Mar del Plata 2010: lo que se dijo, lo que se vio

Lejos del esplendor de sus primeros años tanto como de su glamoroso renacimiento revestido de intenciones políticas –y de irregularidades– durante el menemismo, el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata ocupa ahora un sitio más modesto y algo indefinido, que no es, de ninguna manera, impedimento para poder atravesar una suma de experiencias mayormente gratas: en primer lugar, por supuesto, tener a mano una nutrida y seductora oferta de películas, pero también disfrutar de encuentros con realizadores provenientes de distintas latitudes y acceder a charlas sobre la especialidad, muestras, presentaciones de libros y homenajes. A continuación, partiendo de vivencias personales, rescatamos algunos hechos relevantes de esta edición del festival.

El comienzo. Si hubo calidez en la ceremonia de apertura fue por el entusiasmo de los asistentes y por el sentido del humor del presidente del festival, José Martínez Suárez. La manera en que se vivaban imágenes de algunas películas argentinas proyectadas en esa ocasión creaba un clima animado. Pero las Bodas de Plata merecían mayor reunión de figuras, no para que cumplan una función decorativa sino para estimular la sensación de fiesta, o al menos de concurrencia de gente del ambiente. Por otra parte, en esa ocasión, una revisión de la historia del festival hubiera sido oportuna.

Santafesinos. Hubo varios realizadores santafesinos que participaron en esta 25ª edición del festival. Federico Actis mostró Los teleféricos, corto realizado con fotografía de Lucas Pérez, montaje de Lucio García y actuaciones de Claudia Cantero, Juan Nemirovsky y Mirko Buchín, que integra Historias breves 6. En la sección Work in progress, Darío Nardi presentó Las mariposas de Sadourni, corto que con el tiempo se convirtió en largometraje, con Fernando Gondard como productor ejecutivo y Antonella Costa como protagonista. También fue invitado al festival Alejandro Torriggino, director de San Antonio, uno de los trabajos seleccionados para Cortogenia (festival argentino de cortos en Internet). Finalmente, cabe destacar que se exhibió un par de veces en el cine Ambassador Los inundados (1961), el clásico santafesino del maestro Fernando Birri.

El presidente. Atento a todo, a José Martínez Suárez –con sus 85 años recién cumplidos– se lo podía ver explicándole personalmente a gente que esperaba en la cola de un cine los motivos del retraso de esa función o acercándose a alguna señora desorientada para preguntarle si necesitaba algo. Entrevistado por quien esto escribe, sostuvo: “Un festival de cine es exitoso cuando el público está satisfecho. No se hace por motivos políticos para nadie: un festival es bueno cuando el público dice ‘Qué bien la pasé’, porque en el hotel fue bien atendido, porque el chofer no le robó, porque el acomodador de la sala fue cortés y, sobre todo, porque la película fue interesante o porque la charla que escuchó le permitió entender algo más del cine. Acá, en otros tiempos, fue necesario traer a figuras rutilantes porque era un festival que salía de una muerte, entonces había que reanimarlo. Pero ya no es como antes, cuando, sentado en la platea, veía que alguien decía (simulando un mal castellano) ‘Estoy muy contento de estar en Argentina’, y yo pensaba ‘Ahí se fueron 50 mil dólares’.” Confesó también el disgusto que le trajo Luis Ortega al retirar a último momento su película del festival (por lo cual el productor Fernando Sokolowicz le dijo sentirse “anonadado y avergonzado”), y fue franco al comentar: “Yo quiero que todo espectador que sale de ver una película en el Festival de Mar del Plata sepa de qué se trató lo que estuvo viendo. Muchos cinematografistas son mentirosos y cuando no tienen nada que decir lo encubren, para que la gente no se de cuenta que no están diciendo nada. Parece un poco determinante y casi grosero lo mío ¿no? Pero lo puedo repetir, de convencido que estoy.”

Charlas. Varios invitados especiales tuvieron oportunidad de charlar con el público. Bruno Ganz confesó que, al ser introvertido, el papel de Hitler (en La caída) le permitió “explotar con todo”. John Sayles dijo algo que ya suponíamos, conociendo su cine: “Me gustan los grises, ni ganadores ni perdedores”. Hal Hartley, por su parte, declaró: “En este momento ser un artista es una decisión política, porque implica no participar de la cultura masiva generalizada”. Vale destacar, también, la amena charla brindada por el crítico y ensayista español Román Gubern. “Con la imagen digital podemos mentir, ocultando que la imagen miente”, comenzó diciendo. Según Gubern, Internet “es más para planear que para aterrizar”, paradójicamente (aún siendo “ultrademocrática y desacralizada”) las fuentes terminan reduciéndose, y, al referirse a sus efectos, habló de “hambre de piel”. En materia de cine, criticó las películas “cuya única virtud es que las cosas que allí ocurren son imposibles”, valoró a Jurassic Park como obra autorreflexiva y a David Lynch como un director capaz de alejarse del canon, habló de sinergismo para definir la trayectoria de muchos films actuales (hechos para producir videojuegos o viceversa), y dijo que la televisión se ha vuelto exclusiva para los niños (que ven dibujos animados) y los mayores (que no usan Internet). También recordó su primera visita a nuestro país, en 1977, cuando la entrevista televisiva que le estaban haciendo se interrumpió bruscamente al comentar que Marlene Dietrich podría no haber sido una mujer sino un hombre travestido.

Libros. Aunque para muchos lo más provechoso que podía comprarse era una remera o un bolso con el logo del festival, merecían más atención dos libros editados este año. Junto a un nuevo tomo de las Obras Incompletas (paciente emprendimiento de Fernando Martín Peña, Elvio Gandolfo y Alvaro Buela de rescatar artículos escritos por el excelente crítico uruguayo Homero Alsina Thevenet), se presentó también Cine del mañana, que reúne conferencias ofrecidas por un grupo de críticos extranjeros ocho años atrás. Allí, Peter Van Bueren da relevancia al rol divulgador de los críticos, Mark Peranson defiende los festivales porque “vivimos en una cultura impulsada por eventos”, Emmanuel Burdeau se sirve de una expresión de Daney para inferir que lo antiguo y lo posmoderno tienen “un aire de familia”, Jonathan Rosenbaum propone un texto ameno sin aportar demasiadas novedades, y Álvaro Arroba opina, categórico, que “El capital crea modelos, carcasas del pensamiento, dentro de los cuales nos movemos, aceptándolos sin la más mínima sospecha y creyendo que estamos en libertad”, agregando, además, respecto a Internet: “Los programas que permiten descargar archivos aportan una de las mayores liberaciones culturales de toda la humanidad, que me gusta tomar como un desagravio por la quema de la Biblioteca de Alejandría” (conllevando, sin embargo, pérdida de congregación y misticismo). Quintín, finalmente, entrevistado por Roger Koza, concluye que el cine del mañana abarca “la televisión, el videoarte, el clip y el diseño animado, las series americanas y las películas amateurs”.

Para mejorar. No es grave que haya distracciones o inconvenientes en alguna proyección, pero cuando las dificultades se repiten se comienza a dudar de la idoneidad de algunos de los responsables. Tener que buscar personalmente a realizadores u organizadores para entrevistarlos o simplemente para hablar con ellos, sin que la gente de Prensa se interese en mediar, fue otra de las falencias más notorias. Asimismo, la presencia de algunas personalidades era desaprovechada, y muchos se enteraban tarde (o no se enteraban) que estaban presentes en el festival.

Para destacar. Resulta plausible la medida de becar a estudiantes y promover la asistencia de jóvenes realizadores y periodistas de todo el país, evitando que el festival se convierta en un cenáculo selecto. Al mismo tiempo, la incorporación a la programación de clásicos o viejas películas que merecen ser rescatadas del olvido, resulta una buena oportunidad para que el público ávido de cine las descubra o redescubra. También fueron merecidos los homenajes a Salvador Sammaritano, Nicolás Sarquís y Antonio Ripoll. El balance final permite reconocer que, indudablemente, con sus virtudes y defectos, el festival volvió a hacer del cine un medio para fructíferos encuentros y discusiones, con el mar celeste de fondo.

Por Fernando Varea

La entrevista a José Martínez Suárez fue publicada completa el 20/11/10 en el diario El Ciudadano y puede leerse aquí.

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