Un pueblo, un mundo

LA TIGRA, CHACO
(2008, dir. Federico Godfrid/Juan Sasiaín)

Esteban (Ezequiel Tronconi) llega a La Tigra, pueblo chaqueño, para reunirse con su padre. A los pocos minutos, sin embargo, descubre que será más importante el reencuentro con otra persona: su vieja amiga Vero (Guadalupe Docampo). De las conversaciones casuales y silencios nerviosos que se suceden a partir del arribo de Esteban al lugar, está hecha esta película de apariencia simple pero realización rigurosa.
Los espectadores habituados a la suma de peripecias a las que nos ha acostumbrado el cine hollywoodense (lo que explica, en cierta manera, que gusten tanto películas como El secreto de sus ojos) pueden considerar un problema la manera con la que los directores porteños Federico Godfrid (1977) y Juan Sasiaín (1978) se demoran en escenas de los distintos personajes hablando vaguedades mientras comen o toman mate, pero, en realidad, en La Tigra, Chaco el manso clima pueblerino contiene –como las líneas de un electrocardiograma– permanentes y sutiles elevaciones dramáticas: momentos de tensión sexual, miradas que se cruzan, reacciones por un chiste inesperado, acercamientos que connotan violencia agazapada.
La improvisación y la frescura de las escenas dialogadas no excluyen una elaborada planificación formal, con planos que siempre muestran y duran lo justo. Una mirada atenta permite apreciar, por ejemplo, la idea de rutina que expresa la repetición del plano de Vero en su casa mientras se ve (a la derecha del cuadro) que alguien llega, o el hecho de que la cámara se mueva sólo cuando las circunstancias lo requieren (en una pelea, en un baile).
Echando una mirada al interior de nuestro país, La Tigra, Chaco (premiada en los festivales de Mar del Plata y Karlovy Vary) se diferencia de películas de Carlos Sorín como Historias mínimas (2002) porque elude incidentes y sentimentalismos, se acerca a Ana y los otros (2003, Celina Murga) al centrarse en un personaje joven que sale en busca de antiguos afectos, e integra con El amarillo (2006, Sergio Mazza) un conjunto de obras recientes del cine argentino que han hecho de los pueblos provincianos un universo ligeramente onírico.
No obstante su perfil naturalista, el film de Godfrid/Sasiaín puede verse, efectivamente, como una suerte de abstracción: hay en La Tigra, Chaco algo ahistórico y atemporal, sin menciones a conflictos políticos o sociales de ningún tipo. Se diría que –a pesar de la rudeza que pueda sugerir su título o el diseño de su afiche– se propone como un cuento, como la serena intromisión en un mundo inofensivo habitado por jóvenes, ancianas y trabajadores afectuosos, paseos en bicicleta sin apuro, cantos de pájaros y caminos de tierra. Un mundo donde lo importante está en el redescubrimiento de un libro de la infancia, en el abrazo de un bebé o en un beso.

Por Fernando Varea

http://latigra-chaco.blogspot.com/

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3 pensamientos en “Un pueblo, un mundo

  1. Fernando: me gusta tu crítica, es atenta y justa. Me parece que lo histórico y lo político están en fuera de campo, pues se presiente que La Tigra, Chaco es un paraíso, pero también un lugar chato y oscuro. No obstante, como en algún momento le dije a Godfrid, la relación entre historia e Historia no deja de ser problemática. RK

  2. Gracias Roger.
    Yo también lo dejé pensando largo rato a Godfrid (que vino a presentar la película a Rosario) cuando le señalé ese detalle.
    En algún momento se me ocurrió pensar que ese “no darse cuenta” que la realidad (de toda comunidad y toda persona) incluye conflictos laborales, sociales, generacionales, etc. podría ser una marca generacional.

  3. En parte, aunque Godfrid no es políticamente inconsciente, aunque no le interesa, al menos por ahora, la introducción de lo social y político en su cine. Es cierto también que en este tipo de pueblos hay cierta tendencia a esquivar el tiempo histórico. La película no muestra ni un celular, ni una computadora, Lo más parecido por aquí es un pueblo llamado San Esteban, y bien podría ser La Tigra, Chaco. La próxima película de Godfrid, aparentemente, será justamente en donde vivo: La Cumbre. El lugar de por sí lo llevará a lo político, pues en este “pueblo” de 8000 habitantes la diferencia de clases existen y se ven, y si bien reina la calma, cada tanto, por ejemplo, se suicidan jóvenes entre 19 a 25 años, literalmente eligen colgarse. La Cumbre no es La Tigra, Chaco. Abrazo para vos. RK

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