Hombres e ideas recuperados por la memoria

HOMBRES DE IDEAS AVANZADAS
(2011; dir: Diego Fidalgo)

Un libro, su autor, el crimen al que hace referencia ese libro, la víctima de ese asesinato: el nuevo film de Diego Fidalgo (Rosario, 1972) aprovecha el vínculo entre estas cuatro piezas para desplegar una búsqueda. El poeta es Aldo Oliva (1927/2000), el hombre asesinado Joaquín Penina (1901/1930). El libro es, precisamente, El fusilamiento de Penina, escrito por Oliva en 1975 para una colección de publicaciones de la Editorial de la Vigil, que no llegó a editarse ante la intervención de la biblioteca por los militares al año siguiente. Y Penina, aunque pocos rosarinos lo sepan, era un albañil catalán, militante anarquista, que, apenas instaurada la dictadura del general José Félix Uriburu, fue furtivamente fusilado en las barrancas del Saladillo.
Seguido por la cámara, Antonio, uno de los hijos de Oliva, sale detrás de recuerdos y testimonios que sirvan para conocer pormenores de aquéllos hechos olvidados, recuperando, de esa manera, los nombres de mucha gente de ideales nobles e iniciativas solidarias (excediendo el marco de la militancia anarco-sindicalista a la que, aprovechando términos de la época, hace referencia el título). Así va, como él mismo dice, “tras los pasos de un fantasma”, en busca de retazos que puedan unirse para explicar o completar lo que pasó.
Tal vez por esta confluencia de elementos diversos, el film es un poco impreciso al comienzo, cuando se cruzan el escritor leyendo, desentierro de libros, fotocopias, una fogata y alguna callejuela de un pueblo español. Recién al final reaparecerán y cobrarán verdadero sentido algunas de esas imágenes. Dentro de ese tramo introductorio, se relatan penurias de Aldo Oliva mostrando escenas en el hipódromo rosarino, pero el espectador probablemente no sepa que esas imágenes tienen que ver con su barrio y con el oficio de su padre.
Cuando Hombres de ideas avanzadas se dispone claramente a seguir el recorrido de Antonio Oliva por distintos lugares de Argentina y España en pos de huellas de aquéllos hombres, cobra energía. El inolvidable proyecto cultural de la Vigil es el primer paso en ese camino. La investigación continuará hurgando en bibliotecas particulares, hemerotecas públicas, viejas películas, prontuarios, libros y revistas que reflejan el paso del tiempo. Antonio, siempre con su mochila a cuestas, más curioso que conmovido, va y viene casi como un detective al que los rastros lo desviven. “La ciudad muta y, en ese movimiento, olvida”, razona, mientras la fiebre por construir edificios derriba la refinería en la que se cumplió la primera huelga obrera en nuestra ciudad.
Los testimonios se enlazan de manera lúcida, como una cadena de encuentros que conllevan nuevas revelaciones. El peregrinaje comprende el paso por sitios reconocibles de Rosario: calles, bares, bibliotecas, aulas universitarias. Es un acierto la ilustración de las menciones al fusilamiento de Penina en las Quebradas del Saladillo con fragmentos del film Juan Moreira, el último centauro (1923, Enrique Queirolo), filmado parcialmente en ese lugar. De la misma manera, resulta oportuno el empleo de fragmentos de un noticiario en el que se ve al general Uriburu junto al Jefe de Policía local, teniente coronel Lebrero, después que Osvaldo Bayer hace referencia a este turbio personaje (responsable del asesinato de Penina y de la desaparición de su cuerpo durante un tiempo), o la manera desprevenida con la que la cámara se detiene en graffitis que resultan rastros de la militancia anarquista en la actualidad.
A pesar de que el relato en off luce ocasionalmente afectado (incluyendo fugaces reconstrucciones, como la de la supuesta voz de Penina gritando antes de ser fusilado), los comentarios musicales son siempre adecuados y el documental transmite calidez en la voz de algunos testigos, el ingreso en sus casas, la cordialidad con la que colaboran en la investigación.
A Hombres de ideas avanzadas no le interesa discutir los cambios atravesados por la militancia anarquista en el último siglo o indagar en sus matices (el propio Aldo Oliva consideraba, por ejemplo, que la fuerza represiva en los ‘30 no distinguía entre “el terrorista expropiador” Di Giovanni y “el antiviolento” Penina); valoriza, en todo caso, esfuerzos personales y sociales que, más allá de las ideologías, procuraron cambios, pensando en las necesidades de la gente. Este propósito, sin embargo, se integra a lo que parece ser su mayor preocupación: la recuperación de la memoria. Como en Trescientoscincuenta (2006), Fidalgo busca apresar la sustancia ligera, inmaterial, de la que están hechos los recuerdos. Afortunadamente, como dice Antonio Oliva, “cuando todos olvidan alguien se acuerda”.

Por Fernando Varea

http://www.hombresdeideasavanzadas.blogspot.com/

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2 pensamientos en “Hombres e ideas recuperados por la memoria

  1. Hola Fernando. Muy acertado tu comentario de la película. No es Viñas el entrevistado, sino Bayer. Un saludo.

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