200 años, algunas películas

Aunque el levantamiento de un grupo de porteños en mayo de 1810 para remover al virrey está lejos de haber sido una revolución, y aunque las celebraciones, para ser auténticas, deberían responder a motivos reales y no a imperativos del almanaque, convengamos que no está mal festejar los 200 años de aquéllas jornadas, primer paso en el proceso de nuestra independencia y desarrollo como Nación, aunque lo ideal sería que el festejo comprendiera menos despliegue de uniformes y recitales al aire libre y más memoria, reflexión y debate.
El cine forma parte de esta historia. Y si el 25 de mayo de 1910 algunas salas porteñas exhibían precarios y voluntariosos empeños de Mario Gallo (La recepción de la Infanta Isabel, Juan Moreira), el Bicentenario nos encuentra con una abundante e irregular producción audiovisual a nuestras espaldas (más algunas películas argentinas en cartel no demasiado representativas de la evolución que este arte atravesó con el transcurso de los años).
Parte de esa filmografía construida durante el último siglo es exhibida ahora dentro de los festejos, en distintos puntos del país, válido recurso teniendo en cuenta la capacidad que el cine tiene –como han considerado Marc Ferro, Edgar Morin y otros– para alterar lo establecido por generaciones de estadistas y pensadores, revelar el funcionamiento real de las instituciones, develar misterios y secretos. Un vistazo por las películas elegidas permite apreciar cuáles se consideran caras visibles del Pueblo y la Historia de los argentinos.

PELÍCULAS
Muchas se centran en la recreación de hechos históricos, como las que integran una muestra organizada por el INCAA y la Cancillería Argentina en el Museo Histórico Alemán de Berlín (Alemania), que incluye desde La Patagonia rebelde, Asesinato en el Senado de la Nación, Camila y Evita, quien quiera oír que oiga hasta 1973, un grito de corazón (dirigida por la actual presidenta del INCAA, Liliana Mazure).
El gobierno de San Luis aporta desde producciones filmadas en esa provincia (como La revolución es un sueño eterno, de Nemesio Juárez) hasta proyecciones de distintas adaptaciones cinematográficas del Martín Fierro, incluida la versión animada de Liliana Romero y Norman Ruiz, anunciada como un combo que parece ser sinónimo de Patria: poema de José Hernández + dibujos de Fontanarrosa + música de Divididos. Un centro cultural sanluiseño, por su parte, presenta un ciclo de antiguas películas sobre acontecimientos del siglo XIX, que comprende Nuestra tierra de paz, El grito sagrado, Güemes, la tierra en armas y La guerra gaucha. Esta última integra también el doble programa de la Federación Argentina de Cine Clubes, junto a El cine del fin del mundo, documental italiano sobre una sala cinematográfica en una base argentina en la Antártida.
Una institución de Esquel (Chubut) viene exhibiendo, dentro de un ciclo titulado “Un bicentenario de película”, films como Sus ojos se cerraron, El abrazo partido, Los libros y la noche, Ay, Juancito, Tango feroz, Garage Olimpo y El exilio de Gardel. El gobierno de Salta programó también el clásico de Lucas Demare La guerra gaucha, junto a El santo de la espada, La República perdida y otras similares, en funciones especiales para que los estudiantes “puedan conocer la historia de nuestros héroes y su lucha”.
La gente del Complejo Cultural Santa Cruz pensó que lo más representativo estaba en las películas argentinas nominadas o ganadoras del Oscar y organizó un ciclo con todas ellas (con la curiosa excepción de Camila). En el Museo de la Universidad Nacional de Tucumán se desarrolló una muestra de cine curada por el INCAA con el objetivo de “reflejar la vida y obra de hombres y mujeres que contribuyeron con nuestra identidad nacional”, durante la cual se proyectó el documental de David Blaustein sobre Montoneros Cazadores de utopías. La Secretaría de Cultura y Educación de La Plata reparó en Los resistentes, el mediometraje misionero Nina, la serie Algo habrán hecho y también, afortunadamente, en la obra del documentalista e investigador antropológico Jorge Prelorán.
El porteño Paseo del Bicentenario anunció un homenaje al cine nacional con la actuación de músicos como José Luis Castiñeira de Dios, Luis María Serra y Gustavo Santaolalla (que ganó dos Oscar, aunque ninguno por una película argentina). Como homenaje al Bicentenario, el espacio INCAA del Cine Teatro Oberá de Posadas (Misiones) pondrá en pantalla Kapanga todoterreno (Farsa Producciones), y en un centro cultural de Paraná (Entre Ríos), se verá El hijo de la novia (Juan J. Campanella).
Considerando que “la llegada del Bicentenario plantea muchos interrogantes a la hora de abordar la historia de un país” y que la producción audiovisual “más notoria en relación a los imaginarios propuestos ha sido el documental”, el Centro Cultural de la Cooperación de Buenos Aires organizó unas Jornadas de Cine Documental, que comprende exhibiciones de Los próximos pasados, Rastrojero, Trelew y Argentina beat, atinadamente acompañadas por debates posteriores.
La Universidad Nacional de Córdoba programó los documentales Cándido López, los campos de batalla (José L. García) y La próxima estación (Fernando Pino Solanas), con panelistas invitados, en tanto el Ministerio de Innovación y Cultura de Santa Fe dispuso en el cine El Cairo de Rosario la exhibición completa de la serie Vientos de agua, de Campanella, “para pensar la construcción de nuestra identidad como Nación”.

PREGUNTAS
La lista (por supuesto incompleta) permite aproximarse a los criterios con los que se recurre al cine en ocasiones como ésta.
Lo más notable es la permanente apelación a los relatos épicos y exaltadores de mitos. Vale preguntarse: ¿acaso lo íntimo, lo poético, los eventos aparentemente intrascendentes que hacen a la vida cotidiana de los argentinos, no son, también, parte (y motor) de la Historia? La Argentina profunda late en cada plano de Crónica de un niño solo, pero si se recurre a Leonardo Favio será con Juan Moreira o Gatica, ”el mono”, porque en ambas la Historia se hace presente con nombres propios y banderas desplegadas. Algo similar ocurre con Torre Nilsson: aunque sus pasteurizadas películas sobre próceres siempre fueron criticadas, se las exhibe más que otras que exploran con mayor madurez las contradicciones de nuestra clase dirigente, como La casa del ángel o Fin de fiesta. Nadie puede dudar que los films de Lucrecia Martel y de Lisandro Alonso ponen al descubierto -con inquietante belleza- aspectos de nuestra identidad, y sin embargo no suelen aparecer en los homenajes.
Los interrogantes continúan. El hecho de ensalzar a los consagrados por Hollywood ¿no se contradice con la más elemental idea de independencia, que se supone estamos festejando? Es honesto el rescate de las series Algo habrán hecho o Vientos de agua, pero ¿por qué no difundir producciones menos didácticas y más líricas, como Facundo, la sombra del tigre, de Nicolás Sarquís? ¿Por qué se ve más heroísmo y dignidad en quienes abrazaron una causa política y sufrieron por ella (Los resistentes, Cazadores de utopías) que en los personajes de, por ejemplo, Los inundados, de Fernando Birri, o de las películas dirigidas por Lautaro Murúa? Pocos se acuerdan de Shunko (1960), por ejemplo, elegida en la década pasada por la UNESCO como la más representativa del cine argentino.
¿Y por qué las comedias quedan afuera de los homenajes? ¿o los personajes de Niní Marshall no tienen más que ver con la cultura nacional que Tanguito, por ejemplo?
Cuestionamos a menudo el esquematismo con el que se transmiten en la escuela nociones de Patria, Nación o Libertad, pero un acontecimiento como éste pone en evidencia que programadores, funcionarios, intelectuales y periodistas tienden a la misma simplificación.
Un poco a contrapelo de este razonamiento, precisamente en estos días fue premiada en Cannes Los labios, película realizada por el santafesino Iván Fund y el cordobés Santiago Loza, que articula con sensibilidad conflictos íntimos y sociales. En la melancolía, la solidaridad y las falencias institucionales plasmadas en este film indudablemente aflora lo que somos como comunidad, sin próceres a la vista. “La película habla de la pobreza pero sin tener que ver con una coyuntura, es profundamente existencial –declaró Loza–. Lo que contamos podría pasar cien años atrás y, seguramente, va a pasar cien años más tarde”.

Por Fernando G. Varea

Imagen: Fotograma de La revolución de Mayo (1909, M.Gallo).
Trailer de Los labios aquí

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6 pensamientos en “200 años, algunas películas

  1. Personalmente les tengo muchísimo respeto a la saga de películas épico-históricas de los años 1968-1975. Denostadas por los críticos, acusadas de Billiken y de almidón, tuvieron un apoyo popular impresionante. Y dentro de ese contexto, una de las últimas, “La Patagonia Rebelde” es para mí una de las mayores películas de la historia argentina.
    Ni qué hablar de “La guerra gaucha”, de una modernidad narrativa que permite verla hoy.
    Y mi reflexión, además… no por nada el gobierno militar del 76 las deja de difundir… eso de “el pueblo en armas lucha contra la opresión” quedaba muy desprolijo…

  2. Sonia:
    Espero que no se me malentienda. Las películas argentinas sobre personajes históricos me interesan, y algunas me gustan mucho, pero no comparto la idea de que la Patria se hace visible sólo en las grandes gestas y los conflictos sociales.
    Y respecto al período que mencionás, yo marcaría una diferencia: hasta 1972/73 eran películas muy controladas por el régimen militar, después hubo algunas menos solemnes, que rescataban la lucha de gauchos (“Juan Moreira”), inmigrantes (“Los gauchos judíos”) y obreros (“Quebracho”, “La Patagonia rebelde”). Durante la dictadura militar 76/83 fueron éstas las que no podían verse, no así películas como “El santo de la espada” (hay un film de 1981 sobre Cosquín que incluye escenas de esta última).
    Gracias por tu comentario, y espero poder ver pronto tu película.

  3. Fernando, es muy interesante tu análisis, y muy original que hayas prestado atención a la programación de ciclos que conmemoran el Bicentenario. Me pregunto por qué los films de Raymundo Gleyzer fueron deliberadamente olvidados de estas listas … será que quedamos pegados a la Historia tal como nos la contaron en la escuela, y aún no aprendimos a superar eso que se llama “la Historia oficial”. ¿Qué lugar tienen esas voces silenciadas durante la Dictadura hoy? Evidentemente no entraron ni entraran en el canon, pero obviarlas es un síntoma de nuestra miopía como país. Gracias, y saludos, Cynthia

  4. Es notable cómo, deliberadamente o no, se termina haciendo una especie de recorte de eventos y figuras de la Historia. Las películas de Gleyzer no idealizan la militancia política de los años ’70, poniendo en evidencia hechos que a muchos les cuesta digerir todavía.
    Gracias Cynthia por pasar por acá.

  5. La película La Patagonia Rebelde, tengo entendido que también fue censurada en el gobierno democrático de Juan Domingo Perón, o al menos censurada en partes. Sólo se pudo proyectar con la venia del General, una vez que éste la observó.
    Gracias.

  6. “La Patagonia rebelde” nunca fue expresamente prohibida. En 1974 sufrió demoras para estrenarse (al parecer por presiones del Ejército), pero finalmente tuvo su estreno comercial en junio de ese año. Al año siguiente fue retirada de circulación por la misma productora, en una actitud que podría considerarse de “autocensura”, hasta que se repuso en los cines en 1984.

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