Alicia Giménez Guspí: “En ‘Hortensia’ quisimos ver el mundo como nos gustaría que fuera, al menos por un rato”

Comedia agridulce, con personajes inmaduros y apocados que -de a poco, con sus tics y su necesidad de cariño- van ganándose el afecto del espectador, Hortensia (2015) asomó como una curiosidad en el panorama del cine argentino actual. Ópera prima de Diego Lublinsky y Álvaro Urtizberea (ambos con experiencia como profesionales del cine y la televisión, y parte de programas memorables de nuestra TV como El otro lado y Magazine for fai), Hortensia tiene su origen en un guión de la rosarina Alicia Giménez Guspí, formada en la UNSAM y en la ENERC, docente y guionista de cortos y ficciones televisivas. Hablamos con ella sobre su trabajo para este film tierno, muy bien planteado y actuado, que recientemente formó parte de la Competencia Argentina en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.
– ¿Cuál fue el punto de partida del guión de Hortensia?
– El guión fue escrito en el siglo pasado, en 1999. En la primera versión me interesaba parodiar o exagerar aquello que les enseñan a los guionistas: que todos los personajes deben tener un objetivo. Me dije: vamos a llevar esto a un punto que resulte absurdo.
– ¿Qué era lo que querías expresar o contar a través de esta historia?
– La historia de una chica que recurre a una estrategia equivocada a la hora de tener que madurar. En vez de ponerse en un lugar de adulta, ella decide recurrir a sus anhelos infantiles y cumplirlos a rajatabla.
– ¿Cambió algo importante en el guión, desde que lo escribiste hasta hoy?
– En la versión original los objetivos eran tres. El novio rubio como su padre se mantuvo, lo de ser diseñadora de zapatos también. El tercer objetivo, en las primeras versiones, tenía que ver con Ismael, su compañero de colegio: era animarse a decirle que siempre lo había querido. Pero el resultado era casi el mismo que en la versión que quedó. El perro era un gato en la versión original. Y los zapatos de ella eran de colores desde un comienzo. Había un personaje que era una anciana que oficiaba como una especie de hada madrina de los zapatos de Hortensia. Eso quedó hasta casi la versión final, pero creo que la actriz que iba a encarnar el personaje, una persona mayor, se quebró la cadera y tuvimos que cambiar el guión. La estructura desde un comienzo fue simple y sólida. Lo que puede ser que haya cambiado, o más bien matizado, es el tono de la película. En las primeras versiones tiraba más al absurdo desde lo grotesco, por ejemplo en la familia de Marcos, el chico rubio gordito. Todos eran obesos. El tono era más almodovariano, quizás. En la reescritura conjunta con los directores nos paramos en un tono más frío. Me sugirieron algunas películas de Aki Kaurismaki como Nubes pasajeras (1996), y me refirieron que a ellos les gustaba trabajar en esa clave. A mí enseguida me pareció genial. Una de mis directoras favoritas es la catalana Isabel Coixet, hay un tono en el humor que ella maneja que me llega mucho. Si mezclaba lo que yo tenía con Kaurismaki, sabía que iba a lograr algo particular.
– ¿Por qué hiciste que transcurriera en otra época, o en una época medio indefinida?
– Fue una decisión en la que tanto los directores como yo estuvimos de acuerdo: queríamos lograr una textura de cuento o de fábula que tuviera que ver con un En algún tiempo, en algún lugar…. No queríamos que los personajes fueran hijos de su tiempo, queríamos que fueran lo más naïf e incorruptos posible. Si los poníamos en un contexto iban a tener que dialogar necesariamente con eso y sentíamos que les iba a restar pureza. No nos podíamos imaginar a Hortensia con el celular, por ejemplo. Pero a la vez jugamos con una estética algo retro o nostálgica.
– Ciertos problemas (como el hecho de quedarse sin trabajo o sentirse discriminados) a los personajes parecen resbalarles, les pasan de largo.
– Hortensia está cuatro días tirada en la cama después que pierde el trabajo, y se queda simultáneamente sin novio y sin amiga. La muerte de su padre atraviesa toda la película. Si en algún momento parece resbalarles o no avergonzarles la realidad, es porque son adultos pero se comportan como niños, con esa ingenuidad, torpeza y hasta ciertas mezquindades no disimuladas. No saben mentir ni engañar, casi siempre dicen la verdad y cuando no lo hacen se les nota.
– En la presentación de la película en el cine El Cairo de Rosario, dijiste que acompañaste el proceso de realización ¿Cómo fue eso?
– Los realizadores estuvieron presentes en toda la etapa de reescritura, nos reuníamos por Skype (porque yo estaba en Rosario y ellos en Buenos Aires). Álvaro en un principio iba a ser sólo el productor, entonces las reescrituras también se hacían teniendo en cuenta ciertas condiciones de producción que se iban presentando. Por ejemplo: durante el casting consultaban y conversábamos sobre la pertinencia de elegir a un actor u otro; si bien la última palabra en esto la tenían ellos, mis opiniones eran tenidas en cuenta y si hacía falta se reescribía alguna escena. Los realizadores siempre estuvieron pendientes o querían saber si lo que estaban haciendo se parecía más o menos a lo que yo había plasmado en el papel. Yo traduzco eso como un respeto muy grande hacia la obra y estoy muy agradecida, porque no siempre se puede dar de esta manera. Siempre me tuvieron al tanto de las locaciones que iban consiguiendo, del color de la pared, de la heladera, de la camioneta, de los animales embalsamados que les iban prestando, de los zapatos de Hortensia. Fui a ver un rato dos días de rodaje y se mostraron interesados en mis observaciones. Durante la post producción me mostraron el material con las escenas montadas en bruto. Ahí conjuntamente priorizamos vigilar el tono de la película.
Hortensia es de esas películas en las que casi todo depende de su puesta en escena (colores, escenarios elegidos, encuadres, elección y duración de los planos) ¿Cuánto de esto había ya en el guión?
– Siempre cuando escribo pienso que cada oración es un plano y trato de sugerir cuál es el tamaño de ese plano. Pero, sinceramente, creo que casi todo el mérito es de la apropiación que los directores hicieron del guión, yo sólo en algunos casos sugerí desde mi lugar. Ellos hicieron el trabajo de tal manera que se me hace difícil saber qué estaba en el guión y qué crearon ellos. El guión actuó de disparador para que el director de arte (David Bisbano) pudiera crear. Hubo un trabajo consensuado y concienzudo de todo. Nunca vieron el guión como una limitación. Sé que hicieron un trabajo de hormiga en cuanto a encuadres y planos.
– Generalmente, al abordar un proyecto, guionistas y realizadores tienden a algo ambicioso, a sentar posición sobre un tema importante. Es curioso que a Uds. no les haya interesado eso.
– Nunca nos interesó. En eso, desde un comienzo tuvimos una simbiosis impresionante. Nos interesaba la relación de la historia con esa realidad diegética, pero nunca que la ficción quedara anclada a nuestra realidad, no nos parecía relevante. Como dije antes, a lo mejor quisimos preservar a esos personajes tan ingenuos del mundo corriente. Nunca nos reímos de nuestros personajes, nos tomábamos muy en serio lo que les pasaba. Yo nunca tuve muy clara la noción de normalidad y los estereotipos no se me dan bien. No sé si escribiendo era muy consciente de que los personajes podían parecer raros.
– ¿Cómo fue la experiencia con el público en el Festival de Mar del Plata?
– Para mí fue una experiencia mística. Ni en mis mejores fantasías había imaginado lo que se puede sentir cuando el público ríe o aplaude con lo que uno creó. Hasta el festival yo pensaba que la mayoría de las personas no iba a entrar en nuestro código de humor. Y tal vez así también lo sentían los directores, porque Hortensia no fue admitida en el Festival de Berlín y tampoco en el de Venecia. Habían tenido devoluciones favorables pero también desfavorables, en igual proporción. Un día me animé a mostrarle la película sin terminar a mi marido y trató de disimular, pero me terminó diciendo que no le gustó en nada. Me deprimí bastante. No volví a nombrar a Hortensia hasta Mar del Plata. No tenía idea de lo que iba a pasar allí. Fue increíble la respuesta del público, y me encontré en la butaca riendo como una espectadora más. Lo mismo les sucedió a los actores, a los directores y al director de arte. Los críticos fueron muy piadosos con Hortensia. ¿Habrán sentido la misma necesidad que sentí yo de protegerla de este mundo?… Creo que al final la gente supo apreciar que en Hortensia no hay pretensiones. Sólo quisimos hacer la película que nos hubiese gustado ver o el mundo como nos gustaría que fuera, al menos por un rato.

Por Fernando G. Varea

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