El discreto encanto de las biografías

“El capitalismo transforma todo en dinero, inclusive la vida de un guerrillero dedicado a derribar al capitalismo, al imperialismo y a cuanta sociedad ese dinero corrompe.”
Con esta apreciación comenzaba una nota publicada en el primer número de la revista Cine & medios, a mediados de 1969. Aludía a la producción estadounidense Che! (1969, dir: Richard Fleisher), producida por la 20th Century Fox, rodada en Puerto Rico y protagonizada por el actor egipcio Omar Shariff (quien en la tapa de la revista aparecía acompañado por la irónica expresión “El Che Shariff”). La visión del Che (2007) de Steven Soderbergh (1963, Atlanta, EEUU), que los argentinos pudimos ver en dos partes bien separadas por caprichos de la distribución (la primera, Che: El argentino, el año pasado, y la segunda, Che: Guerrilla, en estos días), renueva la discusión acerca de la dificultad de representar fielmente la vida de figuras importantes de la Historia, más aún si se trata de líderes rebeldes.

Sólo hechos

Sobre aquel lejano Che!, Shariff decía algo que bien podría aplicarse a la obra de Soderbergh: “No hay mensaje en el film, sólo hechos. He aquí lo que le ha pasado a este hombre: vivió, hizo esto y aquello, y murió.” Es notable que, cuarenta años después, se sigan realizando biopics de Ernesto el Che Guevara que no perturban demasiado.
Es cierto que, a diferencia de la película de Fleisher, la de Soderbergh es una reconstrucción cuidada, cauta, seria. Ahora bien: ¿acaso el respeto, la discreción, la moderación, sirven para recrear la vida agitada y furiosa de alguien como Guevara?
Está claro que una película será mejor cuanto más concilie su forma con su contenido. Por ejemplo: la Frida Kahlo del mexicano Paul Leduc (Frida, naturaleza viva, 1986, con Ofelia Medina), apropiadamente, circulaba más por el sendero del arte y de la incomodidad, mientras que la Frida dirigida por la estadounidense Julie Taymor (2002, con Salma Hayek) lo que hacía era adoptar algunos puntos salientes de la vida de la pintora para, con ellos, construir una biopic salpicada de incidentes variados. Soderbergh parece haber emprendido una tarea similar, teniendo en cuenta, incluso, declaraciones suyas sobre el Che Guevara: “Su vida es un material estupendo para una película, y seguramente bastante comercial.”
El cine masivo tiene una larga tradición en convertir biografías ásperas en amenos melodramas. Aprovecha una y otra vez esa capacidad que tiene para succionar la verdad, privándola de matices y devolviéndola transformada en remedos accesibles, poniendo el rigor en la reconstrucción material antes que en los factores –generalmente complejos– que llevaron a esos hombres y mujeres a ser admirados y a destacarse del resto. En una de las últimas entregas de los premios Oscar, por ejemplo, pudo verse una revisión de las figuras históricas que el cine supo mostrarnos, y entre ellas aparecía Evita en la piel de Madonna.
El cine convierte sus historias en la Historia. De esta manera, es posible que oír hablar de Gandhi nos traiga instantáneamente la imagen de Ben Kingsley, y que muchos asocien de inmediato a la pareja de ladrones Bonny y Clyde con Warren Beaty y Faye Dunaway, o a la cantante Edith Piaff con Marion Cotillard.
La operación, sin embargo, se torna complicada cuando quien se retrata es alguien problemático o agitador. ¿Cómo hacer de esa vida un producto cinematográfico sencillo y grato? Volviendo al caso del Che: ¿es coherente llevar a la pantalla la vida de un revolucionario de un modo conservador?

Qué contar, cómo contarlo

Hay ejemplos de abordajes respetables de los hechos históricos que Soderbergh recrea en Che. Algunas películas generadas por núcleos militantes de la ardiente América Latina de los años ’60 y ’70, puede decirse (por su estilo urgente y desafiante, por la forma con la que fueron producidas, rodadas y difundidas) que fueron la expresión cabal de los ideales de Guevara. Varios momentos de El Padrino II (1974, dir: Francis Ford Coppola) mostraban de manera ejemplar el impulso de la revolución penetrando en el seno del universo egoísta y corrupto de la Cuba de Batista. El documental Ernesto Che Guevara, el diario de Bolivia (1994, dirigido por el suizo Richard Dindo), con una serena lectura del diario que el Che escribió en sus últimos días recorriendo los mismos inhóspitos lugares que iba atravesando, lograba hacer vívidas sus preocupaciones y sensaciones.
El caso del Che de Soderbergh es más impreciso. Se agradece que no haya una voz en off o textos que expliquen los acontecimientos, pero no deja de ser didáctica, como si fuera una mera representación de cosas sabidas. La interpretación de Benicio del Toro (también co-productor) es más que digna, pero en pocos momentos puede adivinarse algo de su mundo interior. Es un alivio escuchar a los personajes hablando en castellano, pero están por allí Gastón Pauls con su tono de chico bien y Franka Potente notoriamente doblada. El retrato de personajes y situaciones resulta mayormente creíble, pero una mirada atenta permite descubrir que no hay resoluciones formales interesantes, y que fueron descuidadamente encuadrados, iluminados y editados los diálogos en la selva boliviana (en medio de una conversación en plano general se inserta imprevistamente un primer plano, o hay planos lejanos y ensombrecidos que no permiten saber quién le habla a quién). Conmueve ver al Che curando a un chico y recibiendo el agradecimiento de una humilde campesina, pero las motivaciones de su intransigencia quedan reducidas a unas pocas frases. Es acertada la toma subjetiva para la escena en que lo matan, pero las últimas palabras fuertes que se escuchan en la película son de reproche hacia Guevara y Fidel Castro.
Se ha dicho que la película fue considerada “fría” tanto por amigos como por enemigos de la revolución cubana, y esa molestia parece razonable. Que Soderbergh no adopte una posición ideológica determinada ¿no implica, de por sí, una toma de posición? Lo que podría resultar plausible en un documental televisivo o en un film con fines estrictamente pedagógicos (el desapasionamiento, el respeto por las distintas opiniones, la posibilidad de que el espectador complete lo que se le da buscando posteriormente más información) resulta discutible para una película de ficción de cuatro horas, que formó parte de la selección oficial de Cannes y que involucró importantes esfuerzos de producción.
Tal vez lo mejor de este nuevo Che cinematográfico sea que alienta la discusión, no tanto sobre las ideas de Guevara sobre colonialismo y revolución, sino sobre las formas adecuadas para plasmarlas.

Por Fernando Varea

Crítica de Fernando Herrera de Che: El argentino en este blog aquí

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2 pensamientos en “El discreto encanto de las biografías

  1. No sabía que había una película sobre el Che dirigida por Richard Fleischer. Un director industrial muy interesante que tiene por lo menos una película extraordinaria, 10 Rillington Place.
    Saludos.

  2. La película de Fleischer sobre el Che fue exhibida alguna vez por TNT, y es bastante ridícula. Basta señalar que Fidel Castro estaba interpretado por Jack Palance.
    Vuelvo a decirte que me gustó mucho tu comentario sobre la película de Soderbergh en Cinemarama.
    Saludos.

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