Frágiles y feroces criaturas

CRIATURA DE LA NOCHE: VAMPIROS
(Let the Right One In, 2008; dir: Tomas Alfredson)

El título con el que se estrena en nuestro país y la fama ganada tras su paso por distintos festivales destinados al cine fantástico, llevan a suponer que Criatura de la noche (o Déjame entrar, como se conoció en otros países) es un film de terror con seres monstruosos. Sin embargo, dentro de esta historia sobre la relación de afecto y contención que se prodigan Oskar (un pre-adolescente frágil e introvertido) y Eli (una especie de chica-vampiro), late el problema de la incomprensión que sufren quienes rondan los doce años.
La importancia dada por el film a los sentimientos de ambos se evidencia, por ejemplo, en los reiterados primeros planos sobre sus rostros, en tanto padres y profesores aparecen brevemente y de soslayo. Oskar logra atenuar su debilidad a partir de la amistad con Eli, quien, a su vez, encuentra en él un amable confidente para la angustia que le provoca su condición de marginal perseguida. Protegiéndose de los demás y defendiéndose uno al otro, ambos adquieren una inesperada ferocidad.
El director Tomas Alfredson (1965, Estocolmo, Suecia) no sólo demuestra aptitudes para fundir climas fantasmales con melancolía adolescente, sino que lo hace, además, con un estilo sutil y depurado. Así como el protagonista es presentado con escasos diálogos y tomas laterales -como si la cámara fuera acercándosele discretamente-, con la misma parsimonia progresa ante el espectador su relación con Eli, desde el momento en que empieza a sospechar que hay algo extraño en ella (“Hueles raro”, le dice) hasta llegar a una relación de mayor confianza. Las mismas características bestiales de Eli van presentándose pausadamente, descubriendo las reacciones que despierta en un gato o viéndola reptar como ningún ser humano podría hacerlo.
Toda la película está compuesta por lentos travellings, planos donde cobran nitidez elementos fuera de foco y momentos fuertes cuidadosamente eludidos (como la notable secuencia final en una piscina). La hipnótica languidez de Criatura de la noche (producto de su elegancia formal, con sus bosques helados y asépticos interiores, a lo que se suma el acompañamiento de una música adusta) es esporádicamente interferida por golpes de auténtico suspenso, como las gotas de sangre que se precipitan sobre la blanca nieve.

Por Fernando G. Varea

Trailer de Criatura de la noche aquí
http://lettherightoneinmovie.com/

Lo antiguo y lo nuevo

LOS FANTASMAS DE SCROOGE
(A Christmas Carol, 2009; dir: Robert Zemeckis)

Desde George Scott hasta Mickey y los Simpson le han puesto el cuerpo a “A Christmas Carol”, novela que Charles Dickens escribió en 1843, sobre un viejo avaro que -tras ser visitado por espíritus que lo enfrentan con sus recuerdos de infancia, con la dura realidad familiar de su empleado y con los posibles comentarios de la gente ante la noticia de su muerte- se vuelve generoso y dispuesto a compartir la Navidad con los demás. Disney, de la mano de Robert Zemeckis (1951, Chicago, EEUU) rescata una vez más este clásico, ahora con técnica motion capture (convirtiendo digitalmente los movimientos de los actores en imágenes animadas, recurso ya utilizado por el director en El expreso polar y Beowulf) y agregándole el irresistible 3D.
El resultado es una curiosa combinación de lo antiguo con lo nuevo. El texto original –respetuosamente transcripto– es aleccionador, concentra todos los males (y las posibles soluciones) en la figura de Scrooge, y ve un alto grado de nobleza en dar una limosna o compartir una cena de Navidad. Mientras elementos como éstos parecen ignorar todos los cambios políticos, sociales y culturales transcurridos en el último siglo y medio, es inalterablemente fiel la reconstrucción de la Londres del siglo XIX y su gente (incluyendo los juegos de los chicos, los bailes y las comidas). No está mal la idea de internarse en el universo de aquella historia de Dickens, pero en estos tiempos de navidades comercializadas e inocencia devaluada, Los fantasmas de Scrooge suena un poco anacrónica.
Al mismo tiempo, para representar la historia se ha apelado a los más modernos artificios, lográndose sorprendentes efectos sonoros e imágenes de perturbadora belleza (junto a desplazamientos vertiginosos insertados para explotar mejor los alcances del 3D). Una sofisticación que termina limitando las posibilidades del espectador de completar la historia: si hacia 1850 “A Christmas Carol” permitía a los lectores imaginar las fantasías de Scrooge, hoy Hollywood las hace casi tangibles. Como bien ha señalado Domin Choi, respecto a películas como ésta, “toda imaginación se vuelve visible con la mediación tecnológica”.
Lo nuevo de Los fantasmas de Scrooge pasa, entonces, exclusivamente por lo tecnológico, a diferencia de otros productos animados recientes, estética y argumentalmente más originales y modernos. Lo cual no impide que pueda disfrutarse, rindiéndose a la idea que Dickens le hace exclamar al excitado Scrooge del final: “Es mejor ser como un niño”.

Por Fernando G. Varea

Trailer de la película aquí

Postales de Mar del Plata

-Por IGNACIO FOSCO
El 24º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata comenzó con lamentos varios de asistentes y organizadores sobre la crisis internacional, el recorte de presupuesto, la falta de personalidades y estrellas, la ocurrencia de sacar el diario del festival o el hecho de que las películas que se exhibían ya habían sido estrenadas en otros festivales. Pero todo esto tiene muy poca importancia, y para explicarlo, no hay palabras más acertadas que las que pronunció José Martínez Suárez en la ceremonia de inauguración: las verdaderas estrellas son las películas. Y si en algo hubo consenso al finalizar el festival, fue en que el nivel de las mismas había sido de bueno para arriba.
Podría decirse que la Competencia Internacional alternó cine de autor con algunas propuestas bastante clásicas. Causaron mucha decepción los cortos latinoamericanos (algunos de los que no entraron en la competencia, proyectados en una función aparte, resultaron ser más originales, honestos y disfrutables que los otros) y, en cambio, en las muestras paralelas hubo verdaderas joyas que merecerían no pasar desapercibidas.
Las siguientes son algunas de las obras más destacables y originales que se vieron:

El tiempo que queda (The time that remains, Elia Suleiman, 2009, Palestina), tragicomedia que cuenta en tono autobiográfico el conflicto entre Israel y Palestina desde 1948 hasta la actualidad, a través de situaciones que se suceden como viñetas. Por momentos difícil de ver debido a su peculiar ritmo, termina derivando en escenas surrealistas que subrayan la crítica del director a la falta de voluntad del pueblo palestino para luchar y la noción de que la guerra está tan instalada en la vida cotidiana que ya casi no molesta.

Colmillos (Dogtooth, Giorgios Lanthimos, 2009, Grecia), una fábula sobre el autoritarismo, el control y el condicionamiento humano. Con el poder como eje central, reduce su relato a una familia en donde el padre aísla a sus hijos del mundo exterior, obligándolos (a través de distintos mecanismos de sometimiento) a no salir nunca de la casa. Imposible no sentir a la religión y la política sobrevolando ese clima. Asistentes ajenos al ambiente del cine la defenestraron al punto de pedir que encierren al director en un manicomio, o directamente “matarlo”.

La vida durante la guerra (Life during wartime, Todd Solondz, 2009, EEUU), comedia negra, ácida y sádica con sus personajes. Es decir: fiel al estilo de Solondz, que retoma sus personajes de Felicidad, para mostrar la vida de éstos diez años después, ahora con un poco más de simpatía.

Daniel & Ana (Michel Franco, 2009, México). Dentro de la Competencia Latinoamericana, se destacó esta historia sobre el secuestro de dos hermanos que son forzados a tener sexo frente a una cámara. El realismo con el que se plantea la interacción entre ellos y la crudeza de algunas escenas provocaron que varias personas huyeran escandalizadas de la sala.

Antoine (Laura Bari, 2008, Canadá), una verdadera sorpresa. Un misterio ficticio lleva el hilo argumental: la desaparición de una tal Madame Rouski, hecho que sólo sirve de catalizador de la historia y luego se vuelve irrelevante. El encargado de resolverlo es un niño que al nacer queda ciego. Él mismo explica: “Cuando nací, no perdí mis ojos. Éstos se fueron a mis manos, mi nariz, mi boca, mis orejas…”. Antoine procesa el mundo de una manera única, y el documental lo retrata a través de algo tan sorprendente e invisible como la imaginación de un niño.

Aquí (Here, Tzu Nyen Ho, 2009, Singapur), una película indudablemente “festivalera”, es un llamado a aceptar los sucesos imposibles de cambiar que nos brinda el destino. Condensa críticas al capitalismo, al sistema de salud y a la noción de “normalidad” que predomina en el imaginario social.

Visionarios (Visioneers, Jared Drake, EEUU, 2009), es una fantástica sátira sobre la cultura corporativa que tiene lugar en una sociedad distópica, que, si se analiza a fondo, no dista mucho de la nuestra.

En cuanto a las actividades que se ofrecieron en el marco del festival, las charlas de Juan José Campanella y Javier Fesser estuvieron llenas de información valiosa para estudiantes de cine y cinéfilos, en tanto la conferencia convocada por la Asociación de Cronistas Cinematográficos sobre “La crítica, ¿en estado crítico?” fue decepcionante; excepto algún pasaje de sobriedad, hubo desvaríos de algunos de los disertantes en el marco de un clima bastante conservador: ¿con qué cara se puede decir que una crítica es menos seria si se publica en un medio digital y no en un medio gráfico?

Imágenes: fotogramas de El tiempo que queda (izq) y Colmillos (der).
Ignacio Fosco es integrante de WASABI PRODUCCIONES

Juegos, trampas y dos modestos maleantes

LOS ESTAFADORES
(The brothers Bloom, 2008; dir: Rian Johnson)

Los primeros, agitados minutos de Los estafadores (o Estafa de amor, como aparece en los títulos) sirven para presentar adecuadamente a los personajes: dos pequeños hermanos que encuentran en el oficio de embaucar una forma de sobrevivir exitosamente. Elipsis mediante reaparecen treintañeros -uno de ellos inseguro respecto a su “vocación”-, acompañados por una asistente que no habla (aunque canta) y obsesionados por engañar a una joven y excéntrica millonaria.
Como guionista y director, Rian Johnson (Maryland, EEUU, 1973) acumula livianas sorpresas y situaciones de un humor algo lunático e inocente. Mostrar el rostro de un personaje mientras en el fondo del plano ocurre algo inesperado, sugerir las consecuencias de un hecho con algún sonido fuera de cuadro, o describir una situación encadenando planos muy breves, son algunos de los recursos utilizados. A esto se agregan las estrategias empleadas por los hermanos en cuestión para jugar con la credibilidad de los otros (incluyendo, claro está, los espectadores). La serie de engaños despierta simpatía y evita que el film resulte predecible.
Pero en algún momento esos imprevistos ingenuos empiezan a sucederse sin coherencia narrativa ni consideración por las motivaciones de los personajes, convertidos finalmente en marionetas de un guión errático. Por otra parte, a pesar de la soltura de la cámara y los graciosos encuadres, Los estafadores no logra la precisión y la calidad de obras de otros directores de estilo similar, como Wes Anderson. Faltan la mirada propia de un creador y mayor rigor en el planteo, en tanto aparecen más que desdibujados personajes como los de Rinko Kikuchi (la chica de Babel) y Maximilian Schell (el veterano actor de Julia y La cruz de hierro).
Compensando esa improvisación, se agradece cierta libertad (por la cual puede verse a los personajes bailando con música de Nino Rota en la cubierta de un barco a la luz de la luna y al rato haciendo volar por el aire aristocráticas torres europeas), así como la innegable simpatía de Rachel Weisz, Adrien Brody y Mark Ruffalo.

Por Fernando G. Varea

Trailer de la película aquí

Magia

“La planificación es lo más destructivo del mundo porque mata el espíritu, la improvisación, la magia. Necesitamos la magia en nuestras vidas para abstraernos de la realidad.”

(JOHN CASSAVETES, realizador, 1929/1989)