BAFICI 2010: gente, películas, hechos

Atravesada una vez más la disfrutable e inevitablemente caótica experiencia de formar parte –como espectador y periodista– de un BAFICI (con su confluencia de películas, mesas redondas, talleres, presentaciones, encuentros y desencuentros), conviene intentar un balance recordando algunos de los momentos allí vividos. Instantes de felicidad o frustración, dentro y fuera de una sala de cine.

UN PERSONAJE. El ambulante, encantador documental de Eduardo de la Serna, Lucas Marcheggiano y Adriana Yurcovich, permite conocer a Daniel Burmeister, quien, con más de 60 años, va por pueblos de nuestro país filmando modestas películas, contando con la actuación y el apoyo de los vecinos. Con espontaneidad (incluyendo el registro de un par de llamados telefónicos inesperados) y un tratamiento formal sencillo pero sumamente preciso, el film recorre todos los pasos que comprende un rodaje: el casting, la búsqueda de locaciones, los imprevistos, la edición, la exhibición, los nervios ante el estreno. El ambulante no sólo brinda elementos para la discusión en torno al cine (vale preguntarse, por ejemplo, por qué Burmeister no recrea historias contadas o imaginadas por la gente del lugar), sino que resulta, también, una mirada honesta sobre la vida cotidiana en los pueblos del interior argentino.

UNA HISTORIA DE AMOR. En La bocca del lupo (el film del italiano Pietro Marcello) todas las historias de amor parecen resumirse en una sola, todos los sentimientos y contradicciones del ser humano confluyen en un bosquejo que fusiona imperceptiblemente documental con ficción. Aunque absorbiendo de modo algo abrupto imágenes y reflexiones de diverso origen, emociona, inquieta, aporta momentos de rara belleza, demostrando finalmente que puede hallarse amor, piedad, e incluso poesía, en la boca del lobo.

AMAS DE CASA. En La mujer sin piano (dirigida por Javier Rebollo, con un estilo con el que parece cruzar a Tati con Buñuel), la española Carmen Machi es una depiladora de vida gris quien, munida de una peluca y una maleta, se lanza a vivir una noche distinta y liberadora, que tal vez sea sólo un sueño. En tanto, en la argentina Rompecabezas (dirigida por Natalia Smirnoff), María Onetto parece desperezarse tímidamente de su rutina hecha de comidas y reuniones familiares ante las posibilidades que se le presentan tras un inesperado regalo. Dos mujeres fuertes en su debilidad, dos personajes recordables.

ADOLESCENTES. Si los de Paraíso (de Héctor Gálvez) viven un submundo hecho de coloridos sitios marginales, los días de los de Red dragonfiles (de Liao Jekai) transcurren en ámbitos plácidos y luminosos, aunque no exentos de conflictos. Ambas películas son buenos exponentes de aquello de que el BAFICI es una ventana abierta a la realidad de otros países y culturas, Perú y Singapur en este caso. En cuanto a personajes cercanos a los veinte años, merecen destacarse también los de las películas argentinas Lo que más quiero (de Delfina Castagnino) y El pasante (de Clara Picasso), más que nada por la frescura de sus actores Pilar Gamboa, María Villar, Esteban Lamothe e Ignacio Rogers, seguramente lo mejor de dos films erráticos: si el primero recurre a un naturalismo sin rumbo, el otro pasa –con cierta elegancia formal– de la atención puesta en el punto de vista (como ocurría en El custodio) a un módico enigma y de ahí a un juego de seducción. La descuidada manera con la que el film de Castagnino (no) muestra a un puñado de obreros que quedan sin trabajo, o el plano final elegido por Picasso, indican que a algunos de nuestros directores jóvenes les cuesta salir de la burbuja en la que viven.

UNA MADRE, UN TÍO. En el documental franco-chileno La quemadura, René Ballesteros sigue las huellas de su madre y de una legendaria editorial chilena, de manera sensible aunque con cierta pobreza de recursos, en tanto que en Cuchillo de palo Renate Costa sale en busca de recuerdos de su tío, lo que la lleva a descubrir aspectos desconocidos de la represión a los homosexuales en el Paraguay de Stroessner. Costa no sólo se muestra lúcida al preguntar, sino también al sacarle provecho a su modesto material, hasta arribar a una escena perturbadoramente silenciosa compartida con su padre (previa a un afectado final).

UN PADRE, UN HIJO. En la producción mexicana Alamar (de Pedro González-Rubio) un chico de cinco años comparte unos días con su padre en un arrecife de coral. Las observaciones sobre la pesca o sobre el mundo animal se cuelan entre momentos de cotidianeidad y ternura, dentro de un film afable, bello, luminoso. Una suerte de oasis en medio del vértigo del festival.

UN VIAJE. Al presentar su película Exhausted, la joven directora coreana Kim Gok comentó, con una resignada sonrisa, que no le habían resultado placenteras las 30 horas de viaje. “En algún momento sentí deseos de arrojarme del avión”, confesó. Realizado en super 8, su film es, también, de alguna manera, un viaje, aunque mucho menos cómodo y más escabroso que cruzar el planeta en avión. “Si los coreanos hacemos películas aburridas es porque nuestra existencia es aburrida”, declaró.

MUECAS. Las de los jóvenes directores estadounidenses Joshua y Benny Safdie, al demorarse la presentación de su film Go get some Rosemary por problemas con el audio, demostrando que algo deben tener en común con el protagonista del film, un padre divorciado, inmaduro e hiperquinético, quien obliga a sus dos pequeños hijos a una especie de juego permanente e irresponsable. “Lo más importante son los juguetes”, dice el personaje durante los improvisados preparativos de una mudanza, como sentando en esa frase su estilo de vida. Debe ser una de las pocas veces en que el uso de la cámara en mano y las referencias a Cassavetes (al que aludió el director del BAFICI, Sergio Wolf, al presentar el film) aparecen justificadas.

EMOCIÓN. Cuando, en el auditorio del espacio bafici, Diego Batlle y Diego Lerer, en representación de la filial argentina de la Federación Internacional de la Prensa Cinematográfica (organismo que, cabe recordar, no cuenta con ningún rosarino entre sus miembros) anunciaron la mención especial por mejor película argentina de la década a El aura (la mejor fue, razonablemente, La ciénaga), el actor Ricardo Darín y la viuda del director Fabián Bielinsky se acercaron a recibir el premio. Las sencillas palabras con las que ambos recordaron al realizador fallecido generaron un momento de emoción, cambiando el clima creado por el debate previo en torno a la crítica, que incluyó la acalorada queja del distribuidor Pascual Condito porque una conocida revista de cine (que blandía con su mano) había calificado a una película argentina con un “uno”.

DIBUJOS ANIMADOS. La animación estuvo presente en el BAFICI: desde la australiana Mary & Max, de Adam Elliot (visualmente admirable pero haciendo de sus personajes seres demasiado patéticos), en la competencia, hasta algunos clásicos (como El dirigible robado) en la sección Baficito y una selección de películas del danés Jannik Hastrup. “En mis películas collage –declaró Hastrup–, incluso cuando uso computadoras, todo el material gráfico fue hecho en papel, con lápiz y pincel, más que nada porque amo la textura y que se vea, que se sienta que fue hecho a mano y con el corazón.”

ALGUNAS REFLEXIONES. “La lluvia en la escena final de Hadewijch es falsa, por eso resulta tan verdadera” (Bruno Dumont refiriéndose a su última película, estrenada en el marco del festival). “Los films mudos son mi primera fuente de inspiración: son libres, juguetones, graciosos, surreales, visualmente sorprendentes y tramposos” (declaraciones de la cineasta experimental francesa Marie Losier). “Si no hay lugar para las sorpresas, las casualidades y las inexperiencias inesperadas, hacer películas sería aburridísimo” (palabras del documentalista suizo Peter Liechti). “Me gusta filmar, pero editar me aburre porque es como estar trabajando en un laboratorio o un hospital” (declaraciones de Raya Martin, el director filipino de Autohystoria).

PROBLEMAS. Algunas objeciones posibles a esta XII edición del Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires son discutibles, porque seguramente provienen de problemas de financiación o de decisiones de las que uno difícilmente conocerá los detalles: el relativamente alto precio de las entradas, por ejemplo (a pesar de que el diario del festival publicó que el Ministro de Cultura Hernán Lombardi “infló el pecho por el récord de ventas”, hubo funciones y charlas con muy poco público). Hay menos dudas al cuestionar otros aspectos: la desprolijidad en las acreditaciones (inicialmente negada a quien esto escribe por el simple hecho de publicar sus notas en un blog, aunque también se supo de casos como el de un periodista porteño al que se la negaron porque “no daba el perfil”), algunas dificultades en el acceso a las computadoras o al material de la videoteca, problemas con los subtítulos en algunas exhibiciones, cierta desorganización que llevaba al éxodo de espectadores mientras el director esperaba ansiosamente que alguien –micrófono en mano– invitara al público a quedarse (como le ocurrió a Carmen Guarini tras la primera función de Gorri), e incluso el desempeño a menudo vacilante de las traductoras.

DEMOCRACIA. Raya Martin lo expresó con claridad: un festival de cine “es como un buffet de películas, una verdadera democracia donde uno puede elegir qué ver”. Una buena definición, aunque sea inevitable perderse algunas imperdibles como Lourdes (Jessica Hausner), Morrer como um homem (Joao Pedro Rodrigues), Vincere (Marco Bellocchio), A religiosa portuguesa (Eugène Green) y Police, adjective (Corneliu Porumboiu), películas calurosamente recomendadas en conversaciones al paso o en los blogs. Venturosos aquéllos que han podido verlas.

Por Fernando Varea

BAFICI 2009: Balance y reportajes a Matías Piñeiro, Julia Solomonoff, Iván Fund, Alejo Moguillansky y Ezequiel Acuña.
BAFICI 2008: Reportajes a John Gianvito, Mariano Llinás, Raúl Beceyro, Néstor Frenkel y Andrés Di Tella.
BAFICI 2007: Nota principal y reportajes a Pino Solanas y a Camila Toker y Tamae Garateguy.

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2 pensamientos en “BAFICI 2010: gente, películas, hechos

  1. Unas horas después de haber subido esta nota, se conocieron los premios del festival. Es una buena noticia que los distintos jurados hayan reparado en los valores de films como “Alamar”, “La bocca del lupo”, “Cuchillo de palo” y “Los labios”. Resulta menos comprensible las menciones a “Lo que más quiero”. La lista completa de premios puede apreciarse aquí: http://www.bafici.gob.ar/home10/web/es/press/news_full/v/id/63.html

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