Sebastián Sarquís: “Me interesó el estado difuso entre lo real y lo que se percibe como real”

Con experiencia en la producción (incluyendo trabajos de su padre Nicolás Sarquís, el recordado director de Palo y hueso y Facundo, la sombra del tigre) y la realización de algunos documentales, Sebastián Sarquís (1967, Buenos Aires) presentó en el 25º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata su primer largometraje de ficción, El mal del sauce. En el mismo, Jean Pierre Noher encarna a un hombre que despierta en una casilla aparentemente abandonada en una isla del Tigre, víctima de un secuestro, a partir de lo cual intenta dilucidar cuánto de verdad y cuánto de alucinación hay en ese paraje lejano y en ciertos encuentros con su pequeño hijo. Más allá de cierto esteticismo y de algún grado de solemnidad, El mal del sauce muestra a un director preocupado por la elaboración de los encuadres, la duración de los planos, la importancia del sonido, la construcción de un inquietante universo fuera de campo. Hablamos con él después de ver la película, en el marco del festival.
– Es notable tu interés por sostener el relato con el sonido en off y los planos detalle.
– Fue bastante ex profeso plantear una película en esos términos, porque yo entiendo que el contracampo del personaje y los detalles cuentan mucho de su universo. Por eso buscamos que las pequeñas situaciones -cómo se mueve, cómo se expresa- cuenten lo que está pasando por su cabeza. La puesta de cámara, el plano sonoro, la fotografía: todo apunta a esa dirección. Sin llegar a lo onírico, porque yo no quería que fuera onírico, sino hablar del mundo extraño y sensible en el que está este hombre. Él percibe todo a partir de los sonidos.
– También es escasa y oportuna la utilización de la música.
– Sí, no quería una sobreabundancia de música porque podía interferir en la narración. La misma saturación en la fotografía, que va creciendo hacia el final, también apunta a eso, a que la belleza no interfiera en el mundo del personaje.
– ¿Cómo trabajaste para crear esa sensación de que lo que pasa puede no ser real sin ser tampoco, como vos señalaste, marcadamente onírico?
– Fue el desafío más importante al escribir el guión, al filmarlo y después montarlo. Cualquier elemento de más podía deschavar lo que está pasando o sacar al espectador del clima. Había que mantenerse en un estado muy difuso entre lo que es real y lo que uno puede percibir como real: en el tratamiento del chico, en los diálogos, en las apariciones y desapariciones. Para mí El mal del sauce es, de algún modo, un drama psicológico, no es un thriller. Entonces había que mantenerse en esa franja ambigua y, al mismo tiempo, que te mantenga en vilo.
– Una abundante literatura ha empleado a este lugar como marco de distintas historias. También recordaba El sueño del perro, la película de Paulo Pécora. ¿Tuviste en cuenta esos antecedentes?
– Pasó una cosa rara con la película de Paulo. Yo ya tenía mi guión escrito, estaba en pre-producción, y alguien que vio El sueño del perro me mencionó las similitudes que podía haber con mi película. Al principio me preocupé, porque además el título era muy sugerente también, con un personaje en el Delta como acá. Entonces la fui a ver. Me gustó mucho, pero salí relajado porque noté que ambas apuntan a cosas diferentes.
– ¿No temés que alguien vea en tu película una referencia al tema de los robos y secuestros a gente adinerada?
– La verdad es que no me lo planteé, quizás porque utilizo el secuestro como mera excusa para contar lo que está pasando: poner al personaje en una situación extrema, donde afloran todos estos replanteos. Por eso, el secuestro no está ni siquiera en un segundo plano, sino en un tercer plano. Es el marco para sostener la historia.
– El vínculo entre padre e hijo es lo más importante.
– Absolutamente. Yo quise contar esta ruptura, que es, además, un tema universal. Hay, inclusive, una sutileza: cuando el protagonista escribe las cartas, lo hace en el mismo texto de Kafka, en la parte final del libro. De alguna manera, es una pequeña señal de que eso empezó a hacerse en otro momento.
– ¿Por qué la película lleva ese título?
– Proviene de una creencia popular que tiene la mayoría de las personas que viven en el Delta: un mal que los aqueja con infinidad de consecuencias, malignas y benignas. Me parece que sumaba mucho a la historia esa cosa ambigua. Yo preguntaba ¿qué es el mal del sauce? Y cada uno me decía cosas diferentes. Eso me gustó mucho.

Por Fernando Varea

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