Preguntas con respuesta

the_reader

EL LECTOR
(The reader, 2008; dir: Stephen Daldry)

Que The reader haya sido construida barajando abiertamente los cánones del melodrama (amores ocultos e interferidos por hechos trágicos de la Historia, secretos guardados durante años, gestos de abnegación, idas y vueltas en el tiempo) no merecería objeción alguna: de esas fórmulas se han nutrido obras maestras del género, desde clásicos de Douglas Sirk y Luchino Visconti hasta trabajos más recientes, por ejemplo de Pedro Almodóvar. Pero en esta película, escrita por David Hare -a partir de un libro de Bernhard Shlink- y dirigida por Stephen Daldry (1961, Dorset, Inglaterra), todo suena a lugares comunes trabajosamente ensamblados.
El lector ambienta en la Alemania de posguerra una historia de amor entre Hanna, una mujer solitaria, y Michael, un adolescente, a quienes alguien llega a confundir como madre e hijo. Al pasar los años, el joven -al igual que el espectador- irá descubriendo angustiosamente ciertos vínculos de Hannah con el régimen nazi. A este conflicto se agrega el condimento de la redención a través de los libros, desde el momento en que ella le pide al estudiante que le lea en voz alta antes de sus encuentros sexuales, capricho por el cual, durante el primer tramo, el erotismo se cruza con textos de Homero o de Chejov.
Algunas circunstancias pueden aceptarse como ironías del destino, pero otras rozan lo ridículo, por ejemplo que Michael se dedique precisamente a estudiar abogacía, o el uso que un personaje le da a los libros para terminar con su vida. Se suman las previsibles instancias de un juicio oral, recurso cómodo para confrontar ideas a viva voz.
Los exteriores melancólicos, ocasionalmente sobreencuadrados y notablemente iluminados, contrapesan la música omnipresente y trivial de Nico Muhly.
Kate Winslet (premiada por distintas asociaciones de críticos y ganadora de un Oscar y un BAFTA por esta actuación) tiene momentos brillantes, como su abrupta aparición al comienzo de la película, o la escena en que se conmueve, llora y ríe –todo al mismo tiempo- al escuchar un coro de niños en una iglesia. A la eficacia de las actuaciones (junto a Winslet están, también, Ralph Fiennes, Bruno Ganz y Lena Olin) El lector suma, en el transcurso de sus dos horas, apuntes sobre temas nada desdeñables: la persistencia de los recuerdos conflictivos, la lectura como medio superador, la responsabilidad individual, la importancia o no de los sentimientos para juzgar hechos criminales. Pero prevalece lo obvio, lo subrayado: cuando un joven, refiriéndose a la Alemania nazi, se indigna preguntando “¿Quiénes sabían? ¿Alguien sabe cuántos campos de concentración hubo en Europa?” él mismo responde (“Todo el mundo sabía”, “Hubo miles”); cuando alguien plantea, acerca de Hannah, “¿El hecho de que haya sido analfabeta justifica lo que hizo?”, en seguida otro personaje responde: “No”.
Esa ansiedad por responder los interrogantes que propone, es otra demostración de que El lector procura la actitud pasiva del espectador, como invitándolo a hojear un libro en cuyas páginas asoman, distraídamente, asuntos importantes.

Por Fernando G. Varea

http://www.thereader-movie.com/

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6 pensamientos en “Preguntas con respuesta

  1. Fer:
    critica excepcionalmente vista desde el punto de vista del espectador, y sin duda lo mas apreciable la actuación de Kate Winslet. Este director se destacó más sin dudas con “Las horas” y “Billy elliot”. Veo que el cine italiano de antes, lo seguis hasta el mas mínimo detalle, gracias por recomendarme “Roma ciudad abierta”.
    Un saludo. Martin

  2. Martín:
    Te confundiste de Fernando. El que escribió la crítica de “El lector” fui yo y no Herrera (amigo y colaborador del blog). Gracias de todos modos por dejar tu opinión.

  3. Creo que a veces confundimos lo que significa la expresión “lugares comunes”.
    Si se hubiera mostrado la masacre en los campos de concentración o una confrontación bélica como pretexto de recordar hechos acaecidos en el marco de la Segunda Guerra Mundial, muy probablemente algunos hubieran quedado satisfechos. Pero en realidad estamos hablando de la historia de un amor imposible, y de cómo las terribles circunstancias y el pasado escondido de la protagonistan marcan la vida del muchacho, a partir de lo cual se extiende el llamado a la reflexión de toda una sociedad – que como bien observas – prefirió callarse y arrastrar su culpa.

    No se trata de “redención”. Es que acaso alguien no siente curiosidad por aquello que desconoce? Schmitz fue una mujer sin oportunidades; o acaso alcanzas a inferir que su analfabetismo fue por decisión propia?
    Tal vez si te enmarcaras en el contexto de la película (además de la temática que ésta desarrolla) entenderías que aquello que piensas ridículo no es más que la evidencia que “The Reader” es una obra autobiográfica de Bernard Schlink, quien “ridículamente”, además de escritor, es abogado de profesión. E irónicamente, creció en Alemania con los rezagos de la Segunda Guerra Mundial.
    Y lo de los juicios, más allá de ser “previsible”, era el núcleo central para desarrollar la carga dramática componente de la película. Es como si le reprocharas la aparición de alienígenas a una película de ciencia ficción que cuenta la invasión de seres interespaciales, o que consideres innecesarias las pugnas cuerpo a cuerpo, o las explosiones por doquier en una película de acción.

    Y si pues, además de que alguien encarcelado no tiene los medios necesarios para planear un suicidio más elegante, la escena con los libros sirviendo de soporte es una de las varias metáforas de las que se apoya esta adaptación.

    Los aspectos técnicos elevan el carácter de la película, creo que no hay mucho que objetar en estos apartados (a excepción de la caracterización de una Winslet anciana, claro)

    Desde mi perspectiva, “The Reader” no busca respuestas inmediatas ni cargadas de ansiedad, sencillamente no busca respuestas. Es una representación que pretende llamar a la conciencia a partir de un hecho histórico de consecuencias funestas que tranquilamente podría extenderse a nuestros tiempos actuales, donde muchas veces somos nosotros los responsables de forjar la sociedad en que nos vemos envueltos.
    Te invita a reflexionar, a interiorizar, a sacar tus propias conclusiones. Esto no significa que debamos adoptar una posición pasiva, a menos que no entiendas el carácter de la obra (lo cual ya no es culpa del realizador).

    Aunque sin duda, esto de apreciar una película (o cualquier manifestación artística) es un tema subjetivo, considero importante ver más allá de lo evidente e interiorizar las historias, analizar los componentes, enmarcarlos en su espacio y tiempo histórico, para así procurar un mejor entendimiento y comprender el mensaje que su director pretende transmitirnos.

    Un saludo,

  4. El hecho de que el autor (protagonista de la historia) haya sido abogado no cambia la impresión que yo tuve de estar viendo una sucesión de clisés caros a Hollywood. La “metáfora” de la escena del suicido me pareció muy obvia. Y en cuanto a las escenas del juicio, me pregunto: así como existe lo que se llama el “teatro filmado” ¿no podríamos hablar de “juicios filmados”? Si hay tensión e interés en una escena de juicio ¿las razones no habría que buscarlas más en el Derecho y en la Oratoria que en el Cine? Personalmente, siempre me parece cómodo que una película apele a escenas de juicio para plantear una discusión sobre un tema serio, como estrategia para dictaminar qué personaje tenía razón o quién actuó mal (con este último convenientemente castigado, tranquilizando a la platea). Sigo pensando que “El lector” presenta al espectador interrogantes pero los va cerrando a cada paso, brindando también las respuestas.
    Al margen de mi opinión, te agradezco haberla rebatido con un comentario tan serio y fundamentado.

  5. Las escenas del juicio son, sin duda, las escenas del juicio.
    Es decir, para un planteamiento de estas caracteríticas, se hace más que necesario hacer uso de este recurso por aquello que expones.
    Sin embargo, yo no lo veo como una mera sucesión de alegatos para buscar un único culpable y cargar sobre él un punitivo. Okey, se le imputa a Schmitz la autoría, pero lo remarcable es el poder de estas secuencias en el espectador para hacerle reflexionar sobre su propia responsabilidad como parte de la sociedad.
    Yo creo que ese cuestionamiento a manera de repregunta de la propia Schmitz durante el juicio – aún en su incapacidad de comprender la magnitud de los hechos – , y la nula respuesta por parte del que juzga estos actos deslinda esa intención de aplacar la sed de justicia precisamente porque no es posible medir el grado de responsabilidad de esta sociedad que pretende ponerle nombre propio para aplacar sus conciencias.

    Prefiero quedarme con las interrogantes y los cuestionamientos propios que sustentan la película. Finalmente, de qué sirven las respuestas si uno no las interioriza?

    Agradable leer tus apreciaciones, Fernando.
    Saludos,

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