Más palabras que ideas

DJANGO SIN CADENAS
(Django unchained, 2012; dir. Quentin Tarantino)

¿Qué comunica Tarantino en sus películas, cuáles son las ideas y valores que revela como artista, qué piensa sobre los temas que preocupan a los seres humanos? Es difícil precisarlo, ya que en las citas paródicas y los homenajes a las distintas variantes del cine clase B parecen agotarse sus ambiciones.
Sus declaraciones públicas no ayudan mucho: recientemente confesó que odia a John Ford porque “mataba indios sin rostro como a zombis” (desestimando su importancia como director), que comprende a quienes asisten a campos de tiro y coleccionan armas (“es una cultura en sí misma y la respeto” ha dicho, además de igualarlos con los coleccionistas de comics), que le gusta imaginarse como uno de los mejores artistas de su época, y cuando le pidieron destacar diez títulos de la historia del cine, nueve fueron estadounidenses y el restante un western filmado en Europa (como puede apreciarse aquí).
Su pasión y su capacidad como realizador son indudables, como lo demuestran la afilada astucia narrativa de Perros de la calle (1992) y Jackie Brown/Triple traición (1997), o, sin ir tan lejos, el brillante comienzo de Bastardos sin gloria (2009). Pero ese diestro manejo de los resortes cinematográficos nunca está al servicio de algo más que historias fuertes o morbosas para chacotear entre amigos, como si no hubiera otra cosa más allá de su admiración por cierto cine y su valoración de subestimados remanentes culturales (estrechez conceptual que también se aprecia, de alguna manera, en los hermanos Coen).
Estas carencias se hacen particularmente manifiestas en su último largometraje, en torno a un esclavo negro que se convierte en compañero de aventuras de un inescrupuloso cazarecompensas, poco antes de la Guerra Civil en EEUU.
En principio, Django sin cadenas cubre sus casi tres horas de palabras, escatimando ideas originales en cuanto a puesta en escena. Todo el tramo en la casa del esclavista Calvin Candie (Leonardo Di Caprio), por ejemplo, bien podría representarse en un escenario teatral, en tanto los flashbacks son de una fealdad chirriante y las explosiones de violencia, más que sorprender, salpican.
Por más que algunos elementos recuerden al Django original (que Sergio Corbucci dirigió en 1966 y protagonizó Franco Nero, que aquí aparece fugazmente), sostener que está hecha sobre el molde de un spaghetti western es no tener idea de lo que es un western. Sumando algo así como bloques de distinta duración, Quentin Tarantino (1963, Knoxville, EEUU) se limita a reunir personajes-actores sobradores dialogando con malicia y suficiencia –con excepción de un Jamie Foxx adusto, pura presencia–, con atractivas canciones de fondo y surtidas escenas de tortura.
Al mismo tiempo, racismo, discriminación y venganza cruzan con descuido la trama, en la que hay negros esclavizados pero también traidores, y donde hechos históricos e injusticias ciertas se banalizan y confunden.
Tarantino es como esos compañeros de escuela que son muy divertidos para arrojar tizas o burlarse de alguien (no importa mucho de quién), pero que ante un asunto que exige algo de responsabilidad dejan claramente en evidencia su inmadurez.

Por Fernando Varea

http://unchainedmovie.com/

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7 pensamientos en “Más palabras que ideas

  1. También tengo temas con Tarantino intentando hablar de cosas más sérias, Fernando. Después vuelvo con más tiempo a hablar de Django.

  2. hola fernando, ya descargaré django, por lo demás, tu diagnóstico de tarantino es impecable. los que lo confunden con un autor, confunden una cita con una copia, como decía d’ors, “lo que no es tradición es plagio”. un abrazo

  3. Buenas Fernando. Leo generalmente tus opiniones y prácticamente nunca estoy de acuerdo. Pocas veces me han dado ganas de escribir en tu blog, pero simplemente por pura pereza. Creo que salir en defensa de Django merece la pena, como también lo hubiese merecido la última Batman.
    Voy por partes. En primer lugar, si a partir de tres simples citas juzgas a Tarantino como un director sin ambiciones, casi sin ideas y e ideológicamente vacío es ser bastante injusto con Quentin. Creo que para afirmar eso, como periodista, deberías incursionar más en otras declaraciones del director. Pero voy a defender a Tarantino no desde sus declaraciones (si le haríamos caso a las declaraciones (en este caso tres) no gastaría un segundo de mi vida en ver alguna película de Clint, y me estaría perdiendo de lo mejorcito de Hollywood), sino desde su arte, desde su cine.
    Como bien dijiste, se ve la pasión como realizador y su genial capacidad, pero inmediatamente después afirmás que escatima ideas originales en su puesta en escena ¿realizar la escena que transcurre en la casa de Calvin Candie en una especie escenario teatral te parecería más original? Y sí, las escenas de violencia tienen la marca de Quentin Tarantino, y gracias a dios hay un director en Hollywood que no hace la violencia con intenciones de ser veraz, o que al espectador le duela el estómago, sino que hace de la violencia un modo eficaz de humor.
    Estoy de acuerdo en que esta película no puede ser catalogada como un western, pero como tampoco Bastardos podía ser catalogada en un género en especial, o Kill Bill. Tal vez sea bueno crear un género Tarantino. Pero afortunadamente el encasillamiento de una película en un género particular habla muy bien de sí misma. Que una de tus principales críticas sea que esto no es un western, y te indignás al respecto, debilita mucho tu opinión. ¿Por qué no hablamos de la genial estructura narrativa? ¿O de la siempre espectacular banda de sonido que hace a la música un actor más? ¿O de las actuaciones descollantes de Dr. Shultz, Samuel L. Jackson o Jamie Foxx? ¿Sólo rescatás a este último?
    Y vuelvo nuevamente a lo mismo ¿te parece un director sin ideas originales? y apelo a otra película ¿matar a Hitler en un teatro, incendiarlo, etc. no es original? ¿un grupo de judíos con sed de venganza no es original? ¿un exesclavo con la motivación de matar a sus dueños o a los dueños de su esposa, no es original? Siempre está cruzado por la idea de venganza, pero admitamos que los personajes que llevan a cabo esto no son muy comunes en el cine.
    Me pongo a pensar y creo que no hay muchos directores dentro de Hollywood que jueguen con estos temas como lo hace él. Y no sólo eso, sino que no hay muchos directores que muestren al sur esclavista desde la mirada de un negro.
    Pretender rigor histórico en esta película, como en Bastardos, me parece un poco injusto (y hasta ridículo). Y el espectador crítico va a ver una película de esta naturaleza sabiendo que fijarse en eso no tiene ningún tipo de sentido.
    Hablar de la inmadurez de Tarantino porque no trata estos temas con seriedad, es pedirle a Tarantino que deje de ser Tarantino. Se te nota hasta enojado con él, o enojado con los espectadores que admiran a él. A este director se lo debe criticar desde su cine, desde sus objetivos como director. Yo no pido que trate el esclavismo con seriedad, o al nazismo con seriedad. De hecho celebro que haya un director que juegue con esos temas, que rompa los límites de lo supuestamente permitido.
    En fin, sólo le puedo decir gracias a Quentin por darme esas tres horas absolutamente geniales.

    Saludos.
    Nacho

  4. Nacho:
    En principio, gracias por leer con frecuencia mis opiniones y dejar este comentario. Es curioso ver cómo las reseñas más directamente negativas en Espacio Cine son las que reciben más comentarios.
    Respecto a lo que decís:
    – Vos nombrás la última BATMAN y creo, precisamente, que con los fans de Tarantino pasa algo similar que con los de Batman: pareciera que estas películas ya les gustan antes de haberlas visto, y si alguien indica que tienen poco valor, por más que lo fundamente, no se permiten dudar.
    – Te doy la razón en cuanto a que las declaraciones de Tarantino no deberían ser motivo para juzgar su película (ya me lo había dicho personalmente alguien que leyó la crítica). De todas formas, mi intención fue emplearlas para intentar demostrar lo contradictorio y superficial que me parece Tarantino como artista.
    – Efectivamente, no encontré en DJANGO ideas visuales creativas (como sí las había en KILL BILL, por ejemplo). No dije que la secuencia en casa de C.Candie sería más original en un escenario teatral, sino que puedo imaginármela en un teatro sin que pierda su valor (o sea: de cine nada, o muy poco). Tampoco es que me moleste la violencia en el cine de Tarantino (aunque me cuesta divertirme viendo cómo torturan a alguien), lo que quise decir es que las escenas truculentas en DJANGO no tienen nada de sorprendente.
    – Es cierto que una película no tiene por qué encuadrarse en un género determinado, pero está claro que DJANGO busca ser un homenaje, o algo así, al spaghetti western, por eso mi objeción (hoy mismo leía en facebook que Fabio Manes escribió que “de spaghetti western sólo tiene el título y algunos pasajes musicales”).
    – El rigor histórico me parece necesario, salvo que sea, digamos, una comedia absurda o disparatada o un relato de ciencia ficción. Vos decís que no te molesta que no trate el esclavismo o el nazismo con seriedad, y yo creo que esos temas (como otros) son muy delicados, y si se hace humor con ellos habría que hacerlo con responsabilidad, cuidando bien cada palabra, cada actitud de los personajes, cada plano, etc.
    – Ni la estructura narrativa, ni las actuaciones me parecieron descollantes, ni Tarantino me parece genial: de verdad (y después de haber visto todas sus películas) pienso que evidencia una gran inmadurez. Y me molesta que tenga más prestigio y popularidad que Guy Muddin o Kelly Reichardt, por ejemplo.
    Pero es sólo mi opinión, y por supuesto que puedo estar equivocado.
    Un abrazo.

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