La pesadilla americana

MÁTALOS SUAVEMENTE
(Killing Them Softly, 2012; dir: Andrew Dominik)

El título del tercer largometraje de Andrew Dominik (1967, Nueva Zelanda) parece condensar sus rasgos salientes: basado en una novela policial de George V. Higgins de 1974, acompaña las peripecias de un puñado de marginales violentos (ladronzuelos novatos, sospechosos jugadores de pocker, problemáticos asesinos a sueldo) con elegancia, echando una mirada agria sobre la ilegalidad y la violencia que traspasan la sociedad estadounidense pero con cierto refinamiento formal.
Algo de la belicosidad y la sequedad del cine de gangsters de los ’70 asoma en este film (cuya acción transcurre en medio de la campaña presidencial de 2008, con las imágenes de Bush y Obama reproduciéndose en las pantallas de televisión mientras el capitalismo financiero se retuerce) que, aunque narrativamente irregular, luce atractivo y más digno que la mayoría de los thrillers que asaltan semanalmente las carteleras para reaparecer más tarde en la TV.
En cierto sentido, no deja de parecer un recorte en la vida de este país y de estos personajes, de quienes se desea saber un poco más: a Mátalos suavemente le cuesta salir de un reducido conjunto de situaciones y encontronazos, haciendo difícil intuir cómo será la vida de esos hombres más allá de lo que exhibe la pantalla. Pero sus méritos no son pocos, sin embargo.
Se ha dicho que, por sus varias escenas de diálogo, remeda al cine de Tarantino, pero en las conversaciones del film de Dominik las palabras no tienen más importancia que las miradas y los gestos, y en su atmósfera general hay más abatimiento que cinismo.
Las pocas escenas de violencia son de una prodigiosa estilización. Mostrar un asesinato o la captura de un ladrón adicto como si fueran destellos de un calidoscopio, o sugerir un enfrentamiento a tiros fuera de foco mientras un sicario cruza distraídamente la calle, son decisiones que responden al planteo mismo del film, que echa una mirada cuestionadora sobre algunas cuestiones sin desdeñar el artificio. Apuntes ácidos y adornos visuales se combinan, tomando distancia del modelo scorsesiano (ubicándose, en todo caso, más cerca de Drive), permitiendo que el retrato de la sociedad en crisis sea atravesado por buenas canciones y reflexiones en voz alta ligeramente solemnes.
Ray Liotta –que parece salido de Buenos muchachos–, James Gandolfini, Richard Jenkins, Scout Mcnairy y Ben Mendelsohn conforman un elenco homogéneo, demostrando que Dominik sabe dirigir muy bien a sus actores. Es, incluso, el único que consigue buenos trabajos de Brad Pitt (ya lo había logrado en El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford). Sobrio, sin recurrir a sus muecas habituales, aquí Pitt (también co-productor del film) asume, además, un personaje diferente a los acostumbrados. Baste señalar que a la única dama que se le cruza en su camino ni siquiera la ayuda con el cierre de su vestido, y que se lo ve siempre desconfiado y desencantado con su patria, al punto de dejarle al espectador, como reflexión última: “Esto no es un país, es un negocio. Dame mi dinero”.

Por Fernando Varea

http://killingthemsoftlymovie.com/

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