Cuando la madurez es sólo una apariencia

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EL CURIOSO CASO DE BENJAMIN BUTTON
(The curious case of Benjamin Button, 2008; dir: David Fincher)

Curioso caso el de David Fincher (1962, Denver, EEUU): si bien sus películas no suelen ser otra cosa que entretenimientos cool, de superficie lustrosa y apariencia transgresora, evidentemente afectadas por sus hábitos como realizador de video clips (alguna vez se manifestó orgulloso de que consideraran a Se7en/Pecados capitales impregnada de la estética de MTV), nada hacía imaginar -sobre todo después de la notable Zodíaco (Zodiac, 2007)- que haría un producto tan complaciente como éste.
El Benjamin Button del título es alguien que nace viejo y muere niño: a partir de esa conjetura, se recorren los distintos momentos históricos por los que transcurre su vida (ilustrados con oportunas canciones e imágenes en televisores encendidos), por la cual van desfilando, además, varios personajes simpáticos. De esa manera, el bebé freak con aspecto de anciano irá creciendo, hasta llegar al momento en que -para satisfacción de las expectantes espectadoras- Brad Pitt se convierte en Brad Pitt, para luego continuar su carrera de rejuvenecimiento físico y senilidad al mismo tiempo.
El guión (que recuerda a Forrest Gump, también escrito por Eric Roth, y basado en un hermoso cuento de Scott Fitzgerald) predisponìa al relato mágico o a la comedia sobre el paso del tiempo y las apariencias equívocas (al estilo Quisiera ser grande), pero el film de Fincher no sólo oscila entre ambas posibilidades sin decidirse abiertamente por una, sino que, además, esparce tantas imágenes de atardeceres y calles nevadas de tarjeta postal, tantas escenas tristes subrayadas con música sentimental, tantas reflexiones ingenuas sobre el destino y el valor de la vida, que termina siendo más pueril que fantástico, más manipulador que sincero.
Al gusto de Hollywood, y un poco siguiendo los tópicos del melodrama, en sus 166 minutos hay melancolía y humor, amores y guerras, nacimientos y muertes, despedidas y encuentros, cartas que guardan confesiones y animados bailes. El resultado (como en Conduciendo a Miss Daisy, Una mente brillante, y tantas películas ganadoras del Oscar) es tan inofensivo como intrascendente, y basa casi todo su atractivo en una verdadera artillería de recursos técnicos, de los cuales no es menor el maquillaje, que debe ir haciendo creíble el paso del tiempo en los personajes.
Al margen de la intensidad de algunas secuencias (el violento ataque a un barco, la seducción a oscuras de la bailarina al protagonista) y de la presencia siempre bienvenida de Cate Blanchett y Tilda Swinton, El curioso caso de Benjamin Button no es más que una larga sucesión de livianos efectismos. Y, como Benjamin durante el primer tramo del film, aparenta madurez pero, en el fondo, es balbuceante y aniñado.

Por Fernando G. Varea

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Un pensamiento en “Cuando la madurez es sólo una apariencia

  1. Qué tal Fernando? Muy interesante tu espacio. Estudié un año en la EPCTV, actualmente soy alumno de la ENERC. Personalmente, me decepcionó muchísimo Benjamin Button. Un film ciertamente mediocre, sumamente desaprovechado por Fincher. Ni merecía ser nominado al Oscar como mejor Director. Pitt está correcto, tampoco entiendo su nominación, ni la de Taraji P.Henson.
    Te invito a que visites mi espacio en http://www.salacine.blogspot.com

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