Juan Diego Kantor: “‘Las historias marcan la estética de una película”

Juan Diego Kantor (nacido en Italia en 1979 pero formado como realizador audiovisual en Rosario) llegó al estreno de Buscando al huemul (2012) en el marco del 27º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata después de varios años de trabajo, demostrando que se trata de un proyecto muy querido. Frente a un público que le transmitía comentarios cálidos, Kantor se mostró humilde y emocionado, recordando los comienzos de esta aventura a la que lo condujo Ladislao Orozco, un sureño empecinado en encontrar un animal esquivo, en peligro de extinción, del que todos hablan pero casi nadie vio. Parte del equipo que lo acompañó en esta iniciativa (incluyendo su amigo y guionista Ricardo Robins) lo escoltaba en las presentaciones en el Teatro Colón de Mar del Plata.
Se nota que ha sido gente honesta y sensible la que dio forma a este documental apacible. La satisfacción con la que el joven director asegura que no hizo su película sobre Ladislao sino con él (contando que en algún momento éste estuvo dispuesto a vender su caballo para ayudarlo) y el modo de vida que retrata (que, por su vínculo directo con la naturaleza y un permanente estado de búsqueda -lejos de todo materialismo- trae ecos del hippismo), ayudan a descubrir que Buscando al huemul es, en definitiva, una mirada afectuosa sobre la utopía, sobre el deseo, sobre los sueños a cumplir.
Hablamos con Juan Diego al terminar la primera función de su película en el festival, donde se exhibió como parte de la Competencia Argentina.
– El film va brindando información de una manera bastante informal, a través de las conversaciones casuales entre los personajes. ¿Te interesaba que cumpliera un fin didáctico?
– Sí, tiene un fin didáctico. Nosotros queríamos contar la búsqueda mostrando otras subtramas, muy sutiles, que sirvan como disparadores, para que el espectador se quede con algunas preguntas y eso lo lleve a investigar más sobre el huemul, sobre las comunidades, sobre la conquista del desierto, sobre las propiedades y todos los temas que van apareciendo. Además, Ladislao pidió pasarla en las escuelas, y es su película también, la hicimos juntos. Nosotros no es que la hicimos para eso, pero pensamos que puede ser recomendable para los estudiantes de 4° y 5° año, para que tengan una visión distinta de Bariloche. Pero no queríamos caer en un documental clásico donde la información sea toda dada. Quisimos hacer una especie de ficción, una película de personajes. Fue interesante que le regalamos a Ladislao el libro del huemul antes de salir al viaje, porque él lo iba descubriendo realmente, leyéndolo todas las noches. Este libro y un diccionario mapuche son dos recursos que usamos para Buscando al huemul. El proyecto fue evolucionando año a año. En 2008 se sumó su amigo Nazareno, que nos desacartonó la película.
– Por momentos tiene algo de western, con los personajes a caballo en esos parajes montañosos. Pero también, por los lugares bucólicos por donde andan, parecen chicos internándose en un bosque en busca de un tesoro, como un cuento.
– Lo del western lo notamos ahora, cuando empezamos a ver la película terminada. Al preciosismo de las imágenes le teníamos un poco de miedo, de hecho sacamos muchas de amaneceres o de la luna. No queríamos que fuera una película tan linda porque también es ruda, es bruta. Nazareno viaja con unos botines Nike en el medio de la montaña, escupe, eructa…
– En ese sentido, tiene algo del cine de Werner Herzog.
– Sí, en el grupo me llamaban con ese nombre haciendo un chiste porque hacía tomas muy largas. Nosotros hicimos una de 50 minutos en el fogón.
– ¿Cómo hicieron para lograr esos planos generales tan precisos en lugares tan difíciles para rodar?
– Teníamos un woki y hacíamos un pequeño beep. Por ahí había momentos en los que ellos estaban, por ejemplo, casi en la cima de una montaña, con un corbatero, y nosotros mucho más abajo. Cuando encontraban una huella íbamos detrás y llegábamos un minuto después. Es lo único que manipulamos: pedirles a veces que nos esperaran un minuto, acomodarnos y registrarlos. Algunos diálogos parecen escritos pero no lo son. En una escena se ponen hablar de los árboles con la misma naturalidad con la que hablarían dos personas en Rosario sobre un partido de fútbol, pero es eso.
– ¿Ni siquiera ese comentario sobre Avatar en la radio?
– Eso salió efectivamente por Radio Nacional, aunque no en ese momento sino un rato después. Son unos enlatados que mandan de Buenos Aires. Lo único que hicimos fue pedir el material para repetirlo.
– Algunas personas son nombradas pero no se las muestra, como resguardando a los verdaderos personajes de la película: Ladislao, su amigo y su familia.
– Sí, tal cual. Ellos son la película y no queríamos molestar con otros personajes. También porque cuando están en la montaña se los escucha hablar a lo lejos, y cuando vamos al centro pensamos que debería ser igual. Buscamos tomar cierta distancia. Y, al mismo tiempo, la cercanía en otros momentos, como el despertar de Nazareno, que realmente estaba durmiendo cuando lo filmamos y despierta en cámara.
– Es muy interesante cómo se respeta el estilo sereno y algo displicente de los personajes, con planos largos, sin música que genere suspenso, etc.
– Exactamente. Yo creo que las historias también marcan la estética y ésta es una película en la montaña, en Bariloche, en el interior del interior, donde el tiempo es otro tiempo… Todo es más lento y más pausado. Teníamos la tentación de acelerar las cosas pero siempre volvíamos a ese punto. Estamos al borde de aburrir a alguna gente, pero es el tiempo que tiene que tener la película. No es que yo en el futuro voy a hacer todas las películas así, depende de lo que narre. Acá tratamos de ser fieles al tiempo del sur, de la montaña, donde podés caminar, buscar o dormir, no hay otras cosas.
– ¿Por qué no hay demasiadas referencias o imágenes sobre el huemul?
– Porque no queríamos que fuera un documental sobre el huemul. Damos información con cuentagotas. Pero hay un guiño cuando la hija de Ladislao le muestra el dibujo a su padre.
– Es hermosa la cita del comienzo. Anticipa que lo que vamos a ver va más allá de lo testimonial y tiene que ver con algo más sensible, más poético.
– Sí, tal cual. La agregamos al final, pensada más para afuera del país. Pero decidimos dejarla porque pensamos que hace una relectura. La cita en sí es muy sutil. El zócalo de la frase, que es más explicativo, aparece debajo.
– ¿Cuáles son tus expectativas con la película después de este estreno en Mar del Plata?
– Estrenarla en Rosario y después en la ciudad de Santa Fe. En febrero llevarla al sur, estrenarla en Bariloche y El Bolsón, la tierra de Ladislao. Y en abril volver a Buenos Aires y, ojalá, reestrenarla en Rosario. Al margen de esto, Ladislao tiene un proyecto, necesita que se haga una reserva. Así que mi mayor deseo sería que a la película le vaya bien para que se difunda el tema del huemul, que llegue a las escuelas como él quiso y se pueda cumplir su sueño.

Por Fernando G. Varea

http://www.buscandoalhuemul.com.ar/

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