Matías Rojo: “‘Algunos días sin música’ es una comedia melancólica, un drama contento”

Una de las sorpresas de la última edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata fue Algunos días sin música (2013), film sin grandes ambiciones ni ánimo rupturista pero luminoso y encantador, pleno de momentos tiernos y graciosos. Filmado en Mendoza por el debutante Matías Rojo (1980), sigue las aventuras de tres chicos que se hacen amigos después de ver, asustados, cómo su deseo de que la maestra muera se cumple. Ante el estreno comercial de la película, rescatamos la charla que mantuvimos con su guionista y director tras la presentación de la misma en el festival el año pasado.
– Encuentro puntos de contacto entre tu película y Cuenta conmigo (1986, Rob Reiner) ¿cuál ha sido tu experiencia con esta película?
– No me acuerdo con exactitud cuándo la vi por primera vez. Casi seguro que fue en VHS, no debo haber tenido más de diez años. Me dejó el recuerdo de la sensación de autonomía de chicos andando por ahí. Me encantaría que ese espíritu sea el que vos percibís: una sensación de melancolía y libertad. En gran medida es una coming of age ochentosa. Son las películas con las que crecí. También hay otras referencias dando vueltas, como Kes, de Ken Loach, La piel dura, de Truffaut, y Nadie sabe, de Koreeda.
– Es interesante cómo, con permanentes tomas subjetivas, se respeta el punto de vista de los chicos, que miran desde atrás de una puerta o debajo de la mesa.
– Sí, era el punto nuclear a la hora de armar la puesta en escena. Modificamos algunas escenas del guión incluso, procurando seguir siempre el punto de vista de los chicos.
– No es sórdida, además. Por ejemplo: la escena en la que golpean al padre elegiste mostrarla con cierta distancia.
– No sólo para evitar lo sórdido sino también el melancolismo. En esa parte ya sabemos que el pibe hace karate para defender al padre, entonces ¿para qué mostrar cierta violencia, si lo que a mí me importa ya está armado? El pibe ve que el padre la pasa mal y en algun lugar a él eso lo mueve, nada más. No hay necesidad de manipular o mostrar otras cosas. De todas maneras, era difícil pensar en cómo representar la infancia en determinados sectores. Intenté esquivar una estética celebratoria de la pobreza y otra miserabilista, que cristaliza la miseria para la circulación en ciertos círculos internacionales. Construimos un punto de vista de los personajes por el cual ven cosas incompletas, fragmentadas, no del todo descriptas, tomando como parámetro que los chicos estaban descubriendo lo que les pasaba a sus padres. Durante mucho tiempo trabajé en barrios suburbanos, charlando con chicos que tenían historias fuertes y complejas. Notaba que la mirada de ellos no estaba centrada en lo sórdido, sino que lo oscuro o lo doloroso a veces aparecía diluido entre detalles risueños y sensibles.
– ¿Cómo trabajaste con la luz para lograr esa atmósfera diáfana, en la que cobran relevancia colores y texturas?
– Quisimos escaparle a la imagen ultra definida del video digital, yendo hacia algo más texturado. En ese recorrido descubrí los grandes cuadros de J. M. W. Turner que hacen de la atmósfera el elemento expresivo de la obra hasta dejarla en el límite de lo abstracto y lo figurativo, sin llegar a ese nivel de abstracción pero jugando con el polvo y el humo. Máximo Becchi, el DF, indagó mucho sobre las condiciones de la luz natural en las locaciones. Mucho de esa búsqueda fue posible porque las condiciones fotográficas de Mendoza son geniales. De todas formas, yo quería correrme de la idea de que en Mendoza sólo se filman viñas. Me parece interesante que estén si hay una historia que se construye detrás, no sólo porque se vea bonito. También, en la búsqueda de un naturalismo casi documental el camarógrafo Mariano Donoso fue una pieza clave. Como anécdota nos queda la imagen del utilero (el gran Orestes Sacchi) con una escoba cerca de la cámara, levantando polvo.
– Están muy definidos los personajes que encarnan la autoridad: la dueña de la casa, la policía, la directora de la escuela.
– Sí, son un poco anarquistas estos chicos. Y los adultos tienen esa responsabilidad simbólica. Son las instituciones que están al acecho del niño, digamos.
– Aunque no están mostrados como fuertemente negativos los padres, ni siquiera la maestra de música o su pariente.
– Hay una distancia, de incomprensión, de roles diferenciados. Están en un nivel distinto. Hasta que, a veces, los padres parecen más niños que los niños y esa distancia se va corriendo. En el planteo sí están invertidos los roles, pero al intentar no caricaturizarlos, no sentenciar, empiezan esas líneas más difusas. Además, cuando empecé a trabajar con los actores, los chicos junto a los adultos, empezaron a aparecer puntos de contacto, miradas y debilidades.
– Me llamó la atención que ninguno de ellos tuviera hermanos.
– Son chicos solos, por eso la idea de que se juntan y arman familia.
– ¿Cómo fue el trabajo con los chicos? Se los ve muy espontáneos y graciosos, sobre todo a Emilio Lacerna (Email) y Tomás Exequiel Araya (Guzmán).
– Los tres llegaron por caminos separados y casi sin experiencia en la actuación. Durante meses nos juntamos una vez por semana a charlar de la película, a hacer algunos juegos de actuación y a construir confianza. Yo no les impuse los personajes, los fui acercando a lo que son ellos, construyendo los diálogos a partir de lo que los chicos podían dar. Aunque hubo resistencia en algunas escenas, como la del beso de la chica a Email. Creo que a Sebastián (Jerónimo Escoriaza) le costó más encontrar a su personaje, estaba lejos de él. De todas maneras, era también el más rígido de los tres personajes.
– Toda la película mantiene un medio tono: no hay gritos ni escenas demasiado fuertes o música altisonante.
– Yo la defino como comedia melancólica o drama contento. Todos me dicen comedia dramática, pero con esas palabras yo intento definir el tono más que el género. Me importaban las reacciones mínimas ante situaciones complejas.

Por Fernando Varea
Entrevista realizada con el aporte de Fernando Herrera

Trailer de Algunos días sin música aquí

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