Javier Olivera: “Soy hijo de la industria pero elijo hacer mi propio camino”

javierEntre los varios documentales sobre personalidades del cine que prodigó la última edición del BAFICI hubo una sorpresa: La sombra (2015), con el que Javier Olivera (1969, Buenos Aires) reconstruye fragmentos de su infancia a la sombra de su padre Héctor (creador junto a Fernando Ayala de la productora Aries y director de Psexoanálisis, La Patagonia rebelde, Los viernes de la eternidad, No habrá más penas ni olvido, La noche de los lápices, El mural y otras). Lejos de sus primeros pasos como realizador con las ficciones El visitante (1999) y El camino (2000), aquí se arriesga con una búsqueda más personal, procurando dar forma a sus evocaciones y sentimientos en torno a la bella casona que habitó con su familia, recientemente demolida.
Después de rever la película en junio, en el cine El Cairo y en el marco de la 2da. Muestra de Documental de Creación -motorizada por Juan Aguzzi, Gustavo Galuppo y Pablo Romano, con el apoyo del Sindicato de Prensa de Rosario-, tuvimos oportunidad de hablar con el director, planteándole nuestras impresiones e incluso algunas dudas despertadas por su trabajo. Durante la charla, además de mostrarse sumamente dispuesto a escuchar y reflexionar sobre su obra, Javier Olivera reveló el valor que tuvo para él la realización de La sombra (que tiene previsto su estreno oficial en el MALBA en septiembre) y su interés en conocer la opinión de los demás.
– En La sombra percibí una especie de puja respecto a la figura de tu padre, sobre todo por la voz en off, con la que vas dando algunas opiniones un poco cerradas. Como si por encima de tu mirada, tu melancolía y tus dudas, flotara la intención de trazar una mirada positiva sobre él.
– A ver (piensa)…Me parece que toda película es un recorte. Y la figura de mi viejo, su lugar, Aries, su intervención en el cine argentino y demás, eran temas para hacer otra película…Y sí, por supuesto que hay contradicciones y algunas las planteo. Por ejemplo, cuando digo que a la vez que hacía La Patagonia rebelde, que es un canto a los inicios del sindicalismo argentino, se estaba haciendo esta casa de burgués. Hacía esas fiestas exuberantes y era amigo de Tito Cossa y Osvaldo Bayer. Esas contradicciones están, aunque no haya otras. Temía que eso, que era tan potente, hiciera sombra a un asunto que me interesaba más tratar, que era la dificultad de crecer bajo la sombra de ese padre.
– Pareciera que el tipo de cine que hacía él invadiera, de alguna manera, tu mirada o tu propia manera de abordar la vida de una persona en el cine.
– Es posible, es una opinión. La película en un principio no tenía mi voz ni texto. En este sentido ganaba en esto que vos decís, de extremarme en un cine más sensorial y climático. Pero también la limitaba, le quitaba lo contextual. Si bien entiendo tu planteo y comulgo con eso, porque me pasé años defendiendo esa manera más radical, creo que con la voz ganó en contexto. Esa información ajusta el discurso y le da universalidad.
– El problema tal vez no sea el recurso de la voz en off sino algunas cosas que decís. Por ejemplo: al señalar que tu padre se involucró en la serie “del amor” por ver a las mucamas escuchar esos discos, la producción de esas películas pueriles hechas en una época en la que había intérpretes populares prohibidos queda como un gesto benigno.
– Al plantearlo lo pongo en cuestión, porque sino no lo hubiese puesto. Además, hay una cuestión histórica: los primeros años de Aries, de 1956 a 1966, Fernando Ayala y él se dedicaron a hacer el cine que querían hacer, se fundieron y estuvieron al borde de la quiebra. Les pasó lo mismo que a varios: encontrar una fórmula de producción que sostuviera la posibilidad de hacer otro tipo de cine. Con eso no veo problemas. Mi padre nunca se planteó hacer un cine más extremo, de una búsqueda artística y personal, no era Bresson digamos. Por eso yo lo nombro más como un empresario que como un cineasta. ¿Está bien, está mal, es criticable? Es la complejidad de quienes somos. A mí me interesó hacer foco en las contradicciones que viví: el teta y culo de Olmedo y Porcel que pagaba una casa con un refinamiento y pretensiones de otro tipo de persona. No pensarías que ese señor producía esas películas. De hecho él tampoco las producía directamente, sino su socio (Luis Alberto) Repetto, aunque él se beneficiaba para construir su casa y hacer otro tipo de cine.
– ¿Tuviste la intención de trazar una analogía entre la construcción y demolición de esa casa con una época de esplendor del cine industrial y la actual?
– No me lo planteé así, pero es muy bienvenida la lectura. Alguien más también lo comentó en alguna crítica. Es válido. Es una época que ya no existe. Yo, que empecé a trabajar como meritorio, pizarrero, etc. pude participar del último coletazo de esa industria, donde se terminaba una película un viernes y el lunes se empezaba la siguiente. Tuvo un gran valor en tanto le dio trabajo a técnicos y actores, y surgieron directores. También es cierto que dentro de ese espacio era difícil generar otro tipo de mirada sobre el cine. Pero yo valoro mucho la industria, creo en ella. Por otra parte, era tentador meterse con mucho de eso, porque obviamente tengo acceso a mucho material y a las propias películas. Tal vez sería interesantísimo y necesario que se haga ese documental, pero no debería hacerlo yo. No tengo la suficiente distancia.
– ¿Y por qué decidiste hacer esta película de una forma más cercana al cine experimental o al ensayo, a diferencia de El visitante, por ejemplo?
El visitante fue producida por mi viejo, hecha con Aries y de modo industrial. Si yo la veo ahora noto un tironeo mío de ir hacia otro tipo de cine con la influencia de algo más industrial. Por eso me alejé del cine durante muchos años y me dediqué a hacer video arte, instalaciones y fotografías. Y el año pasado codirigí el documental Mica, mi guerra de España (codirigido por Fito Pochat) con más material de archivo. Si bien soy hijo de la industria, tuve que correrme de eso porque elijo hacer otro tipo de cine. Fue mi camino. De hecho, estoy preparando dos películas más que van en esta línea de búsqueda.
La sombra me recuerda mucho al cine de Gustavo Fontán.
– Claro, viste que Gustavo tiene su película La casa (2012)… Hemos charlado sobre nuestras respectivas películas. Yo ahora me alineo más con el cine de Cozarinsky, de Fontán, de Hernán Khourián, lo que está haciendo Perrone ahora. Me encuentro más en ese rebaño. Con Gustavo Galuppo también he desarrollado un camino que tiene que ver con el video, que me ha nutrido para hacer este cine.
– Me llamó la atención que en ningún momento salís de la casa. Sólo con los recuerdos, con las imágenes en super 8.
– Está bien la observación. Eso fue muy consciente. Era tentador pero fue una autolimitación, no me podía salir de ese espacio.
– También es interesante que ni vos ni tu padre aparecen actualmente, algo que suele ocurrir en este tipo de documentales.
– Para mí hay un problema con los documentales autorreferenciales y es una cosa muy masturbatoria (se ríe), muy egotripera. Por eso me costó tantos años meterme, y sólo lo hice con la voz.
– Hay un regodeo en el trabajo de los demoledores. Son los que tienen vida, los demás parecen fantasmas.
– Sí, absolutamente. En su crítica, Marcela Gamberini relacionó los demoledores con los trabajadores rurales de La Patagonia rebelde. Yo no lo ví a eso, aunque sí me interesó que lo más documentalero fuera el retrato de estos señores trabajando porque me interesa el trabajo como tema. Y la crudeza del presente: ellos destruyendo mi casa sin ninguna vinculación afectiva, a diferencia de lo que a mí me estaba pasando, que era tremendo y desgarrador.
– No es nada común que haya un documental –de cualquier tipo– sobre personalidades del cine argentino como tu padre. Son figuras que suelen permanecer como incógnitas.
– Para mí hay que redescubrir todas esas épocas porque, digo de nuevo: uno por ahí no comulga con el cine que se hizo pero era gente de oficio. Yo defiendo el oficio. Trabajé de pizarrero en una película de Enrique Carreras y sabía un huevo de cine, sabía mucho del oficio. No puedo estar más lejos que de su cine, pero no sabés lo que aprendí con ese tipo.

Por Fernando G. Varea

Trailer de La sombra aquí

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