Susurros en la oscuridad

-Por PABLO MAKOVSKY
El 2 de marzo de 1982, mientras el director Ridley Scott trabajaba en la edición definitiva de Blade Runner, el escritor del cuento del que surgiera uno de los films de ciencia ficción más emblemáticos de los últimos treinta años, Pilip K. Dick moría en Santa Ana (California). Los 25 años de la muerte de Dick, que se cumplieron durante el año pasado, fueron saludados con los estrenos de El vidente (Next) y Una mirada a la oscuridad (A scanner darkly, del año 2006, que en Rosario pasó directamente a dvd), películas que se suman a otros siete films y capítulos de televisión basados en algunos de sus innumerables relatos y novelas.
Las películas basadas en relatos de Dick -quien al morir dejó tantas deudas como malestares, enfermedades y paranoias había acumulado en su distópica vida- habían acumulado hasta el 2004 la friolera de 700 millones de dólares. De hecho su prole vive hoy de las regalías de sus libros y derechos comprados por productoras cinematográficas.
UN DETECTIVE PROFÉTICO.
A cinco semanas del nacimiento del escritor Philip K. Dick, en diciembre de 1928, murió su hermana gemela Jane y fue enterrada en una tumba, en el cementerio de Chicago, que tenía un hueco vacío y llevaba el nombre del hermanito vivo, en el que sólo habría que completar (54 años más tarde) la fecha de defunción. La presencia de Jane como un fantasma en la prolífica obra, la persecución del FBI, la miseria rodeada de adictos y un par de internaciones psiquiátricas convirtieron a las biografías de Dick en sucesivas indagaciones acerca de su locura o sus dotes proféticas.
Ficciones en las que se impone una visión de la realidad poderosa y paranoica, en las que se esfuman los límites entre sueño y vigilia o en las que la memoria artificial desdibuja o compone una identidad Dick supo mezclar en su obra escrita elementos de dos literaturas modernas e inagotables: la fantástica (esto es:la creación racional de un mundo para demolerlo con la irrupción de lo extraño, como en H.P.Lovecraft) y la policial negra, o americana: aquella en la que el detective, un ser con preocupaciones éticas, de algún modo un perdedor, investiga un homicidio y descubre que el crimen es la sociedad misma, de arriba hacia abajo.
Hombre próximo al mundo de las drogas (aunque dos de sus biógrafos insisten en que su mayor adicción fueron siempre las anfetaminas), las ficciones de Dick son también un narcótico: “Ubik”, “El hombre en el castillo”, “Gestarescala”, “Ojo en el cielo”, además de sus cuentos, son una experiencia tanto como una lectura. De ahí que adaptar sus relatos al cine resulte una tarea muchas veces imposible y, la mayoría de las veces, fallida. La cima de estas desgracias es claramente El vidente, dirigida por Lee Tamahori, que no sólo tira el cuento de Dick ”El hombre dorado” al escusado, sino que lo mismo hace con su ambiente y con el guión de la película.
UN MUNDO PROPIO.
Sin embargo hay dos de estas películas que, a su modo, se hacen cargo del mundo “dickeano”: Blade Runner (cuya traducción tiene el sentido de “el que se da la cabeza contra la pared”, y está basado en la pequeña novela “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas”?) y Una mirada a la oscuridad, en la que Richard Linklater trabaja con actores (Keanu Reeves y Winona Ryder entre otros) pero usa una técnica de animación, el rotoscopio, cuya edad de oro quedó enterrada en los tempranos ’80, con los videoclips de la banda noruega A-ah, entre otros. Una mirada… está basada en las experiencias mismas de Dick a principios de los 70, cuando su casa de California –que luego perdería- se convirtió en la morada de traficantes, lumpenaje y hippies desencantados hasta del Flower Power. En el film, que Linklater mantuvo fiel al libro, un agente encubierto (Keanu Reeves) debe seguir a un traficante. Ignora que al final del laberinto va a encontrarse consigo mismo, como si el doctor Jeckyll buscara al señor Hyde.
Blade Runner, de la que Dick llega a ver escenas, tiene de dickeana su atmósfera turbia, su policía agobiado y fiel a la misión que le tocó en suerte (Harrison Ford), su ambiente de relato policial desencajado, desviado; su ciudad vieja, contaminada de imágenes y de voces extranjeras, como un sueño recurrente.
Un dato que el dvd o el video puede revisar a esta altura es la continuidad ficcional entre Blade Runner y Screamers (dirigida por Christian Duguay en 1995 y conocida en español como Asesinos cibernéticos o Segunda variedad, que era el título del cuento de Dick): la segunda parece ser la precuela de la primera. Si el film de Ridley Scott narraba las peripecias de un grupo de androides (replicantes) en la Tierra, donde tenían prohibido regresar y a la que volvían después de dar largas batallas en colonias extraterrestres, en Screamers parece mostrarse el nacimiento de estos replicantes y el mundo al que fueron expulsados.
INFLUENCIA.
Sin embargo, el cine ha tomado en estos años muchas ideas de Dick, y no siempre del modo más feliz: Matrix, El sexto día, dos ejemplos antagónicos, captan cierta “idea” de Dick. Pero The Truman Show (Peter Weir, 1998) es quizás la que mejor se deja influenciar por nuestro autor. Acaso, como sucede en la primera y segunda Alien, donde se percibe una influencia de Lovecraft, porque Truman Show une al personaje típico de Dick con su visión particular de lo que solemos llamar realidad: esa cadena de hilos que mueven más allá de donde se puede indagar un mecanismo esquizoide, demencial, dañino y poderoso.
El argumento es atractivo para Hollywood, claro, sobre todo tratándose de un mundo –el norteamericano- cuya política exterior está coronada por proyectos como el de la ”Guerra de las estrellas”, “Tormenta del desierto” o ”Guerra al terrorismo”. Las películas suelen competir con una construcción mediática de la realidad que es mucho más “dickeana” de lo que se consigue en un estudio de cine. Y un nuevo ensayo de la realidad, desde lo virtual y la biopolítica, con el que los hombres acariciamos con mucha más gravedad que en ninguna otra época el más simple e infinito vacío.
En “Idios Cosmos”, una suerte de biografía crítica sobre Dick, Pablo Capanna rescata detalles en ficciones de Dick, como mencionar que alguien lee un diario y se entera de un crimen, de un golpe de estado en Argentina y que, en esa misma edición, dentro del cuento, alguien desaprueba a fascistas, comunistas, falangistas y peronistas. “Conociendo las inclinaciones de Dick por el populismo y los líderes carismáticos –escribe-, no me cabe duda de que de haber sido argentino, hubiese adherido con fervor a la izquierda peronista”.

(publicado en El Ciudadano & La Región el 13/1/2008)

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