Manuel Antín: “En cine, todo tiempo futuro fue mejor”

La vida de Manuel Antín (1926, Las Palmas, Chaco) abarca distintas facetas y etapas, todas vinculadas a importantes hechos culturales de la Argentina de las últimas décadas. Como realizador, integró la generación que renovó el cine argentino en los años ’60 y se destacó por llevar a la pantalla grande obras literarias (desde cuentos de Julio Cortázar hasta Don Segundo Sombra y Allá lejos y hace tiempo) siendo fiel al espíritu y el lenguaje de esos textos. Como director del Instituto Nacional de Cinematografía de 1983 a 1989, llevó adelante medidas que abrieron las puertas a la libertad de expresión y recompuso la imagen de nuestro cine en el exterior. Y como presidente de la Fundación Universidad del Cine desde 1990, es responsable de uno de los centros de formación audiovisual más prestigiosos del país. Tareas emprendidas en medio de polémicas, pero con las que, al mismo tiempo, ganó respeto y consideración.
A pocos días de un nuevo aniversario del regreso a la democracia (y de la abolición del Ente de Calificación Cinematográfica) en nuestro país, hablamos con Antín de su paso por la gestión pública, de sus películas, e incluso de algún sueño postergado.
– ¿Recuerda alguna anécdota en particular de sus primeros días al frente del Instituto de Cine?
– Muchas. Elegiré la que ocurrió el primer día. Con un respaldo total e inolvidable del presidente Alfonsín, al asumir el cargo de director del INC reuní a directores y productores para manifestarles que, a partir de ese momento, quedaban eliminadas la censura, las listas negras y cualquier tipo de restricciones impuestas por los gobiernos precedentes. “A partir de ahora hay que tratar de hacer películas distintas”, terminé diciendo, y uno de los presentes me preguntó: “¿Qué son películas distintas?”. “Si yo lo supiera –contesté– no estaría en este lugar y me aprestaría como ustedes a gozar como director de cine de esta maravillosa etapa que comienza en la Argentina”.
– Si tuviera que elegir un hecho que haya puesto de manifiesto que la democracia regresaba al ámbito del cine ¿cuál sería?
– Cualquiera de las películas que se filmaron a partir de aquel momento: La historia oficial, La película del Rey, Adiós, Roberto…, Darse cuenta, No habrá más penas ni olvido, Los chicos de la guerra, etc. etc.
– Algunos sectores se resistían a la libertad que comenzó a haber para la circulación de películas. En este sentido ¿cuál fue la que le trajo más dolores de cabeza?
– Cualquiera de las antes mencionadas, pero sobre todo La Rosales, de David Lipszyc, que se ocupó de un episodio siniestro de nuestra historia.
– Como director del INC, Ud. impulsó fuertemente la participación del cine argentino en festivales internacionales y llevó adelante una campaña para ver “cine en el cine”. ¿Cómo analiza hoy esas iniciativas?
– Con satisfacción y orgullo. La campaña de “ver cine en el cine”, con ese mismo exacto slogan, es en la actualidad una iniciativa del cine francés, más de 20 años después de que lo impulsara yo.
– ¿No cree que, en el cine de esos años, la libertad se manifestaba más en el plano temático que en lo formal?
– Es probable. Pero por algo se empieza. El cine argentino está cambiando sus paradigmas recién hoy, con el cine que están haciendo los jóvenes salidos de las escuelas de cine. Es una característica principal del cine argentino de los tiempos actuales, que diría que comenzó con Pizza, birra, faso, de Bruno Stagnaro y Adrián Caetano, y Mundo grúa, de Pablo Trapero. Hoy podemos mencionar con orgullo Historias extraordinarias, de Mariano Llinás, El hombre robado y Todos mienten, de Matías Piñeiro, Cómo estar muerto/Como estar muerto, de Manuel Ferrari, Los rubios, de Albertina Carri, y cualquiera de las películas de Lucrecia Martel o de Ana Katz o de Celina Murga. Y la nómina podría no concluir aquí.
– Precisamente, era evidente la falta de una nueva generación de directores.
– Todo tiempo futuro fue mejor, permítame que invierta ese verso de Manrique cuando el tema es el cine, y sobre todo el cine argentino.
– ¿Es cierto que, después de ver La cifra impar (1961), Julio Cortázar le confesó haber entendido mejor su propio cuento, “Cartas de mamá”, en el que estaba basada?
– Fue lo que me dijo. Estaba sentado detrás de mí en una función privada en el Laboratorio Alex. Luego de una escena en la que Luis, en La cifra impar, le decía a su madre “Mamá, Laura es vos” –aludiendo a la mujer de la cual él y su hermano Nico estaban enamorados–, Cortázar apoyó su mano en mi hombro y me susurró en la oscuridad: “Pibe, entendí mi cuento”.
– En más de una ocasión ha dicho que le hubiera gustado llevar al cine “Adán Buenosayres”. ¿Qué es lo que le atrae de la obra de Marechal y cómo imagina una posible versión cinematográfica?
– Las sucesivas lecturas de “Adán Buenosayres” me impresionaron de tal manera que acaso fue el libro que más quise filmar. Inevitables vueltas del destino hicieron que se me quedara en el tintero y que transposiciones más problemáticas, como “Don Segundo Sombra”, fueran sin embargo posibles. Esas vueltas del destino no incluyen en este caso al autor, quien me manifestó entusiasmado su adhesión a mi proyecto. Fueron un gobierno militar (el de Videla) y otros peronistas (el de Cámpora y el de Isabel) los verdaderos y circunstanciales impedimentos. Para aquél no se podía filmar porque se trataba de un autor peronista, para los otros porque era una obra muy difícil que seguramente el público no entendería. Para Cortázar –quien prácticamente descubrió esa novela, y yo adhiero a esa visión de la obra– “Adán…” es un “reno rupestre, un dibujo de paranoico, una guarda griega, un arco de fiesta florentina del cinquecento o un ocho de tango canyengue”. Bastantes virtudes ¿no?… Uno de los momentos más importantes de nuestra novelística. Más que suficientes argumentos para mi frustrado ideal de filmar esa obra fundamental y extraordinaria. Cortázar siempre me alentó a llevar adelante el plan de filmar “Adán Buenosayres”. Escribí un guión que, por cierto, conservo intacto, como si alguna vez pudiera llegar el imposible momento de hacerlo película, algo que, lamentablemente para mí, no sucederá. Una de las escenas principales del guión la escribí con la ayuda de Juan Carlos Gené.
– Es notable que, aunque los autores que Ud. llevó al cine son muy distintos, hay cierta continuidad y coherencia de estilo en todas sus películas, como si existieran realmente puntos de contacto entre esos escritores y sus textos.
– El cine es la mirada de los directores aunque adapten ideas que no les son propias. Yo fui el mismo en casi todas mis películas. El “casi” es deliberado y muy significativo, claro está: a veces la realidad del público suele apoderarse de uno cuando está obligado a vivir de lo que hace, es decir, cuando uno se convierte en “profesional”. Los costos, y por consecuencia la extrema dependencia del éxito, suelen ser los grandes defectos del cine.
– En Castigo al traidor (1965) y La invitación (1982) –filmadas en momentos históricos en que el peronismo no estaba bien visto– hay una visión ligeramente antiperonista ¿cómo ve eso hoy?
– Hoy veo las cosas de la misma manera que entonces. Debemos admitir que el peronismo es el partido político que más años ha gobernado y hoy tenemos una Argentina que ha descendido a profundidades insospechables a principios del siglo pasado. La realidad histórica es indiscutiblemente ésta: o fue gobierno o fue obstáculo.
– ¿No piensa que cierta experimentación con el lenguaje cinematográfico que había en su cine sería más valorada en la actualidad? De hecho, Los venerables todos (1962) e Intimidad de los parques (1964), por ejemplo, tuvieron dificultades para exhibirse.
– Estoy convencido de eso. Estoy seguro que en el paisaje del cine argentino actual películas como ésas no tendrían los problemas que tuvieron. El público argentino ha evolucionado mucho desde entonces a hoy. El éxito de emprendimientos como el del BAFICI lo demuestran claramente.
– En la mayoría de sus películas parece haber una necesidad de develar ciertos misterios que rondan a los seres humanos.
– Sería pretencioso de mi parte admitir esa pregunta y contestarla. No siempre la creación es un acto racional. Alguien me dijo una vez, hace mucho tiempo, que La cifra impar me había salido de casualidad (casualidad no fue la palabra que empleó). “Sí, es cierto”, le contesté yo sin vacilar. Hoy prefiero utilizar la palabra irracionalidad en todo proceso de creación que produce un resultado verdaderamente distinto.
– También ha habido como una vocación por la belleza, por la contemplación de las formas, los desplazamientos, los recodos de las viejas casas, e incluso los rostros de las actrices.
– Así entendí y entiendo el cine, aunque haya grandes directores que se han preocupado poco por la estética. Buñuel, por ejemplo. A directores como Buñuel o Fellini les preocupaba más la realidad y el grotesco que la belleza. Los envidio también por eso.
– ¿Hay alguna película o director de los últimos años que considere de un estilo similar al suyo?
– Muchas, muchos. No me atrevo a nombrarlos. Usted, Fernando, sabe quiénes son mejor que yo.
– Como director de la Universidad del Cine, ¿cuáles son las principales falencias y virtudes que nota en los estudiantes de cine en la actualidad?
– Los envidio demasiado como para ponerme a definirlos o estudiarlos. Son tan jóvenes, tienen tanto tiempo por delante… El mundo que los cobija y los espera puede que no sea mejor, seguramente no lo será, pero es tanto más interesante.
– ¿Qué es lo que considera más importante para hacer cine, o en todo caso lo que prioriza en la enseñanza del cine?
– La cultura general. Hoy ser diferente es conocer muy bien todo lo que se ha creado, lo que se ha escrito, lo que se ha pintado y pensado. La música, las ciencias, si es posible, esa infinita variedad, ese calidoscopio inconmensurable, hoy está al alcance de todos y, sin embargo, acceder no parece tan simple ni factible. Quien se decida a hacerlo será rey.

Por Fernando Varea

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3 pensamientos en “Manuel Antín: “En cine, todo tiempo futuro fue mejor”

  1. Antin fue un director impecable y un hombre admirable, por eso hoy es un gusto saber que la universidad de cine esta en sus manos, creo que el cine le debe un reconocimiento

  2. Estoy muy de acuerdo, Eva, con lo que decís. Su obra como director debería ser revisada y revalorizada. Hace poco la Asociación de Cronistas le entregó un premio por su trayectoria, pero pasó desapercibido.
    Y valga la anécdota: Antín aceptó responderme estas preguntas por mail (algunos directores menos importantes y más jóvenes se han negado a ser entrevistados de esa forma). Por otra parte, sus respuestas son realmente de una gran lucidez.

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