Esperando un milagro

LE QUATTRO VOLTE
(2010; dir: Michelangelo Frammartino)

(Por FERNANDO HERRERA)
Presentada en el último BAFICI, Le quattro volte es una fascinante rareza situada en un pueblito de Calabria (perdido en el espacio pero, sobre todo, en el tiempo). Con una historia mínima como punto de partida, la película comienza a sostener su interés justo en el momento en que parece que ya no hay nada más para contar, a fuerza de una poesía no exenta de melancólico humor.
La anécdota de la que se vale la trama es engañosamente simple. Un viejo pastor moribundo se aferra a lo que le queda de vida y cifra sus últimas esperanzas de recobrar su endeble salud en un polvo que obtiene en la iglesia cercana (ya veremos cómo, en una de las tantas pinceladas irónicas que propone el director). El pobre hombre aún cree que el milagro es posible, pero la película no, y su final (¿su final?) es el esperable. Su muerte coincide con el nacimiento de una de las cabras de su rebaño. La vida sigue y el animal toma la posta narrativa, hasta que se pierde en el bosque en pleno, junto a un árbol. La ¿acción? pasa entonces al ciclo de vida del árbol hasta que es talado para formar parte de una fiesta tradicional en el pueblo (que es descripta con magistral ajenidad), pero la vida sigue, a pesar de todo, y la última vuelta del relato lleva a la madera del árbol a transformarse en carbón, y después…
Las cuatro veces a las que hace referencia el título remiten a los cuatro tipos de vida retratados (humana, animal, vegetal y mineral) y la cámara no parece pertenecer a ninguno de esos mundos, o quizás sea parte de todos a la vez.
Michelangelo Frammartino (1968, Milán, Italia) es un director nacido en Turín y criado en un pueblo de Calabria muy parecido al de la película, que cita entre sus influencias al cine de Lisandro Alonso. Su estilo prioriza los planos generales fijos, en un registro que oscila permanentemente entre el documental y la ficción, terminando por borrar toda frontera. La coherencia narrativa y la mirada distante reubican al hombre en su entorno. Y se permite un solo momento de virtuosismo con un plano secuencia memorable y pertinente, que representa un quiebre en el relato hacia la mitad del metraje, relato que se sostiene sin actores ni diálogos ni música ni solemnidad, y que se desentiende de todo para entenderlo todo.
El milagro finalmente se produce, pero es puramente cinematográfico.

Trailer de Le quattro volte aquí

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Detrás de un velo oscuro

TANKE PAPI
(2011; dir: Rubén Plataneo)

Las líneas ondulantes que los rayos del sol producen sobre un camino de tierra, con las que comienza y termina este emotivo documental, parecen ser un signo del tema que aborda: los frágiles límites de la locura. Lo hace presentando a Aníbal Brizuela, internado en la colonia psiquiátrica de Oliveros, cuyos dibujos comenzaron, años atrás, a trascender ese ámbito, al punto de terminar exponiéndose en importantes museos y galerías.
Rubén Plataneo (1958, Santa Fe) elige contarnos la esquiva, singular historia de Aníbal a través del relato de Martín Rodríguez, joven coordinador del área cultural y bibliotecario de la colonia (la única de todas las personas que aparecen en el transcurso del film que no parece incómodo al hablar con él). No busca provocar una identificación fuerte del espectador con uno ni con otro, sino compartir interrogantes acerca de los misterios que puede guardar la vida de una persona. Se agrega, ocasionalmente, con un criterio más informativo, el testimonio de la coordinadora de talleres de dibujo en la institución.
Aníbal crea con talento natural coloridos bocetos de formas curiosas, en los que aparecen contenidos símbolos diversos y alusiones a temas complejos (desde la contaminación o el armamentismo hasta la religión), al mismo tiempo que deambula por las instalaciones húmedas y oscuras de la colonia, husmeando libros, esforzándose por expresar sus ideas con palabras. El relato en off va sumando piezas al enigma, revelando algunos (pocos) datos sobre su pasado familiar y recordando consideraciones sobre la enajenación dichas o escritas por otros. Puede discutirse la dudosa espontaneidad de algunos pensamientos que desliza ese relato, la música utilizada o el poco espacio destinado a momentos de la vida cotidiana de Brizuela, como si hubiera habido cierto temor a caer en la melancolía o el silencio. Pero el film es valioso por otros motivos.
La mirada sobre la vida en institutos neuropsiquiátricos es sensible (el documental Hospital Borda, un llamado a la razón, de Marcelo Céspedes, es otro de los escasos ejemplos de abordajes lúcidos sobre este tema en nuestro cine) y los vínculos de la locura con la expresión artística, aunque siempre riesgosos, vuelven a interesar aquí. Sin embargo, tal vez lo mejor de Tanke PAPI sea cómo discurre sobre los secretos que entraña toda persona.
“¿Somos el relato que los demás hacen de nosotros?”, se pregunta en algún momento la película. Como en Dante en la casa grande, Plataneo sabe extraer del aturdimiento urbano a una persona con sus inquietudes, sus misterios y su historia, para intentar conocerla, para poder valorarla. Si en aquél caso era un artista reconocido, aquí se trata de un ser extrañamente asimilado al mundillo de las artes plásticas, y cuyo pasado duro y trastornos mentales asoman en su aspecto desprotegido, en la rigidez de los trazos que concibe con sus biromes de color, o en sus referencias a ciertas puertas que no pueden abrirse y a velos que siempre aparecen, superponiéndose, impidiéndole ver ciertas cosas o, en todo caso, haciendo que las vea de una manera diferente.

Por Fernando G. Varea

http://www.tankepapi.com.ar/

Sierva y dueña

CRIADA
(2010; dir: Matías Herrera Córdoba)

Algo de Criada, el documental de Matías Herrera Córdoba (1982, Córdoba) realizado a partir de experiencias de su propia familia y premiado en el MARFICI 2010, lleva a pensar que algunas situaciones no han cambiado tanto en un par de siglos.
Hortensia, empleada todo terreno en una finca catamarqueña, cumpliendo obedientemente sus tareas, esforzándose por dominar los caprichos de la naturaleza, recibiendo algo de dinero de los vecinos por la elaboración de comidas caseras (sin intermediarios), ajena a derechos laborales, moviéndose solitaria en una antigua casona de techos altos y gruesas puertas de madera, parece una figura detenida en el tiempo, como si aquéllos esclavos con los que contaban las familias pudientes en épocas del virreynato continuaran existiendo, con muy pocas variantes. La Historia parece señalar a esta mujer mapuche como índice de injusticias repetidas, pero también de la paciencia y la sabiduría fijadas en la vida de indígenas y campesinos en el interior de nuestras provincias, desde siempre. Criada cuenta un hecho actual y, al mismo tiempo, atemporal.
El retrato que propone este singular documental está desarrollado con enorme delicadeza y precisión narrativa. Tramos silenciosos se alternan con diálogos pudorosos y plenos de sutilezas. Vecinos y dueños de casa aparecen notablemente marcados como personajes secundarios, útiles para que se evidencie, por ejemplo, que algunos lugares de la casa resultan infranqueables para Hortensia, o que en este sitio los roles se encuentran bien definidos. Comentarios distraídos sobre viejas fotografías familiares son suficientes para exponer datos significativos (como la referencia a un joven chileno que, tiempo atrás, atravesó las mismas condiciones de servidumbre que Hortensia). Y la aparición, como al descuido, de un arma, en las últimas escenas, resulta inesperada e irónica.
A diferencia de películas sobre temáticas similares, Criada no desdeña los matices: la actitud de Hortensia es siempre pasiva y resignada, pero no parece del todo incómoda, y sus dueños la tratan de manera afable y respetuosa. La película habla de los abusos sufridos por gente como ella, pero también de su incapacidad para rebelarse.
Otro rasgo que la distingue es su belleza. Belleza de las palabras y pronunciaciones, en escenas como la de la conversación con una vecina que se sorprende porque no le pagan por su trabajo. Belleza del extraordinario paisaje, que no es un telón de fondo sino parte de la vida misma de Hortensia. Y belleza de las formas elegidas por el director para contar esta historia de soledad e indolencia, con encuadres siempre expresivos y aprovechando la fuerza poética de una tormenta o una mañana a pleno sol.
Finalmente, Criada deja flotando una sensación contradictoria: Hortensia sufre la opresión de trabajar mucho casi a cambio de nada, sin libertad para tener una vida propia, pero, al mismo tiempo, se la ve dueña y señora del ámbito geográfico en el que se mueve, domina con firmeza los elementos de la naturaleza, árboles y surcos de agua son sometidos con paciencia y decisión por sus manos. Aunque esas faenas no son para su beneficio, tal vez se sienta fuerte de esa manera, controlando la tierra y sus frutos como si los poseyera.

Por Fernando Varea

Criada fue la primera película exhibida dentro del Cine Club INCAA, el pasado martes en la sala Arteón, de Rosario.

Libertad

“Lo que me gusta del cine documental es la libertad que uno tiene de ir buscando la película mientras la hace, de inventarla en el proceso. Cuando empiezo una película, a menudo me digo que cuanto menos sepa sobre el tema, mejor.”

(NICOLAS PHILIBERT, documentalista francés)