Recorriendo el alma de una ciudad

CUATRO CALLES
(2012; dir: Francisco Zini y Pablo Zini)

Sin temor a caer en exageraciones, puede asegurarse que este programa que los hermanos platenses Juan Francisco Zini (1980) y Pablo Zini (1978) realizaron después de haber sido premiados en la Convocatoria del Espacio Santafesino Estímulo a la Producción Audiovisual del Ministerio de Innovación y Cultura de la Provincia de Santa Fe, es un modelo de buena televisión.
Se trata de Cuatro calles, una serie documental que rastrea historias del pasado y el presente de nuestra ciudad recorriendo la Avenida San Martín, la calle Mendoza, el Boulevard Oroño y la Avenida del Rosario, deteniéndose en algunos sitios y personas.
En principio, no sólo evita los lugares comunes de un presentador y un relato en off: tampoco recurre a reconstrucciones con actores ni al registro de situaciones triviales con una cámara indecisa. Y si bien asoman algunos emblemas de Rosario (los trolebuses, el parque Independencia, la sala Lavardén), se da cabida a puntos poco o nunca explorados cada vez que se ha contado la vida cotidiana de los rosarinos, valorando algunas franjas de la ciudad relegadas en libros y películas previas. De la misma manera, resulta inteligente la selección de las personas elegidas como portavoces de cada calle, ya que, junto a personalidades conocidas como Jorge Debiazzi, Rafael Ielpi y Dante Taparelli, aparecen, por ejemplo, un boxeador, un afilador, un artista callejero o el dueño de una pizzería, hablando de Rosario con otras palabras, a partir de su experiencia y con los invalorables conocimientos que les brinda el hecho de ser vecinos de las zonas en las que viven. Y aunque la investigación no es –ni pretende ser– exhaustiva, incluye testimonios de hombres y mujeres de distintas generaciones y estratos culturales que, reunidos, resultan representativos de la ciudadanía en su conjunto.
Otro de sus aciertos es no creer que los hechos importantes en la vida de los rosarinos son los relacionados con los cambios de gobierno y la coyuntura política. ¿O acaso la participación en los corsos de carnaval o la asistencia a un balneario en el verano no han sido tanto o más importantes en la historia personal de los habitantes de esta ciudad que la visita de un presidente o un evento público? Evidentemente, el equipo de trabajo de Cuatro calles tuvo la clara y saludable intención de ponerse del lado de la gente que transita las calles a las que alude el título, dándole valor a lo que realmente lo tiene.
De todas maneras, algunos cambios políticos, económicos y sociales que Rosario atravesó a lo largo de su existencia surgen casi sin explicitarse, como cuando se hace referencia a las transformaciones que produjo en el barrio Saladillo la instalación del frigorífico Swift (una muestra de la declinación de ciertos privilegios y la integración a la sociedad de sectores hasta entonces postergados, que afectaban a toda la sociedad argentina) o cuando se escucha el testimonio de una joven integrante de HIJOS (dando, de paso, una visión diferente del elegante boulevard Oroño).
Hay que agregar, además, que la serie soslaya acertadamente –aunque no sin dificultad– el tema de la delincuencia urbana: a diferencia de los noticiarios, donde éstas y otras calles sólo son mencionadas como escenarios de noticias policiales, aquí se las muestra como fuentes de recuerdos y de afecto, atendiendo a las historias de vida que atesoran y a la belleza de sus esquinas, fachadas y casonas.
Con dinámica televisiva, la travesía por la ciudad es agitada y divertida. Si bien detenerse unos segundos de más en algunos planos no hubiera venido mal, el resultado es un ejemplo de cómo generar un producto audiovisual con fines informativos o educativos sin renunciar en ningún momento a la lógica del entretenimiento, interponiendo momentos emotivos y graciosos nunca forzados, provenientes de las reflexiones y anécdotas de los entrevistados.
El irreprochable profesionalismo que exhibe Cuatro calles incluye –además del trabajo de los Zini y de Hernán Roperto en la producción, la realización, la fotografía y la edición– una excelente musicalización, sumando a la pegadiza música compuesta especialmente por Alexis Kanter y Diego Zaballa ráfagas con las voces de Alberto Castillo o de una banda de hip-hop local.
La presentación en público de los cuatro capítulos de esta producción televisiva en el cine El Cairo de Rosario contó con un público numeroso, que aplaudió espontáneamente en varios momentos. Ahora es de esperar que, por su calidad y sus características, encuentre el lugar que se merece en el medio televisivo, ya que, lamentablemente, muchos de los trabajos producidos o alentados por el Ministerio de Innovación y Cultura de la Provincia de Santa Fe en los últimos años (algunos realmente valiosos, como La canción del lugar, Punto Qom, Los días del juicio, Sopa de sapo y Memoria del suelo), más allá de los premios y los comentarios entusiastas, deambulan erráticos por internet y por horarios marginales en los canales de TV.

Por Fernando G. Varea

http://cuatrocallesrosario.blogspot.com.ar/

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