Llegando al cine desde distintos lugares

LA IMAGEN PRIMIGENIA – UN ENFOQUE MULTIDISCIPLINAR DEL CINE
(Álvaro Fuentes compilador-editor; Malisia Editorial; 2016)

Fuera de ciertos circuitos de la gran ciudad capital de los argentinos también se cuecen habas, aunque críticos y cinéfilos estemos generalmente más atentos a lo que se hace y se difunde allí. Entre las publicaciones especializadas que tuvieron su presentación oficial en la última edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, por ejemplo, merece destacarse La imagen primigenia, realizada por gente de La Plata con evidente pasión, compromiso y seriedad.
El libro –impecable en su presentación y diseño– reúne una serie de reflexiones en torno al cine partiendo de diferentes disciplinas, como la filosofía, la psicología, la literatura o la arquitectura. El joven e inquieto Álvaro Fuentes, docente y director del sitio La Cueva de Chauvet, es el impulsor del proyecto. Son como breves ponencias, aprovechables todas, separadas en siete capítulos, cuyos autores provienen mayormente del ámbito universitario.
En el primero, Alegorías de la cueva, Julio Cabrera hace un análisis sobre las repeticiones y transversalidades en el cine, discutible al referirse al “enfoque lento y nadificador” de películas de Godard, Kiarostami, Favio o Martel, o al hablar de la “intrascendencia lujosa” de Greenaway, pero lúcido al mencionar la cualidad de irrepetible del mejor cine, o la manera con la que el lenguaje se potencia y enriquece en films “vacíos”, como algunos de Jim Jarmusch. En este apartado, Fuentes y Mariano Colalongo rescatan a dos realizadores poco conocidos: Guillermina Pico y Yorgos Lanthimos, destacándose de la primera su vocación exploratoria a través de los sentidos, y del segundo el uso del lenguaje para dar significado a las cosas.
De los capítulos segundo (Rosebud) y tercero (La palabra de la imagen), merecen señalarse los apuntes de David Oubiña sobre Alexander Kluge como posible continuador de ciertas aspiraciones de Eisenstein en torno a El Capital, su recuerdo de que el cine es más antiguo que el arte de filmar, y su estimable consideración final (con la ayuda de Fritz Lang) en torno al valor de lo real. El texto de Pablo Osorio también resulta provechoso, acerca de la adaptación (término que defiende, con fundamentos), dando buenos ejemplos de películas que, aún tomándose licencias respecto al original, son excelentes adaptaciones del mismo, y resaltando la falta de lógica de oponer totalmente lo literario a lo cinematográfico: más allá de que el cierre que le da a su escrito no está a la altura del resto, lo suyo está, sin dudas, entre lo mejor del libro. A Jorge Assef no pueden dejar de discutírsele expresiones ya algo anacrónicas como cine arte, o sostener que, por ocultar el contenido de una carta que un personaje le da a otro, Babel (González Iñárritu) no sea “una película más”; más interesante, en todo caso, son sus señalamientos sobre la aldea global y la acotación de que Blade Runner (Scott) dejó de ser ya ciencia ficción. Tanto Assef como Irene Cambra Badii se detienen demasiado en el argumento de las películas que abordan, y tanto esta autora como Juan Fariña se muestran interesados en lo inesperado que puede haber en actitudes de los personajes, al punto de terminar advirtiéndose en una víctima un victimario. Hugo Dovskin, por su parte, analiza minuciosamente decisiones adoptadas por la protatonista de La decisión de Sophie (Pakula), con mirada psicoanalítica.
Del capítulo cuarto (Lenguajes del mundo) sobresale lo escrito por Álvaro Fuentes, quien parte del valor que Béla Balázs le daba a gestos humanos y paisajes en el cine mudo para encontrar una continuación en la cultura del emoticón, e inquietarse ante la creciente facilidad con la que podemos expresarnos con imágenes y sonidos. Ezequiel Duarte comienza con un recuerdo personal para, posteriormente, desgranar reflexiones teóricas en torno a la oscuridad y la luz, y asimismo respecto al cine que encuentra en el fuego, los espejos y los sueños formas de inmortalidad. En el mismo sentido va el texto de Alejandro Noviski (afortunadamente más accesible que su título), quien relaciona la postura para apreciar los dibujos en las cavernas con la que adoptamos en una sala de cine (y quien seguramente exagera al sostener que ahora hay más imágenes en la gran red que las que existen a lo largo y ancho del globo terráqueo). Julieta Laucella escribe, a su vez, sobre la preservación del cine argentino en la era digital, agitando más de un interrogante.
Mundos distópicos es el eje del capítulo siguiente. Aquí, Francisco Goin repasa cambios en la sociedad, recuerda que el cine refleja miedos colectivos de su tiempo, y apunta que dichos mundos exponen visiones paroxísticas del Estado y el Mercado (deslizando por ahí algún comentario severo sobre Matrix); Ezequiel Duarte procura reflexionar sobre las ruinas de la historia en la materialidad de Stalker (Tarkovski) y El visitante del museo (Lopushansky); y Mariano Vazquez y Gonzalo Zubia –en otro de los mejores textos del libro– se ocupan de Black Mirror, ayudando razonablemente a “desconfiar” de las tecnologías: “las redes sociales no son neutras ni inocuas respecto de la política y la economía global”, sostienen.
Los dos últimos apartados (Arquitectos y Géneros al margen) incluyen una suerte de reseña de Tierra de los padres (Prividera) por parte de Giuliana Nocelli, un estudio de Pablo Ceccarelli sobre la trilogía de Batman (The Dark Knight, Nolan) examinando escenas de manera en la que casi no lo hacen otros autores del libro (y poniendo en su lugar el valor de las movilizaciones sociales), Álvaro Bretal explica con acierto lo que se considera found footage, y Nicolás Toler logra encontrar dos o tres ejemplos de cine documental de divulgación científica abiertos a lo que considera esencial en este tipo de producciones: la discusión, la curiosidad y el cuestionamiento.
Con todo ello, La imagen primigenia invita al debate: no sólo acerca de los distintos temas que abarca, sino también sobre las opiniones que se vierten en torno a películas, series y fenómenos audiovisuales, e incluso sobre las aptitudes de cada uno de sus autores. Trabajo respetable y bienvenido, su mayor valor se encuentra en la diversidad de aristas por las que fuga su ansiedad dialéctica, como un fecundo calidoscopio.

Por Fernando G. Varea

https://lacuevadechauvet.com/

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s