Celina Murga: “Me gusta hablar del mundo a través de los ojos de los adolescentes”

Una de las películas más vitales que pudieron verse en la última edición del BAFICI fue, sin dudas, Escuela Normal (2012), luminoso registro de miradas, risas, momentos agitados y conversaciones informales en el interior de una escuela secundaria paranaense. Se trata del primer documental de Celina Murga (1973, Paraná, Entre Ríos), con el que la directora vuelve a mirar con calidez y sin estridencias a los adolescentes, como lo había hecho ya en Ana y los otros (2003) y Una semana solos (2008). Pero Escuela Normal es, también, un ensayo sobre la educación en el sentido más amplio del término, indagando tanto en los contenidos y valores que se enseñan en las aulas como en el ejercicio de la comprensión y la convivencia que, diariamente, se pone en práctica allí. Mientras la película se da a conocer por el mundo y espera su estreno comercial, rescatamos la conversación que tuvimos con la realizadora en abril, inmediatamente después del estreno en el Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires.
– En la escuela que retratás circulan ideas, personas de distintas edades, conflictos de distinto tipo. ¿Fue tu intención que pueda ser vista como una representación de la sociedad?
– Sí, porque yo llegué a la escuela con ideas preconcebidas, como suele pasar. Mis recuerdos, por haber cursado en esa escuela, eran los de un lugar mucho más cerrado sobre sí mismo, con una relación docente-alumno mucho más vertical, como el lugar del saber. Y me encontré con una escuela totalmente abierta a lo social. Es como vos decís: como poner una lupa, una cosa hiperconcentrada de lo que es la sociedad. Los chicos, más allá de estudiar y de formarse académicamente, aprenden a vincularse con los otros, con lo diferente, con los diez millones de conflictos que aparecen a diario. Por eso lo del centro de estudiantes (que surgió haciendo el documental) me pareció perfecto, porque ese ensayo de ciudadanía que están llevando adelante tiene directamente que ver con esto que estamos observando.
– El cine y los noticieros suelen mostrar a los adolescentes vinculados con problemáticas que no siempre forman parte de su vida cotidiana, y que acá no aparecen: la droga, la marginalidad. Pero también son como vos los mostrás en tu película.
– Claro. Muchas veces me decían ¿por qué no aparece tal o cual cosa? Y es que yo quería mostrar la otra parte. Obviamente, si uno hubiera querido entrar en esas zonas más densas había algunas aristas en la escuela, pero a mí me impactó mucho verlos en esa actitud de compromiso, de interés, de voluntad de cambio, de voluntad de hacer.
– Incluyendo la militancia estudiantil.
– Eso surgió y me interesó. Es una militancia bastante desprovista de ideología, más relacionada con el compromiso de cada uno por querer hacer algo. Eso me pareció valioso.
– ¿Estuvo entre tus objetivos echar una mirada a las cosas positivas y negativas de la escuela como institución?
– Fue la idea inicial. A mí, por mi personalidad, me gusta mostrar lo bueno y lo malo sin cargar las tintas, y menos en lo negativo. Pero a la vez quería hacer un análisis de la escuela como institución y de su funcionamiento. Y encontrar personajes que llevaran adelante la narración, con los que el espectador pudiera empatizar. No quería que fuera algo más frío o puramente sociológico. El desafío fue encontrar ese equilibrio entre la observación de la institución y la conexión con estos personajes con sus voluntades, pasiones y conflictos.
– ¿Por qué decidiste que, durante buena parte de la película, la cámara siga a la jefa de preceptores y no a otro personaje?
– A los chicos también los filmamos así, pero ella terminó siendo la persona a través de la cual vamos descubriendo todos esos aspectos de la escuela. Su rol tiene que ver con eso: lidia con los alumnos, los maestros, los padres, los directivos. Yo me enamoré en seguida de su energía. Realmente se carga al hombro una escuela como ésa que es monstruosa, con algunos momentos de tensión pero con buena onda siempre.
– ¿Cómo lograste meter las cámaras en la escuela sin que los docentes y los estudiantes le den importancia?
– Primero elegimos a un grupo de chicos, dos o tres por curso. Una especie de casting: los chicos venían, charlábamos y ahí elegíamos. Y yo no avisaba qué día iba a ir, para que no vinieran peinados de peluquería… (risas) Cuando iba, hablaba con todo el curso explicándoles que no esperaba que actuaran de ninguna manera especial, que no hicieran payasadas porque no era lo que nos interesaba. La verdad es que a mí me impacta ver la relación que tiene esta generación con la cámara. Están acostumbrados a grabarse, a verse… Ellos mismos se graban y se suben a internet. Tienen una cosa más exhibicionista. Yo pensaba que si a mí me hubiera pasado esto, de que me pusieran dos cámaras, me hubiera parecido un delirio, no sé… hubiera faltado a la escuela.
– Hay un tabajo interesante con el fuera de campo. En varios momentos se intuye lo que pasa pero no se ve, como lo que ocurre con la escalera.
– Eso se dio así y me gustó cómo quedó. Pero siempre estoy atenta al fuera de campo, porque genera una tensión extra y es interesante porque amplía el campo originario. Por ejemplo, el plano de una de las chicas que está viviendo en Rosario y que discute con una profesora: la cámara se queda con ella. Es un momento que me encanta.
– Teniendo en cuenta tus otras películas, evidentemente te interesa el mundo de los adolescentes.
– Creo que son un espejo del mundo de los adultos. A través de ellos puede observarse cuáles son las decisiones que estamos tomando los adultos. Me gusta hablar del mundo a través de los ojos de los adolescentes. Y, al mismo tiempo, siento la necesidad de mostrar su voz.
– Viendo Escuela Normal recordé Entre los muros, que, aunque no era estrictamente un documental, en algo se le parece.
– Sabía que existía, pero a propósito quise verla después. Como referentes más formales tomamos Ser y tener, de Nicolas Philibert, con la cámara que se detiene y observa, y también High School, una película de Frederic Wiseman, un documentalista americano que me encanta. Es un tipo que trabaja mucho con las instituciones: la cárcel, el manicomio.
– El final es muy emotivo e inesperado, porque uno no sabe que vas a salir de la escuela y mostrar otra cosa.
– En el documental estaba la premisa de que es la primera escuela fundada por Sarmiento y quería poner una referencia histórica sin agregar material de archivo, manteniendo la idea de observación. Pero el final también tiene que ver con los ciclos de la vida, de los que la escuela es parte.

Por Fernando Varea

Trailer de Escuela Normal aquí

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