Premios Oscar: ¿mucho, poquito o nada?

“¿Pero es que a alguien le importan los Oscars todavía?” disparó en Facebook, apenas se conocieron las nominaciones de este año, el crítico y coleccionista Fernando Martín Peña, agregando más tarde: “No existe más la industria, las tendencias, no existe más Hollywood. Se fueron todos a la TV.” El comentario pareció blanquear un dato indiscutible: la pobreza de ideas y la escasez de buenos directores en el Hollywood de los últimos años, que llevan a que compitan por dichos premios producciones olvidables.
Las dudas en torno a la legitimidad de los Oscar ya no serían consecuencia de las injusticias y olvidos cometidos, o de que películas populares suelen ser más apreciadas que otras más arduas (lo mismo ocurre con los premios entregados por gente del medio cinematográfico en otros países, como los BAFTA, los César o los Goya), sino que, al no estar atravesando un período especialmente creativo el cine proveniente del país del Norte –el único que merece la atención de mucha gente, se terminan alzando como ejemplos de calidad producciones menores e incluso mediocres. Por otra parte, salvo entre los cinéfilos, no se habla de esto, encubriéndose el adocenamiento con brillos, sonrisas y aplausos.
Lejos están las épocas en las que Orson Welles, Howard Hawks, William Wyler y John Ford podían competir en la categoría a mejor director (año 1941), o El halcón maltés, Soberbia, Pacto de sangre o Cuéntame tu vida figurar entre las nominadas a mejor película. O, más cerca en el tiempo, cuando en los ‘70 Hollywood reverdeció esplendores que parecían perdidos y era posible que en 1974 pugnaran por el mismo premio Roman Polanski, John Cassavetes, Bob Fosse, François Truffaut y Francis Ford Coppola (y que el mismo año ganara como mejor película El Padrino II). Precisamente, varios de los directores que siguen apareciendo entre las candidaturas de los últimos años son los que se destacaban en aquella década: Polanski, Allen, Eastwood, Spielberg, Scorsese.
Algunos cosas que cambiaron, no necesariamente para mejor: la manera con la que el Hollywood reciente ha ido deslumbrándose como un chico por las innovaciones técnicas, que se manifiesta en la cantidad de películas que acaparan nominaciones y hasta premios sólo por pericias de efectos y montaje, y el surgimiento de categorías especialmente destinadas al cine de animación, índice del segmento de público que le viene dando tan buenos dividendos últimamente a la industria del cine estadounidense.
A pesar de todo esto, todavía hoy muchos buscan con entusiasmo las películas nominadas en las salas de cine o en las ofertas de los manteros, tal vez sin esperar obras maestras sino exponentes más o menos dignos del cine clásico que están acostumbrados a ver, generalmente protagonizado por actores conocidos. Los medios de comunicación hacen su parte: prácticamente las únicas noticias vinculadas al ámbito cinematográfico que se difunden en los noticiarios son las que tienen que ver con los premios Oscar y, a diferencia de lo que ocurre con otros temas (políticos, sociales, económicos, deportivos), se informa sin opinar ni cuestionar.
En el interés por los Oscar seguramente también influye el espectáculo televisivo de la entrega de premios, transmitido en vivo a todo el mundo desde hace por lo menos tres décadas, prometiendo el tentador combo sorpresas + emoción + humor + canciones + estrellas. La atención dispensada al paso previo de las figuras por la alfombra roja y, posteriormente, el espacio destinado en revistas y programas de TV a los vestidos allí lucidos por las distintas actrices han ido cobrando cada vez más importancia, al punto de que los premios, y el cine mismo, son hoy menos relevantes que esa suerte de circo glamoroso en el que Natalie Portman o Jennifer Lawrence siempre importarán más que Asghar Farhadi (el director iraní de La separación).
¿Tiene sentido, entonces, seguir con interés esta disputa para saber qué y quiénes son considerados los mejores de cada año por la industria de Hollywood? ¿Es una oportunidad de ver lo que baja de allí en términos de cine? ¿Un divertimento? ¿Una tradición estimulada por la publicidad?
Consultamos al respecto no a realizadores, actores o productores (para quienes el Oscar casi siempre es visto como una llave que abre la puerta a invitaciones y propuestas de trabajo) sino a críticos de cine en actividad, de Buenos Aires, Rosario, Córdoba y Mar del Plata. ¿Qué importancia creen ellos que tienen actualmente los premios Oscar? ¿Ver las películas nominadas y la ceremonia de premiación es algo placentero y provechoso, una tediosa obligación o una pérdida de tiempo? A continuación, las respuestas.

HORACIO BERNADES
Página/12
En lo personal, los Oscar me resultan indiferentes. Pero un crítico de cine no puede estar al margen de ellos, aunque lo único que representan es lo que el establishment hollywoodense opina sobre la producción anual. Hay años en que las películas que compiten me parecen horribles y/o indignantes, y desde hace rato que veo la entrega sólo por razones profesionales. Sin embargo, debo decir que este año la entrega se presenta mucho menos deshonrosa de lo que suele ser: prácticamente no está la típica película mainstream y sí hay películas valiosas, como la última de Scorsese o American Hustle. ¡Hasta Spike Jonze se logró colar!

DIEGO BATLLE
La Nación, Otros Cines
Además de crítico, soy periodista y, por lo tanto, informo y opino sobre todo lo que respecta al cine, sea en aspectos ligados a lo más artístico o a lo industrial. Veo las películas nominadas, las comento, veo la ceremonia del Oscar. No tengo ningún tipo de desprecio o prejuicio respecto de esos premios. Tampoco me obsesionan. Lo tomo como un aspecto más de la cobertura anual del cine, como también lo son BAFICI, Cannes o la taquilla del negocio. Obviamente, tengo mis preferencias (me interesa más, por decir algo, ver la nueva película de Apichatpong Weerasethakul que 12 años de esclavitud), pero a esta altura de mi vida ya no dilapido energías en cuestionar cosas como el Oscar. Prefiero ponerlas en otras cosas más creativas.

DIEGO LERER
Micropsia
Los Oscar tienen una importancia comercial, más que nada. Y por más que uno pueda discutirlos, es innegable que tienen un peso histórico (tipo curriculum) para todos los ganadores y los nominados. Veo todas las nominadas que puedo y la ceremonia también. No sé bien para qué, pero lo hago desde que tengo uso de memoria y me divierte. Suelo hacerlo por trabajo, básicamente.

ROGER KOZA
La voz del interior, Con los ojos abiertos
La importancia es estrictamente comercial; se trata de la apoteosis de la cultura del espectáculo. Sinceramente, no entiendo el placer y la preocupación de seguir los pormenores de esa fiesta obscena donde una runfla de multimillonarios se autocelebra como si los premios obtenidos reflejara algún fenómeno tan relevante como un cataclismo cósmico. Eventualmente, si alguna película interesante gana algo puede conseguir distribución, pero, a juzgar por el caso de Nebraska, no es una regla infalible. En la medida que puedo veo todas las películas, no porque estén nominadas sino porque intento cubrir y entender qué cine se ve y se legitima, y esas películas suelen ser materia excluyente en la cartelera argentina. Por otra parte, no todo el cine mainstream es penoso y homogéneo; siempre hay excepciones. Desde que trabajo como programador de Ficunam no puedo ver la Noche del Oscar porque coincide con las fechas del festival. El Dios del cine retratado por Sion Sono en Why Don’t We Play in Hell? ha obrado en mi favor.

LEONARDO D’ESPOSITO
Revista Noticias, El Amante
Los Oscar son importantes como medida de lo que Hollywood cree de sí mismo (no de lo que Hollywood es, necesariamente). Sirve como parámetro para saber qué piensan los académicos no de lo que es el cine sino de lo que ellos desearían que fuera. Si querés, un parámetro más sociológico o político que estético. Veo todas las películas nominadas por razones de diferente tipo. Veo casi todo lo que se estrena por trabajo (escribo semanalmente en Noticias, mensualmente en Brando y El Amante, más en BAE). También veo todo lo que puedo porque soy cinéfilo de verdad. Veo todo Hollywood porque el cine, realmente, fue inventado por Hollywood (y en todo el mundo se hace cine para parecerse o diferenciarse de Hollywood, que sigue siendo el modelo, y habría que discutir cuan estadounidense es Hollywood: el Oscar, en todo caso, representa las películas que Hollywood cree más estadounidenses en el sentido político del término, no así social o espiritual). Y en ese sentido, hasta la peor película de los Oscar me provee una idea para pensar el cine. Que es casi lo único que me sale hacer.

DIEGO TREROTOLA
El Amante, Invencible Vulnavia
La importancia está relacionada con que muchas veces los Oscars permiten ver con más claridad que las películas mismas los caprichos, las glorias, las miserias, la desesperación, las virtudes, la demencia, la sofisticación, el cualquierismo, la pose, la comedia, la sexualidad, la corrección política, el tedio y otras complejidades que orbitan y constituyen al cine industrial (nunca, nunca hay que olvidar que es un premio de la industria). Nominaciones, premios, ceremonia, ausencias, olvidos son parte de un entramado que tiene muchas dimensiones y a veces da para una telenovela muy sofisticada del pensamiento sobre un tipo de cine.  Ver todas las películas de cualquier cosa ya es una ilusión que desapareció de mi vocabulario y mi glotonería cinéfila y cinéfaga. Voy viendo cine de acuerdo a un instinto que se mezcla con mi vida y no con agendas predeterminadas (siempre y cuando mi trabajo me lo permita y no tenga obligaciones de ver las películas para escribir sobre ellas, claro). La entrega trato de verla siempre, y si es en grupo y apostando por ganadores (habiendo visto las películas mejor), tiene otra tensión. Toda experiencia cinematográfica que provoque una comunidad ruidosa en actividad tiene provecho.

DIEGO MATÉ
Cinemarama, Haciendo Cine
La entrega me parece importante como evento que marca un poco la agenda del cine y el periodismo en todo el mundo. No creo que los premios representen nada en términos de calidad estética, pero sí creo que son un hecho periodístico y social importante (en una época donde la gente va poco al cine y se interesa poco por el debate, que todos estén pendientes de los Oscar no me parece menor). No soy de mirar las entregas porque me aburren. Veo las películas nominadas porque son relevantes para la discusión sobre cine, para estar al tanto de qué clase de películas (y qué valores, y qué estéticas) circulan a escala mundial en el cine popular. Y si bien hay premios y nominaciones que parecen injustos, muchas veces resultan más que merecidos, como viene pasando con el reconocimiento a los últimos trabajos de Kathryn Bigelow, muchas veces incomprendidos por la crítica argentina.

MARCOS VIEYTES
Hacerse la crítica, El Amante
No veo todas las películas nominadas, o al menos no las veo porque estén nominadas, y no debo haber visto más de cinco premiaciones en los últimos veinte años. No miré la mayoría de las premiaciones porque no me interesaban las películas y los actores involucrados. Si no es importante para mí difícilmente sepa contestar si los Oscar son objetivamente importantes, más allá de las evidencias más o menos obvias al respecto.

MARCELA GAMBERINI
Con los ojos abiertos, El Amante
Los Oscars tiene una importancia para la industria y seguramente para el mercado de las peliculas. Y también para el publico común: aunque no parezca, sigue siendo entre los espectadores de los jueves una referencia. Trato de ver la peliculas nominadas. Es como tener un mapeo del cine americano actual. Veo la ceremonia a veces, no es algo que me quite el sueño.

ANDRÉS FEVRIER
Cinematófilos
Para mí tienen una importancia relativa. El premio ya no da prestigio (en unos años nadie recordará películas como Vidas cruzadas, El discurso del Rey o El artista) pero debe tener alguna influencia en la taquilla. Trato de ver las películas nominadas, pero no todas: mi olfato cinéfilo, que no deja de ser un poco prejuicioso, me dice que algunas no valen la pena. A veces pongo la ceremonia de entrega, pero sin demasiado interés. Con excepción de alguna película en particular, la cartelera de los jueves ya no marca la agenda; tenemos la historia del cine a un par de clicks de distancia y cada uno puede saciar su apetito cinéfilo a gusto. Quizá lo más interesante de los Oscar sea que durante unas semanas, desde mediados de enero hasta marzo, unifica un poco el debate crítico.

MEX FALIERO
Fancinema
Cinematográficamente está visto que ya no tiene ninguna importancia, si es que alguna vez la tuvo. De todos modos el público parece interesado y algunas películas consiguen más público gracias a las nominaciones. Veo tanto las películas nominadas como la ceremonia de premiación. En primera instancia tiene una importancia periodística, es noticia, y debo estar informado y al tanto. En segunda instancia, tiene un placer deportivo, de tratar de acertar para descubrir cuál es el mapa de la industria de Hollywood en determinado momento histórico.

MATÍAS ORTA
A sala llena
Pasan las décadas, y los premios Oscar nunca pierden vigencia, lo que me parece genial. En las salas de cine o donde sea, la gente no deja de ver películas. Y de por sí, las premiaciones, en toda área, siempre generan expectativa. Así que hay un público que siempre estará allí. En cuanto a las nominadas, recibir premios sigue siendo un logro muy importante, que suma al prestigio. Por supuesto, la mirada de cada uno es subjetiva y no siempre podemos hablar de justicia a la hora de repartir los premios, ya que muchas genialidades se quedan con las manos vacías. Pero, en definitiva, los Oscar todavía generan expectativa. Siempre veo las nominadas (o la mayoría), para poder opinar con propiedad cuando llega la ceremonia. Uno no deja de hacerlo como fanático del cine y porque, más allá de los resultados, y aunque suele tener pasajes densos, la ceremonia conserva su atractivo. En los últimos años contrataron presentadores y shows para darle más punch, así que sigue siendo un evento digno de ver.

MARTÍN IPARRAGUIRRE
La mirada encendida, Hoy Día
La importancia de los Oscar es meramente comercial: como se sabe, es una ceremonia que funciona como un mecanismo de autocelebración y autolegitimación de la gran industria norteamericana, que año a año propone un canon estético y político que pretende erigirse como medida mundial del cine contemporáneo, aunque no sabemos hasta qué punto lo logra. Sospecho que su influencia viene menguando en los últimos años. No veo todas las películas nominadas aunque sí la mayoría, y en cuanto a la ceremonia hace tiempo que no la sigo: cuando la he visto ha sido porque tenía que escribir sobre ella para el diario donde trabajo.

JUAN PABLO RUSSO
Escribiendo Cine
La importancia es puramente económica, todos sabemos que las películas ganadoras van a aumentar su recaudación después de ganar o perder el Oscar aunque esto no siempre quiere decir que sean buenas. Trato de ver todas las películas que puedo, nominadas al Oscar o no. De eso se trata mi trabajo. La ceremonia trato de verla porque también es parte de mi trabajo, pero debo admitir que antes me interesaba más. Últimamente me aburre un poco. Pero si no tengo nada que hacer y estoy en casa, la miro.

LEANDRO ARTEAGA
Rosario/12
La importancia pasa por la tradición que conlleva, por la oportunidad publicitaria que el Oscar significa para hablar de cine en los medios. En sí, no es más (ni menos) que el premio que la empresa Hollywood destina a sí misma. En ese sentido, permite entrever qué es Hollywood hoy, cuáles sus carriles ideológicos. Veo las películas nominadas pero no por el Oscar, sino por ejercicio cinematográfico. Hace bastante que dejé de estar interesado en las nominaciones, las utilizo como nota al pie, suelo enterarme de ellas con retraso. A la entrega de premios la veo, pero sin expectativa ni nada parecido. La sigo como el programa televisivo que es. El cine, lamentablemente, es acá secundario. Todo lo relacionado con la alfombra roja o similares me resulta decadente, es otra de las victorias de la televisión sobre el cine. Es cierto que Hollywood siempre fue mucho de eso, pero también lo es que alguna vez fue sinónimo de buen cine.

MARTÍN FRAIRE
Red TL
Está claro que para cualquier trabajador de medios los Oscar no pueden ser ignorados, por el interés que genera masivamente o a nivel personal. Llegado el momento y casi como un capricho, todos hablan sobre la estatuilla. Del mismo modo, puede servir como excusa para desentrañar la cara oculta detrás del comúnmente llamado cine mainstream y establecer la diferencia con aquel que sí genera otro tipo de atención (temática, estética y hasta política). Los premios de la Academia de Hollywood se sitúan como una catapulta: qué debemos tener en cuenta a la hora de ver una película. Estará en cada uno encontrar –o no– la discrepancia entre objeto artístico y excusa comercial.

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4 pensamientos en “Premios Oscar: ¿mucho, poquito o nada?

  1. Me permito disentir con algo de lo que se dice aquí. Por ejemplo, la importancia económica de los premios: es realmente relativa. Como prueba, basta ver cuánto recaudó antes y después del Oscar Vidas al límite, de Kathryn Bigelow, producción ultraindependiente. O Crash, de Paul Haggis. En términos generales, en los casos más radicales, los premios proveen visibilidad a la hora de negociar derechos para televisión o streaming digital. Pero el éxito comercial posterior a los premios solo aparece en algunos mercados donde el film se estrena a posteriori (y que no mueven en absoluto la balanza de las productoras; en todo caso proveen una ganancia extra) y en menor medida en el costo del segundo publicitario cuando éste se estrena en televisión de aire. De allí que las majors hagan lo posible para que se estrenen antes de los premios en la mayor cantidad de mercados: la temporada de premios sirve como amplificador publicitario. Pero ni siquiera así funciona del todo: la favorita Escándalo Americano en la Argentina (el segundo o tercer mercado de América Latina) no llegó más arriba del tercer puesto en las recaudaciones desde su estreno (al momento de escribir este comentario se ubica sexto, según los datos de la consultora Ultracine, que se pueden además corroborar en Box Office Mojo). De hecho está funcionando mucho mejor El lobo de Wall Street, proporcionalmente hablando (tiene menos pasadas y menos salas).
    Tampoco es cierto que Hollywood erija con el Oscar un parámetro estético y político mundial, ni que lo pretenda. Todo el Oscar está diseñado para el mercado interno en primera instancia, y solo en segunda -incluso si desde hace una década la proporción ha cambiado sustancialmente en cuanto a las ganancias que provee- al mercado al que se exporta. Como diría Baudrillard, se “americaniza el mundo sin mundializar los EE.UU,”. Ahora bien, quienes conozcan el circuito de festivales, verán que en realidad es mucho más influyente en cuanto a parámetros estéticos y políticos Cannes -y su mercado- que Hollywood. Lo que a Hollywood le importa no es distribuir ideología (el lavado de cerebros es un mito de la Guerra Fría y del muro quedó un pedacito en la editorial Perfil nomás). Creo que Lerer y Batlle, grandes asistentes a la Costa Azul y que conocen bien el paño, podrían corroborarlo. A Hollywood le interesa exportar y monopolizar la exhibición justamente con las películas que nunca forman parte del Oscar y que, paradójicamente, en muchas ocasiones son mejores que lo que nos propone “la Academia”, como que es evidente por sí mismo que es mejor Los Muppets que 12 años de esclavitud. Por un lado eso. Por otro, no hay que dejar de ver que el Oscar se vota desagregado: los actores, por ejemplo, que son la rama de actividad con más votantes (el 19% del total de la Academia) votan lo que consideran mejores actuaciones sin tener necesariamente en cuenta si esa actuación cuaja o no con el film (lo que explica que todos los años tengamos una Meryl, “que siempre actúa bien”, esperando algo, cuando el mayor problema de Meryl es que siempre notamos que actúa, justamente). Lo mismo pasa con los directores (este año va a ganar Cuarón, pero no porque su film es muy bueno o una obra de arte, sino por la hazaña técnico-deportiva que implica Gravedad) o con los guionistas, que por norma votan buenos diálogos en lugar de buenos andamios para desarrollar una ficción. No es una protesta contra los Oscar, de paso, sino la justificación de por qué sirve como parámetro y tiene su interés; por otro lado, creo que ciertos discursos perezosos o ideologistas no nos permiten ver el asunto bajo una luz un poco más interesante. Saludos.

  2. Leonardo:
    Gracias de nuevo por participar y aportar nuevos elementos a la discusión.
    Creo que el éxito comercial de una nominada o ganadora del Oscar depende, seguramente, de cada caso. Si hablamos de películas ganadoras a mejor film en idioma extranjero, sin dudas influye para que consiga ser exhibida en muchos países. Si se trata de una película en blanco y negro sobre un personaje o un tema algo áridos, probablemente no. Pero no olvidemos que las películas que ganan el premio suelen ser reestrenadas en los cines y buscadas por la gente. De todas maneras, el premio sirve más “a posteriori”: quien gane el Oscar tendrá una suerte de aval para conseguir mejores oportunidades o pedir más dinero por sus trabajos, al menos por un tiempo (bastan los ejemplos de Puenzo, Bortnik, Aleandro, Campanella, Darín o Francella, entre nosotros).
    Es cierto que Hollywood no se preocupa en distribuir ideología, pero lo hace sin quererlo, y aunque Cannes tenga también su influencia, siempre serán más publicitadas y vistas las películas del Oscar (con sus visiones sobre la política, los derechos humanos, la mujer, el heroísmo, Medio Oriente, Latinoamérica, etc.). Lo de recordar que el Oscar se vota “desagregado” (directores a directores, actores a actores, etc.) es una buena observación.
    Personalmente, lo que más me preocupa o me indigna es que se lo siga considerando el máximo galardón al que puede aspirar alguien ligado al cine, como la señal máxima de prestigio. Y que se siga celebrando con excitación, sin cuestionarle nada.

  3. Pingback: Premios Oscar 2015: 1. ¡Detengan la premiación, me quiero bajar! | El Zapato de Herzog

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