Sencillez y sentimiento

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EL PERRO
(2004, Dir: Carlos Sorín)

Aunque siempre utilizando el paisaje patagónico como fondo y pintorescos tipos humanos como instrumentos, Carlos Sorín (1944, Buenos Aires) ha ido abandonando las ambiciones estéticas y metafóricas que había puesto de manifiesto en su ópera prima, La película del rey (1986), para limitarse a contar historias cada vez más sencillas. El perro sigue las penurias de un cincuentón provinciano, bonachón, sin mucho carácter, un poco a la deriva y sin trabajo, que se encariña con un perro del que termina haciéndose cargo casi de casualidad.
Con este punto de partida, se suceden situaciones tiernas o graciosas, algunas mejor pensadas que otras: la del comienzo, en la que el protagonista debe deshacerse de un objeto que le costó sacrificio hacer, para “zafar” de un policía, es una de las más significativas; otras, en cambio, apelan a un sentimentalismo poco espontáneo.
Un mérito indudable del film es dar protagonismo a hombres y mujeres rústicos, de figuras o dentaduras imperfectas, tímidos o precipitados pero nunca prepotentes, que pocas veces se ven en cine y televisión. Para encarnarlos, Sorín recurrió a actores no profesionales (algunos ya vistos en Historias mínimas), no siempre consiguiendo los resultados esperados. Del mismo modo, es posible escuchar a los personajes llamándose por su apellido, o diciendo que algo fue vendido “por chaucha y palitos”, es decir, utilizando expresiones que, si bien suelen escucharse a lo largo de la Argentina, sólo excepcionalmente asoman en nuestro cine.
En cuanto a Bombón (un enorme dogo blanco con una debilidad inesperada), pasará a integrar la breve lista de canes del cine argentino, junto a otros que poco tienen que ver con él, como el que hacía compañía a Sebastián Chiola y moría baleado en Con el dedo en el gatillo (1940, Luis Moglia Barth), o la perra por la que se desvivía Julia Von Grolman –y que tampoco tenía un buen final– en Comedia rota (1978, Oscar Barney Finn).
Con estos elementos, y buscando, más que nada, la comunicación con el público, Sorín ofrece un modesto y simpático relato naturalista.

Fernando G. Varea
(Publicado en 2004 en el sitio web Citynema)

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