Idas y vueltas de “Kindergarten”

Se ha vuelto una costumbre que los festivales de cine incluyan entre sus películas alguna que haya estado prohibida o que genere controversia, seguramente como una manera de provocar atención sobre el evento. Este año, el Festival Cinematográfico Internacional de Mar del Plata proyectará Kindergarten, dirigida por Jorge Polaco en 1989, que sufrió denuncias, juicios, presiones y demoras que llevaron a postergar, una y otra vez, su estreno público en Argentina. Probablemente los entretelones de esa historia sean más interesantes que la película misma.
DIRECTOR POLÉMICO
Egresado de la Universidad de Buenos Aires como profesor en Letras, Polaco (1946, Buenos Aires) se inició en el cine independiente con cuatro cortos rodados en super 8 en 1983 y 1984. Su primer largometraje fue Diapasón (1985), rodado en 16 mm, con actores desconocidos –salvo Hilda Bernard y José María Gutiérrez, que aparecían en una escena–, una espléndida fotografía de Carlos Torlaschi y música de Lito Vitale. Se estrenó el 31 de julio de 1986 en el cine Lorca, de Buenos Aires (los rosarinos lo conocimos poco después en el cine Colonial). El 1º de octubre del año siguiente dio a conocer, también en el Lorca, En el nombre del hijo (1987), producida por Sabina Sigler, con Ariel Bonomi y su actriz preferida, la anciana Margot Moreira.
Ambas películas fueron celebradas por los críticos, ya que evidenciaban cierta búsqueda estética y una marcada distancia con el cine argentino –obcecadamente realista– de la época. Al mismo tiempo, eran valoradas en algunos festivales (Locarno, Rotterdam, Amiens, Berlín): En el nombre del hijo, por ejemplo, le permitió a su director recibir de manos de Robert Mitchum el premio a Mejor Película en el Festival de Cine de Troia (Portugal). La obra de Polaco iba adquiriendo un perfil peculiar, con escenas resueltas con espíritu lúdico y una cámara interesada en husmear casas sombrías habitadas por individuos patéticos, coexistiendo con descuidos en la puesta en escena, trivial acumulación de elementos escenográficos y una estéril devoción por divas maduras.
Con esos antecedentes se ganó la confianza de los productores Victor Bo, Carlos Mentasti y Salvador D’Antonio, de Argentina Sono Film, que en 1989 financiaron su nuevo largometraje, Kindergarten. El libro cinematográfico escrito por Polaco con Daniel González Valtueña, sobre idea de Asher Benatar, se centraba en la relación sentimental de Lía, una maestra jardinera (Graciela Borges), con Manuel, un arquitecto viudo (Arturo Puig), mientras el hijo de éste, de apenas siete años (Luciano Sanguinery), sufre el recuerdo de su madre muerta y la convivencia con su madrastra. Lía conserva el cuerpo embalsamado de su padre en el sótano de la mansión familiar y es acosada sexualmente por un hermano enfermo (Alejandro Urdapilleta).
El primer día de rodaje Polaco vendó los ojos de Borges y Puig y los empujó a bailar. Antes, la actriz declaraba haber visto El diablo en el cuerpo (drama del italiano Marco Bellocchio de estreno polémico en nuestro país por contener una escena de sexo explícito, levantado de las salas en febrero de 1987 después de una denuncia) “para ver qué continuidad le da la protagonista al personaje”. Victor Bo decía: “Es importante que Sono vuelva a arriesgar, como lo hizo con Las puertitas del sr. López”, en referencia a la película de Alberto Fischerman estrenada el año anterior.
Mientras el país atravesaba caóticamente el final de la presidencia de Raúl Alfonsín con hiperinflación y saqueos, y la llegada de Carlos Menem al poder desplazando promesas de carácter nacionalista y popular por medidas económicas liberales, se anunciaba el estreno de Kindergarten para el 31 de agosto. La película había sido calificada (como En el nombre del hijo), “sólo apta para mayores de 18 años, con reservas”, por una fugaz escena de sexo oral (de Puig con la actriz Cecilia Etchegaray), un par de situaciones equívocas de la protagonista (Borges) con el niño (en las que parece forzarlo para que la bese en la boca y se deje acariciar en el interior de una bañera) y escenas con adultos y niños desnudos.
RESISTENCIAS Y OPINIONES
En un sorpresivo operativo policial, el 10 de agosto se secuestraron copias de la película en las oficinas de Argentina Sono Film por orden del juez en lo Criminal de Instrucción, Carlos Manuel Caravatti, quien había recibido una denuncia de Adalberto Ricciardi, representante de la Iglesia Católica en la Comisión Calificadora del Instituto Nacional de Cinematografía, sumándose el pedido del abogado Jorge Patricio Vergara de procesar a los responsables de Kindergarten por presunta corrupción de menores, exhibiciones obscenas y ultraje al pudor. Las palabras de los acusadores eran temerarias: hacían referencia al “carácter no ya obsceno sino bestial y corruptor” del film y a la “mente enferma” de su director, declarando que éste y el sello productor se aprovechaban de “la notable disminución de las fuerzas morales en nuestra sociedad durante los últimos cinco años”, período que precisamente coincidía con los años de democracia. Al mismo tiempo, se publicaba en la sección Correo de Lectores del diario La Nación una carta firmada por Cristina O’Farrell de Gutiérrez Saldívar, denunciando haber presenciado la filmación en el Rosedal del Parque de Palermo una escena en la que niños desnudos representaban una escena de amor sobre un bote, mientras recibían instrucciones impartidas desde un megáfono.
Las cosas parecieron volver a su cauce normal cuando el juez Caravatti consideró que no era su función juzgar la exhibición de un film y devolvió las copias. Anunciado ahora el estreno el 12 de octubre, la revista Humor publicó antes de esa fecha un irónico intercambio de cartas entre el crítico Aníbal Vinelli y su jefe de Espectáculos, Carlos Llosa Braccamonte, en torno a Kindergarten, que habían podido ver en esos días. Vinelli comenzaba agradeciendo a quienes habían intentado “la misión imposible de explicarme Kindergarten” y hacía alusión a las “carcajadas iniciales” que provocaba el film, que, desde ya, no estaba planteado como una comedia. Reconocía que permitía una lectura política y, a continuación, describía: “Jorge Polaco hace que Graciela Borges se bañe semivestida, reparta torta enchastrándose con crema y frutilla, le bese el principio (o el final) de la cola a Arturo Puig, luzca un maquillaje antiestético, baile disfrazada, cargue al papito momificado, la envenenen, de a ratos no parezca tan bonita como es en la realidad, y hasta mueva muebles.”
Pero el estreno no se produjo: nuevas denuncias impidieron que el film llegue a los cines y sometieron a sus responsables a un prolongado juicio. Una medida confirmada en diciembre por la Cámara Nacional, Criminal y Correccional llevó a que se secuestraran de la distribuidora nueve copias de la película, sus negativos y material de publicidad.
Entonces comenzaron a asomar públicamente distintas formas de repudio. “Parece absolutamente imposible que el realizador, artista ciento por ciento, pueda haber hecho pornografía en su tercera obra”, lo defendía David Strieff, director del Festival Internacional de Locarno (Suiza). “La velocidad en formular la denuncia y la rapidez con que se la ha atendido pueden alentar en sectores retrógrados de nuestra sociedad la tentación de una recuperación paulatina de la censura, que tanto agravió a los argentinos antes del pleno ejercicio de la democracia”, alertaba la Asociación General de Productores Cinematográficos de la Argentina. “Es un ataque a la libertad de expresión cinematográfica y un retorno a los métodos del nefasto Ente de Calificación que, entre los años 1974 y 1983, prohibió y cercenó cientos de obras cinematográficas de todos los orígenes”, repudiaba la Asociación Argentina de Distribuidores de Películas.
En una solicitada aparecida en los diarios el 1º de noviembre, los técnicos que habían participado de Kindergarten manifestaban que en ningún momento habían visto ni presenciado “ningún acto de abuso deshonesto por parte de nadie y contra nadie. Por el contrario, se vivieron momentos de felicidad compartidos con el director, con todos los actores y en especial con los niños, que aún hoy conservan el deseo de volver a filmar”. La misma contaba con el apoyo de distintas asociaciones nacionales y extranjeras, y de gente del ámbito de la cultura como Ernesto Sábato, María Elena Walsh, Juan José Saer, Fernando Pino Solanas, María Luisa Bemberg, Oscar Barney Finn, José Luis Castiñeira de Dios, Eliseo Subiela, Carlos Sorín, Enrique Pinti, Salvador Sammaritano, Georgina Barbarossa, Lorenzo Quinteros, Antonio Gasalla, Cecilia Rossetto, Marta González, Diana Maggi, Rafael Filipelli y Beatriz Sarlo.
En febrero de 1990 la sala VII de la Cámara del Crimen confirmó la prohibición de exhibirla en el país para preservar la identidad de los menores involucrados, mientras Polaco, Graciela Borges y Cecilia Etchegaray eran citados para dar explicaciones a la Justicia. El INC –que en esos primeros tiempos menemistas presidía el ahora kirchnerista Octavio Getino– aclaraba que, aunque un miembro de la Comisión Calificadora había propuesto que Kindergarten fuera calificada “de exhibición condicionada”, no había existido ningún pedido de censura, ya que dicho organismo no podía pedir cortes ni prohibir películas.
En tanto, el film comenzaba a proyectarse en otros países. Si bien por sus problemas con la Justicia no pudo exhibirse en el Festival de Amiens, sí lo hizo en Berlín y otros festivales, aunque no era bien recibido por el público. Hubo reacciones de disconformidad cuando en enero de 1990 se estrenó en la sala Lido 1, de Punta del Este (Uruguay), y lo mismo ocurrió en el IV Festival de Cine Latinoamericano de Washington (EEUU), donde muchos espectadores abandonaron la sala del Kennedy Center antes de concluir la proyección, mientras los que quedaron expresaban su fastidio con sonoros pataleos. “Al fin entiendo los problemas de la Argentina –declaró en esa oportunidad el ex director del Museo de Arte Contemporáneo de la OEA, Angel Hurtado–, el film refleja un gran desajuste en su conciencia”.
FINAL ABIERTO
En junio de 1990 el fiscal Morillo Capurro solicitó el sobreseimiento definitivo de las personas implicadas y, en un dictamen inusitadamente extenso (18 fojas), concluyó que “si bien es cierto que hay escenas de fuerte erotismo, están integradas a la trama y de ninguna manera afectan a los menores” que intervinieron en el rodaje. El juez de instrucción Miguel del Castillo clausuró el sumario relacionado con la película y autorizó su exhibición en nuestro país. Tres años después, la jueza Ana Pérez resolvió que podía proyectarse una vez que los menores llegaran a su mayoría de edad. Finalmente, en junio de 1995, la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil liberó la exhibición pública de Kindergarten, considerando que “los padres tienen derecho de guiar y educar a sus hijos” y que puede haber distintos criterios para determinar cuándo se afecta la moral, sin seguir un criterio dogmático o religioso.
En todos estos años, Polaco se abocó a nuevos proyectos. En 1990 comenzó a preparar Carrusel, pero la productora del film (la adivina Blanca de Gómez) terminó retirando su apoyo, lo que provocó quejas de los actores Fabián Vena, Dora Baret y Sabina Olmos, de la coautora Graciela Speranza y del jefe de producción Gustavo Viau. Por ese tiempo, algunos medios se hicieron eco de los deseos del director de hacer una película con Delia Garcés y de rodar en la India una versión de Siddhartha, de Hermann Hesse. En 1992 filmó para Argentina Sono Film Siempre es difícil volver a casa, híbrido protagonizado por dos integrantes del trío Midachi (Dady Brieva y Miguel Torres del Sel), sobre novela de Antonio Dal Masetto, cuya publicidad, en el momento del estreno, recomendaba: “Véala antes que la prohíban”. Le siguieron, con escasa repercusión, La dama regresa (1996, con Isabel Sarli), Viaje por el cuerpo (2001) y Arroz con leche (2009, exhibida en el BAFICI 2010), más un episodio de Historias de Argentina en vivo (2001, con Julio Bocca) y un par de cortos.
Mientras Kindergarten atravesaba esta cadena de obstáculos, evolucionaba el respeto de la sociedad argentina por las libertades individuales y la diversidad. El cine, en tanto –aunque, como decíamos aquí, sigue sufriendo presiones y censuras de otro tipo–, fue encontrando inesperados aliados en ciertos hallazgos tecnológicos: ni en sus peores sueños, los moralistas de años atrás podían imaginar que algo como Internet permitiría el libre y desprejuiciado acceso a tantas películas, sin que nadie pudiera impedirlo.

Por Fernando G. Varea

http://www.mardelplatafilmfest.com/25/

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