Jarmusch y Kiarostami no se rinden

Si hubo una sorpresa descorazonadora para los cinéfilos durante 2007, ésta ha sido, sin duda, la muerte –con pocas horas de diferencia– de Ingmar Bergman (Upsala, Suecia, 1918) y Michelangelo Antonioni (Ferrara, Italia, 1912). No tanto por el hecho inevitable de la desaparición física de ambos, sino por la sensación de que, con ellos, en cierta manera se va también una manera de entender el cine como medio de expresión personal y de reflexión sobre la sociedad y las relaciones humanas. No es un consuelo menor saber que otros cineastas europeos, igualmente influyentes en los años ‘60 y ‘70, permanecen en actividad (Jean Luc Godard, Alain Resnais, Marco Bellocchio) y que, siguiendo las huellas dejadas por aquellos, dentro del mercantilizado espacio audiovisual actual se insinúen realizadores promisorios, inquietos, en algunos casos innovadores (desde Michael Haneke y los hermanos Dardenne hasta los asiáticos Apitchapong Weerasethakul, Jia Zhang-Ke y Tsai Ming-liang), y que cinematografías como la rumana presenten saludables signos de vivacidad.
Un estímulo más puntual es saber que dos de los más interesantes directores del cine reciente estén dispuestos a comenzar 2008 con proyectos prometedores.
EXTRAÑOS EN EL PARAÍSO DE JARMUSCH
Pocos recuerdan que Jim Jarmusch (Akron, Estados Unidos, 1953) se abrió camino en el panorama del cine mundial con un film parco y simpático, Extraños en el paraíso (1984). No tenía mucho más de 30 años cuando lo filmó, aprovechando que Win Wenders le regaló película virgen sobrante del rodaje de El estado de las cosas. La curiosa arquitectura de Extraños en el paraíso (con una límpida fotografía en blanco y negro, demorados planos de recodos urbanos, personajes perezosos, diálogos sucintos y aparentemente vanos) no derivaba en un producto presuntuoso, sino en una liviana y grácil sucesión de viñetas, suerte de comedia indolente o sosegada road-movie. Jarmusch logró que algo de esa estética minimalista y de ese humor asordinado permaneciera en películas posteriores, deslizándose hacia la fábula en Bajo el peso de la ley (1986), hacia el western en Dead man (1996) o hacia cierta gravedad en El camino del samurai (2000). En varios casos contó con el aporte de amigos músicos, como Tom Waitts o Neil Young.
Con ninguna de esas películas, sin embargo, logró el éxito que le proporcionó la reciente Flores rotas (2005). Aquí reclamaba, una vez más, la complicidad de espectadores capaces de disfrutar de su comicidad melancólica, siguiendo a un hombre solitario (Bill Murray) asaltado por la incertidumbre de una supuesta paternidad, lo que lo lleva a reencontrarse con distintas mujeres y a replanteos varios.
La óptima aceptación que obtuvo Flores rotas sirve ahora para que la productora Focus Features financie su nuevo film. El mismo comenzará a rodarse en febrero en España y tendrá como protagonista a Isaac De Bankolé (quien ya trabajó para Jarmusch en algunos de sus films anteriores), encarnando a un marginal esquivo. No es poca cosa que el equipo de trabajo incluya al australiano Christopher Doyle en la fotografía (de recordados trabajos en ese rubro, por ejemplo bajo las órdenes de Wong Kar-wai), y a Eugenio Caballero, ganador este año del premio Oscar al mejor diseño de producción por El laberinto del fauno.
EL SABOR DE KIAROSTAMI
Bastante diferente es la obra del iraní Abbas Kiarostami (Teherán, Irán, 1940). No han sido muchos quienes han podido ver ¿Dónde queda la casa de mi amigo? (1987), La vida continúa (1992) y Primer plano (1990), cuando siete años atrás la distribuidora Contracampo, del fallecido Nicolás Sarquís, las estrenó simultáneamente, con el apoyo de inmejorables críticas. Las dos primeras forman, junto a Detrás de los olivos (1994), la llamada “trilogía de Koker”, con fascinantes vasos comunicantes entre uno y otro film: a la aventura de un chico empeñado en devolverle a su compañero el cuaderno que se llevó por equivocación, le sigue la de un director que –después de un terremoto auténtico– rastrea al pequeño actor que representó ese papel, y, finalmente, la sucesión de rechazos y acercamientos de una pareja participante en una secuencia del primer film. Tanto en éstas como en la más promocionada El sabor de la cereza (1997) y en El viento nos llevará (1999), Kiarostami discurre magistralmente sobre la vida, su belleza, dolores y misterios, atendiendo el desplazamiento de sus personajes por serpenteantes caminos, echando una mirada serena pero intensamente profunda sobre ellos, sus dudas y ajetreos. “En el cine de Kiarostami no hay formas revistiendo contenidos; el plano no organiza un sentido, lo produce”, sostiene David Oubiña en su libro “Filmología” (Ediciones Manantial, Buenos Aires, 2000), afirmación que difícilmente pueda atribuirse a la obra de otros realizadores.
La luz vívida de los ámbitos rurales donde transcurren esas historias evasivas y la riqueza de su puesta en escena (con una lúcida utilización del fuera de campo, y escasas y oportunas inserciones musicales), lo ubican a considerable distancia de otros colegas contemporáneos. A esto se suma su asombrosa habilidad para liar documental y ficción, cuyo mejor exponente es Primer plano, donde personajes reales (entre ellos, un director de cine y un obrero encarcelado por usurpar su identidad) reviven situaciones y generan otras, y donde la representación y el registro con cámara oculta yuxtaponen matices de verdad y de mentira.
La buena noticia es que MK2, la compañía del legendario productor francés Marin Karmita, financiará la nueva película del iraní. El título trascendió en inglés (Certified Copy), pero se anuncia que será filmada en francés, en distintas regiones de Francia e Italia. Kiarostami contará esta vez con actores conocidos: el veterano Sami Frey, como un escritor que visita una ciudad italiana para promocionar su último libro, y la francesa Juliette Binoche, como la mujer que conocerá en ese viaje.
Al margen del curso que tomarán esos rodajes, valen las expectativas y el deseo de contar, todavía, con directores dispuestos a compartir su visión personal del mundo. Capaces de decir, como Jarmusch: “Si Hollywood no viene a preguntarme cómo hacer sus negocios ¿por qué tiene que venir a decirme a mí cómo debo hacer mis películas?”.

Por Fernando G. Varea
(Publicado en Leedor.com el 13-12-2007)

Imágenes: Jim Jarmusch (izq.) y Abbas Kiarostami (der.)
http://www.jimjarmusch.com/
http://www.filmref.com/directors/dirpages/kiarostami.html

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