La ciudad, como el cine, fuente de misterios

Ya se ha expresado muchas veces y de distintas maneras: el cine es un arte hecho de luces y sombras creadoras de vida y buceadoras de lo profundo. “El cine no es arte ni técnica, es misterio”, reflexionó el francés Jean-Luc Godard. “La pantalla es el lugar donde aparece algo que, de forma imperceptible, vuelve a desaparecer –escribió, a su vez, la austríaca Elfriede Jelinek–: ver cine es, sobre todo, ver fantasmas.” Tal vez por eso el cine alcanza una dimensión particular cuando -como respondiendo a su esencia- desde la pantalla nos revela misterios o permite encontrarnos con los huidizos espectros que nos rodean. Por eso fue estimulante encontrar, dentro de la programación del XVI Festival Latinoamericano de Video Rosario, dos películas interesadas en explorar los misterios de nuestra ciudad, de sus calles y sus habitantes.
Dante en la casa grande (2009) se centra en un rosarino reconocido evitando los lugares comunes habituales en los documentales institucionales. El realizador Rubén Plataneo (1958, Santa Fe) nos lleva a ingresar en la cotidianeidad del artista plástico Dante Taparelli esparciendo imágenes y voces que asoman con el mismo creativo desorden y melancólica sencillez que forman parte de esa vida. No se trata ni de una suma de confesiones en primer plano ni de una intromisión incómoda en los pliegues del pasado de Taparelli: la cámara simplemente lo acompaña, lo escucha, desviándose ocasionalmente hacia los objetos que lo rodean o la penumbra que cubre su enorme casa. Algunos hechos más precisos, como los preparativos de una exposición o la hermosa iniciativa de reproducir cuadros en paredes de edificios, son expuestos sin énfasis, integrándose naturalmente trabajo, arte y vida cotidiana.
No sólo sobre el artista se echa una mirada afectuosa, contenida y discretamente curiosa, sino también sobre la ciudad, de la cual se percibe su aliento, su respiración, gracias al sonido ambiente –apenas interferido por la funcional música de Ángela Tullida– y al registro de rincones y pasajes muy vistos pero poco mirados. Así, en Dante en la casa grande asoman los misterios de una vida y de una ciudad, pudorosamente, con la exuberancia de las telas de colores y las viejas muñecas combinándose con las nostálgicas conversaciones de entrecasa y el rumor de la calle. Por sus características, trae a la memoria a otro notable documental rosarino, Trescientoscincuenta (2006, Diego Fidalgo), sobre el artista Fernando Traverso, también de Calanda Producciones (lo cual habla de la continuidad de criterios de esta productora autogestionaria local).
Por su parte, Guía de Rosario misteriosa (2009) se adentra en secretos y enigmas de nuestra ciudad de una manera deliberadamente más graciosa, procurando, sobre todo, la comunicación efectiva con los espectadores más chicos. Primer trabajo de la Cooperativa de Animadores de Rosario, impulsado por Pablo Rodríguez Jáuregui (1966, Santa Fe), propone a un inspector de lentes y bigotes (cuya voz recuerda a Mr. Magoo) recorriendo -junto a un simpático perro y un libro-guía que suena como un teléfono celular- algunas de las leyendas urbanas e historias ocultas de Rosario, pasando por museos, cementerios, teatros, parques, túneles, islas y casonas. El resultado es divertido y disfrutable, y si desde un punto de vista estrictamente informativo permite enterarse de datos sorprendentes, depara, además, el placer de –entre otras cosas– ver fulgurar a la “montañita” del parque Independencia o moverse a las estatuas del palacio Fuentes.
Guía de Rosario misteriosa va y viene con vivacidad por las distintas épocas, recurre a estilos ligeramente diversos (ya que distintos animadores se hicieron cargo de los episodios) y a viejos titulares de diarios o fotografías, e integra con habilidad lo didáctico con lo humorístico. El hecho de que contenga una evocación de los cines de antaño no se contradice con la acertada decisión del equipo de que la obra –junto al merecido estreno en salas cinematográficas– circule sin demoras en copias en dvd y pueda verse y bajarse por Internet.
Si bien a ambos trabajos pueden hacérsele objeciones (en el film de Plataneo hubiera resultado oportuno un recuerdo de las recorridas nocturnas por los cementerios organizadas tiempo atrás por Taparelli; el de Rodríguez Jáuregui da por cerrado el misterio de la torre del correo sobre el que viene investigando desde hace tiempo Sonia Helman), ambos se destacan como necesarios, solitarios intentos –dentro de la producción audiovisual local– de rescatar a la Rosario más escondida y rica en secretos.
Lamentablemente, y compartiendo el pensamiento de los realizadores de Guía de Rosario misteriosa –que ponen en boca de su protagonista– “en el siglo XXI hay cada vez menos lugar para lo mágico y lo misterioso”.

Por Fernando G. Varea

http://calandaproduce.blogspot.com/
http://rosariomisteriosa.blogspot.com/

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