar desapercibidas.
Las siguientes son algunas de las obras más destacables y originales que se vieron:

- El tiempo que queda (The time that remains, Elia Suleiman, 2009, Palestina), tragicomedia que cuenta en tono autobiográfico el conflicto entre Israel y Palestina desde 1948 hasta la actualidad, a través de situaciones que se suceden como viñetas. Por momentos difícil de ver debido a su peculiar ritmo, termina derivando en escenas surrealistas que subrayan la crítica del director a la falta de voluntad del pueblo palestino para luchar y la noción de que la guerra está tan instalada en la vida cotidiana que ya casi no molesta.

- Colmillos (Dogtooth, Giorgios Lanthimos, 2009, Grecia), una fábula sobre el autoritarismo, el control y el condicionamiento humano. Con el poder como eje central, reduce su relato a una familia en donde el padre aísla a sus hijos del mundo exterior, obligándolos (a través de distintos mecanismos de sometimiento) a no salir nunca de la casa. Imposible no sentir a la religión y la política sobrevolando ese clima. Asistentes ajenos al ambiente del cine la defenestraron al punto de pedir que encierren al director en un manicomio, o directamente “matarlo”.

- La vida durante la guerra (Life during wartime, Todd Solondz, 2009, EEUU), comedia negra, ácida y sádica con sus personajes. Es decir: fiel al estilo de Solondz, que retoma sus personajes de Felicidad, para mostrar la vida de éstos diez años después, ahora con un poco más de simpatía.

- Daniel & Ana (Michel Franco, 2009, México). Dentro de la Competencia Latinoamericana, se destacó esta historia sobre el secuestro de dos hermanos que son forzados a tener sexo frente a una cámara. El realismo con el que se plantea la interacción entre ellos y la crudeza de algunas escenas provocaron que varias personas huyeran escandalizadas de la sala.

- Antoine (Laura Bari, 2008, Canadá), una verdadera sorpresa. Un misterio ficticio lleva el hilo argumental: la desaparición de una tal Madame Rouski, hecho que sólo sirve de catalizador de la historia y luego se vuelve irrelevante. El encargado de resolverlo es un niño que al nacer queda ciego. Él mismo explica: “Cuando nací, no perdí mis ojos. Éstos se fueron a mis manos, mi nariz, mi boca, mis orejas…”. Antoine procesa el mundo de una manera única, y el documental lo retrata a través de algo tan sorprendente e invisible como la imaginación de un niño.

- Aquí (Here, Tzu Nyen Ho, 2009, Singapur), una película indudablemente “festivalera”, es un llamado a aceptar los sucesos imposibles de cambiar que nos brinda el destino. Condensa críticas al capitalismo, al sistema de salud y a la noción de “normalidad” que predomina en el imaginario social.

- Visionarios (Visioneers, Jared Drake, EEUU, 2009), es una fantástica sátira sobre la cultura corporativa que tiene lugar en una sociedad distópica, que, si se analiza a fondo, no dista mucho de la nuestra.

En cuanto a las actividades que se ofrecieron en el marco del festival, las charlas de Juan José Campanella y Javier Fesser estuvieron llenas de información valiosa para estudiantes de cine y cinéfilos, en tanto la conferencia convocada por la Asociación de Cronistas Cinematográficos sobre “La crítica, ¿en estado crítico?” fue decepcionante; excepto algún pasaje de sobriedad, hubo desvaríos de algunos de los disertantes en el marco de un clima bastante conservador: ¿con qué cara se puede decir que una crítica es menos seria si se publica en un medio digital y no en un medio gráfico?

Por Ignacio Fosco

Imágenes: fotogramas de El tiempo que queda (izq) y Colmillos (der).
Ignacio Fosco es integrante de Wasabi Producciones

www.mardelplatafilmfest.com/

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Dos niños en ritos de pasaje

Agosto 30, 2009

el_ultimo_verano_de_la_boyita

EL ÚLTIMO VERANO DE LA BOYITA
(2009; dir: Julia Solomonoff)

Julia Solomonoff lo deja claro cuando se refiere a lo que necesitaba para abordar la historia que cuenta El último verano de la boyita: más herramientas que las que tenía en su primer opus Hermanas; un pulso más firme para la dirección (esto es síntesis, condensación); la certeza sobre aquello que debe entrar o no en el relato. Y todo eso, claro, vino después de su film debut, con la experiencia y participación en producciones ajenas que finalmente terminan conformando el propio bagaje.
En El último verano de la boyita, esta seguridad se nota rápidamente, apenas transcurridos los primeros planos de un relato que se configura de iniciación, de rito de pasaje, y a cuya gravedad se le aplica un tono sutil y hasta reparador.
El film está planteado como una historia de opuestos donde la incomprensión y la curiosidad van justificando la trama, a la que Solomonoff ubica en un naturalismo pleno para narrar los sucesos que le dan forma.
Jorgelina es una niña inquieta que va queriendo encontrar su lugar en un mundo adulto que aparece complejo. Los apenas mayores que ella, su hermana incluida, le dejan claro -ironías y desmanes domésticos mediante- que no pertenece a ese universo. Sus padres, aunque estén y no estén, protegen desde sus argumentos su inocencia. De algun modo, la realizadora apuesta a dejar delineado perfectamente en la primera media hora del film la perspectiva que la mirada de la niña tiene sobre su universo, todavía un universo urbano y sin dudas caprichoso, donde los referentes parecen no ser modificables.
Luego vendrá la partida al campo, ese otro espacio donde el asombro y la apariencia traen también la amenaza y la experimentación de lo distinto, de lo independiente a la imaginería de la niña, acontecimiento que se sincroniza en el encuentro sensible con Mario, el niño curtido y diferente, consustanciado con el ámbito en que se mueve. A partir de allí, comienza a jugarse una dialéctica vital, un movimiento de creencia y de duda que funda y mantiene la relación de los niños, y de éstos con el espectador.
Solomonoff sostiene la tensión y no larga “prenda”, escamotea lo fácil, lo previsible, lo que asegura el devenir de un relato unívoco. La coreografía se construye con el paisaje que intensifica las presencias, con la desmesura del cielo abierto, la brutalidad de los hábitos campestres, la desconfianza y banalidad de los paisanos, los prejuicios y egoísmo de los padres del niño a los que la ignorancia les impide pagar el precio del amor.
En ese trance entonces surge la emancipación de Jorgelina y Mario, la compleja sexualidad del niño será el talismán para que la niña expanda su subjetividad hacia la comprensión y la ternura y oponga sus propios códigos a los del mundo adulto, que trata de “normalizar” a su manera. Los niños, que no eran actores antes de este film, intensifican la presencia de sus cuerpos con gracia y suficiencia y Solomonoff resiste la estrecha lógica del “dar por sentado”, esquiva la vanidad y la sensiblería y, lo más importante, la redundancia de formas narrativas garantizadas. Con estos elementos abre las puertas de una percepción propia para cifrar un juego fílmico por lo menos inusual, en la escena del cine argentino reciente.

Por Juan Aguzzi
(Publicado en diario El Ciudadano el 30/8/09)

Reportaje de Fernando Varea a Julia Solomonoff aquí

http://www.laboyitafilm.com/

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Aventuras para volar y volar

Junio 15, 2009

upupup

UP – UNA AVENTURA DE ALTURA
(Up, 2009; dir: Pete Docter/Bob Peterson)

¡Otra vez! ¡Por fin, qué bien, qué bueno! Otra película Pixar para ver (y rever) y reseñar hasta el cansancio (el cual, convengamos, nunca ocurre). Porque no será redundante recordar, resaltar, subrayar, la excelencia que dentro del ámbito de la animación -y para el cine todo y, sobre todo, norteamericano- significan los estudios Pixar. Entre tantos títulos magníficos prefiero Monsters Inc. (2001) y Wall E (2008). Ahora también, claro, Up.
Tampoco vendrá mal recalcar la independencia creativa que dentro del imperio Disney (alicaído, triste y reiterativo) los estudios Pixar han posibilitado, más el vínculo de relieve que profesan y practican con los viejos animadores del estudio del ratón, fuente de inspiración laboral y creativa. Porque en los films Pixar se respira amor por el cine, sea tanto desde la misma genealogía cinéfila como también por sus guiones esmerados e inteligentes. Nada hay en ellos que signifiquen golpes bajos, chistes fáciles (para algunos, “adultos”), o referencias tontas por televisivas.
Será por esa atención a lo hecho -a lo bien hecho- que estos films parecen estar destinados a ser clásicos inmediatos. Y Up no es la excepción. Menos aún cuando uno no puede desentender los rasgos de su protagonista principal -un viejito soñador y vendedor de globos con los rasgos del actor Spencer Tracy: rostro cuadrado, pelo ondulado y cano, anteojos de marcos gruesos. O lo que el film refiere como cita cinéfila y aventurera: perseguir aquel sueño de infancia como válvula de escape, como faro para encontrar la Aventura (así, con mayúscula) en ámbitos verdes y tropicales, de la misma manera en que Tarzán o King Kong nos lo supieran, desde el cine, enseñar.
Y todo ello desde un perfil de personajes creíbles por saber alejarse, precisamente, del moralismo habitual y sus finales felices. El viejito Carl es, antes que cualquier otra cosa, viejo. La atención del film está depositada allí, en un personaje tipo donde el mismo cine (como espejo social que es) elige no reparar. Es viudo y nunca pudo ser padre. Y vive con dolor la ausencia de su amada, mientras su casita otrora colorida se vuelve gris, y edificios todos iguales y gigantes amenazan con aplastarlo, junto con la compañía de dentaduras que sonríen desde folletos de casas de descanso.
Lo acompañan muchos recuerdos, pero también un niño boy scout empecinado en ayudarle, la necesidad de mantener su casa más liviana para sostener el vuelo de los globos, y el inevitable reencuentro con el héroe de su niñez, perdido en océanos de tiempo, tan vulnerable y humano y falible como cualquiera.
Hacia allí se dirige Carl, mientras de a poco quita lo huraño de su rostro y se vuelve más feliz. Tanto como -corrobora uno- el mismo espectador. Aquí sí, el final no puede ser mejor: el buen ánimo contagia, y con él las ganas de iniciar, otra vez, el vuelo del film.

Por Leandro Arteaga
(publicado en Rosario/12 el 15/6/09)

http://www.pixar.com/featurefilms/up/
Trailer de la película aquí

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Lo verosímil y lo verdadero

Mayo 2, 2009

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CHE, EL ARGENTINO
(Che: the argentine, 2007; Dir: Steven Soderbergh)

Curiosa tarea ésta de comentar medio film en lugar de uno entero, y que esa disección se deba a motivos estrictamente comerciales, y que esas dos mitades de película configuren una muy frontal denuncia contra el sistema de producción capitalista.
La acción comienza allí donde terminaba Diarios de motocicleta (2005, Walter Salles), con Guevara (aquí Benicio del Toro, también productor, marcando el tono rigurosamente fiel a la figura que interpreta) en México y su primer encuentro con Fidel Castro (Demián Bichir, en una imitación que se roba la película).
Lo que sigue es una serie de situaciones que ilustran la gesta revolucionaria, desde la llegada a Cuba hasta la toma de Santa Clara, con una asombrosa obsesión por la neutralidad y algunos toques de elemental didáctica. Resulta saludable, de todas maneras, que haya espacio para reveladores tiempos muertos (las biopics suelen caer en la tentación de que todo lo que ocurre es importante). También aportan mucha densidad y tensión las imágenes en blanco y negro que muestran el discurso de Guevara en la ONU.
Queda abierto el debate sobre el lugar que ocupa la figura del Che y por qué ya no le resulta incómodo a Hollywood. Quizás ayude que se trate de un blanco universitario de clase alta quien, con un par de retoques de imagen, puede mutar de rabioso anti-imperialista a la actual y desdibujada idea rebelde way que ilustra tantas remeras. El mérito de la película radica en intentar desmarcarse de esa liviandad, y el hecho de que haya sido realizada por un director consagrado por la industria le aporta una fascinante contradicción, que quizá sea su verdadero motivo de interés.
Pero a no confundirse, detrás sigue girando una incansable maquinaria que no se detendrá hasta la victoria en la taquilla, siempre.

Por Fernando Herrera

Che, el argentino ha sido editada esta semana en DVD.
Para el próximo 18 de junio se anuncia el estreno en salas de cine de nuestro país de Che – Guerrilla.

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Retrato fiel de un activista

Marzo 1, 2009

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MILK
(2008; dir: Gus Van Sant)

Luego de su contundente trilogía (Elephant, Last days, Paranoid Park) sobre el riesgo de ser jóvenes en un país que los escupe a la guerra (que tiene a mano en cualquier lugar del mundo) o los fagocita con la pesada carga del “self made man”, Gus Van Sant (1952, Louisville, EEUU) acomete otra empresa fílmica que, puede verse, se sitúa entre la media de sus aspiraciones artísticas y lo que marca la industria de Hollywood para el consumo masivo. Es como si esa misma industria hubiese quedado encapsulada en la letanía del progresismo a su medida, con el latiguillo del a esta altura desusado “políticamente correcto” siempre a mano, e insistiera con esa línea de productos para hacerle saber al mundo que no todo lo que de allí sale es espectáculo vacío y que se es permeable a otros intereses.
A Milk, la reciente ganadora del Oscar a mejor guión y mejor actor, Van Sant la dirige con maestría, valiéndose de recursos caros a su estilo y con un particular modo de entender la biopic (esas biografías fílmicas de las que la televisión ha dado tantos malos ejemplos). Pero, hay que decirlo, no hay durante todo el metraje ninguna reflexión extendida (o profunda) acerca del tema que toca. Tema que, tratándose de la homosexualidad o, siendo más preciso, del espacio de legalidad que ese segmento social disputa públicamente desde los tempranos sesenta, debería ameritar más que ramalazos sobre la profunda problemática que plantea, que no es sólo una cuestión de moral o patologías como todavía se insiste en hacer creer.
De todos modos, según lo que narra el film, el verdadero Harvey Milk tuvo, en la medianía de su ascendente carrera política, actitudes más arraigadas en el cuestionamiento de algunas injusticias sociales (aunque por momentos se lo muestre también negociador como cualquier político del sistema) y en la defensa de los derechos civiles que iban más allá del sector del que levantaba sus banderas. Eso, claro, como pasó con algunos de sus coetáneos que se animaban a otros planteos, le costaría la vida. Una muerte violenta, como suelen saldar los norteamericanos los asuntos en los que se les mete, para decirlo con la pertinencia que el film dispensa, un dedo en el culo.
Para Milk, Van Sant toma los últimos ocho años de vida de quien sería el primer funcionario en hacer pública su homosexualidad y obtener su cargo mediante esa línea política de lucha. El punto de partida es el mismo Milk grabando su testamento político a solas en una habitación, ya jaqueado por amenazas sobre su vida, al que Van Sant recurre como ensamble de secuencias. El escenario del relato será aquél primaveral San Francisco en el que los gays metieron su cuña entre la ebullición social que encendían la Guerra de Vietnam, las drogas y la consecución de derechos civiles que habían pregonado Martin Luther King o, a su modo, los hermanos Kennedy. Adecuadamente recreado, el clima de época está tratado con algunas imágenes documentales y con cierto grano grueso en la película, con planos más generales como corresponde a las instancias de protesta y activismo político. El tono intimista de algunas escenas románticas, en las que Harvey Milk se besa o acaricia con sus parejas, guarda un decoro estético que lo iguala a otros segmentos donde el activista, por caso, discute o arenga a la multitud. No hay allí erotismo, sino cotidianidad, lo que permite que el film se corra de sus límites y su tema bien podría ser la lucha contra el aborto ilegal o la discriminación racial, y no la homosexualidad. Y esto, que aparta a Van Sant de ese impulso de echar luz sobre los pliegues oscuros de la existencia (como lo hizo en la trilogía arriba mencionada), demuestra su habilidad para conciliar sus imperativos ideológicos con los de un film con finalidad comercial.
Justo es decirlo, Milk en nada se parece a las insustanciales Descubriendo a Forrester, En busca del destino o la copia fiel de Psicosis, con las que Van Sant salió de su marginalidad fílmica. Aquí la sustancia es otra, y el film funciona como un juego donde su director sortea con eficacia las trampas que tiende la linealidad narrativa de una biopic. Y para eso no sólo contribuyen el medido uso de escenas documentales y la equilibrada distribución de los fragmentos de la vida narrada, sino el “encanto” del personaje mismo –que al parecer es de cosecha del verdadero Milk–, al que Sean Penn extrae su quintaesencia con destacable aplomo. Su denodada defensa del “coming out”, es decir, su llamado a que los gays salgan del ropero y hagan pública su homosexualidad y sus debates con los representantes de la más rancia reacción republicana, son automáticos, no necesita justificación y lo sitúan en un lugar donde Milk no existiría sin ellos. En este sentido, la trama fluye desnudando el campo de batalla con sus postas principales: las represiones de las primeras marchas gays, la oposición a que dejen sin empleo a los maestros y trabajadores por su condición sexual, la gran movilización final luego de que Milk fuera asesinado por otro político, un advenedizo y recalcitrante ex policía. Pero, al mismo tiempo, Van Sant acentúa el contraste entre la vida pública y privada de su personaje, tal vez para dejar explícito que el compromiso con una causa puede redundar en graves desequilibrios en la esfera doméstica –la mayoría de las parejas de Milk terminan suicidándose y su mundo privado estará marcado por una constante inestabilidad emocional– y que Milk, como todos, era humano, demasiado humano.
En un momento donde el debate acerca de la unión civil entre personas del mismo sexo ha tomado un estado público mundial (por lo menos en Occidente), un film como Milk podría ser tomado de oportunista; pero si se lo mira bien, quedará claro que no hay evidencia ninguna de que su realizador haya querido describir solamente las virtudes de su biografiado. Por el contrario, de Milk, el personaje, también se muestran sus renuncias en aras de una porción más de poder.

Por Juan Aguzzi
(Publicado en El Ciudadano & La Región el 2/3/2009)

http://www.filminfocus.com/focusfeatures/film/milk/

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La historieta que no llega al cine

Febrero 2, 2009

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EL ESPÍRITU
(The Spirit, 2008; dir: Frank Miller)

Será mucho más entretenido y justo encontrar las referencias que del comic maestro de Will Eisner -The Spirit, publicado entre 1940 y 1952- se vislumbran en las páginas del Sin City de Frank Miller (1957, Olney, EEUU): viñetas en blanco y negro que conjugan el legado irónico y de serie negra de Eisner junto con el sadismo de Mickey Spillane y el ritmo narrativo de la historieta japonesa Lone Wolf & Cub, del dibujante Goseki Kojima.
Motivo de todo ello -Sin City es una historieta grandiosa- fue su traslado al cine en 2005, donde Miller debutara en la realización a partir de la invitación de Robert Rodríguez. Hubo luego una participación ejecutiva en la traslación cinematográfica de su 300 (lamentable, para mi juicio). Y no podrá decirse que su elección posterior no fuera menos que interesante, porque pensar en The Spirit según Miller, nos atrae a muchos de los lectores y cinéfilos.
Pero, la verdad, el matrimonio entre Miller y Eisner, por lo que se ve en pantalla, dista mucho de un buen film. Poco de auténtico tiene este intento de plasmar un clásico de las historietas desde el prisma enrollado que el director propone. Son tantas las referencias al mundo del comic, síntoma del gusto ecléctico de Miller, que El Espíritu naufraga entre parlamentos en off, la caricatura estilo cartoon, y el calco de muchas de las viñetas de Eisner. Lo que no encontramos, eso sí, es el espíritu -valga la redundancia- del personaje.
El particular enmascarado que dedica su vida a combatir el crimen -Denny Colt (Gabriel Macht)- no dudará en dedicar su amor a la ciudad que habita: Central City. Pero es poco lo que podremos apreciar de ella. Sólo nos quedan, para la vista, algunas azoteas o callejones poco iluminados. Como si cada encuadre de Miller fuese una mirada cuasi vacía hacia una ciudad que, voluntariamente, no existe más que en abstracto.
Hay mucha utilización de pantalla verde, lo que nos evoca el mismo recurso estético de Sin City. Aunque aquí sin funcionar demasiado. No hay congruencia estilística. Las bufonadas que se propone Miller con la alegoría de unos “Chicos Malos” (los patanes que siempre robaban a Tío Rico, ¿se acuerdan?) al servicio de Octopus (Samuel Jackson), no contienen demasiada gracia, sino que desconciertan. En otras palabras, una cosa es la balacera infernal que Miller propina a sus personajes en cualquiera de sus historietas, verosímil por increíble, y otra es trasladar este mismo planteo a un film al que se le escapa la ironía y el cruce de géneros, que sí estaban en los comics de Will Eisner.
El buceador de referencias tendrá mucho para buscar: Jules Feiffer, Harvey Kurtzman, Batman, Superman, Thor, William Gaines y, por supuesto, el cruce Gatúbela/Electra que significa la ladrona Sand Saref, bajo las curvas sin igual de Eva Mendes. Pero sólo son guiños sin sustancia, que nadan en el vacío, sin un sustento que permita al film valerse por sí mismo.

Por Leandro Arteaga
(Publicado el 2/2/09 en Rosario/12)

http://www.mycityscreams.com/

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La parte del león (y muchas otras partes)

Enero 1, 2009

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HISTORIAS EXTRAORDINARIAS
(2008, dir: Mariano Llinás)

¿Cuántas películas caben adentro de una sola película? En esta suerte de aleph bonaerense que es Historias extraordinarias de Mariano Llinás entran por lo menos una trilogía de suspenso completa -con infinidad de locaciones entre Pigüé y Mozambique-, otra película de neto corte melódico romántico, y hasta otra más de nazis perdidos. De todas maneras, cualquier intento de asomarse al contenido por enumeración hace que uno se quede corto, muy corto.
En el Cinema Paradiso de Giuseppe Tornatore los besos eran prolijamente censurados y en una secuencia memorable un personaje se encargaba de devolver esos momentos a la pantalla grande, todos juntos. Viendo la película de Llinás queda la sensación de que alguien le anduvo escamoteando las líneas argumentales al llamado “nuevo cine argentino” sólo para poder devoverlas ahora y pasar a cobrar el rescate.
Y, si bien hay que admitir que apuntando en todas direcciones es imposible acertar todos los tiros, el procedimiento de perdigonada le permite a Llinás agotar su propia fórmula, llevarla hasta sus últimas consecuencias y generar el milagro de entretener durante cuatro horas (y dos intervalos) sin diálogos, casi sin actores profesionales y, sobre todo, sin dinero, conformando una suerte de apología de la producción a bajo costo, altamente estimulante para quien quiera embarcarse en las extraordinarias aventuras que implican la realización de cualquier film.

Por Fernando Herrera

Historias extraordinarias ha sido premiada por la filial local de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica como la mejor película argentina de 2008. En Rosario fue exhibida en agosto, dentro de la muestra del BAFICI organizada por Calanda Producciones.

www.calandaproduce.blogspot.com

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Ambigua banalidad del terror

Diciembre 24, 2008

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BATMAN – EL CABALLERO DE LA NOCHE
(Batman – The dark night, dir: Christopher Nolan, 2008)

La visión de Batman – El caballero de la noche pone en evidencia que el enmascarado es el superhéroe preferido por el cine para ensayar una actualización política sin encastres demasiado realistas.
Lo fue con las dos versiones de Tim Burton –aún en su marcado tono dark y glamoroso- poniendo de manifiesto la corruptela política que ya se vislumbraba como el más aceitado recurso de vaciamiento y dominio que campeó en los ‘90 y acentuando en el hombre murciélago rasgos de carácter ambiguo que lo volvían cruel e imperfecto. Y luego del salto sin red que significaron las dos películas de Joel Schumacher, Batman volvió a ser motivo de estas disquisiciones de la mano de Christopher Nolan, fundamentalmente desde lo estético y a través de su modernización retro-tecnológica, pero no menos desde lo argumental, otorgando a la criatura nocturna la jactanciosa creencia en la efectividad de su poder.
Un viaje de ida que en Batman, el inicio sume a su protagonista en el dilema de considerar la venganza como la justa moneda de cambio para tranquilizar la conciencia. Puesto nuevamente manos a la obra, Nolan parece encontrar en El caballero de la noche la excusa para discurrir sobre la moral en tiempos de la aceptación popular del terrorismo como el gran fantasma, mientras la mentira mediática disfraza sus verdaderos objetivos, como aquel de aniquilar a los oponentes de la apropiación indebida conocida como libre comercio.
En esta nueva historia de Batman, Nolan pone a funcionar una perfecta maquinaria de destrucción y muerte en el probable afán de medir la temperatura a los miedos profundos de unas/las sociedad/es amenazada/s y poner de relieve la hipocresía con que suele enmascararse. Tal vez no haya sido un objetivo a priori, pero el relato de El caballero… conduce en esa dirección y el resultado de esa serie de presunciones sobre la realidad -cuyo sesgo fantástico no hace sino acrecentarla- deja latiendo la certeza de que el mal es inmanente a los hombres y en cuyo ejercicio dan contenido ideológico a las aberraciones que perpetran.
Y he aquí que podría pensarse que también sin proponérselo, Nolan termina haciendo un film en donde da forma a todo esto a partir del enemigo Nº 1 de Batman, El Guasón, verdadera encarnación de la gratuidad del terror e implacable seductor en su emancipación de cualquier interés material en su letal escalada. Aunque pueda disfrutarse de la aparición de Batman, en El caballero… se esperan más las transgresiones de El Guasón, sus demoníacas declamaciones y el destilado irrebatible de sus diálogos o soliloquios, casi como venidos de una conciencia que regula el mundo, o por lo menos Ciudad Gótica.
La espesura dramática (en el sentido recursivo de actuación) conque el recientemente fallecido Heath Ledger dota a su personaje estampará su máscara escalofriante en los anales del cine. Nolan supo invertir los billetes con los que contó para la producción de El caballero… con notable eficacia. La Chicago símil gótica y el paisaje nocturno de una Hong Kong ultramoderna dan el relieve adecuado para constatar la psicosis urbana, cuyo correlato se recorta en las furibundas secuencias en la que los duelistas –Batman y El Guasón- se enfrentan. Para decirlo simplemente, ninguno de los dos violentos ajedrecistas se andan con pequeñeces. Aunque prefiera la singularidad gráfica de los cuchillos –tiene una colección entre sus ropas-, El Guasón es tanto un adiestrado tirador de bazooka como un experto colocador de explosivos, y al guardar absoluta fidelidad a la única ley que rige sus actos, la de justamente no tener ninguna, se afana en tender las más crueles trampas mortales con la misma banalidad con que respira. Es de este modo que más allá del despliegue escenográfico del que se vale Nolan, lo verdaderamente perturbador en El caballero… sea el incontrolable Guasón y su ruinosa moral puesta como verdadera amenaza para la seguridad. Batman, a quien el venerable Alfred (los tics de mayordomo que utiliza Michael Caine no pueden ser más pertinentes) pone en situación cada vez que su conciencia ambigua -un millonario que reniega del rol que se le endilga, el de protector pero también el de héroe marginal que actúa en las sombras- lo desalienta, sirve de excusa para que Nolan exponga –y aquí el guión se ablanda, proponiendo que detrás de una sociedad aterrorizada está la buena conciencia de las clases medias que la componen- la gélida materialidad del terrorismo para el que cualquier método es válido para alcanzar sus intereses.
El Batman de El caballero… va a secuestrar, va a moler a golpes a su prisionero, pedirá al inventor de sus artilugios armas cada vez más letales para sostener el statu quo de esa abstracción llamada valores democráticos, ya que la justicia institucional, a cara descubierta, parece no funcionar o es cómplice. El fiscal, a quien Batman quiere legar el dispendio de justicia, se convertirá en otro enemigo de cuidado (y en un potencial villano de una potencial próxima entrega: el Two Faces del comic original) y el enmascarado no tendrá más remedio que abdicar de sus planes para abandonar su traje de caucho (la mujer que ama, que prometió esperarlo hasta ese momento, ya está muerta luego de sortear rivalidades amorosas entre el fiscal y Bruce Wayne) porque él también es un ¿mal? necesario. La verdad explota con sarcasmo cuando El Guasón le suelta a Batman –que lo golpea enfurecido para interrogarlo- que él, su entidad de equÌvoco justiciero, su sola existencia, es lo que anima la cruzada de atentados, la sublimación al dios terror de la que el hombre de careta blanca es partícipe necesario.
La combinación de planos vertiginosos y un guión un tanto alambicado atentan por momentos contra la fluidez del relato, aunque las imágenes poderosas revelan su estatuto de intensidad expandiendo su estética oscura y potente, de pesadilla. Pero, a no dudarlo, la carnadura de ese individuo apasionado a tal punto por la construcción centrífuga del terror que lo vuelve insensible a cuanto lo rodea es el verdadero motor de El caballero de la noche. Es a través de los ojos enfermizos de El Guasón, a través de su desprecio por el dinero -incendia una montaña de millones de dólares robados bajo las narices de la propia mafia-, del desprecio por su propia integridad -se oculta para sorprender, nunca para escapar-, de su escalofriante metodología criminal –mete un celular explosivo en el estómago de un borracho compañero de celda-, de su alienada perspectiva de destruir Ciudad Gótica, que este Batman de Christopher Nolan cobra su verdadero sentido. Al modo de esos films donde el villano roba el protagonismo y justifica hasta las escenas más descabelladas, El Guasón es la cuadratura del ángulo de El caballero de la noche. Su rostro satisfecho al aire nocturno mientras se dirige hacia su último acto, da la dimensión exacta del mal engendrado por la desmoralizada ambición social y grafica la fortaleza de aquél que escapa a su vigilancia y castigo.

Por Juan Aguzzi
(publicado en El Ciudadano & La Región el 20/7/2008)

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El odio como profesión de fe

Diciembre 24, 2008

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PETRÓLEO SANGRIENTO
(There will be blood, 2007, dir: Paul Thomas Anderson)

Transcurrida la mitad de Petróleo sangriento, surge el indicio de que a la crítica le fascina tejer equivalencias y que desde esa urgencia que tiñe su visión va surtiendo de equívocos o desmesuras su mirada especializada acerca de tal o cual film. Para decirlo sencillamente, luego de la primera hora y media, Petróleo sangriento no resulta la gran obra que la prensa en el reciente Festival de Berlín tildó de portentosa y sobre la que insistía que entre sus aciertos principales contaba el de ser una estilizada exhumación del espíritu de ambición que caracteriza a buena parte de los estadounidenses -con el gobierno a la cabeza y a la caza del petróleo en Medio Oriente-, o una suerte de remedo actualizado de El ciudadano de Welles y a la que no se premió más –se llevó el Oso de Plata- porque ya contaba con 8 nominaciones al Oscar, y entonces hubiera resultado exagerado.
Petróleo sangriento no es entonces el fresco de la condición humana de los norteamericanos; es sí una película con cierta intensidad que se propone como un retrato del empuje capitalista de principios del siglo XX en Estados Unidos, donde ya el ferrocarril y las matanzas de indígenas habían despejado el camino hacia el suelo lleno de riquezas inexploradas del interior profundo. Cuando la fiebre del oro languidecía, la búsqueda de petróleo resultaba la promisoria llamada del destino que premiaría más por azar que por esfuerzo. Sobre eso discurre “Oil”, la novela de Upton Sinclair que escribió hacia 1927 y de la que Anderson declaró haberse servido en parte. Petróleo sangriento no es una gran película; es, en todo caso, una película con un gran personaje. Una película que, claro, va bien con el criterio abierto de la Academia acerca de revisar las flaquezas del modo de vida americano.
Luego de la monumental Magnolia y la inquietante Embriagado de amor, Paul Thomas Anderson la emprendió con esta historia sobre uno de aquellos personajes que hacían de la extracción del oro negro el ritual que consumía su existencia y la de quienes le ayudaban en la empresa, vidas genuinamente consumidas por excesos: de desprecio, de insensibilidad, de jactancia, de inmunidad. Petróleo sangriento es un relato sobre la ascensión y perdición de uno de esos aventureros para los que conseguir petróleo era la llama que avivaba y consumía sus días.
Que realmente Petróleo sangriento es un film de personaje se hace explícito en los diez primeros minutos de metraje, cuando Daniel Plainview busca desesperadamente un yacimiento de oro y no le importa romperse una pierna o subestimar el impacto de un cartucho de dinamita para conseguirlo. En él está puesto todo el dinamismo y coraje del conquistador, para quien la naturaleza es sólo un medio del que servirse para escalar entre los hombres. La cuidada fotografía con encuadres abiertos y panorámicos, de ominosas montañas que entran y salen de campo, y sobre todo la sobrecogedora banda sonora desde la que interpela el compositor Arvö Part, sustancia el marco épico de esta salvaje incursión al desierto. Daniel Plainview y sus empleados no matan indios pero sí esquilman a pobres lugareños comprando sus tierras incultas por monedas y horadando sus suelos sin que importe si se pierde alguna vida, incluidas las del propio equipo.
La impresionante gama de matices que Daniel Day Lewis pone en movimiento en la piel de Plainview dota al personaje de una estatura excéntrica que lo vuelve inhumano, a tono con su tarea; nada puede interponerse entre la búsqueda -porque para él lo que importa es la búsqueda en sí misma- y el dolor que le ocasiona su alma fracturada. Plainview odia a la gente y puede comportarse tan groseramente con un granjero miserable como con un representante de la Standard Oil. Utiliza al que llama su hijo como gancho para sus embauques y sostiene un duelo a muerte con un predicador evangelista porque ve en él un espejo de su vida de farsante. La falsa vida que lleva un magnate, como le gusta llamarse a Plainview, y la falsa fe del predicador, son dos formas de glorificar la vanidad, lo vacuo de la vida, porque en definitiva engañar es la única profesión redituable. El origen de Plainview es un misterio, en su dolor añora una familia, pero él parece pertenecer a sí mismo, a su odio concentrado; no se le conocen mujeres y tampoco podrá amar verdaderamente a ese niño que él cría desde bebé. En su interior se retuercen contradicciones pero el odio es más fuerte.
El crimen entonces como sucedáneo cuando alguien pretende engañar mejor que él; sin compasión, sin demoras, como un trámite más de los que Plainview se siente orgulloso. Plainview sólo tiene deseos de posesión y cuando esos deseos no son correspondidos reacciona como un perro al que le han quitado el hueso y echa mano al crimen porque, al fin y al cabo, es la única garantía para seguir siendo el mejor embaucador.

por Juan Aguzzi
(publicado en El Ciudadano & La Región el 24/2/2008)

http://paramountvantage.com/blood/

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Amor, adolescencia y exclusión

Diciembre 24, 2008

JUEGOS DE AMOR ESQUIVO
(2003, L‘Esquive, dir: Abdellatif Kechiche)

No puede darse de mejor manera la confluencia entre elección estética y coherencia discursiva. Las imágenes digitales, los actores no-profesionales, sus personajes marginales, la París de periferia. Distintas etnias todas juntas, nucleadas en complejos de viviendas, como si se las hacinara, con historias personales que vislumbran dificultades mayores, la cárcel, el trabajo continuo, la inmigración, el regateo por el dinero, la escuela, el teatro, la policía, y el amor contrariado. Todo esto, pero desde un grupo de adolescentes, micromundo desde el que afloran rasgos generales, que permiten delinear una sociedad -al margen de la otra- y aventurar posibles y distópicos mañanas.
El film es admirable. Se titula Juegos de amor esquivo. Su realizador es tunecino y se llama Abdellatif Kechiche. Por éste, su segundo título, obtuvo cuatro premios César -entre ellos mejor película y mejor realizador- y el Premio Especial del Jurado del Bafici 2004. Por qué tuvimos que esperar tanto para su estreno comercial es otro de los misterios absurdos, en los que ya no vale la pena reparar. Su film reciente, La graine et le mulet, le hizo acreedor al Premio Especial del Jurado del último Festival Internacional de Venecia.
Volvamos al film y a la falta de utopías aludida. Consecuencia, tal vez, del griterío ensordecedor que entre los personajes se respira. O de la elección teatral que la profesora practica con sus alumnos: “El juego del amor y del azar”, de Pierre de Marivaux. Situación que se explicita desde el trasfondo de la obra, desde la imitación de rasgos de clase diferente -el burgués como proletario y viceversa-, la imposibilidad de esconder el origen social, de escapar de él, de estar condenados a ser pobres, mientras los otros serán siempre ricos.
Será por eso que la cámara -así como en los films de los hermanos Jean-Pierre y Luc Dardenne- nunca se aleja de sus locaciones de periferia, tampoco lo hacen los chicos, quienes serán de inmediato detenidos cuando suban a un vehículo, aún cuando sus intenciones fueran otras; de todos modos, por las dudas, la policía ejerce su prevención brutal.
Krimo (Osman Elkharraz) es el niño que se enamora. Tontamente. También oscuramente. Hasta procura ser el Arlequín de la obra con tal de estar cerca del cabello rubio y del destello celeste de los ojos de Lydia (Sara Forestier). Ser lo que no puede ser. Pasar por divertido, por alegre, con ropa multicolor, cuando su padre -ausente para la imagen- vive en la cárcel y su madre dentro del apartamento. Lydia, en tanto, es una furia que interpreta con pasión su papel de señora burguesa mientras agita su abanico roído. Entre medio hay una novia indecisa, y amigos que alimentan un clima de enrarecimiento, por momentos de amistad, por momentos de violencia contenida.
Es esta ambivalencia la que pareciera volver al film un globo a punto de estallar. La primera escena así lo expone. Podríamos pensar, de hecho, que la común unión entre estos chicos que viven -y que son- la periferia citadina existe también desde lo tribal, con una violencia que es alimentada por la segregación y la represión. De todas maneras, la obra teatral también es el momento para que padres, hijos y amigos se reúnan, se aplaudan, se abracen. El respiro existe. El arte surge, entonces, como llave para otras puertas. Qué más decir, el film es magnífico.

Por Leandro Arteaga
(Publicado el 22/10/2007 en Rosario/12)

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Susurros en la oscuridad

Diciembre 24, 2008

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El 2 de marzo de 1982, mientras el director Ridley Scott trabajaba en la edición definitiva de Blade Runner, el escritor del cuento del que surgiera uno de los films de ciencia ficción más emblemáticos de los últimos treinta años, Pilip K. Dick moría en Santa Ana (California). Los 25 años de la muerte de Dick, que se cumplieron durante el año pasado, fueron saludados con los estrenos de El vidente (Next) y Una mirada a la oscuridad (A scanner darkly, del año 2006, que en Rosario pasó directamente a dvd), películas que se suman a otros siete films y capítulos de televisión basados en algunos de sus innumerables relatos y novelas.
Las películas basadas en relatos de Dick -quien al morir dejó tantas deudas como malestares, enfermedades y paranoias había acumulado en su distópica vida- habían acumulado hasta el 2004 la friolera de 700 millones de dólares. De hecho su prole vive hoy de las regalías de sus libros y derechos comprados por productoras cinematográficas.
UN DETECTIVE PROFÉTICO.
A cinco semanas del nacimiento del escritor Philip K. Dick, en diciembre de 1928, murió su hermana gemela Jane y fue enterrada en una tumba, en el cementerio de Chicago, que tenía un hueco vacío y llevaba el nombre del hermanito vivo, en el que sólo habría que completar (54 años más tarde) la fecha de defunción. La presencia de Jane como un fantasma en la prolífica obra, la persecución del FBI, la miseria rodeada de adictos y un par de internaciones psiquiátricas convirtieron a las biografías de Dick en sucesivas indagaciones acerca de su locura o sus dotes proféticas.
Ficciones en las que se impone una visión de la realidad poderosa y paranoica, en las que se esfuman los límites entre sueño y vigilia o en las que la memoria artificial desdibuja o compone una identidad Dick supo mezclar en su obra escrita elementos de dos literaturas modernas e inagotables: la fantástica (esto es:la creación racional de un mundo para demolerlo con la irrupción de lo extraño, como en H.P.Lovecraft) y la policial negra, o americana: aquella en la que el detective, un ser con preocupaciones éticas, de algún modo un perdedor, investiga un homicidio y descubre que el crimen es la sociedad misma, de arriba hacia abajo.
Hombre próximo al mundo de las drogas (aunque dos de sus biógrafos insisten en que su mayor adicción fueron siempre las anfetaminas), las ficciones de Dick son también un narcótico: “Ubik”, “El hombre en el castillo”, “Gestarescala”, “Ojo en el cielo”, además de sus cuentos, son una experiencia tanto como una lectura. De ahí que adaptar sus relatos al cine resulte una tarea muchas veces imposible y, la mayoría de las veces, fallida. La cima de estas desgracias es claramente El vidente, dirigida por Lee Tamahori, que no sólo tira el cuento de Dick ”El hombre dorado” al escusado, sino que lo mismo hace con su ambiente y con el guión de la película.
UN MUNDO PROPIO.
Sin embargo hay dos de estas películas que, a su modo, se hacen cargo del mundo “dickeano”: Blade Runner (cuya traducción tiene el sentido de “el que se da la cabeza contra la pared”, y está basado en la pequeña novela “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas”?) y Una mirada a la oscuridad, en la que Richard Linklater trabaja con actores (Keanu Reeves y Winona Ryder entre otros) pero usa una técnica de animación, el rotoscopio, cuya edad de oro quedó enterrada en los tempranos ’80, con los videoclips de la banda noruega A-ah, entre otros. Una mirada… está basada en las experiencias mismas de Dick a principios de los 70, cuando su casa de California –que luego perdería- se convirtió en la morada de traficantes, lumpenaje y hippies desencantados hasta del Flower Power. En el film, que Linklater mantuvo fiel al libro, un agente encubierto (Keanu Reeves) debe seguir a un traficante. Ignora que al final del laberinto va a encontrarse consigo mismo, como si el doctor Jeckyll buscara al señor Hyde.
Blade Runner, de la que Dick llega a ver escenas, tiene de dickeana su atmósfera turbia, su policía agobiado y fiel a la misión que le tocó en suerte (Harrison Ford), su ambiente de relato policial desencajado, desviado; su ciudad vieja, contaminada de imágenes y de voces extranjeras, como un sueño recurrente.
Un dato que el dvd o el video puede revisar a esta altura es la continuidad ficcional entre Blade Runner y Screamers (dirigida por Christian Duguay en 1995 y conocida en español como Asesinos cibernéticos o Segunda variedad, que era el título del cuento de Dick): la segunda parece ser la precuela de la primera. Si el film de Ridley Scott narraba las peripecias de un grupo de androides (replicantes) en la Tierra, donde tenían prohibido regresar y a la que volvían después de dar largas batallas en colonias extraterrestres, en Screamers parece mostrarse el nacimiento de estos replicantes y el mundo al que fueron expulsados.
INFLUENCIA.
Sin embargo, el cine ha tomado en estos años muchas ideas de Dick, y no siempre del modo más feliz: Matrix, El sexto día, dos ejemplos antagónicos, captan cierta “idea” de Dick. Pero The Truman Show (Peter Weir, 1998) es quizás la que mejor se deja influenciar por nuestro autor. Acaso, como sucede en la primera y segunda Alien, donde se percibe una influencia de Lovecraft, porque Truman Show une al personaje típico de Dick con su visión particular de lo que solemos llamar realidad: esa cadena de hilos que mueven más allá de donde se puede indagar un mecanismo esquizoide, demencial, dañino y poderoso.
El argumento es atractivo para Hollywood, claro, sobre todo tratándose de un mundo –el norteamericano- cuya política exterior está coronada por proyectos como el de la ”Guerra de las estrellas”, “Tormenta del desierto” o ”Guerra al terrorismo”. Las películas suelen competir con una construcción mediática de la realidad que es mucho más “dickeana” de lo que se consigue en un estudio de cine. Y un nuevo ensayo de la realidad, desde lo virtual y la biopolítica, con el que los hombres acariciamos con mucha más gravedad que en ninguna otra época el más simple e infinito vacío.
En “Idios Cosmos”, una suerte de biografía crítica sobre Dick, Pablo Capanna rescata detalles en ficciones de Dick, como mencionar que alguien lee un diario y se entera de un crimen, de un golpe de estado en Argentina y que, en esa misma edición, dentro del cuento, alguien desaprueba a fascistas, comunistas, falangistas y peronistas. “Conociendo las inclinaciones de Dick por el populismo y los líderes carismáticos –escribe-, no me cabe duda de que de haber sido argentino, hubiese adherido con fervor a la izquierda peronista”.

Por Pablo Makovsky
(publicado en El Ciudadano & La Región el 13/1/2008)