Crear imágenes a través de la escritura

Son cuatro jóvenes que estudian o estudiaron cine y, al mismo tiempo, dedican buena parte de su tiempo a escribir. Pero no son guionistas, redactores de gacetillas o avisos publicitarios ni utilizan la escritura con un sentido práctico, sino que les sirve para expresarse, a través de cuentos, poesías o canciones. ¿Qué los lleva a confiar en el noble ejercicio de la escritura? ¿Cómo complementan su vocación por las artes audiovisuales con la posibilidad de volcar sentimientos e inquietudes en un texto?
Lisandro Giampietro (35 años) estudió Comunicación Social en la UNR y cine en la EPCTV. Después de realizar la serie documental Territorio cero, dictar un taller en Cetear, desempeñarse como ayudante de cátedra en la facultad y escribir un par de guiones que docentes y amigos celebraron, publicó en forma independiente Cuentos de cine. En este libro de 125 páginas despliega siete relatos en los que aparecen constantes guiños al mundo del cine: un film titulado El suburbano para emular El ciudadano, un director que piensa suicidarse por la mala recepción de un trabajo suyo (mientras un crítico radial opina “a Sanguinetti en el papel de rescatista no lo veo para nada”), los contratiempos de una filmación en una oficina de ANSES, una persona a la que le cuesta enfrentar la cámara para enviar un saludo de cumpleaños, etc. Comunicativos, sencillos, ocasionalmente tiernos, estos cuentos parecen ideales para cobrar forma como cortos de ficción. Su lectura se disfruta, sobre todo si se está familiarizado con pormenores de la profesión y se hacen propios interrogantes que desliza el autor, como la duda acerca de si el responsable del fracaso de un film es exclusivamente el director. Posiblemente distraiga un poco la abundancia de personajes en El video de cumpleaños o pueda discutirse el fastidio de un entendido ante la falta de emociones en el final de una película en Morir por el cine (cuento ganador de un concurso en Ordizia, localidad del País Vasco), pero Giampietro trasluce cariño y sensibilidad en sus escritos, en los que asoman referencias a lugares de la ciudad, al cine fantástico y a cierto culto por la amistad entre varones habitual en la obra de Fontanarrosa. El autor reconoce esta influencia (recuerda haber leído más de cincuenta veces Viaje al país de los Naninga, del humorista rosarino) y siente que la publicación de Cuentos de cine responde a una auténtica necesidad, mientras sigue escribiendo en sus ratos libres, tanto ficción en prosa como en formato de guión.
Federico Monti (24 años) reside en Rosario pero es de Pergamino, donde –con la ayuda de la Subsecretaría de Cultura de dicha ciudad– publicó este año su primer libro de poesías, Las flores y la criatura. Al mismo tiempo, comenzó a estudiar cine en la EPCTV, dejando atrás estudios de Contabilidad y de Historia. La muerte de su padre hace cinco años lo impulsó a escribir: “Tenía muchos interrogantes y escasas respuestas –confiesa–. Escribía en formato de canción sobre todo aquello que me dolía. Finalmente, haber asistido a un taller literario dictado por el escritor Daniel Ruiz Rubini me sirvió para perfeccionarme.” Sus textos invitan a la reflexión y suelen sugerir imágenes, como Un barco del sur: Nace de lagos de cristal / un barco del sur / revoluciona el agua y los sentidos /se condensan en la hora del viento / al margen de sierras / erosionadas como los arados de dios. / Muere de incógnitas de hielo / un hombre del mundo / transita la insignificancia y la existencia / se desnuda ante el temperamento del páramo / aunque agonice / en la memoria de un ángel.
Nacido en Río Negro, Alejandro Torriggino (28 años) se instaló hace algunos años en Rosario para estudiar cine en la UAI. Ya egresado, reparte su tiempo entre sus trabajos como realizador audiovisual y distintas presentaciones como músico y cantautor independiente. “Lo primero que compuse fue música para proyectos de la carrera y cortometrajes –recuerda–. Siempre me gustó escribir: cuentos cortos, poemas, letras de canciones, guiones. La canción es una película en sí misma. Con otro formato pero la misma intención: expresar una emoción y decir algo.” Con influencias que van de B.B. King y Pink Floyd a músicos contemporáneos como John Mayer y Gary Clark Jr., Torriggino encontró en el sello independiente River Flow Records la oportunidad de editar el año pasado su primer álbum, Sureste, producido y mezclado por el productor rosarino Gonzalo Esteybar. Este año llegó Blue Light, con raíces en la música afroamericana. “Una cosa que aprendí estudiando cine es a pensar en imágenes y en sonido –sostiene–. Es lo que hay que tener en cuenta a la hora de escribir un guión. Si hay una imagen evocativa que me atrae, la uso en una canción, y a veces a la inversa, uso una melodía para una escena o personaje. También incluí efectos de sonido en algunas de mis canciones.” No hace mucho musicalizó (junto a Esteybar) una proyección del clásico mudo de Fritz Lang Metrópolis (1927) en un conocido bar rosarino.
Matías Julián Pérez (18 años) también escribe canciones. A los diez años dejó de golpear cacerolas y comenzó a hacer música con su propia batería. Hoy se muestra agradecido a sus amigos Joaquín, Fabrizio, Micaela y León, que ayudaron en su afición por la música: los dos últimos le regalaron una guitarra eléctrica y otra criolla, con las cuales fue dándole vida a letras inconclusas que había escrito tiempo atrás. Con la experiencia de haber integrado junto a compañeros de su escuela secundaria, en Arroyo Seco, una banda llamada Multitud Rock, y tras haber compuesto canciones como En ti (dedicada a su madre), actualmente realiza presentaciones junto a Fabrizio Ricchetti, bajo el nombre Luz y Sombra. “Algo que nos caracteriza son las improvisaciones en vivo, tanto en letra como en instrumental –comenta–, lo cual me llevó a experimentar la rima improvisada”. Junto a Maribel Ferreyra, además, ha emprendido un proyecto llamado Acuáridas. Mientras tanto, estudia en la EPCTV. “Desde que empecé la secundaria, filmo y edito mis propios cortometrajes –cuenta–, proponiéndome crear una película por año. Así llegué a hacer ya ocho películas, con mi celular o con lo que podía, narrando mi paso por la secundaria y las experiencias, sentimientos e ideas que me atravesaron.”
Combinar la pasión por el cine con la producción de textos es el sueño de estos jóvenes, aunque no son los únicos (el periodista cinéfilo Martín Fraire tiene una novela escrita que espera salir a la luz, Federico Basteri publicó recientemente su libro Retorno a la oscuridad tras estudiar cine en la UAI, y la lista podría ensancharse). “La clásica recomendación a los que empiezan a escribir es: escribe sobre lo que sabes –sostiene Lisandro Giampietro–. No sé si sé de cine, pero quería escribir y las ideas que se me ocurrían se relacionaban con ese mundillo que conocía y que me proporcionaba material para desarrollarlas.” Alejandro Torriggino sostiene que, en su caso, el cine y la música van muy unidos al hecho de crear algo, y concluye: “Después de todo, la historia es lo que cuenta y cómo está contada, sea en un corto, película o canción.” Por su parte, Federico Monti considera que “lo escrito le da materialidad a cosas volátiles como pensamientos, ansiedades, locuras, alegrías, tristezas, ideas… si no se vuelcan sobre un papel, desaparecen.” Y agrega: “En el cine el guión es una guía, una brújula, del mismo modo que, en su momento, lo fue para mí la poesía para asumir la muerte, tener los pies sobre la tierra y seguir mi vida.”

Por Fernando Varea

Imagen (de izq a der): Lisandro Giampetro, Alejandro Torriggino, Federico Monti y Matías Julián Pérez.

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3 pensamientos en “Crear imágenes a través de la escritura

  1. Las casualidad no existen. Alguien dio like a la publicación de la nota y así llegué.
    Que es cuentos de cine? Alguno dirá lo obvio, un libro. Yo agrego un compendio de anécdotas y experiencias de cualquier tipo de barrio. Llegó a mi por regalo de cumpleaños y fue un buen apoya vasos durante dos semanas hasta que me cortaron internet. No tuve chances de quedar cara a cara con los relatos. No se cuanto tiempo pasó si fueron dos hs o quince minutos, la cuestión es que se me evaporaron las hojas entre los dedos. Hacia mucho que no me entusiasmaba tanto con un libro. Mañana quizá vaya oirnun segundo libro. Gracias!

  2. Coincido, Nacho, en que “Cuentos de cine” es un libro que se lee con entusiasmo.
    Gracias a que su autor tuvo la gentileza de regalármelo pude conocerlo y disfrutarlo.
    Gracias por pasar por acá.

  3. Habrá secuela? Ya terminé con el libro… O el libro terminó conmigo?

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