El sol sale también en la oscura sala de un cine


Mientras algunos directores europeos se extrañan, otros se discuten y otros se sobrevaloran, a Paolo Taviani (1931) y Vittorio Taviani (1929) se los olvida. Autores de una obra sólida y valiosa, afortunadamente el Oso de Oro recientemente ganado en el Festival de Berlín por Cesare deve morire (2012) los reinstaló en el sitio de los comentarios y las expectativas en el que se encontraban un poco ausentes desde hace años, al punto de que, probablemente, resulten desconocidos para los cinéfilos más jóvenes.

Después de haber dirigido 8 cortometrajes (entre 1954 y 1959) y otros tantos largometrajes, donde algunos rasgos de su personalidad ya se perfilaban entre los clisés del cine italiano testimonial de los años ‘60 y ‘70 (el documental L’Italia non e un paese povero, co-dirigido con Joris Ivens y Vittorio Orsini; Un uomo da bruciare; Fuera de la ley del matrimonio; Sovversivi; Bajo el signo del Escorpión; San Michelle aveva un gallo; Allosanfan – Historia de un traidor; Il prato), estos hermanos nacidos en San Miniato han ido desarrollando una obra caracterizada no sólo por el abordaje de ríspidos episodios históricos y temas inconformistas, sino, también, por una fluidez narrativa, una serena soltura y una calidez excepcionales. Ese sello personal se nutre de realismo y de fantasía, de lucidez intelectual y de sentimiento, de personajes volcados a la violencia por rencores y pasiones tanto como a la ternura de los recuerdos y los gestos sencillos. La vitalidad y la gracia con las que estos elementos llegan al espectador derivan de expresivos primeros planos, de delicados fundidos, de demorados movimientos de cámara, de la música siempre conmovedora (generalmente de Nicola Piovani), de un espesor visual que permite percibir la aridez de un paisaje, la profundidad del cielo, la frescura del agua o la calidez del sol.

Padre padrone (1977, Palma de Oro en Cannes) es un drama admirable sobre la educación como herramienta de superación y de cambio, en el contexto de la Italia agreste del monte en Siligo (Cerdeña), basado en la novela La educación de un pastor, de Gavino Ledda, quien introduce a los espectadores en la película y reaparece en el epílogo. En esta visión conmovedora y sin concesiones de la vida rural -incluyendo los instintos posesivos de un áspero padre patrón, encarnado por Omero Antonutti- resuenen ecos del neorrealismo italiano (movimiento admirado por los directores, que, según se cuenta, en alguna exhibición de Paisá se trompearon con quienes subestimaban la creación de Rossellini) y parecen anticiparse algunos componentes que años más tarde distinguirían al cine iraní.

En La noche de San Lorenzo (1981, Premio Especial del Jurado y Premio del Jurado Ecuménico en Cannes) una niña escucha de su madre la historia de un grupo de hombres y mujeres del pueblo de San Martino procurando sobrevivir en medio de las luchas entre los camisas negras y los resistentes durante la 2ª Guerra Mundial. Como en Michelle aveva… y Allonsanfan, la Historia se cruza con las vivencias cotidianas, y la insensatez de la guerra (que puede resumirse en el chico fascista que mata con ferocidad pero tiene miedo a morir) se encuentra con el disfrute de los sentidos: chicos, jóvenes y ancianos enfrentan la violencia y buscan desesperadamente salvarse mientras sueñan, ríen, comparten el pan, saborean una sandía, corren por trigales dorados, entonan con la armónica una ingenua melodía, consuman algún amor tardío.

Kaos (1984, ganadora de un Globo de Oro y dos premios David de Donatello) parte de textos de Novelle per un anno, de Luigi Pirandello. Son cuatro episodios y un epílogo, en definitiva cinco historias, que transcurren en Sicilia, conectadas entre sí por imágenes de un cuervo negro que vuela sobre esas tierras solitarias. El primero (El otro hijo) es el drama de una mujer que desespera por recibir una señal de cariño de un hijo que está lejos, mientras otro hijo suyo espera lo mismo de esa madre que tiene cerca. Mal de luna es una maravillosa historia de amores contrariados y temores, a partir del extraño mal que sufre uno de los personajes después de haber sido hechizado por la luna cuando era un bebé. La tinaja es el cáustico relato de la rebelión contra el dueño de una finca, obsesionado por conservar intacta una enorme tinaja. Réquiem narra las penurias de unos humildes lugareños, impedidos de enterrar a sus muertos en el lugar donde viven por el capricho de un terrateniente. Finalmente, Charla con mamá muestra al propio Pirandello (nuevamente Antonutti) volviendo a la casa de su madre ya fallecida, lo que lo lleva a melancólicas evocaciones.

En toda Kaos la Naturaleza es convocada en cuentos y refranes, y las necesidades y pasiones humanas son amenazadas por fenómenos misteriosamente mágicos o por la acción insensible de los poderosos. Hay poesía, humor, encanto, aliento épico cuando los campesinos danzan golpeando piedras alrededor de la tinaja (una escena similar se veía en Allonsanfan) y tensión en el relato que Margarita Lozano hace sobre cómo llegó a concebir a su otro hijo. Algunas escenas de Kaos que aprovechan la profundidad de campo (los chicos deslizándose sobre una montaña de arena blanca hacia un mar turquesa, la mujer corriendo asustada por el mal de luna de su flamante marido) y que recurren a la elipsis (Lozano abriendo y cerrando la puerta hacia la montaña) son para una antología. Marcelo Figueras valoraba que, en esta película, “la raíz es vista no desde el hoy, sino desde la mirada amorosa del labriego, el pastor, la campesina” (1), en tanto Sergio Wolf ha considerado que la tragedia se hace presente “por el lado del carácter coral y en ciertos pasajes en que la puesta en escena presenta situaciones similares a los antiguos anfiteatros” (2), por eso es posible encontrar aquí rastros de la mitología y la tragedia griegas (de hecho, el título es una palabra griega, matriz de la deformación dialectal Cásuva, región vecina al Agrigento, donde nació Pirandello).

Su película posterior, Good morning, Babilonia (1986, escrita por los Taviani y Tonino Guerra sobre idea de Loyd Fonvielle) fue una coproducción de Italia con Francia y EEUU, en la que se percibe cierta pérdida de espontaneidad en la elección y el tratamiento del tema. Los personajes centrales son dos hermanos (Vincent Spano y Joaquim de Almeida) que dejan atrás la pobreza italiana para descubrir en América el mundo del cine, colaborando en la construcción de los decorados para Intolerancia (1916, D. Griffith), y, tras vivir diversas alternativas, se reencuentran en la 1ª Guerra Mundial, donde terminan filmándose uno al otro, sabiendo que así perdurarán después de su muerte.

El sol sale también de noche (1990) fue otra co-producción, en este caso de Italia con Francia y Alemania, versión libre de El padre Sergio, de León Tolstoi (trasladada la acción de San Petersburgo a Nápoles), con Julian Sands (doblado por Giancarlo Giannini) como un oficial cuya ambición es acompañar a su rey hasta que, defraudado por éste, se inclina al sacerdocio. Pero sus búsquedas espirituales se ven alteradas por mujeres que lo seducen (Natassja Kinski, Patricia Millardet, Charlotte Gainsbourg), por un supuesto milagro que le quita la paz, y por las trampas del poder. No les resultó fácil a los Taviani delinear con precisión la historia de superación personal del personaje, pero conmueven mostrándolo de niño, apretando en su mano los pétalos de las flores de un duraznero o poniéndose imprevistamente de rodillas en una procesión, y logran concentrar fuerza dramática en breves, significativos primeros planos de manos o pies descalzos. Luciano Monteagudo interpretaba: “A través de su protagonista, pareciera que los hermanos Taviani (veteranos militantes no ortodoxos del PCI) plantean, en un momento de derrumbe para las ideologías de izquierda, la solidaridad como un imperativo ético” (3).

En Fiorile (1992, co-producción italiana-francesa-tedesca, nunca estrenada en Argentina pero exhibida por TV) un padre cuenta a sus hijos la historia de un teniente francés que, al enamorarse de una italiana, descuida el cofre que debía custodiar y es fusilado, tras lo cual el destino trágico de la familia de la chica continúa en tiempos de los Médici y en los años de la 2ª Guerra. Los Taviani van y vuelven del pasado sin cambiar de toma, y lucen casi siempre sensibles e inspirados en esta película en la que, nuevamente, hay jóvenes que no quieren crecer en la pobreza como sus padres campesinos o que luchan –en distintas épocas y de distintas maneras– por ideales de libertad y de justicia.

El tema de Las afinidades electivas (1996, co-producción italiana-francesa, basada en una novela de Goethe) es la puja entre la razón y la pasión, a partir de la pareja encarnada por Jean Hughes Anglade e Isabelle Huppert, en una época en la que la ciencia comenzaba a frenar los desbordes místicos del romanticismo. Cuando a la casona donde viven llegan un amigo de él (Fabrizio Bentivoglio) y la hija adoptiva de ella (Marie Gillian), la relación entra en crisis. Lo que podría haber sido un simple melodrama de época, es convertido por los hermanos Taviani en una película grave, reflexiva, inquietante.

En Tú ríes (1998), vuelven a adaptar a Pirandello. La primera historia transcurre en la Roma de los años ‘30, donde un hombre gris que ríe misteriosamente por las noches (Antonio Albanese) se rebela ante la humillación que sufre un compañero suyo. La otra se refiere a dos secuestros afectados por las relaciones humanas: el de un chico de 12 años llevado a una posada desierta en el monte Barraro en la actualidad y el de un viejo médico de pueblo un siglo atrás. Película sutil, de un humor oscuro (con algunos momentos luminosos, sin embargo, como el encuentro de Albanese en la playa con una antigua compañera de coro, o el del médico conmovido al ver gente humilde al costado del camino), en ella los Taviani vuelven a cruzar el pasado con el presente, lo cotidiano con lo público.

Luego de realizar un documental y los telefilms Resurrezione (2001) y Luisa Sanfelice (2004, con la actuación de Cecilia Roth), dieron un paso en falso con El destino de Nunik (2007, sobre libro de Antonia Arslan), artificiosa, falsa reunión de trágicos episodios y personajes dispares (encarnados por un heterogéneo conjunto de actores de distintas nacionalidades) en torno al genocidio armenio.

Cesare deve morire, al documentar los ensayos y la posterior representación de una obra de Shakespeare por parte de reclusos del pabellón de alta seguridad de una cárcel romana, promete el regreso de algunos de los mejores atributos del cine de los Taviani. Es cierto que otros hacen un cine más moderno, así como es innegable que, en los últimos años, no les ha sido fácil sortear los riesgos que implica filmar aunando capitales y actores de distintas procedencias. Pero en su obra sigue habiendo valores indiscutibles, y es que, como sostuvo alguna vez un crítico de Cahiers de Cinéma, “tienen a su arte como una cosa noble, alta, que no puede operarse sino desde la dignidad, como una celebración”.

Por Fernando G. Varea

1) M.Figueras, Cuentos desde la raíz, El Periodista, 1986. 2) S.Wolf, ’Kaos’ y los Taviani, el mágico sentido del cine, Cine en la cultura, 1986. 3) L.Monteagudo, La ética de un solitario, Página/12, 1991.

Trailer de Cesare deve morire aquí

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