Mariano Llinás: “Quise jugar con lo narrativo como un prestidigitador”

Hace unos años, el nombre del guionista, productor y director Mariano Llinás (1975, Buenos Aires) comenzó a sonar entre los cinéfilos, tras la presentación en sociedad de Balnearios (2002), un documental irónico y poco convencional. Una repercusión mayor alcanzó con su largometraje Historias extraordinarias (2008), y tan cierto es que se trata de un largometraje (tiene una duración de cuatro horas) como que es, también, una obra extraordinaria, aunque no porque haya sido concebida de manera sofisticada o provocadora, sino por la forma con la que revela -o recuerda- el placer del relato, la posibilidad de imaginar historias donde puede haberlas, acompañando y ayudando afectuosamente al espectador a buscarlas, a dilucidarlas, a disfrutarlas. Llinás estuvo presente en la segunda exhibición pública de su película en Rosario en la sala Lavardén, como parte de la muestra del BAFICI. Extrovertido, se mostró asombrado por la aceptación que tuvo Historias extraordinarias en una platea numerosa y muy dispuesta a dialogar con él. La siguiente es la conversación que tuvimos después de ese amigable encuentro con el público rosarino en torno a su película, ganadora del Premio Especial del Jurado y el Premio del Público en la edición del año pasado del BAFICI, y que, según dijo, será exhibida próximamente por un canal de cable.
– Algunos le critican al “nuevo cine argentino” que no cuenta historias, y vos las contás todas… ¿Tuviste, efectivamente, el propósito de reivindicar esa vocación del cine por “contar historias”?
– No estoy de acuerdo con eso, creo que lo que se dice del “nuevo cine argentino” es que pone en crisis una manera tradicional de entender las historias. Eso me parece absolutamente correcto, y me parece que esta película participa de eso. La idea del cine como una extensión de la literatura del siglo XIX está absolutamente perimida. Para mí hay algo que tiene que ver con investigar la narración, jugar con ella, ponerla en crisis. Creo que mi película lo hace.
– También suele criticarse la voz en off, por redundante, pero vos la valorás y le das un sentido distinto.
– Cuando yo hice Balnearios era un recurso mal visto, pero después ya no. No digo que esa película lo haya inaugurado, pero por ahí colaboró… Eso de que la voz en off se usaba para contar lo que las imágenes no contaban es más del cine argentino de los años ’80. Está claro que es una herramienta más. Hay infinidad de películas que la utilizan de manera fuerte, desde Buenos muchachos hasta Los excéntricos Tenenbaum. En Historias extraordinarias es como el elemento central y rector.
– En Historias extraordinarias se relatan muchas historias que son pura especulación, jugando todo el tiempo con la credibilidad del espectador ¿te interesaba esa cuestión?
– Siento que hay algo en la película que propone un juego con lo narrativo, como un prestidigitador que lo único que quiere es fascinar al público. Hay una especie de convención donde todo es mentira y, a la vez, el público lo acepta, donde realmente no importa si algo que se está contando es verdad y se va a refutar. Es una maquinaria narrativa que está por encima de lo que realmente pasa. Creo que si vas a tu casa y le contás a alguien de qué se trata, en ese argumento no va a estar la película, hay algo cinematográfico que se impone a cada una de las historias. Eso no ocurre en una película más clásica, donde lo que importa es lo que pasa.
– ¿Por qué quisiste que las historias transcurrieran en el campo y en pueblos del interior?
– Para mí eso era como un objetivo. El juego narrativo de la película había que acotarlo a un universo que yo sintiera como fuerte y emotivo, y ese universo es la provincia de Buenos Aires. Yo quería pintar eso, utilizar esos mecanismos narrativos para dar una imagen de eso.
– ¿Cómo trabajaste el guión, que está cargado de subtramas, avances y retrocesos?
– Eso es el oficio de guionista. Yo doy clases de guión desde hace mucho tiempo y conozco bastante el tema de la estructura.
– ¿Y con los actores que leen el texto en off? Porque lo más fuerte en cuanto actuación pasa por lo que ellos dicen.
– Sí, sin duda. Lo que pasa es que son tres grandes actores, Daniel Hendler, Juan Minujin y mi hermana Verónica. De todos aquellos con los que trabajamos, no sólo son los más conocidos sino los que tienen más experiencia. Se les pedía decir las cosas de determinada manera, como a cualquier actor, pero se contaba con un punto de partida inmejorable con esas tres personas.
– El único lujo que te das en cuanto a recurso visual parece ser la pantalla partida en movimiento.
– Eso tiene que ver con cierto juego que a veces utilicé. Y, básicamente, es el trabajo de mi socio y amigo Alejo (Moguillansky), el editor. Un genio, un mago con ese tipo de cosas. Es como tener un buen guitarrista o un buen baterista en una banda y, por ahí, poner un solo de batería. Es tan simple como eso.
– ¿Ese interés por los enigmas, por lo que puede haber de misterioso en viejas fotos, periódicos o monolitos, es porque considerás que allí puede estar el origen de buenas historias?
– Claro, son como la base o el elemento central de la literatura ¿no? Y si uno quiere trabajar con eso debe volver a esa imagen. De la misma manera que los directores de la novelle vague recurrían al policial negro. En este caso, recurrimos a las viejas novelas de enigma y de aventura.

Por Fernando G. Varea

Crítica de Historias extraordinarias por Fernando Herrera en este blog aquí
Trailer de la película aquí

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