Miguel Gómes: “El cine no necesita homenajes porque sigue vivo”

(Por FERNANDO VAREA y FERNANDO HERRERA)
“No conozco Rosario, pero me encanta”, bromeó Miguel Gómes (Lisboa, Portugal, 1972), cuando supo que quienes lo entrevistaríamos éramos de allí. Cervezas de por medio, con amabilidad y sin apuro se dispuso a la charla, sabiendo del interés que su cine viene despertando en los cinéfilos argentinos desde que Aquel querido mes de agosto fue premiada en el BAFICI 2009, año en el que el festival le dedicó, además, una retrospectiva. Hablamos con él no sólo de su nuevo largometraje, Tabú (2012) -la perla buscada por todos en la edición de este año del BAFICI- sino también de sus preferencias como realizador y espectador.
FV: – En Tabú utilizás recursos del cine antiguo haciendo algo nuevo ¿Cómo pensás que hay que hacer para conciliar lo antiguo y lo nuevo?
– En mi película lo antiguo es un ejercicio de memoria. Es una historia contada por personajes perdidos en el tiempo. Es verdad que hay una voluntad de dialogar con un cine extinto, de intentar reproducir las formas de ese cine que ya no existe a través de una cosa artificiosa: es una historia contada por alguien que se acuerda de las imágenes y los sonidos pero no de las palabras completas.
FH: – Hay un uso circular del pasado, porque va del pasado colonial de la historia de ficción a la década del ’60, en un ida y vuelta permanente. A diferencia de otras películas, acá el pasado está condicionado por el presente y el presente por el pasado.
– Sí, porque quería que la película empezara con la sensación de una resaca y después siguiera con la gente que se emborracha. A la primera parte con gente mayor le sucede una segunda con gente joven, para dar la sensación del tiempo que pasó. El tema principal de la peli es el tiempo, la memoria. La segunda parte debía estar contaminada por la melancolía del tiempo que ya pasó.
FV: – ¿Por qué el uso de la voz en off en esa larga segunda parte?
– Para tener una voz del presente, la voz de un viejo junto a la imagen de un cuerpo joven. Como un personaje mutante. También oyes la voz de ella, que ya está muerta, entonces es un espacio fantasmagórico. La idea no era que la voz dijera lo que estábamos viendo. Estábamos filmando en un sitio donde no había muchos blancos, entonces la voz en off inventa, amplía ese mundo que no se ve en imágenes. Por ejemplo: no teníamos plata para filmar una fiesta con 200 personas, entonces la voz lo cuenta.
FV: – ¿Y por qué no hay música compuesta especialmente para la película?
– En realidad, hay dos canciones africanas que grabamos en una misa, una al principio –en la presentación de Ventura- y otra al final, con batuques. Y las canciones del grupo pop no son producto de mi imaginación: en las colonias africanas Angola y Mozambique había a principios de los años ’60 grupos que cantaban música de los Beatles con sus trajes blancos elegantes. Era una cosa normal. Músicos de ese tiempo me han mostrado fotografías. Pero al final, cuando se van a separar los protagonistas, África empieza a comandar las cosas, se terminan las canciones pop y las canzonettas italianas y África manda.
FV: – Evidentemente, y recordando también tu película anterior Aquel querido mes de agosto, le encontrás a este tipo de canciones populares un valor que otros no le dan.
– Para mí en el cine hay espacio para cosas muy distintas ¿sabes? Tanto para canciones que no están valoradas por el medio cultural, como para cosas como Murnau. Hay espacio para todo. No se puede renegar de la libertad del cine. Muchas veces siento que se trabaja en una escala muy pequeña. A mí me gustan cosas muy contrarias. El cine de Murnau se puede conectar con una versión pop de una canción como Tú serás mi baby, de Phil Spector.
FV: – ¿Esa libertad tiene algún tipo de límites?
– Mi límite es lo que me gusta y lo que no me gusta.
FH: – A propósito de Murnau, tu película juega con la suya, que también estaba dividida en dos partes.
– Lo que pasa es que en el cine mudo -y también en el cine clásico americano- había oposiciones muy fuertes: campo-ciudad, sombras-luces. Con la oposición paraíso-paraíso perdido intenté recuperar eso. En el cine actual hay que trabajar la psicología de los personajes y eso a mí no me interesa mucho.
FH: – Incluso el presente va día a día y el pasado es más general.
– Sí. Son formas distintas de contar el tiempo, es verdad.
FV: – En tus personajes hay un gusto por la aventura, y vos también te aventurás con tu forma de hacer cine.
– Bueno, sí… Es que creo en el principio del placer. En Tabú están el tiempo de la vejez y el de la juventud, el tiempo de la soledad y el de la posibilidad del amor, el de la conciencia política y el de la inconciencia: no tenía miedo de hacer esas oposiciones que ahora se creen primarias. Creo que se perdió la inocencia que tenía el espectador de cine de hace 80 años, así como también perdemos la inocencia que tenemos cuando somos niños. El cine puede recuperar algo de esa inocencia.
FV: – ¿Qué te parece que les falta a películas de Hollywood como El artista o La invención de Hugo para conseguir eso?
– No vi la de Scorsese, sí El artista. Personalmente creo que no es posible intentar imitar una manera de hacer cine como si estuviéramos en un determinado sitio. Yo soy portugués y vivo en 2012, entonces busco rescatar las sensaciones de esas películas pero haciendo un camino para llegar a ellas. No solamente reproducir las formas, como si estuviéramos en Los Ángeles en 1917. En el cine hay algo importante: el director decide la distancia que el espectador puede tener con los personajes y lo que les pasa. La falta de diálogos en la segunda parte de Tabú, por ejemplo, intenta crear distancia y proximidad al mismo tiempo.
FV: – ¿Por qué los cantos de grillos y de insectos como fondo sonoro en Tabú?
– Es el sonido que existía en los lugares donde grabamos. En algunos momentos filmábamos a los actores moviendo los labios pero no hablaban, y el sonido que escuchas es verdaderamente el que tenía ese lugar en ese momento. Elegí hacer eso porque cuando cuentas una historia del pasado no te acuerdas de las palabras que decía la gente pero tienes la sensación física de haber estado en el lugar.
FV: – ¿Por qué te interesa combinar en el cine el melodrama romántico, la comedia y el cine de aventuras?
– Me aburre un poco hacer lo mismo. Me interesa que una película tenga cambios y mutaciones, pasar de un sentimiento a otro. Todo eso forma parte del espectro de sentimientos que tenemos.
FV: – ¿Hay directores que hagan eso que te gusten?
– Hay muchos. En el cine contemporáneo creo que Apitchapong Weerasethakul está cerca de eso. Hace películas que tienen que ver con el tiempo y el espacio en el que vive, pero que no se niegan al deseo de exotismo y a las grandes emociones que escapan a ese gran monopolio de la industria del consumo actual. Yo intento tener historias de vecinos, de cocodrilos, de fantasmas y de exploradores, todo en una misma película.
FV: – ¿Has visto Historias extraordinarias?
– Sí. Me encanta esa película.
FH: – Tiene en común con Tabú el amor por el relato que remite a la novela del siglo XIX.
– Sí, pero Mariano Llinás dice que le robé todo… (risas)
FV: – ¿Cómo ha sido tu experiencia con tus películas en Argentina, y puntualmente en el BAFICI?
– Muy buena, porque en el circuito de festivales el BAFICI me parece muy vivo, siempre con gente interesada y muchas películas diferentes. Es un festival muy importante y es considerado así en Europa. Además, no sé por qué, tengo conexiones con argentinos muy diferentes, que creo que se odian un poco como pasa en los países donde no hay tanta plata y varios pelean por lo mismo… Soy muy amigo de Lisandro Alonso, de Llinás y de otros.
FH: – Has sido crítico antes de hacer cine.
– Sí, pero eso fue en el siglo pasado…
FV: – ¿Y cómo es tu experiencia este año como miembro del Jurado Internacional del BAFICI?
– Me interesa descubrir y recompensar una peli que me dé cosas y que no haga juicios sobre el mundo y los personajes, que deje que el espectador tenga su propio juicio. Jean Renoir, un director francés muy querido por mí, decía “Cada personaje debe tener sus razones”. Una que hizo Renoir en los año ’50 en India, El río, puede tener algo que ver con Tabú. La verdad es que hay que seguir viendo películas. No creo en eso de que “el cine ha muerto”, que se decía en los ’90. El cine no ha muerto un carajo… Cuando presenté Tabú en Berlín hace dos meses me preguntaron si era un homenaje al cine y yo les decía que el cine no necesita homenajes porque sigue vivo.

Parcialmente publicado en el diario El Ciudadano en su edición del 20/4/2012.

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2 pensamientos en “Miguel Gómes: “El cine no necesita homenajes porque sigue vivo”

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