John Gianvito: “Los muertos se comunican con nosotros pero no los escuchamos”

Docente en distintas universidades estadounidenses, curador de cine por cinco años en el Harvard Film Archive, nombrado en 2001 Caballero de Artes y Letras por el Ministerio de Cultura Francés, John Gianvito (Nueva York, EEUU) presentó en la edición 2008 del BAFICI su segundo documental, Profit Motive and the Whispering Wind, donde echa una mirada a la historia de su país recorriendo leyendas sobre indígenas, obreros y luchadores sociales, grabadas en monumentos, lápidas y carteles de distintas plazas y lugares públicos, imágenes interferidas por otras de árboles al viento, lluvia, aire y sol. Una obra lírica y original, que terminó ganando una Mención Especial y el Premio Derechos Humanos. Serio pero amable y locuaz, al término de la proyección se prestó a las preguntas del público, y a la requisitoria de algunos estudiantes y periodistas como el que suscribe.
– ¿Considera que sólo en lugares escondidos, como las tumbas y carteles que muestra la película, es posible encontrar la historia de los marginados de la sociedad?
– Durante años, cada vez que viajaba, registraba en un diario mis sentimientos sobre cada lugar. Parte de ese diario fue publicado por una revista on line. Generalmente no había nadie en esos lugares, lo que me permitió tener una relación personal con los individuos y los eventos que allí habían ocurrido. Es irónico pero, de alguna manera, el hecho de haber ido a las tumbas de esta gente los devolvió a la vida, porque estando allí para mí era todo más real. Recuerdo cuando estuve en la tumba de Emma Goldman en Chicago: pasé mucho tiempo pensando dónde ubicar las cámaras, y cuando terminé al final del día y fui a presentar mis respetos a la tumba, encontré allí un gran árbol. Era un día caluroso, y unas gotas de agua me golpearon la cabeza mientras estaba parado allí. Lo tomé como una especie de bendición, aunque a lo mejor fue una ardilla que me hizo pis… (risas) En otros lugares, aunque no hubiera nadie no me sentía solo. La vida me ha demostrado que estamos rodeados por los muertos, que se comunican con nosotros. Lo que pasa es que no los escuchamos. Pier Paolo Pasolini dijo una vez que no es que los muertos no puedan comunicarse, sino que ya no pueden ser comprendidos. Créase o no, existe la vida más allá de la muerte. Incluso en un nivel más materialista, hay una energía en el suelo y los árboles, es un ciclo espiritual que conecta las imágenes del viento con las piedras de las tumbas.
– El final del documental parece destacar la importancia de las movilizaciones populares ¿Considera que este tipo de manifestaciones tienen importancia política?
– Realmente sí, se acumula mucha energía en esas luchas. En algunos casos las manifestaciones son genuinas, por ejemplo en Washington, Boston y New York, cuando la gente está en contra de la guerra y a favor de los inmigrantes ilegales. Es cierto que algunos dicen con nostalgia que ya no les importa nada, y que no se ven protestas como las de principios de los ’70. Pero el activismo organizado es ahora mucho más fuerte que entonces. Un sitio de Internet de Estados Unidos fue capaz de recaudar más dinero de lo que estadísticamente lograron otros medios, y lo usan para darle impulso a legislaciones críticas y hacer cambios prácticos. Pienso que la energía está todavía allí, aunque de formas diferentes.
– ¿Por qué en su película decidió incluir inserts con animaciones?
– No fue así desde el principio. Ahora me alegro que esas idas y vueltas entre los lugares históricos y las imágenes de la naturaleza hayan funcionado, pero no estaba convencido de que sólo ambos ingredientes fueran suficientemente fuertes como para fusionarlos. Tenía la sensación de que faltaba un tercero, algo que le agregara una textura diferente, una representación directa de lo que el “enemigo” puede llegar a ser. Pero ¿cómo representar eso tan monstruoso, cómo representar el capitalismo? Y pensé que podía hacerlo captando los simples gestos del comercio del oro y de la Bolsa, del intercambio de dinero. Pensé que podía conseguir un permiso para filmar estos intercambios comerciales, pero después de los eventos del 11/9 ya no se deja filmar en la Bolsa. Así surgieron esas animaciones, de algún modo era mi mano representando otras manos. Algunos amigos me decían que tenía que sacar esas escenas porque el film los ponía en un estado de encantamiento y esos breves momentos los sacaba del trance. Y comencé a pensar que esa reacción podía ser positiva. No quería que la gente se quedara en un estado pasivo meditando mientras veía la película, quería que ocasionalmente se distrajeran.
– El hecho de que no se digan palabras durante la película es una decisión artística que puede ser también política.
– Hubo un momento que pensé incluir palabras de la gente, quizás algunos tipos de dichos, u oraciones famosas que ayudaran a los espectadores a entender quién fue esa gente realmente. Y después pensé que no debía simplificar una historia compleja, a la que solamente se puede acceder a través de los libros, aquellos mismos que inspiraron el film. No quería hacer una versión corta, que sólo pudiera mostrarse en TV. El film es educativo pero no de una manera tradicional. Creo que films como éste dan oportunidad de mirar y pensar sin apuro, posibilidad que no nos brinda nuestra cultura cotidiana.
– ¿Qué documentalistas le interesan? ¿Qué opinión tiene de Michael Moore?
– Michael Moore ha hecho mucho para abrir puertas a la aceptación, básicamente de la industria, para que los documentales puedan ser vistos en salas de cine. Solamente por esa razón tiene que ser celebrado. Una revista se refirió a mi film como si hubiera imitado a Michael Moore, pero es una comparación tonta porque hacemos cosas diferentes. Pienso que el mejor film de Moore es el último, Sicko (2007), es profundamente humanista. Personalmente, la única influencia que tuve es de los franceses, sobre todo de un film llamado Demasiado temprano, demasiado tarde. Lo vi una sola vez, pero sus ecos se quedaron conmigo por veinte años. Por otra parte, Peter Watkings, Robert Kramer, el documentalista japonés Shinobu Hashimoto, Tracy Mc Grady, son muy interesantes e independientes. También algunos latinoamericanos que han significado mucho en otras épocas, particularmente Glauber Rocha, Jorge Sanjinés y Pino Solanas.
– ¿Richard Dindo?
– Vi un par de películas suyas que no son mis favoritas, aunque es inteligente y astuto, y por eso lo respeto.

Por Fernando G. Varea

(Gracias a Marcela Santos por colaborar en la traducción)

Fragmento de Profit Motive and the Whispering Wind aquí

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