Recordando sin ira

FROST/NIXON – LA ENTREVISTA DEL ESCÁNDALO
(2008, dir: Ron Howard)

Podría haber sido un documental. De hecho, comienza con imágenes que parecen extraídas de viejos noticiarios televisivos e, incluso, con testimonios a cámara que pronto se revelan como parte de una representación. Es sabido que las reconstrucciones dramáticas de hechos históricos siempre han sido, por diversos motivos (entre los que no debe descartarse el prejuicio), más atractivas que los documentales, para un importante sector del público. Puede encontrarse un ejemplo cercano en otra integrante del quinteto de nominadas este año por la Academia de Hollywood, Milk (2008, Gus Van Sant), que para su final toma prestadas escenas de un documental -ganador de un Oscar en 1984- que pocos vieron.
El asunto de Frost/Nixon es preciso: las entrevistas que el animador televisivo David Frost logró hacerle al presidente estadounidense Richard Nixon tres años después de haber sido destituido, involucrado en una trama de engaños y corrupción. El tono del film recuerda a otros productos hollywoodenses -incluyendo Apolo 13 (1995), también realizado por Ron Howard (1954, Duncan, EEUU)- donde hechos y personajes históricos son material con el cual se amasa un bocado liviano y atrayente, nutrido de diálogos chispeantes, dardos críticos al paso, personajes superficialmente caracterizados y elementos propios del thriller y de la comedia dramática.
En Frost/Nixon están los temas que, indudablemente, ocupan la vida y las discusiones de los estadounidenses: la televisión, el periodismo, el poder político, el dinero, el éxito; presentados, además, con el aspecto de un esmerado entretenimiento. Todo es rápido y ágil (la primera parte parece un largo trailer), las personas reales son convertidas en estereotipos (el idealista, el exitoso, etc.), y algunas observaciones lúcidas son innecesariamente explicitadas (como un comentario acerca del rasgo simplificador de las imágenes difundidas por la TV).
De estética televisiva y con un final ligeramente complaciente, Frost/Nixon tiene a su favor la seductora actuación de Frank Langella, quien crea una criatura cinematográfica que, por sus características, recuerda a otros líderes políticos, no exclusivamente norteamericanos: cuando confiesa que un acto ilegal deja de serlo al cometerlo el primer mandatario, trae a la memoria, por ejemplo, aquella confesión de haber mentido durante una campaña electoral para obtener votos que un presidente argentino expresó, alguna vez, con la misma sinceridad, con la misma impunidad.

Por Fernando G. Varea

http://www.frostnixon.net/

http://www.frostnixon.com/

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