Rosendo Ruiz: “Lo más importante son las personas y los vínculos que tenemos”

Entre la variedad de propuestas que deparó la última edición del BAFICI, asomó, dentro de la Competencia Argentina, la nueva película de Rosendo Ruiz (1967, San Juan), el realizador de De caravana (2010)  y Tres D (2014). Sencilla, cálida, sin estridencias, Todo el tiempo del mundo sigue a tres compañeros de un colegio secundario que deciden escapar a las sierras cordobesas para sentirse independientes y afianzar sus lazos de amistad. Después de la presentación del film en el festival hablamos con Ruiz, quien, llano y comunicativo, compartió anécdotas e inquietudes que permiten conocer cómo fue el trabajo (que contó con el apoyo de un colegio cordobés) y la relación con sus películas anteriores. Sumamos comentarios que también nos aportaron sus jóvenes protagonistas, el jefe de producción y el director de fotografía.
– Como en tus otras películas, en Todo el tiempo del mundo Córdoba aparece tal cual es, con sus artesanías, sus paseos por ríos y sierras, la tonada de su gente.
– Yo les decía a los chicos en el taller de cine del cual nació la peli que esencialmente el cine es espacio. Uno puede hacer una película solamente con espacios, como El predio (2010, Jonathan Perel), pero no sólo con actores, ya que sería una especie de teatro filmado. Además, me parece importante que quede claro en qué espacio sucede. Hay películas que parecen filmadas en cualquier parte, cuyo mérito estará en otra cosa, como Mi noche con Maud (1969, Eric Rohmer), que está filmada toda dentro de una habitación y es excepcional. Pero por lo menos había una habitación, un espacio. Nosotros queríamos darle a las sierras cordobesas y a esa casa tan hermosa que habíamos encontrado la participación que se merecían. Giardino, Cosquín, son nuestras tanto como la ciudad de Córdoba. Las sentimos propias a las sierras.
– Pero podría haber ocurrido que después del éxito de De caravana y de dos películas en Córdoba, la tercera fuera en Buenos Aires, con otra estética u otras ambiciones.
– Es que mientras haya posibilidades de producción en Córdoba no pienso moverme de ahí. Filmaría algún día afuera, pero hay tantas historias para contar en Córdoba… Ya tengo este año y el que viene tapado de filmaciones allí. Está bueno filmar y a la noche irme a mi casa, estar cerca de mi familia y mis amigos.
– También vuelve a haber aquí personajes envueltos en una aventura, atravesando ciertas peripecias, enredos o peligros.
– Es que me gusta el cine que propone ese tipo de giros. Acá es la comunidad, en 3D el eclipse solar que está por suceder, en De caravana la muestra de fotos, el robo de la cámara, etc. Pero al cabo esa muestra de fotos no importa, como acá tampoco importa la comunidad sino lo que les pasa a los chicos en ese camino.
Todo el tiempo del mundo responde al modelo del cine clásico pero con ciertas particularidades: elipisis importantes, momentos que no se muestran, cosas de los personajes que no sabemos.
– La idea era armar una estructura de cine clásico, con presentación del conflicto, desarrollo y climax, pero con momentos de cine moderno, de contemplación, con cosas que se insinúan y no se resuelven. Como en la vida, en la que no vamos solucionando todo lo que nos pasa.
– Entre las cosas que no se muestran está la noche que salen a bailar. Pensaba que tal vez exponer eso quebraba el tono de la película, que parece revalorizar hábitos de otras épocas, como  jugar a las cartas o no estar pendiente del televisor, o la manera de procurarse comida y cocinar.
– La escena del boliche estuvo a punto de hacerse pero decidimos no hacerla justamente por eso. La película gira en torno a ellos y dos o tres personajes más, alejándolos de la sociedad, el cable, los celulares, el facebook, conectándolos con las cartas, la guitarra, estar debajo de un árbol… Queríamos mantenerlos a ellos tres, la casa y la naturaleza, básicamente.
– Hay algo interesante también en tus películas respecto a los roles femenino y masculino. Las mujeres son bastante decididas y tratan de igual a igual a los hombres.
– Me gusta darle a las mujeres el valor y el espacio, como tiene que ser. En De caravana había un travesti y su travestismo nunca fue tema en la película. No se pone en discusión su sexualidad. Es un personaje más que transita, delinque, hace lo que hace, y no se pone en tela de juicio lo que hace. En 3D la chica es medio andrógina, no es una mujer sexuada. Y en ésta surgió ya desde el guión un personaje con esa ambigüedad de chico-chica, sin que fuera un problema en la película.
– ¿Hubo intención de mostrar algún grado de irresponsabilidad en estos tres amigos, que, por ejemplo, no pudieron ayudar a la mujer que cae de la escalera?
– No es que no se preocupen por eso, sino que es lo que les produce el click familiar. Esta mujer representa para ellos un poco lo familiar.
– Como también, de alguna manera, el hombre que se ofrece a llevarlos a Córdoba. Termina cumpliendo un rol paternal.
– Claro. Los chicos quieren alejarse un poco de este mundo tan acelerado, pero cuando se les mueve la estructurita, ahí nomás empiezan a extrañar a su familia y se quieren volver.
– En todas tus películas aparecen gestos de solidaridad. Son incluso benignas con los personajes y con el espectador, que no termina angustiado o confundido.
– Cuando hice De caravana me preguntaron cuál me gustaría que fuera el común denominador en mis películas, cuando tuviera varias. Y yo decía: los personajes queribles y entrañables, rescatar los seres humanos. Por eso me dicen que el mío es un cine humanista. Creo que, en definitiva, lo más valioso de la vida son las personas y los vínculos que tenemos.
– El final parece decir: nada fue demasiado conflictivo, hay que seguir integrándose y jugando.
– Claro, ahora que lo pienso un poco más es así. Son chicos de clase media o media alta que no están peleados con sus vidas, están bien y se van por ideales. Insinuamos un bullying al principio pero tampoco es para decir que ese personaje quiere abandonar todo. Yo me conecté con mi adolescente y recuerdo que, siendo más chicos que ellos, en San Juan teníamos la fantasía de la fuga, de armar una carpita por la noche. Y lo hicimos. Pero a medianoche nos asustamos y salimos corriendo. A mí me pareció que habíamos ido lejísimo y estábamos a veinte cuadras.
– ¿Cómo ves hoy todo lo que pasó con De caravana?
– Hace poco tuve que presentar dos veces la película, en San Francisco y en un ciclo de cine y psicoanálisis, y comprobé que hay películas que nacen con estrella. La ve cada vez más gente, no como a 3D, que la conocen pero no la vio nadie. Son esos goles que a uno le salen de vez en cuando. Hubo una apropiación del público cordobés notable, ya quedó en la cultura de Córdoba. Haciendo un balance diría que para hacerla trabajamos de más, ahora voy más al grano. Para Todo el tiempo del mundo, desde que nos pusimos a trabajar el guión hasta que estuvo lista, pasaron sólo nueve meses. Para De caravana fueron cuatro años. Era otro modelo de producción, algo más ambicioso. El año que viene comenzaremos a filmar Casa propia, que también es un peso pesado.
– Una pregunta que muchos nos hacemos es ¿cómo hacen en Córdoba para lograr toda esta movida cinéfila (películas, participación en festivales, cineclubes, revistas y libros de cine, críticos influyentes, etc.)?
– Creo que una de las razones es el trabajo en conjunto. Vencimos los egos y trabajamos mucho para imponer el mote de cine cordobés. Los cineclubes son un trabajo en conjunto, en la revista Cinéfilo son nueve que escriben críticas allí. Y tenemos a Roger Koza, que tiene una proyección internacional y un pensamiento muy copado, es muy profundo. Se dieron varios condimentos para que sucediera. Desde un punto de vista oficial, hubo un apoyo para créditos para las películas que ya tenían calificación del INCAA, pero nada más. Presentamos además a la Legislatura una Ley de Cine para tener un marco legal. Es un caso muy distinto al de San Luis, donde hubo un apoyo gubernamental pero no una estructura de gente que estudiara o supiera. Obviamente hay dimes y diretes, y rivalidades, pero tenemos una asociación en la que participamos todos tratando de buscar el bien común. La movida ya no se va a detener.
MICAELA DALESSON (actriz): Mi personaje no les tiene miedo a los varones, no se siente distinta. Yo soy un poco así, de tratar a todos por igual, más allá de que algunos merecen mayor respeto porque hicieron más cosas que vos. La escena en la que yo le bajo los humos a mi amigo yo misma la puse. Es cierto que mi personaje podría sospechar que Vale (Paula Ledesma) es una chica, pero las mujeres por ahí nos damos cuenta de algunas cosas y nos callamos.
JUAN IGNACIO CROCE (actor): Las ideas de las que se habla al comienzo de la película, por las cuales mi personaje tuvo problemas en la escuela, es un condimento o una sutileza pero no algo trascendental. El rodaje fue hermoso. Más íntimo que una experiencia anterior que yo tuve, y así se aprende más. Yo podía encarar al director de fotografía para preguntarle por qué había encuadrado de determinada manera, por ejemplo. Además fue una oportunidad increíble porque yo también soy músico y con Alejo Navarro e Ignacio Pereyra hicimos la música de la película, con el tema final interpretado por Octavio Vidal.
PAULA LEDESMA (actriz): Mi personaje surgió de una charla que dio un chico en nuestro colegio, que nació con cuerpo de mujer pero quiere ser un hombre. Eso lo incorporamos a mi personaje como algo natural. Pero no queríamos que se centrara en esto, sino en cómo se integraba al grupo. Mis amigos lo tomaron como un personaje, aunque en mi vida cotidiana tiendo a ser como Vale aunque sin querer ser un hombre.
PABLO GONZÁLEZ GALETTO (director de fotografía): Una de las cosas que tuve en cuenta fue potenciar la imagen de la casa como personaje. El tratamiento de la luz fue muy naturalista. Fue un rodaje de poca gente y pocos días y, por lo tanto, de pocas luces. Aún en escenas como en la aparición del animal, o cuando juegan con las linternas, no hubo mucha manipulación: es un poco la filosofía de la película.
GUSTAVO OVIEDO (jefe de producción): La idea fue muy loca. El representante local de la escuela (Dante Alighieri) me convocó después de ver por TV una entrevista a Rosendo para que hiciera un taller. Ya habíamos organizado un cine debate con De caravana. Lo volvimos a contactar, cuadró el proyecto y yo, al ser profesor de Ciencias Económicas, fui aprendiendo a trabajar en la producción. Nuestra idea es acompañar la película en la parte pedagógica, de hecho va a ser declarada de interés educativo provincial. Interesó mucho respecto a la nueva ley de educación sexual integral. En los alumnos que participaron de la película hubo un antes y un después, incluso los más introvertidos y tranquilos son los que más sumaron. Trabajamos siempre a contraturno, y nosotros no intervenimos. Sólo acompañamos.

Por Fernando G. Varea

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