Aventuras para volar y volar

UP – UNA AVENTURA DE ALTURA
(Up, 2009; dir: Pete Docter/Bob Peterson)

-Por LEANDRO ARTEAGA
¡Otra vez! ¡Por fin, qué bien, qué bueno! Otra película Pixar para ver (y rever) y reseñar hasta el cansancio (el cual, convengamos, nunca ocurre). Porque no será redundante recordar, resaltar, subrayar, la excelencia que dentro del ámbito de la animación -y para el cine todo y, sobre todo, norteamericano- significan los estudios Pixar. Entre tantos títulos magníficos prefiero Monsters Inc. (2001) y Wall E (2008). Ahora también, claro, Up.
Tampoco vendrá mal recalcar la independencia creativa que dentro del imperio Disney (alicaído, triste y reiterativo) los estudios Pixar han posibilitado, más el vínculo de relieve que profesan y practican con los viejos animadores del estudio del ratón, fuente de inspiración laboral y creativa. Porque en los films Pixar se respira amor por el cine, sea tanto desde la misma genealogía cinéfila como también por sus guiones esmerados e inteligentes. Nada hay en ellos que signifiquen golpes bajos, chistes fáciles (para algunos, “adultos”), o referencias tontas por televisivas.
Será por esa atención a lo hecho -a lo bien hecho- que estos films parecen estar destinados a ser clásicos inmediatos. Y Up no es la excepción. Menos aún cuando uno no puede desentender los rasgos de su protagonista principal -un viejito soñador y vendedor de globos con los rasgos del actor Spencer Tracy: rostro cuadrado, pelo ondulado y cano, anteojos de marcos gruesos. O lo que el film refiere como cita cinéfila y aventurera: perseguir aquel sueño de infancia como válvula de escape, como faro para encontrar la Aventura (así, con mayúscula) en ámbitos verdes y tropicales, de la misma manera en que Tarzán o King Kong nos lo supieran, desde el cine, enseñar.
Y todo ello desde un perfil de personajes creíbles por saber alejarse, precisamente, del moralismo habitual y sus finales felices. El viejito Carl es, antes que cualquier otra cosa, viejo. La atención del film está depositada allí, en un personaje tipo donde el mismo cine (como espejo social que es) elige no reparar. Es viudo y nunca pudo ser padre. Y vive con dolor la ausencia de su amada, mientras su casita otrora colorida se vuelve gris, y edificios todos iguales y gigantes amenazan con aplastarlo, junto con la compañía de dentaduras que sonríen desde folletos de casas de descanso.
Lo acompañan muchos recuerdos, pero también un niño boy scout empecinado en ayudarle, la necesidad de mantener su casa más liviana para sostener el vuelo de los globos, y el inevitable reencuentro con el héroe de su niñez, perdido en océanos de tiempo, tan vulnerable y humano y falible como cualquiera.
Hacia allí se dirige Carl, mientras de a poco quita lo huraño de su rostro y se vuelve más feliz. Tanto como -corrobora uno- el mismo espectador. Aquí sí, el final no puede ser mejor: el buen ánimo contagia, y con él las ganas de iniciar, otra vez, el vuelo del film.

(publicado en Rosario/12 el 15/6/09)

http://www.pixar.com/featurefilms/up/
Trailer de la película aquí

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