Mar del Plata 2016 (I): brillos santafesinos

Una de las causas por las que la producción audiovisual santafesina no suele encontrar la misma repercusión que la de otras provincias tal vez sea su diversidad: cuesta ubicar a sus hacedores bajo una misma etiqueta o como parte de un grupo. Esto pudo advertirse en esta edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, en la que hubo varios y valiosos trabajos concebidos en nuestra provincia pero de realizadores de diferentes generaciones y estilos, exhibidos en distintas secciones.
En la sección Panorama Super 8/16 mm, Mario Piazza presentó sus primeros cortos, filmados entre 1976 y 1983. Fue una conmovedora experiencia la de descubrir o redescubrir en una sala oscura lugares de Rosario que parecen extraídos de la memoria, recorridos por el querible superhéroe de El hombre de acero (1976), o dejarse llevar por la música de Irreal durante la fábula urbana Sueño para un oficinista (1978), películas en las que asoman rasgos de libertad y ensoñación inusuales en el cine argentino de la época. Papá gringo (1983), por su parte, documental sobre un ciudadano estadounidense que ayudaba a chicos desprotegidos en Colombia, es un testimonio que hoy tal vez genere menos empatía que en su momento, sugiriendo el rumbo hacia el que se dirigiría la obra de Piazza (La escuela de la srta. Olga, Madres con ruedas). La charla que en ese mismo momento brindaba Vittorio Storaro en el Auditorium no impidió que un numeroso público de distintas edades se reuniera en la sala del Ambassador para disfrutar de la función –con el proyector entre las butacas, trayendo el recuerdo de los tiempos en los que reinaba el celuloide–, quedándose posteriormente para hacerle varias preguntas al director, quien al día siguiente compartió también un encuentro público con otro maestro, Claudio Caldini. En el catálogo, la obra de Piazza fue justamente descripta por Pablo Marín como “única, caracterizada por la búsqueda de una sencillez visionaria sin otra pretensión que la honestidad de la forma”. Resta desear un rescate similar de esos tesoros en una sala rosarina.
En Panorama de cine argentino fue exhibida, asimismo, Binaria (2016), última realización de Gustavo Galuppo y Carolina Rímini (que el año pasado habían participado de la Competencia Argentina con Pequeño diccionario ilustrado de la electricidad). Ensayo experimental en torno al rol de la mujer en la operatoria del mercado y la estratificación social que desemboca en roles de dominio y exclusión, Binaria se vale de diversos materiales para disparar consideraciones que incentivan advertencias y replanteos. Momentos de películas de Hitchcock o los Lumière, fragmentos de antiguas publicidades y películas pornográficas, archivos que resultan verdaderos hallazgos (incluyendo alguno muy gracioso en torno a un concurso cuyo premio era un gigantesco retrato de Mirtha Legrand, y otro en el que Isabel Sarli insinuaba sus curvas como flamante reina de belleza), dan forma alucinante a los pensamientos, apoyados a su vez en textos de Foucalt, Ingrasia, Comolli, Chomsky y otros. Por momentos cercana a la denuncia, de a ratos al sarcasmo, señalando signos amenazantes en un presente marcado por la tecnología al punto de alcanzar apariencia de ciencia ficción, el film ofrece más afirmaciones que preguntas. El cuestionamiento a ciertas lógicas que gobiernan la sociedad actual es cerrado, como si se tratara de políticas evitables o fáciles de delimitar (el culto a la belleza femenina, el instinto belicista y los cultos religiosos, por ejemplo, atraviesan distintas culturas desde hace siglos), pero lo que importa es lo incitante del discurso intermitente provisto por Galuppo-Rímini. Experimento frankesteiniano, Binaria tiene algo de exposición teórica para una clase (cuando recuerda la destrucción de la idea de solidaridad en el capitalismo o la manera con la que el cine siempre ha expuesto al distinto) mutando, una y otra vez, hacia alguna forma semidocumental (hay imágenes de la represión policial al reciente Encuentro de Mujeres en Rosario) y hacia asociaciones puramente lúdicas. La música contribuye a reforzar la belleza turbia de este centelleante rompecabezas.
La 13ª entrega de Historia breves contó, por su parte, con Los invasores, escrito y dirigido por Juan Francisco Zini, con producción ejecutiva de Hernán Roperto y la asistencia de dirección de Santiago King (este último premiado en el concurso Gleyzer, junto a Ana Taleb, por otros proyectos). Las imágenes en blanco y negro de este corto permiten acompañar a un pibe que queda solo en un inmenso colegio y que, tal vez sugestionado por hechos históricos de los que habla su maestra –o por la lectura de El Eternauta–, imagina la invasión de seres que le parecen extraterrestres, enfrentando el peligro junto a una pequeña amiga algo menos temerosa que él. La imaginación infantil es el centro de este film sin estridencias, que sabe inquietar con el ligero sacudimiento de un esqueleto en la sala de ciencias o un globo terráqueo que echa a rodar como una pelota. El acercamiento final de la cámara a una maqueta del Monumento Nacional a la Bandera cierra las dudas y clausura también esta historia breve, con la que el realizador platense radicado en Rosario pone en evidencia su gusto por cierto cine de suspenso tanto como su sensibilidad para retratar estados de ánimo sin apoyarse en palabras, como lo había hecho años atrás en Un inventario (2009).
En Mar del Plata fueron también muy bien recibidos los cortos aportados por el equipo del Festival Internacional de Cine Infantil Ojo al Piojo, dependiente del Centro Audiovisual Rosario, en tanto Elad Abraham ganó el Premio WIP Latinarab por su proyecto Bajar, subir, bajar, uno de los ganadores de la última edición de Espacio Santafesino (y sobre el que se había explayado aquí, consultado por Espacio Cine).
Finalmente, en la Competencia Argentina compitió El silencio (2016), dirigida por Arturo Castro Godoy (quien nació en Caracas pero estudió cine en Santa Fe y Letras en la Universidad Nacional del Litoral, también ganador este año de Espacio Santafesino con otro trabajo), largometraje de ficción ganador de la 1ª Mención Especial del Jurado de la FEISAL, y del que nos ocupamos aparte.

Por Fernando Varea

Las imágenes corresponden a la películas Papá Gringo, Binaria y Los invasores

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