El cariño y el cálculo

DÍAS DE VINILO
(2012; dir: Gabriel Nesci)

Esta ópera prima de Gabriel Nesci (Buenos Aires, 1979) puede ser valorada a partir de todo lo que no tiene o de lo que no es, en comparación con otras comedias dramáticas del cine argentino reciente: no busca provocar la risa del espectador con gritos o puteadas, no gira en torno a una idea de guión única y elemental, no es grosera ni sórdida, no incluye seres de ficción que encarnen la corrupción de la dirigencia política o que sean arquetipos ideales de la clase media, trata con cariño a sus personajes y es discretamente graciosa.
Sin embargo, cuesta ver a su guionista-director como alguien con una mirada propia sobre el cine y sobre los temas que le interesan (por ejemplo la música).
Los antihéroes, los chistes y las astucias argumentales de Días de vinilo no ocultan un origen ajeno, conocido y aceptado: las sitcoms y las películas de amistades y amoríos juveniles que el cine estadounidense viene cultivando desde hace tiempo, generalmente con eficacia. Siguiendo ese modelo, el film prefiere generar simpatía antes que verosimiltud. Los personajes y lo que les ocurre son el resultado de un plan muy bien pensado para tender una historia donde todo encaje con precisión, por lo que todos parecen marionetas moviéndose en función de esos objetivos.
El cuarteto de amigos (un arrogante vendedor de parcelas en un cementerio, un abatido director de cine ansioso por mostrar su nuevo guión, el inseguro conductor de un programa radial y el obsesivo líder de una banda tributo a los Beatles) no transmite la calidez que se espera de personas que vienen compartiendo afinidades y vivencias desde su infancia. Algunas de sus divertidas conversaciones parecen salidas de un ocurrente libreto, así como personajes laterales e incidentes imprevistos lucen injertados sin fundamento en la trama, con la evidente necesidad de provocar en los espectadores determinados efectos.
Hay algunos ejemplos muy claros en este sentido, como el hecho de que Damián (Gastón Pauls) no tenga otra copia del guión que pierde, o que la sordera que imprevistamente afecta a Luciano (Fernán Mirás) no le impida seguir conduciendo su programa de radio.
Del planificado cruce que propone Días de vinilo entre situaciones de la vida de los personajes con otras del mundo de la música o del cine, surgen pormenores que ponen en evidencia esa idea del guión como pieza fundamental: en ningún momento el cineasta (Pauls) se plantea problemas relacionados con la realización o la puesta en escena de sus proyectos, e incluso una crítica de arte le reclama que debería concebir historias más “profundas”, como si el valor de una película dependiera exclusivamente de lo que cuenta.
Al mismo tiempo, ciertas carencias (salvo fugazmente al comienzo no hay a la vista padres, abuelos o suegros interviniendo en la historia, se ve a los amigos tomando whisky pero nunca mate) parecen responder a esa idea preconcebida de urdir un divertimento juvenil con el molde de prototipos importados, lo cual puede explicar por qué, al adentrarse en la cultura que los protagonistas han consumido durante su adolescencia en los ’80, no hay referencias a films y músicos argentinos.
Entre los actores, Fernán Mirás, Leonardo Sbaraglia, Inés Efron y Maricel Álvarez (que había cumplido un papel bastante ingrato en Biutiful) son los que se muestran más dispuestos a jugar con sus personajes, en tanto Gastón Pauls (afortunadamente lejos de su rol habitual de predicador políticamente correcto) resulta querible como perdedor abrumado, recordando su personaje en Felicidades (2000, Lucho Bender). En el otro extremo se ubican algunas chicas lindas pero inexpresivas, como la modelo Akemi Nakamura, tan improbable encarnando a una joven china con acento colombiano como Carolina Pelleritti en la piel de una crítica de arte candidata al Pulitzer.
Abusando de primeros planos y con innecesarios comentarios en off al principio (en el desenlace puede resultar pertinente dejar explícita la agridulce moraleja), Días de vinilo acierta al deslizar entrelíneas sobre las elecciones en la vida y las predilecciones en la niñez que perseveran hasta la edad en la que se esperan compromisos más asociados a la madurez. “Las canciones que más te han marcado en la vida hablan de vos” dice en un momento uno de los personajes femeninos: de sentencias ingenuas pero infalibles como ésa depende, en buena medida, el inestable encanto de la película.

Fernando G. Varea

Trailer de Días de vinilo aquí

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5 pensamientos en “El cariño y el cálculo

  1. A mí me parece que lo que dices como algo malo en realidad es lo mejor de la peli: esto de tener un propósito muy claro y lograrlo con precisión. Lo primero que pensé al salir fue esto: de que el director/guionista firmó su contracto con hollywood, por lo tanto que tiene el control de la formula.
    Mas allá de esto, está buena la crítica y las observaciones. No había pensado en esto de las referencias a Argentina, pero tal vez sea algo también para que facilite la recepción afuera de acá.
    felicitaciones por el espacio para el cine. Y perdona cualquier error de escrita, soy brasileño.
    Abrazo.

  2. Álvaro:
    A mí me pareció que buscando que las situaciones encastren y los enredos se resuelvan con precisión, el guionista-director descuidó la verosimilitud. Me costó encontrar “verdad” en una película que se presenta como la pintura de cuatro amigos de un barrio.
    Muchas gracias por tu comentario.

  3. Fernando, seguro que por ahí hay uno o otro descuido con la verosimilitud, pero las comedias son abiertas a eso, creo. Mas allá de esto, me parece que hay una verosimilitud interna. De acuerdo con lo que dice usted, y que yo banco, la peli me parece un hecho de un buen contador de histórias, y no una peli en la cual los personages sean – o suenan ser, claro – más autónomos. No por casualidad, el narrador es el personaje que es director de cine, quién por definición cuenta histórias. Además, las histórias de amigos de barrio siempre llevan con ellas una grande quantidad de romantismo e nostalgia, que hacen de todo más increíble.

  4. Álvaro: son muy interesantes tus observaciones. Pero cuando me refiero a falta de verosimilitud lo hago pensando en muchas situaciones y personajes de la película (que nombro en mi texto) que son como caprichos para forzar la risa o la sorpresa del espectador.
    Saludos.

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