Carlos Sorín: “Antes de escribir el guión, imagino la historia como un cuento”

El próximo jueves se estrena La ventana, último film dirigido por Carlos Sorín (Buenos Aires, 1944), el director de La película del rey (1986), Historias mínimas (2002), El perro (2004) y El camino de San Diego (2006). Buena oportunidad para rescatar declaraciones suyas durante su paso por nuestra ciudad, el 14 de junio de 2006, convocado para participar de un seminario organizado por la Facultad Libre de Rosario. La siguiente es parte del diálogo que entabló en esa oportunidad con el público y con quien esto escribe, en su función de moderador:
– ¿Cuánto hay de planificado y cuánto de improvisado en tu cine?
– Yo filmo las películas en orden. Tal cual se ven, así las filmo. Porque como son abiertas, nunca sé qué puedo incorporar, si hay que modificar un poco la acción… Al mismo tiempo, me permite hacer un borrador de la película, para ir viendo –a medida que voy filmando– si está bien o mal. Al filmar con “no actores” es mejor así.
– ¿Y en cuanto al guión?
– Primero trato de contar la historia en dos o tres hojas, como un cuento. Después empiezo a escribir un poco el guión.
– ¿Cómo hacés el trabajo de edición?
– Primero hago una edición muy en borrador, durante el rodaje. Pero lo que me lleva más tiempo es el conocimiento del material, porque son 80 horas. Voy editando y cerrando muy provisoriamente para tener lo antes posible una visión total. Una vez hecho esto, empiezo a trabajar más precisamente las escenas. La compaginación es un tema de tiempo, yo edito en 6, 7 u 8 semanas. Cuanto más tiempo mejor, ves cosas que en un principio no ves. Yo edito solo, sin compaginador. El compaginador ayuda porque es una mirada más objetiva, más profesional, el editar solo complica ese tipo de cosas.
– ¿Podría decirse que en El camino de San Diego hay ausencia de conflictos?
– No creo, es un personaje que nunca salió de ahí, ir a Buenos Aires es para él una aventura inconcebible: ya eso es un conflicto. La esposa se le opone, durante el camino encuentra obstáculos… y al final hay un gran obstáculo. Lo que no hay es un conflicto de oposición que genere una acción, en el sentido más tradicional, la acción se genera por decisión propia. Es una película episódica, no con un plot que lanza hacia adelante.
– Tiene algo de fábula.
– Sí. A alguien le recordó a “Cien años de soledad”, lo cual me halaga.
– Aunque recién te diferenciaste de los directores de una generación más joven, en tu cine hay puntos de contacto con lo que hacen algunos de ellos, por ejemplo cierta improvisación, o el hecho de filmar fuera de Buenos Aires y sin actores profesionales. ¿Cuáles de estos nuevos directores te gustan o sentís que se acercan más a lo que hacés?
– Por sobre todos, Lucrecia Martel y Adrián Caetano. Y me gusta también Pablo Trapero, con quien además somos amigos. En realidad, no creo que tengamos mucho en común, salvo el hecho de vivir en un mismo país, y eso conciente o inconcientemente influye en la forma en que uno elige los temas. De cualquier manera, en general, cuando un director filma en el interior del país, es un personaje que va hacia allí, normalmente es alguien de Buenos Aires que viaja. Yo, en cambio, filmo con personajes locales, y las historias también lo son. Puede haber cosas en común, aunque yo no puedo darme cuenta… (piensa) Debe haber cosas en común y cosas diferentes, y eso me parece que está bien. El hecho de que seamos todos directores distintos, me parece que es bastante positivo, un abanico de posibilidades, cada uno tocando distintos instrumentos. Corresponde, por otra parte, a nuestro país. Es algo que no ofrece el cine iraní, por ejemplo, cuya cultura es más monolítica y cerrada; la nuestra es más abierta, fragmentada y diversa. En un país fragmentado me parece bien que cada uno haga cosas distintas.
– ¿Qué recuerdo tenés de tu primera película, que en algunos aspectos es muy distinta de las últimas?
La película del rey (1986) la volví a ver hace cuatro años, en un festival. No la había visto por unos diez años. Está bien, es un cine distinto, corresponde más a la época, donde se sienten mucho los diálogos escritos. Yo ahora trato de evitarlo, que las palabras surjan de los que están delante de cámara, y si son mías, que no se noten. En La película del rey se notaba fuertemente el guión. De cualquier manera, creo que tiene una buena segunda parte, ese bloque en el que él se queda solo, rescato esa cosa fantasiosa, pero el resto ahora lo haría distinto.
– ¿Y Eterna sonrisa de New Jersey?
– Esa es una película mala, fallida.
– ¿Por problemas de co-producción?
– No, por mí… Y además tenía un “monstruo” como Daniel… No es lo mismo manejar a Juan Villegas que a Daniel Day Lewis. Pero había también una falla de guión; creíamos que iba a resultar divertida como nos divirtió a nosotros hacer el guión, pero a veces los guionistas nos quedamos en una especie de cápsula peligrosa. Por eso ahora trato de mostrar siempre algún pedacito de la película. A veces uno piensa que la cosa cierra y no cierra, algo especialmente peligroso en películas que no son de género. En el cine de género uno sabe hacia dónde va, y hay mucho cine visto, en cambio en el cine que hacen Caetano o Trapero no hay demasiadas referencias, entonces uno está a ciegas.
– ¿Eterna sonrisa de New Jersey no se estrenó en Argentina por decisión tuya?
– Por decisión mía, sí. Además, hubo otro problema serio: a mí me gusta mucho manejar el idioma, la palabra, en mis películas, ningún diálogo es demasiado importante, en todo caso sirve lo que connotan las palabras. Y eso, al hacer una película en un idioma que no es el nuestro, como el inglés, se pierde. El hecho de que hablen todos en inglés en la Patagonia (y no es una película sobre los galeses o los ingleses en la Patagonia), ya pasa a ser un artificio absoluto… Fue un mal paso.
– ¿Cómo se han producido tus últimas películas?
Historias mínimas (2002) la hice con plata mía, de mis trabajos en publicidad, la financié absolutamente yo. Dio buena plata, plata razonable, y con eso pude producir la mitad de El perro, que anduvo muchísimo mejor en recaudaciones, y con eso produje la mitad de El camino de San Diego. Siempre soy director y co-productor. Tengo la suerte que mis películas se venden bien, El perro (2004) fue notable, se vendió a 28 países. En Francia llevó 200.000 espectadores, una cosa inconcebible para una película tan chiquita. En Argentina, Historias mínimas y El perro anduvieron por los 230.000 espectadores, y está muy bien, teniendo en cuenta que no son esas películas que llevan un millón, como Luna de Avellaneda (2004, Juan José Campanella).
El perro fue una coproducción con España ¿eso trajo complicaciones?
– En realidad fue una coproducción financiera. No era estrictamente una coproducción, las coproducciones tienen una cantidad de limitaciones en función de las legislaciones de España y de Argentina.
– Recientemente se estrenó en Nueva York.
– Sí, con una crítica bárbara. La hizo el cronista estrella de The New York Times, que sólo hace la crítica de las grandes películas. Yo sabía con 20 días de anticipación que iba a ser él, lo cual ya era una crítica (se ríe)… Y fue excelente.
– Hace mención al neorrealismo.
– Sí, eso ocurrió en casi todos los países donde se estrenó, pero lo dicen de todo el cine argentino, supongo que porque son cinematografías de países destruidos ¿no? El cine argentino aflora en medio de un país que se ha venido abajo.

Por Fernando G.Varea

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3 pensamientos en “Carlos Sorín: “Antes de escribir el guión, imagino la historia como un cuento”

  1. Me encantó ver en las películas “El perro” e “Historias mínimas” que hay actores poco conocidos a quienes les suceden cosas simples, como a cualquier persona del montón, llenos de espontaneidad. De algo simple pudo hacer una película. ¡Me encanta!
    Y me encanta este blog.
    Un abrazo.

  2. Hola estoy haciendo un trabajo de psicologia con “Historias Minimas” cuando se comenzo la filmación, y en que fecha se termino.
    Algunos o casi la mayoria de los actores son habitantes actuales de la localidad.
    Gracias Marita

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