Pasajeros de otra pesadilla

EL CLAN
(2105; dir: Pablo Trapero)

Si se la ve sólo como la recreación ligeramente sensacionalista de un hecho policial resonante, como una opaca aunque esmerada reconstrucción de acontecimientos que sacudieron a la sociedad argentina a comienzos de los ‘80, como una historia de instancias violentas protagonizada por actores populares, puede decirse que El clan cumple su cometido como entretenimiento dirigido a espectadores de clase media, acostumbrados a consumir con gusto fórmulas del thriller estadounidense y a regodearse con delitos de los que dan cuenta a diario los noticiarios televisivos (de hecho, hubo algunos aplausos y familias enteras, con niños y hasta bebés, en la función a la que asistí).
La duda es por qué o para qué se hizo (y se hizo así) El clan, al margen de las legítimas aspiraciones comerciales. Es que, con su ya octavo largometraje, Pablo Trapero (1971, San Justo, pcia. de Bs As.), desentendiéndose de logros conquistados por colegas de su generación y por él mismo, retoma vicios del viejo cine argentino y, en ese camino, recurre a soluciones ideológicamente equívocas.
En su cine, a Trapero siempre se lo vio interesado en transitar espacios con reglas propias y principios de autoridad bien instalados, que se transgreden con distintas consecuencias. Los mismos podrían resumirse con expresiones que definen a conocidas instituciones: la Policía, la Iglesia, el Sistema Penitenciario, el Trabajo, la Familia. Parece haber algo de fascinación en él por estos ámbitos que implican alguna forma de protección o de refugio, así como parecen seducirlo ciertos desmanes o indiferencia frente a la ley, no por una posición rebelde ante el sistema sino para jugar con la incorrección política (o, en el mejor de los casos, para señalar debilidades gestadas en el seno mismo de esas organizaciones). Esas características, puestas en juego en sus películas anteriores como director (Mundo grúa, El bonaerense, Familia rodante, Nacido y criado, Leonera, Carancho, Elefante blanco), convergen en este nuevo film en torno a una acaudalada y respetada familia de San Isidro, los Puccio, que entre 1982 y 1985 se dedicó a secuestrar personas pidiendo dinero a sus familiares para su liberación, con detalles estremecedores, como el hecho de que se trataba en todos los casos de conocidos del núcleo familiar, que los mantenían prisioneros en su propia casa mientras desarrollaban su vida con aparente normalidad, y que no dudaban en matarlos después de recibir el dinero.
El clan no parece peocuparse por encauzar discusiones hacia los contactos de la Policía con el poder político-económico de turno, las dificultades que atravesó nuestro país en su transición a la democracia, la impunidad con la que acostumbran conducirse sectores pudientes, u otras cuestiones de índole igualmente delicado, como si le bastaran los previsibles comentarios del público sobre la insensibilidad de los Puccio a la salida del cine.
En su transcurso, que se da medio a los saltos, asoman elementos propios de la época y otros no tanto (como algunas palabras, o la exhibición en TV en 1985 de un film como En retirada), además de numerosas canciones (aunque Trapero no se muestra aquí tan creativo en la elección y utilización de la música como en sus anteriores films) y pantallazos informativos cruzando todo el tiempo la realidad cotidiana de Arquímedes Puccio, su mujer y sus hijos. Algunos dinámicos planos secuencia, una que otra elipsis certera y un efectismo técnicamente bien resuelto hacia el final, figuran entre los méritos de El clan, cuyo éxito seguramente se agiganta gracias a esa antigua costumbre de ver prestigio y adultez en cualquier película que aborde acontecimientos de la historia política o policial con profesionalismo, cierta crudeza y actores conocidos. Y a propósito de esto último, hay que decir que en Guillermo Francella se intuye Arquímedes Puccio en dos o tres momentos –en los que pierde los cabales ante su hijo Alejandro (Peter Lanzani)–, pero la mayor parte del tiempo se ve simplemente a Francella canoso y serio.
Hay también entrelíneas que, aunque pueden pasar inadvertidas, no parecen inocuas. Un comentario acerca de la poca duración de los gobiernos radicales en Argentina y fragmentos documentales como el elegido para abrir la película, tienden a trazar una mirada positiva sobre el gobierno de Raúl Alfonsín, algo por lo menos curioso en el cine argentino de los últimos años. Más ambiguo, y menos afortunado, es el intento de igualar los maltratos de la perversa familia hacia las víctimas con los de la Policía hacia los Puccio y los propios secuestrados, como lo sugiere el repetido gesto de darle un cigarrillo encendido a la mujer encerrada.
Algunas decisiones de Trapero hacen que el nuevo cine argentino (o como quiera llamarse a ese soplo de vitalidad y frescura que renovó nuestra cinematografía unos años atrás) retroceda demasiados casilleros. La información brindada sin disimulo por diálogos entre los personajes, textos explicativos (antes, durante y después), e incluso imágenes que casualmente aparecen en la pantalla de un televisor o en tapas de revista, son recursos perezosos. La inconvicción de algunos actores jóvenes (notoriamente Franco Masini y Steffania Koessl, como el hermano menor y la novia de Alejandro) es un lastre del que nuestro cine se había liberado, precisamente, de la mano de películas como Mundo grúa (1999). La elección misma del tema, acudiendo a lo brindado por (y confundiéndose con) la crónica periodística, huele a cine del pasado, sobre todo porque El clan no se arriesga a ir más allá de lo que se sabe, entibiando responsabilidades y complicidades familiares, eludiendo motivaciones posibles y dejando totalmente fuera de campo lo que viven, piensan o sospechan personajes cercanos, por ejemplo los políticos de la época y las familias de los secuestrados. Rémoras todas que recuerdan a un film como Pasajeros de una pesadilla (1984, Fernando Ayala, sobre los Schoklender): el film de Ayala, inclusive, a pesar de su ramplonería (y con el auxilio de sus actores), transmitía el clima de locura y desesperación de esa otra familia pesadillesca mejor que lo que hace con la suya El clan, producto de esta época de cámara en mano y planos como pestañeos. De la misma manera, la iniciativa de Trapero guionista de destacar a Alejandro/Lanzani como alguien que convive con el Mal con relativa inocencia y hasta sorpresa, trae a la memoria a la Alicia/Norma Aleandro de La historia oficial (1984, Luis Puenzo).
Agitada representación de trágicos hechos reales y no mucho más que eso, El clan –curiosa y peligrosamente– a las víctimas las muestra poco y casi siempre de lejos o de espaldas. En este sentido, la idea de vincular (montaje paralelo mediante y con el fin de acrecentar la adrenalina) una escena de furor sexual con otra en la que se maltrata y asesina a un prisionero, parece ir demasiado lejos.

Por Fernando G. Varea

Anuncios

6 pensamientos en “Pasajeros de otra pesadilla

  1. Excelente análisis Fernando. Todas las comparaciones son odiosas, pero hoy leí otro comentario sobre la misma película, donde el crítico incluye a todos los lectores en la simpatía que obviamente debemos sentir por el Dr. Alfonsín. Algo notable. Yo no he visto la película por estar lejos del país. Generalmente no me gusta leer críticas de cine porque relatan el film sin agregar demasiado, agregando todo lo que uno no quiere saber para no perder la independencia necesaria de ir y amar o no a la película sin conceptos previos ya armados. Sin embargo, me parece un ejemplo de análisis el tuyo y como espectadora de cine y amante del cine, te lo agradezco profundamente. Porque el cine es cosa seria. Gracias. Excelente!!!

  2. Sospecho cuál debe ser la crítica a la que hacés referencia (yo también la leí). Te agradezco mucho tu lectura y tus palabras, son cosas que sirven para seguir adelante con esta manía (no digo profesión porque no lo es) de escribir sobre algunas películas que veo. El cine es cosa seria, coincido! Saludos a la distancia.

  3. Comparto en gran parte lo que escribís sobre el clan. desde mi vision, lo unico que le rescato es haberme mantenido atento durante todo el film. Luego de eso, las actuaciones no me parecen todo lo buenas que la mayoría de las criticas dicen, no me convence del todo la manera en que esta filmada y en general es un aspecto este ultimo que si me gusta de trapero. El hilo conductor o la trayectoria q elige para contar no me cierra. Y deja a la deriva demasiadas cuestiones, amuchas de ellas mencionadas en tu comentario.

  4. Muerto Carreras y con Aries en el geriátrico, alguien debe hacerse cargo de las anomalías sociales. Ahora, Fernando, hay que continuar con ROBLEDO PUCH, EL CERTERO

  5. No me parece mal que cualquier director filme lo que quiera, y que incluso haga dinero con su trabajo. Lo que me molesta en este caso es que muchos sostengan que EL CLAN es buena sólo porque trata de hechos dramáticos reales y porque un par de actores asumen personajes distintos a los acostumbrados, y que críticos y periodistas no la discutan.
    Saludos Abel y gracias por tu comentario.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s