Variaciones sobre el amor

AMOR AMOR AMOR
(2011; Javier Monzón / Maia Ferro / Estefanía Clotti / Chula Navone / Paula Barés / Ariel Luque / Tati Babini / Julia Bastanzo)

A tres meses del estreno de La infinita distancia (2011; dir: Florencia Castagnani), llega a las salas un nuevo largometraje de producción local que aborda el amor como misterio a dilucidar. En este caso son ocho cortos de realizadores rosarinos o residentes en Rosario, filmados todos en nuestra ciudad, reunidos bajo un mismo título.
Los objetivos y los resultados ponen de manifiesto valores encomiables: empeño, independencia, seriedad, profesionalismo. Sin embargo, más allá del tema y de estas características en común, los trabajos audiovisuales que abarca Amor amor amor (Capítulo uno) –título arriesgadamente parecido al de la trivial El amor (primera parte) (2004, Alejandro Fadel/Martín Mauregui/Santiago Mitre/Juan Schnitman)– son bastante diferentes en estilo, ambiciones e incluso en duración.
Lo mejor que puede desearse de un proyecto de esta naturaleza está en el promisorio comienzo: Esencia (el corto realizado por Javier Monzón) muestra apenas a dos chicas y un joven envueltos en un juego de miradas y sonrisas, revelando dudas y deseo. Los encuadres y los movimientos de la cámara llevan al espectador por ese camino de incertidumbre: ¿quién ama a quién? Hay confianza en la imagen, plasticidad, belleza y algo de picardía también, con el aporte de actores fotogénicos y de gestos que hablan de la alegría y de la pena, de la vida y de la muerte. Del agua burbujeante en la que nada una de las chicas –con algo del líquido amniótico que protege la vida y anticipa un nacimiento– hasta una suerte de escape final, Esencia habla sin palabras de las elecciones en el amor.
Si hay algo objetable en el comunicativo corto de Monzón es la disrupción que provocan (al escucharse sucesivamente y casi completas) las canciones de fondo. Primer obstáculo en Amor amor amor al que pronto van sumándose otros, que por momentos le restan frescura y le imprimen un tono pretensioso y solemne: el ocasional sostén de una música angustiosa, la voz en off de la que a veces depende demasiado el sentido (la mitad de los cortos utiliza este recurso), algunas actuaciones artificiosas y conflictos débiles. La madurez con la que –en todos los cortos– encuadra la cámara, se iluminan interiores y se han elegido exteriores, no aparece, en algunos casos, en la idea original, en la construcción de los guiones o en la dirección de los actores.
Evidentemente la confluencia de elementos comunes y dispares, singulares algunos y redundantes otros, proviene de la confianza con la que abordó su cometido cada uno de los realizadores, sabiendo que se estaba trabajando entre amigos y sin demasiados condicionamientos (bajo la conducción de un productor entusiasta y responsable, Javier Matteucci). De esa manera, mientras Estefanía Clotti expresa una idea simple con dibujos sencillos (en Líneas de amor, el único corto animado), Julia Bastanzo prefiere insertar dos representaciones ingeniosas (parejas que se hacen y deshacen entrando y saliendo de una cocina al estilo Todos mienten; ropa de hombre y de mujer que parece cobrar vida gracias al stop motion) en un tejido de situaciones dispersas, y en tanto Tati Babini se divierte cazando mensajes románticos registrados en paredes y pasacalles imprimiéndole a su Amor a gran escala carácter de documental televisivo, Ariel Luque opta por algo más delicado y más grave (plasmar la poesía que conlleva el recuerdo del amor valiéndose de poemas, fotografías y la captación de momentos melancólicos).
Finalmente, y más allá de sus desniveles, la sensibilidad y el espíritu fraternal puestos en juego llevan a pensar que Amor amor amor no sólo es una película sobre el amor sino, además, hecha con amor. Como los personajes en el comienzo de Pathos –el corto de Bastanzo–, los ocho directores entran y salen cruzando afectuosamente sus miradas, sus coincidencias y sus contrastes, colaborando unos con otros, procurando variaciones sobre un tema que a todos nos obsesiona. Lo dice un graffiti en la pared de una calle rosarina, descubierto por las cámaras de esta película: “Somos amor, demos amor”.

Por Fernando Varea

http://www.amoramoramor.net/

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