Nicolás Herzog: “‘Orquesta roja’ es una película sobre la representación”

La ingenua aventura de un grupo de militantes entrerrianos de intentar un hipotético levantamiento armado, en abril de 2000, permanece como una caricatura que la TV recuerda de vez en cuando, burlonamente. Orquesta roja (2010), primer largometraje escrito y dirigido por Nicolás Herzog (1979, Progreso, pcia. de Santa Fe) vuelve sobre aquél hecho ubicándose detrás del espejo. Tras su presentación en el teatro La Comedia de Rosario, en el marco del 17º Festival Latinoamericano de Video, hablamos con Herzog sobre su film, que comenzó a ser apreciado en festivales y tendrá muy pronto su estreno comercial.
– Tu objetivo parece haber sido desmontar lo que fue esa fugaz noticia, en torno a estos personajes.
– Totalmente, nace con esa idea de deconstruir el Comando Sabino Navarro, o esa famosa tragicomedia tan instalada en la memoria de los argentinos y que se repite incansablemente en los programas de archivo. Ese fue el puntapié. Después me empezaron a ganar los seres humanos detrás de la capucha y los vínculos con Concordia, ciudad de mi infancia y mi adolescencia. Relacionando todos esos elementos, la película empezó a cobrar distintos niveles de lectura y se complejizó el trabajo.
– Abordaste el tema recurriendo al documental, la ficción, la reconstrucción y a distintos puntos de vista.
– Sí, sin perder la homogeneidad en el tratamiento y en la mirada. Me importa que el que termina de verla tenga claro desde dónde está contada la película.
– Podría decirse que es una película sobre la construcción de un personaje: el que el protagonista crea para los medios, o el que los medios crean a partir de lo que hace el protagonista.
– Sí, casi todo el tiempo. De alguna manera nos habla también de una época, los años ’90: lo que sucedió con el liberalismo, la fama y el dinero como lemas, Miami, la disrupción de lazos sociales, la aparición de una suerte de pastiche como generador de vínculos sociales. Siempre pensé esta historia como representativa de esos años. Chelo Lima, como protagonista, tiene todo eso: es Guevara y un chico de clase media, guerrillero, piquetero y fogonero, y al mismo tiempo un personaje al que no sabés si creerle o no. Estos tipos se construyeron mediáticamente, y la idea era diez años después volver con una cámara a sus vidas, que nuevamente los construye. En términos filosóficos, es una película sobre la representación, sobre las ficciones.
– ¿Por qué elegiste intercalar esos planos bucólicos de Entre Ríos?
– Por dos razones. Por un lado, Concordia es una ciudad linda, y yo quería rescatar, dentro de toda esa maraña desgastada, lo bello que tiene la ciudad. Eso tiene que ver con lo personal. Y por otro lado, en términos narrativos, quería pintar el costumbrismo de ese pueblo. Esas pequeñas escenas que van apareciendo a lo largo de la película, con el pueblo en su lugar de laburo, las pensé como el coro griego: aparecen, dicen algo sobre la tragedia y después se ocultan.
– Es como la visión del pueblo que aquéllas imágenes de Crónica TV no mostraban.
– Claro, es también un poco eso. El lugar donde había guerrilla y locura en realidad es un pueblo tranquilo. Ellos mismos saben que es un pueblo tranquilo, pero venden la guerrilla.
– Hay algo de ironía cuando la película adopta elementos del género policial, como intentando resolver un enigma.
– Eso fue modificándose en el proceso. Comenzó siendo algo muy ácido y terminó importando la necesidad de reconstrucción. El género policial me daba una cercanía con la historia, la trama y los personajes. Esos contrastes, esa cosa de estar en el límite entre el documental y la ficción, los claroscuros: era el lugar donde yo estaba parado, ya que nunca tuve muy claro qué pasaba ese día. Contamos nuestro punto de vista pero dejándolo un poco abierto a la fantasía del espectador. Con los ’70 traté de no meterme, era una zona complicada. Uno de los planteos era: ¿decimos quién fue Sabino Navarro? ¿le explicamos al público qué pasó en los ’70? Y empezamos a decidir no meternos, aunque sí en los ’90.
– Por la forma en la que se suceden los testimonios y se genera intriga, por momentos parece una visión paródica de Trelew (2004, M.Arruti).
Trelew fue una de las cuatro o cinco películas que tomé como referencia. Lo primero que yo quise hacer era algo parecido a Trelew contando lo de Sabino Navarro, después se empezó a abrir hacia otras cosas. Está muy buena la lectura porque hay algo de eso en el relato.
– ¿Por qué elegiste a Spinetta para el final? A mí me recordó una escena de Los traidores (1973, R.Gleyzer), donde también aparece ese tema.
(sorprendido) ¿En serio? No me acordaba. Me dejaste loco… Hay cosas que empiezan a aparecer… Fijate que vamos a estrenarla el 7 de octubre y me dijeron que era el día de la muerte del Che, yo ni lo pensé. Bueno, en realidad, siempre me gustó ese tema de Spinetta, la idea de la Post-crucifixión me gustaba para asimilar la letra con el personaje. Es un tema de los ’70. Me cerraba narrativamente porque a Chelo le gustaba Spinetta, y, además, era una forma de terminar arriba, con fuerza: en última instancia, está bueno salir e ir para adelante.

Por Fernando G. Varea

http://orquestaroja.com/
http://flvr.com.ar/

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