Con sello inconfundible

MACHETE
(2010; dir: Robert Rodríguez)

-Por MARTÍN FRAIRE
Tras el falso trailer de este largometraje, aparecido por primera vez en los avances del proyecto Grindhouse -que realizó junto a su amigo Quentin Tarantino- Robert Rodríguez (1968, Texas, EEUU) demuestra una vez más que sabe renovarse constantemente, a pesar de insistir con los estereotipos.
Se trata de un caso raro. Porque el director de Sin City y Érase una vez en México, entre otras, no se caracteriza por usar ideas precisamente originales; sin embargo, su mayor fortaleza consiste en amalgamar historias que ya han sido tratadas (que incluyen desde asesinos solitarios, vampiros y zombies hasta espías infantiles) con su toque inconfundible, que le ha ganado renombre a base de entretenimiento puro y duro.
Machete no es la excepción a la regla, porque después de ver al mítico Danny Trejo camuflado en cuero, con sus cuchillos, tatuajes y arrugas durante los primeros minutos de la película, uno ya sabe con qué va a encontrarse. En este sentido, Rodríguez da un paso adelante cuando otros ya hubiesen retrocedido, y jerarquiza al actor por sobre el personaje.
Imposible entonces no disfrutar de gemas como el desquiciado político que encarna Robert De Niro, el siniestro mafioso que compone Steven Seagal, el cura pistolero de Cheech Marin o la autoparodia en la que se convierte Lindsay Lohan. Caso contrario sucede con los roles femeninos principales, que sucumben ante los encantos de Machete (a cargo de Jessica Alba y Michelle Rodríguez), siempre exagerados.
El film cuenta la historia del personaje del título: un policía federal de México que ha sido expulsado del cuerpo tras ser traicionado, tras lo cual intenta sobrevivir en la frontera que une al país con Estados Unidos. Allí, un prolífico senador en busca de una reelección intenta demostrar los peligros que implican la aceptación de inmigrantes en territorio norteamericano. Mientras tanto, un grupo narco planea hacerse del lugar para poder controlar los ingresos y egresos de productos en ambos países. En este contexto, Machete es contratado para cometer un asesinato, pero luego de sufrir un nuevo engaño decide vengarse no sólo de aquellos que quisieron arruinarlo sino, también, de quienes provocaron terribles males en su pasado.
Si bien las denuncias pueden resultar obvias, la bajada de línea sobre la política de inmigración que sostiene la película no deja de ser contundente, y a pesar de contar con el apoyo de grandes productoras norteamericanas (no sin algunos problemas a la hora de su estreno) el tema es eje central del conflicto.
Claro que, a la larga, todo el metraje es una excusa para que el director tejano dé muestras de su inagotable capacidad para crear escenas de violencia clase B, sin perder su estilo.
Machete es una película violenta y bizarra que resulta un homenaje al viejo cine de bajo presupuesto, mixturada con importantes dosis de humor negro, elementos del western y del cine gore. Tal vez no resulte apta para almas sensibles (como casi toda la filmografía de su director), pero su innegable calidad y capacidad de entretener la hacen irresistible.

Trailer de Machete aquí

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3 pensamientos en “Con sello inconfundible

  1. Como decirlo sin mediaciones: “Machete” es una auténtica porquería. Es al cine lo que la voz de Ortega a la música clásica. Al actor Danny Trejo el protagónico le queda demasiado grande: su rostro petrificado ante cada interrogante se confunde en forma alarmante con la de actores que pusieron un rostro para significar algo al menos. Ser un actor secundario no invalida a un actor ni mucho menos, y Trejo como secundario siempre estuvo más que bien. Pero en esta película, roza el auténtico mamarracho. La forma en que Rodríguez filma a las actrices -como cuando filma a la policía desnuda sacando culo al estar inclinada-, es de una grosería mayúscula. Y ni hablar de la misoginia. Hasta el mismo Peckimpah se sonrojaría al ver a todas las mujeres de la película siempre desnudas, siempre pidiendo sexo, siempre dispuestas. Ante ellas, y para ellas, el macho de torso desnudo y tatuado, el imperturbable, el feo que se torna “atractivo” por exceso, escandaliza el menor gesto de una visión inteligente. Por supuesto que se entiende el tono bizarro, la anécdota, su correctismo político, pero en el medio ese correctismo resulta casi hasta idiota. Si la venganza no es lo que mueve a Machete, es porque no conlleva en la construcción de su personaje la menor emoción. Si hasta el mismo Rodríguez impide que sea Machete quien mate al asesino de su mujer cuando el personaje de Steven Segal hace una especie Hara-Kiri para darse una especie de muerte honrosa. El cine ha dado mejores ejemplos plenos de sentido para aquellos films denominados bizarros, pero siempre han sido piezas generadas por cineastas al borde por exceso o iracundia en el carácter, deformando las normas para tornarlo extraño, u otra cosa de la norma tomada de ejemplo. Robert Rodríguez, la mano derecha de ese otro efectista llamado Tarantino, ahonda cada vez más su manera de filmar. Y aunque es verdad que el tono lo regulariza, no es menos que en este “Machete” extrema toda su imbecilidad.

  2. Estimado Marcelo: Antes que nada agradecerte por la molestia de leer y comentar de forma tan extensa. Creo que este espacio es para discutir sobre cine y no sobre contar el desarrollo de un film; por lo que estaría bien no adelantar nada jugoso de la trama. Respecto a la forma de filmar a sus mujeres… será necesario recordar que para el cine de Rodríguez la presencia femenina es como un elemento de salvación y hasta motor en un mundo corrompido (Sin city) o como un símbolo del apetito sexual más básico (Del Crepúsculo al amanecer). Lo de Trejo evidentemente a mí me cayo mejor… pero no por eso dejo de entender tu punto.
    Más allá de las diferencias en los puntos de vista, vuelvo a destacar que en un estilo de filmación tan predigerido como el que exige el mainstream hollywoodense, la exacerbación del conservadurismo yanqui y los problemas en las fronteras (con un De Niro matando mexicanos como si de un videojuego se tratase) son puntos que no deberían dejarse de lado.

  3. En el blog de Pablo Makovski (ver aquí): http://pifiada.blogspot.com/2010/11/machete-titties-and-beer.html#comments
    he extendido un poco el comentario anterior y prolongado el debate. Me he extendido más aún por el sitio de facebook respecto a la actuación en el cine y Trejo. Respecto al comentario anterior, que para Rodríguez: “la presencia femenina es como un elemento de salvación y hasta motor en un mundo corrompido (Sin city) o como un símbolo del apetito sexual más básico (Del Crepúsculo al amanecer)”. Si continuamos su filmografía, encontraremos más “sentidos”. Poner en escena una visión del mundo solo le corresponde a un autor -por múltiples razones en las que no me extenderé aquí-, y Rodríguez no es precisamente uno. Solo recorriendo la filmografía de Hitchcock o Cameron, por citar solo dos ejemplos, entenderemos lo que significa poner a “una” mujer en el mundo. Peckimpah , adalid de la misoginia, tenía hasta más coherencia. El concepto de “salvación” en una mujer siempre refiere a la “caída”, o si se quiere, “salva” al hombre de la “caída”, que es una siempre y la misma…ya ligarlo con símbolo de apetito sexual más básico es en sí contradictorio. En “Contra viento y marea”, la mujer también se desplaza hacia una literal simbología -casi un oxímoron- de “apetito sexual básico”… Y respecto al último párrafo…Citaré al amigo Makovsky: “El cine es algo serio…¿Cómo dejar el problema de la frontera en manos Robert Rodríguez?”

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