Juegos, trampas y dos modestos maleantes

LOS ESTAFADORES
(The brothers Bloom, 2008; dir: Rian Johnson)

Los primeros, agitados minutos de Los estafadores (o Estafa de amor, como aparece en los títulos) sirven para presentar adecuadamente a los personajes: dos pequeños hermanos que encuentran en el oficio de embaucar una forma de sobrevivir exitosamente. Elipsis mediante reaparecen treintañeros -uno de ellos inseguro respecto a su “vocación”-, acompañados por una asistente que no habla (aunque canta) y obsesionados por engañar a una joven y excéntrica millonaria.
Como guionista y director, Rian Johnson (Maryland, EEUU, 1973) acumula livianas sorpresas y situaciones de un humor algo lunático e inocente. Mostrar el rostro de un personaje mientras en el fondo del plano ocurre algo inesperado, sugerir las consecuencias de un hecho con algún sonido fuera de cuadro, o describir una situación encadenando planos muy breves, son algunos de los recursos utilizados. A esto se agregan las estrategias empleadas por los hermanos en cuestión para jugar con la credibilidad de los otros (incluyendo, claro está, los espectadores). La serie de engaños despierta simpatía y evita que el film resulte predecible.
Pero en algún momento esos imprevistos ingenuos empiezan a sucederse sin coherencia narrativa ni consideración por las motivaciones de los personajes, convertidos finalmente en marionetas de un guión errático. Por otra parte, a pesar de la soltura de la cámara y los graciosos encuadres, Los estafadores no logra la precisión y la calidad de obras de otros directores de estilo similar, como Wes Anderson. Faltan la mirada propia de un creador y mayor rigor en el planteo, en tanto aparecen más que desdibujados personajes como los de Rinko Kikuchi (la chica de Babel) y Maximilian Schell (el veterano actor de Julia y La cruz de hierro).
Compensando esa improvisación, se agradece cierta libertad (por la cual puede verse a los personajes bailando con música de Nino Rota en la cubierta de un barco a la luz de la luna y al rato haciendo volar por el aire aristocráticas torres europeas), así como la innegable simpatía de Rachel Weisz, Adrien Brody y Mark Ruffalo.

Por Fernando G. Varea

Trailer de la película aquí

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