El cine como club

Quien imagina al Cine Club Rosario como un reducido grupo de cinéfilos asistiendo rutinariamente y con gesto grave a una sala oscura para ver presuntuosas extravagancias, desconoce que en los últimos años ha sido un espacio abierto a experiencias que van más allá del aprendizaje y las discusiones entre iniciados.
Bastaría recordar aquéllas soleadas mañanas de domingo, década y media atrás, en las que Pablo Rodríguez Jáuregui divertía a un grupo de pibes expectantes con su cámara y sus películas, en la sede de calle San Lorenzo al 1600 donde funcionaba el llamado Cine Club Infantil “La linterna mágica”. O la maravillosa posibilidad, un sábado no muy lejano, de trasladarse en el tiempo viendo un film mudo musicalizado en vivo por el pianista francés Francois Debaecker. O la ansiedad de aquella tarde de diciembre de 1993 en que se reveló el misterio de Los traidores, la película que –a diferencia de su director, Raymundo Gleyzer– pudo encontrarse después de desaparecer durante la dictadura militar. O, también, los animados debates del Cine Fórum, y el interés por el material de la biblioteca que amablemente facilitaba Noemí Caisutti.
Esta continuidad de vivencias placenteras está ligada a la capacidad de la institución para recibir aportes, para abrirse a otros ámbitos y tareas. Por ejemplo: resulta difícil que algún realizador local no haya visto proyectado un trabajo suyo en la pantalla del auditorio de la Asociación Médica, o que un intelectual vinculado al cine en nuestra ciudad no haya intervenido en algún curso, taller, seminario, presentación o publicación dependiente del mismo. Asimismo, las actividades, ciclos y exhibiciones especiales suelen extenderse a otros recintos (Alianza Francesa, Colegio de Escribanos) o realizarse con auspicios de otros organismos, mientras que, al mismo tiempo, se reciben y acompañan muestras y seminarios organizados por otros. Las propuestas, a su vez, abarcan desde el rescate de viejas películas y el subtitulado de documentales fílmicos de especial valor para los santafesinos (La Pampa gringa, Zenón Pereyra), hasta la circulación de publicaciones especializadas y el engrosamiento de una videoteca (inaugurada en 1998) que permite a los socios acceder a la obra de clásicos y modernos, desde Charles Chaplin, Orson Welles y Sergei Eisenstein hasta Tsai Ming Liang o Lars Von Trier.
Esa atención dispensada a la labor de los demás, llevó a abordar, como actividad del centro de Estudios, Perfeccionamiento e Investigación Cinematográfica (CEPIC), surgido en 1999, una investigación para dar cuenta de todos los rosarinos que –como realizadores, productores, escritores, actores o músicos– han intervenido en el mundo del cine. El proyecto, titulado “Rosarinos en Pantalla”, lleva más de cuatro años de labor, durante los cuales se prepararon alrededor de 279 biofilmografías. El trabajo incluye, además, reseñas de distintos aspectos relacionados con el tema, a cargo de una decena de especialistas. Cuando logre publicarse, el Cine Club Rosario será, una vez más, un medio para el conocimiento y la información, tanto como para encuentros y emociones.

F.G.V.
(Publicado en suplemento Señales de la Cultura y la Sociedad del diario La Capital de Rosario, el 1/10/2006)

El libro Rosarinos en pantalla fue publicado en 2008.

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