Gleyzer, en primera persona del plural

COMPAÑERO RAYMUNDO
(Juana Sapire-Cynthia Sabat, INCAA, 2015)

En los ’80 era sólo un dato: se leía en algunos libros que Raymundo Gleyzer había sido secuestrado y desaparecido durante la última dictadura después de haber filmado México, la revolución congelada (1970) y Los traidores (1971/72), esta última exhibida clandestinamente como expresión de militancia del llamado Cine de la Base. En 1993, por fin (tras ser hallada y restaurada una copia), dejó de ser un enigma esta película desaparecida, y poco después se publicó El cine quema, el valioso libro de Fernando Martín Peña y Carlos Vallina que reunía testimonios, información y análisis de la obra del director (que ya había sido objeto de un homenaje previo en Uruguay). Siguieron películas como el documental Raymundo (2003, dir. Ernesto Ardito-Virna Molina) y el mediometraje Fuego eterno (2012, dir. Cynthia Sabat), mientras su nombre comenzó a emplearse como emblema, utilizándose por ejemplo para un concurso convocado por el INCAA.
Precisamente el INCAA fue el organismo que se hizo cargo de publicar, el año pasado, Compañero Raymundo, que aporta no sólo más elementos para el conocimiento de Gleyzer, sino también una mirada íntima sobre su vida y su trayectoria profesional, partiendo del testimonio de quien fuera su compañera durante más de una década, Juana Sapire. La periodista Cynthia Sabat recogió y dio forma ordenada y transparente a esa suma de referencias.
La emotiva introducción describe los tensos momentos de su desaparición en mayo de 1976, asumiendo pronto la voz de Juana, quien a lo largo de 250 páginas vuelca en una especie de catarsis las vivencias compartidas con este periodista-cineasta-militante a quien, en las bellas fotos que ilustran el libro, nunca se lo ve con el ceño fruncido sino jovial y sonriente. “Mientras trabajábamos, proyectábamos nuestros films y soñábamos con viajes y aventuras”, cuenta la coautora y coordinadora general del proyecto, quien, al utilizar reiteradamente la primera persona del plural, pareciera compensar la imposibilidad de que el propio Raymundo relate su historia.
Varios datos novedosos van apareciendo mientras se recorre esta historia comentada: una afiliación al PC por iniciativa de sus padres (viaje familiar a la Unión Soviética incluido), la sobreprotección de la idishe mame, la resistencia a sacar a la luz su primer corto El ciclo (1963), su encuentro con Henri Langlois, su veraneo en la playa en 1975 junto a Jorge Denti, Eduardo Galeano y sus respectivos hijos. Cartas y apuntes de rodaje son algunos de los materiales de los que se valen Sapire y Sabat para llevar a cabo la tarea de armar este rompecabezas.
Algunas zonas del libro son especialmente fértiles para la discusión. Por ejemplo, ante el razonable cuestionamiento del final de La tierra quema (1964) por parte del presidente de un festival de cine en Viña del Mar, Gleyzer se defendía diciendo “No han premiado un panfleto, y si lo llegara a ser bienvenida sería la noticia, ya que panfleto es propaganda y ella ha llegado, impactando”. En un reportaje de Peter Schumann, Gleyzer critica sin miramientos a sus pares Octavio Getino y Jorge Cedrón, y define a Perón como “el jefe de los bandidos”. Del mismo modo, inquieta leer comunicados del ERP después del último golpe militar incitando “Argentinos ¡a las armas!”.
Compañero Raymundo permite también adentrarse en los hechos de la realidad latinoamericana que llevaron a la necesidad de un cine testimonial o de denuncia no intelectualizado, evidente en la conmovedora experiencia de Gleyzer por el interior de Brasil, así como también en sus juicios peyorativos hacia Torre Nilsson, The players vs ángeles caídos (1969, dir. Alberto Fischerman) y hasta con La Chinoise (1967, dir. Jean-Luc Godard). El trabajo excede, de todos modos, las particularidades de la militancia de grupos como el Cine de la Base, detallándose la experiencia del programa sobre Malvinas para Telenoche y el proceso de gestación de Los traidores, incluyendo la progresiva amistad de Raymundo con su productor (y protector) Bill Susman. Desde Hugo del Carril y José Martínez Suárez hasta Isabel Sarli aparecen mencionados, como parte de jugosas anécdotas, a lo largo de la publicación.
Con 4 dvd con toda la producción audiovisual existente de/sobre Gleyzer –salvo, como se señaló, su primer corto–, un diseño de presentación impecable y un escrupuloso trabajo de redacción (que apenas abusa un poco de los signos de exclamación), el libro de Sapire-Sabat es un documento histórico de suma importancia, que desenvuelve su cúmulo de señalamientos y curiosidades en medio de entrañables evocaciones. Vale la pena buscarlo y consultarlo, en universidades y bibliotecas.

Por Fernando G. Varea

En Rosario, el libro puede consultarse en el Museo de la Memoria y el Centro Audiovisual Rosario

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