Lisandro Alonso: “Lo misterioso y poderoso de hacer películas es conocer gente y lugares nuevos”

Cuando asomó La libertad (2001), muchos vieron en ese film despojado y sensitivo una clara señal de renovación ante un cine argentino demasiado desinteresado, desde hacía décadas, en probar algo distinto a repetir fórmulas demagógicas y hacer declamar frases con forma de eslogans a sus personajes. La repercusión que obtuvo ese mismo año en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes fue convirtiendo a su joven director, Lisandro Alonso (1975, Buenos Aires), en centro de atención de cinéfilos de distintas partes del mundo. Los muertos (2004), Fantasma (2006) y Liverpool (2008) fueron nuevas exploraciones de las posibilidades del cine como medio de observación, fastidiando a quienes objetan su hermetismo e interesando a los muchos que vemos esos proyectos siempre deseables, turbadores, saludablemente problemáticos. Las discusiones sobre sus ambiciones volvieron a repetirse el año pasado ante Jauja (2014), cuyo guión escribió junto al escritor Fabián Casas, y que contó con la actuación del estadounidense Viggo Mortensen (de la saga de El señor de los anillos, Una historia violenta y muchas otras) y la fotografía del finlandés Tilmo Salminen (que venía de trabajar con Aki Kaurismäki en El puerto y otros films).
Curiosamente, Alonso nunca había estado en Rosario. Gracias a una afortunada iniciativa de la gente de Conecta 0.4, presentó en cine El Cairo dos de sus películas y dialogó con el público. Sencillo, atento a los comentarios de la gente (y al cuidado de sus dos pequeños hijos), sin ínfulas de genio incomprendido, el director se mostró muy dispuesto a charlar con Espacio Cine.
– Tu obra da la sensación de una persona que hace el cine que quiere, sin miedo a realizar algo fuera de norma, a la opinión de los demás, a recuperar el dinero.
– Creo que nadie que haga cine tiene miedo. Igual, nunca tuve la preocupación ni se me pasó por la mente de hacer una inversión, que sea redituable y trabajar en pos de ese objetivo. Recién salido de la Universidad del Cine tenía muchas ganas de probar, de preguntarme qué podía hacer yo con el cine y a través del cine. Una de las cosas más importantes para mí es descubrir gente. Sin la excusa de trabajar en una película o tener un proyecto juntos, no hubiera tenido la posibilidad de conocer a personas como Misael Saavedra de La libertad o Argentino Vargas de Los muertos, que me empezaron a hacer creer que yo podía hacer películas, gracias a ellos pude hacerlas. Haciendo un ida y vuelta, teniendo en cuenta que acá en Conecta 0.4 pasan La libertad y Jauja, lo bueno es que con la primera sentí como un desparpajo y libertad misma, como indica el título, de poder hacer sin pensar en consecuencias, ya que eran otros tiempos y otro circuito, y con la última sentí lo mismo después de quince años porque volví a trabajar con elementos nuevos: actores profesionales, idiomas desconocidos, países y tiempos lejanos, un poeta… Me hacían sentir que estaba trabajando en tierra no firme. Y eso es lo que a mí me gusta: ver que la vamos sintiendo menos fangosa a medida que la transitamos.
– ¿Cómo te tomó el impacto que tuvo La libertad en su momento?
– Era una película honesta, de una intriga, unas curiosidades y unas preguntas con el cine y con la gente con la que yo quería trabajar y conocer, que se dio de una manera increíble. Pero antes estuvo en un VHS como un año y medio, hasta que vino un francés y decidió que tenía que proyectarse en el Festival de Cannes. A partir de eso mi suerte cinematográfica se transformó en la que es hoy en día, que es mucha para lo que yo había pensado que podía llegar a hacer. Me considero afortunado. Creo que estuve en el lugar adecuado en el momento justo. En base a esa cuota de fortuna y de coraje, o como quieras definirlo, y que me animé a hacer la película que yo creía que tenía que hacer, es que pude hacer más. Eso es lo único que yo les pido a las películas: que me dejen hacer una más. Si la que hago, por más que no sea un hit de público, me permite viajar por lugares nuevos y conocer nuevas personas, ya está. Y vivir de eso.lalibertad2001poster ¿Qué más puedo pedirle al cine?
– ¿Hasta qué punto pudiste mantener la libertad que tuviste para hacer tu primera película en las posteriores?
– Uno deja de ser tan ingenuo porque sabe a dónde te puede llevar una película y con qué gente te podés relacionar, para el lado que vas o para otro. Y si vos me decís cómo pasé de actores no profesionales a trabajar con Viggo Mortensen, fueron aquellas películas las que me hicieron llegar a él. Mortensen a través de Fabián Casas y de ver películas que hice se decidió a estar. Todo esto me hace sentir seguro en el camino que tomo como opción, dentro de los muchos que hay.
– Este camino te lo fuiste haciendo gracias al paso de tus películas por festivales y al apoyo de los críticos. ¿Hasta qué punto éstos no te van marcando un poco el cine que tenés que hacer?
– Es un ida y vuelta. Como vos bien decís, me lo hice gracias a los festivales y a los críticos, pero si no hubiera hecho la película no hubiera habido ni críticos ni festivales. Creo que al no tener ese apoyo que te da un éxito comercial o un público más masivo, buscás ese bastón en otros lugares como pueden ser los festivales de cine, la crítica internacional, cinematecas, ciclos. Y generalmente eso pasa mucho más fuera de Latinoamérica, por cuestiones económicas o culturales. No es que las haga pensando en que va a funcionar allá. Cuando me dicen que hago películas para festivales, recuerdo que cuando empecé a estudiar cine en el ’93 apenas estaban los Multiplex instalados en Argentina y los profesores me decían que iba a haber más salas para el cine argentino. Date cuenta cómo fue todo lo contrario. Lo que yo pensaba es hacer una película para que la viera el tipo que vive a diez cuadras de mi casa, pero ese circuito se cerró definitivamente y los únicos que te abren las puertas son los festivales y algunos lugares menos lucrativos. Si ése es mi lugar, lo tengo que agradecer. Cuando me dan un premio me da fortaleza para demostrarme que elegí un camino que otras personas consideran válido. Y si otras personas con una tradición cinematográfica que yo respeto me dan luz verde, mejor aún. Pero es un circuito que se va achicando: hay películas que triunfan en los festivales de cine más prestigiosos del mundo y terminan no pasándose en ciudades importantes como Buenos Aires, Londres, Nueva York, Madrid, Berlín. El éxito en los festivales empieza, sirve, funciona y también claudica en ese entorno.
– ¿Cómo hacés para abrirte a otro tipo de cine que se exhibe y se ve fuera de esos festivales?
– Yo disfruto todo tipo de cine, si considero que está bien hecho: de entretenimiento, de género, el musical. Tarantino es super válido lo que hace. Christopher Nolan me parece increíble, y es un tipo que te hace Batman. Cronenberg me encanta. Paul Thomas Anderson, con lo que está haciendo ahora, está entre los que más me gustan. Y son tipos con presupuestos de diez millones de dólares. Después hay otros que ya mucho no me gustan, como Peter Jackson.
– Hay dos cosas que veo en tu cine: por un lado la seducción por la naturaleza y los espacios abiertos, y por otro el hecho de emprender un camino o una búsqueda sin saber dónde y cómo terminará.
– Mi viejo es pampeano y siempre estuve muy ligado a tener una chacrita con animales. Por más que nosotros vivíamos en Once, en Capital, mi viejo nos llevaba todos los fines de semana a una quintita que tenía en el partido de La Plata. Siempre me gustaban más esos dos días que el resto de los días con el guardapolvo blanco. Ya más de grande mi viejo volvió a La Pampa a meterse en un proyecto agropecuario y lo empecé a acompañar. Me gusta salirme, no me gusta filmar en la ciudad, es más de lo mismo. Lo misterioso y lo poderoso de hacer películas es conocer lugares nuevos y gente nueva, y tratar de mezclarme con lugares que me gustaría habitar, aunque sea por un par de meses.
– Hay también como una comprensión de la soledad. Siempre son hombres solitarios.
– Me parece que en la naturaleza uno no necesita tanto de las palabras para saber qué necesita la persona. Se trabaja más con las acciones que con las palabras. Yo desconfío un poco de las palabras. Con un tipo en medio de la naturaleza puedo ver mejor qué necesita, cómo se mueve, qué objetivos tiene. La palabra va y viene, lo que quedan son las acciones. En las ciudades es más complicado adivinar eso.
Jauja es tu primera película donde cobra importancia un personaje femenino.
– Poco a poco vamos metiéndonos en el mundo femenino y la familia. Me cuesta (se ríe)… Eso de estar lejos o de perder un ser próximo, un lazo sanguíneo, algo que es irrenunciable, o aunque se pueda renunciar sigue siendo próximo. Ver cómo uno puede expresarles lo que siente. Yo me siento inhabilitado de expresar los sentimientos, me parece que el ser humano no se expresa como debiera.
– ¿Cómo vivís el hecho de que en las grandes ciudades, y en el cine mismo, se evitan el silencio, la soledad, la calma?
– Y yo para colmo vivo en Buenos Aires… Acá [en Rosario] es distinto, salir y poder ver a lo lejos un poco el río es increíble. El cine se hace mayormente pensando en gente que puede pagar la entrada y consumir más pero que no tiene la sensibilidad de quienes viven en otras partes.
– ¿Es probable que con tu cine intentes rescatar todo eso que no se encuentra fácilmente?
– Claro, lo que no veo todos los días, y de lo que quiero aprender. Pero también tiene que ver con una sensibilidad que nace de algunos espectadores, del placer estético de mirar ¿no? Yo a veces digo que vos vas a un museo, o a la casa de un amigo que tiene cuatro pinturas o posters, o un juego de cubiertos colgado en la pared. Te quedás mirando sin entender por qué los cubiertos son de una manera, o por qué el tipo eligió el verde y no el azul, pero igual generás una conexión con lo que ves, que te hace pasar a otro nivel de reflexión. Es lo que yo intento hacer con las películas: generar conexiones con la naturaleza y con un ámbito que no conozco, para hacer conexiones de otra índole. A veces me preguntan de qué trata Jauja y no tengo una explicación. No es que me esté haciendo el artista, sino que no tengo esa preocupación de tener que explicarla de una manera racional, de decir Esto funciona así, y la vieja de la cueva es el subconsciente de Viggo… Si empezara a pensar de esa manera la que perdería sería la película.
– Cuando pensás o escribís la película ¿tenés claras algunas cosas, o te vas llevando mientras la estás haciendo?
– Tengo una guía de trabajo en la que está delimitado el perfume de la película, ponele un 30 %. El resto lo vamos encontrando mientras se filma. Trabajo generalmente con la misma gente y cualquiera puede decir Che, hagamos esto o lo otro. Creo que la forma de la película la encontramos mientras la filmamos.
– Respecto a Jauja, me costó creerles a los actores argentinos que aparecen al comienzo, a diferencia de lo que hacen Mortensen o Ghita Norby en la secuencia de la cueva.
– Son más teatrales, es un poco deliberado. Se notaba cuando estábamos filmando pero yo decía Dejémoslo. Viggo sale más creíble porque todos lo vemos a él, tiene un rango de actuación mayor y desde su personaje, de una manera inconsciente, uno lo ve como un tipo más culto, que expresa mejor sus ideas. Los otros no, sobre todo Pittaluga (Adrián Fondari), que es más expresionista y además su personaje es medio cabezotas, muy primitivo. Eso me aportaba, porque no quería hacer una película naturalista. Por momentos se torna medio artificial-teatral, al comienzo. Esa cosa más recitada a mí me gustaba, creo que la hace más moderna, sin llevarla a una naturalidad de época. Pero hay muchas personas que me dijeron que les chocó. Yo los veo como actores actuando una escena, como un teatro filmado. A Mortensen tampoco lo marcaba mucho, pero es él. Y Norby es una grosa, una bestia del teatro y del cine, hizo 150 películas, actuó con Ingmar Bergman… Cuando filmamos esa secuencia con el coguionista estábamos con la piel de gallina, aunque ella hablaba en danés y no entendíamos nada. Hay actores y actores.
– Me acuerdo que cuando presentaron la película en Mar del Plata, uno de ustedes dijo…
– Sí (interrumpe)… ya sé, que aparecía Darín al final… Esa fue una salida de Fabián que quizás fue cruzada. Esa sala era muy grande y había mil personas. A la gente con una cultura más cinéfila eso les molestó, a las que piensan que cine es Darín o Francella no, creo que lo entendieron como un chiste, como diciendo Ah, bueno, ellos mismos se dan cuenta… Si me ponía a dar una charla de nerds, el 70 % de la sala hubiera dicho ¿Y éstos quiénes se piensan que son, boludo, Kurosawa y Picasso?… A la gente que más le molestó eran los que estaban con un micrófono en la mano, los demás se fueron a comer unas rabas y les importó tres carajos. Era por el cliché de que Darín no suele estar en películas con un relato más experimental o riesgoso. Para mí Darín es un actor genial, pero dudo que si le doy mi guión de veinte páginas y le digo Vamos a filmar esto a la Patagonia me diga Sí, vamos. No sé si se animaría. Francella ya sé que te mira y directamente te da un schiaffo por la cabeza. Creo que era como una broma, no era para tomarlo como una cosa ofensiva.
– Más allá de la anécdota, ¿cómo vivís el rechazo que provocan tus películas en cierto sector del público?
– Escuchame: hay películas que son un éxito impresionante y para mí son una mierda, pero no reacciono ni me ofendo. Una película buena o mala no mata a nadie.
– ¿Y el hecho de que tus películas se exhiban poco y nada fuera del circuito de los festivales?
– Para mí es una pena. Pero el público es el que hay y el público tiene razón. Es el que compra la entrada. No sé si yo comparto su decisión, pero para ellos es la decisión correcta. ¿Qué voy a hacerle? No hay mucho para hacer. En un momento me enojaba con los productores, después con los distribuidores, con los exhibidores, hasta que dije ¿Me voy a enojar con el público? El público hace lo que se le canta con su plata. Es así.
– ¿Y cómo te llevás con la devolución de los colegas y los críticos?
– Hay de todo. A algunos ese final en Dinamarca de Jauja les gustó y a otros no. Así como algunos me dijeron No entendí un carajo otros me dicen Es increíble, en ‘no saber’ tuve ganas de seguir mirándola. Y críticas hay de todo. Entre lo que me critican yo tengo un ranking de cosas a trabajar o revisar. Soy medio terco, gracias a eso puedo seguir haciendo lo que me gusta. Incluso los críticos que más se le nota que no son de la partida, o que no les interesa este tipo de cine, por ejemplo los que dicen Sólo para fanáticos del tedio y las largas caminatas, siempre tienen un párrafo donde reconocen que la película visualmente es bonita o que tiene un mérito equis.
– ¿De qué directores del cine argentino te sentís más cerca?
– Me causan más curiosidad los que crean su propio mundo, que son fieles con un modo de hacer cine más personal: Rejtman, Martel, Moreno. De Llinás me da mucha curiosidad lo que hace. Esto más allá de que me gusten más o menos sus películas.
– ¿Y del cine de décadas anteriores?
– Después de estudiar en la Universidad del Cine tuve como un master de postgrado con Nicolás Sarquís que me formó bastante. Tenía una muestra en Mar del Plata que se llamaba Contracampo, donde estuve colaborando dos años. Él era muy amigote de Saer, Birri, Juan L. Ortiz, andaba santafeseando por ahí con esa barra. A través suyo conocí la literatura de Saer y los documentales de Birri. Creo que Sarquís fue el que me dio un empujón, sin quererlo él y sin saberlo yo. Y de los ’60 Favio obviamente, Torre Nilsson.
– ¿A qué atribuís el hecho de que actualmente vos y algunos de tus colegas estén filmando con  reconocidos actores profesionales, incluso extranjeros?
– Yo creo que con el auge del 3D los actores se volvieron más humanos. El 3D ya ni requiere la presencia del actor, fue quedando desplazado. Antes, hasta hace diez o quince años, el actor era la cara del poster y el que llevaba gente a la sala. Desde Avatar (2009), donde los monstruos y los efectos eran las estrellas de la película, el actor empezó a importar menos. Se invierte más en efectos que en lo que se le paga a un actor. Brad Pitt ya no te lleva más gente que Transformers. A la otra película que hizo Viggo en Argentina tampoco le fue tan bien, y era más accesible. El actor se convirtió en un elemento más del cine, como un buen fotógrafo o una buena cámara. Eso hace posible que Fendrik trabaje con García Bernal, Trapero con actores belgas. Si se da, es porque de los dos lados es viable. Para mí, si mejora la propuesta y la hace superadora, es mejor. Por eso, pienso que cuando tenés un proyecto con una idea válida que lo sustente, hay que mandarles el guión. Por algo hay tantos actores reconocidos que ahora trabajan en series de TV.
– ¿Tenés un nuevo proyecto?
– Empiezo siempre tratando de encontrar un lugar, y creo que voy a filmar en una región de Brasil muy cercana a la selva y poco transitada. Tendré que irme de viaje y una vez que esté ahí veré. Pienso trabajar con el fotógrafo de Jauja, con el que me llevé muy bien y aprendí mucho. Viggo quizás se prenda. Quizás se prenda sin actuar. Tal vez participen actores que encuentre por ahí, en medio de la selva. Lo bueno de trabajar de esta manera es que te deja libre a un montón de posibilidades.

Por Fernando G. Varea

Emoción

“Cualquiera puede pensar en un movimiento difícil de la cámara, pero muy pocos consiguen retener la misma sensación entre un plano general y un primer plano para conservar la calidad de la emoción.”

(JOHN FORD, 1894/1973, director y productor estadounidense)