Detrás de un velo oscuro

TANKE PAPI
(2011; dir: Rubén Plataneo)

Las líneas ondulantes que los rayos del sol producen sobre un camino de tierra, con las que comienza y termina este emotivo documental, parecen ser un signo del tema que aborda: los frágiles límites de la locura. Lo hace presentando a Aníbal Brizuela, internado en la colonia psiquiátrica de Oliveros, cuyos dibujos comenzaron, años atrás, a trascender ese ámbito, al punto de terminar exponiéndose en importantes museos y galerías.
Rubén Plataneo (1958, Santa Fe) elige contarnos la esquiva, singular historia de Aníbal a través del relato de Martín Rodríguez, joven coordinador del área cultural y bibliotecario de la colonia (la única de todas las personas que aparecen en el transcurso del film que no parece incómodo al hablar con él). No busca provocar una identificación fuerte del espectador con uno ni con otro, sino compartir interrogantes acerca de los misterios que puede guardar la vida de una persona. Se agrega, ocasionalmente, con un criterio más informativo, el testimonio de la coordinadora de talleres de dibujo en la institución.
Aníbal crea con talento natural coloridos bocetos de formas curiosas, en los que aparecen contenidos símbolos diversos y alusiones a temas complejos (desde la contaminación o el armamentismo hasta la religión), al mismo tiempo que deambula por las instalaciones húmedas y oscuras de la colonia, husmeando libros, esforzándose por expresar sus ideas con palabras. El relato en off va sumando piezas al enigma, revelando algunos (pocos) datos sobre su pasado familiar y recordando consideraciones sobre la enajenación dichas o escritas por otros. Puede discutirse la dudosa espontaneidad de algunos pensamientos que desliza ese relato, la música utilizada o el poco espacio destinado a momentos de la vida cotidiana de Brizuela, como si hubiera habido cierto temor a caer en la melancolía o el silencio. Pero el film es valioso por otros motivos.
La mirada sobre la vida en institutos neuropsiquiátricos es sensible (el documental Hospital Borda, un llamado a la razón, de Marcelo Céspedes, es otro de los escasos ejemplos de abordajes lúcidos sobre este tema en nuestro cine) y los vínculos de la locura con la expresión artística, aunque siempre riesgosos, vuelven a interesar aquí. Sin embargo, tal vez lo mejor de Tanke PAPI sea cómo discurre sobre los secretos que entraña toda persona.
“¿Somos el relato que los demás hacen de nosotros?”, se pregunta en algún momento la película. Como en Dante en la casa grande, Plataneo sabe extraer del aturdimiento urbano a una persona con sus inquietudes, sus misterios y su historia, para intentar conocerla, para poder valorarla. Si en aquél caso era un artista reconocido, aquí se trata de un ser extrañamente asimilado al mundillo de las artes plásticas, y cuyo pasado duro y trastornos mentales asoman en su aspecto desprotegido, en la rigidez de los trazos que concibe con sus biromes de color, o en sus referencias a ciertas puertas que no pueden abrirse y a velos que siempre aparecen, superponiéndose, impidiéndole ver ciertas cosas o, en todo caso, haciendo que las vea de una manera diferente.

Por Fernando G. Varea

http://www.tankepapi.com.ar/

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