Méritos sin fronteras

Tal vez alguien piense que el hecho de que una película francesa tenga como protagonista a un actor argentino (como ocurre con la recientemente estrenada 120 pulsaciones por minuto, cuyo personaje principal es interpretado por Nahuel Pérez Biscayart) puede ser un hecho excepcional. Sin embargo, han sido muchos –y por distintos motivos– los actores y actrices que han hecho cine en Estados Unidos y Europa a lo largo de los años. Sin ánimo exhaustivo, proponemos recorrer ese largo camino de rostros y voces que trascendieron más allá de nuestras fronteras.

    • Ya en los comienzos del cine sonoro, Carlos Gardel filmó en los estudios Joinville de París para la Paramount Las luces de Buenos Aires (1931), a la que siguieron otras siete películas, en algunas de las cuales intervinieron Sofía Bozán, Pedro Quartucci, Tito Lusiardo, Gloria Guzmán, María Esther Gamas y Vicente Padula (quien formó parte, a su vez, de numerosos films españoles, mexicanos y estadounidenses, llegando a trabajar para Jean Negulesco y Anthony Mann, entre otros). En los años ‘30, el también actor y cantante de tangos Agustín Irusta actuó en dos producciones españolas y Azucena Maizani cantó en la producción de RKO hablada en castellano Di que me quieres (1938, Robert Snody).
    • Mucho antes de encarnar a la abuela de Camila (1984, María Luisa Bemberg), Mona Maris fue actriz de numerosos films en Francia, Alemania y EEUU: Michael Curtiz, John Ford, Frank Borzage y George Marshall son algunos de los directores para los que trabajó. Otro argentino que tuvo una trayectoria relevante en Hollywood fue Carlos Thompson, quien, invitado por la actriz Ivonne de Carlo, viajó a EEUU en 1952, iniciando en ese país y en Europa una sucesión de trabajos cinematográficos que van desde Fort Algiers (1953, Lesley Selander) hasta La vie de chateau (1965, Jean Paul Rappeneau). También Paul Ellis hizo carrera en Hollywood, trabajando junto a Clark Gable, Jean Harlow, Rita Hayworth, Greta Garbo y otros, en tanto Amanda Varela (hermana de Mecha Ortiz) intervino en cuatro películas hollywoodenses en aquéllos tiempos.
    • Dejando de lado los casos de los nacidos aquí que, por diferentes circunstancias, lograron desarrollar exitosamente su vocación en el exterior (Imperio Argentina, Linda Cristal, Olivia Hussey, Berenice Bejo, Juan Diego Botto), merecen mencionarse varios que extendieron su campo de trabajo a EEUU y Europa. Fernando Lamas, galán promocionado por la Metro Goldwyn Meyer como “el Clark Gable latinoamericano”, actuó junto a estrellas como Lana Turner y Elizabeth Taylor (sumando experiencias como guionista y realizador). Jorge Rigaud actuó en más de 150 producciones extranjeras, incluyendo algunas dirigidas por René Clair, Max Öphuls, Henry Hathaway, Claude Chabrol y Giuliano Montaldo. Alba Arnova fue la estatua que cobra vida en Milagro en Milán (1951), el célebre film de Vittorio de Sica, director para el que también trabajó en una oportunidad Nedda Francy. Roberto Airaldi y Osvaldo Miranda participaron de Los vengadores (1950, John H. Auer) y Berta Singerman, después de dar una serie de recitales de poesía en Estados Unidos, fue invitada a protagonizar un largometraje para la Fox.
    • Hubo quienes filmaron con frecuencia en México: Libertad Lamarque (quien filmó más de cuarenta películas en ese país incluyendo Gran Casino, dirigida por Luis Buñuel), Laura Hidalgo, Niní Marshall, Tita Merello, Francisco Petrone, Juan Carlos Thorry, Susana Freyre, Nelly Edison, Amanda Ledesma, Alicia Barrié, Ana María Campoy, Pepe Cibrián, Luis Aldás, Gogo Andreu, Bertha Moss, Pepe Iglesias, Raúl Astor, Juan Verdaguer, Rosita Quintana, Jorge Salcedo, Zulma Faiad y Marcela López Rey, entre otros. En algunos casos, la necesidad de tomar distancia del peronismo que gobernó en los ‘40/’50 era el motivo de la búsqueda de oportunidades allí.
    • La fama ganada en el mercado hispanoamericano permitió que algunos fueran contratados para hacer cine en España. Fue el caso de Hugo del Carril, convocado en 1950 para realizar y protagonizar El negro que tenía el alma blanca (antes había actuado en tres películas mexicanas). Al actor Carlos Estrada el éxito obtenido con La tía Tula (1964, Miguel Picazo) determinó que le siguieran otros cuarenta largometrajes en España (también su mujer Erika Wallner se desempeñó como actriz en algunas películas españolas).  Mabel Karr participó de una docena de proyectos cinematográficos incluido El coloso de Rodas, de Sergio Leone. Elisa Christian Galvé compuso el principal personaje femenino de Cómicos, de Juan Antonio Bardem. Delia Garcés fue actriz de dos películas en México incluyendo El, de Luis Buñuel, y una en España. Alfredo Alcón actuó en Jandro y Cartas de amor de una monja. Analía Gadé fue, a partir de los años ’50, una de las actrices más populares en España: entre las cuarenta películas para las que trabajó figuran Mi profesora particular y Las largas vacaciones del 36, ambas dirigidas por Jaime Camino y en la primera junto a Joan Manuel Serrat. Otros fueron Alberto Berco (quien también intervino en algunas producciones inglesas y estadounidenses), Alberto Dalbes (actuó en más de cuarenta películas), Luis Dávila (participó de numerosas producciones en los ’60), Zully Moreno (en España y en México), Mecha Ortiz (con un único largometraje, Sangre en Castilla), Mirtha Legrand (cuyo protagónico en Doña Francisquita en 1952 fue su única actuación en cine en color), Susana Campos (tras acompañar la presentación en Cannes de Rosaura a las diez fue convocada para actuar en varias producciones españolas), Pepita Serrador, Amelia Bence, Pedro Maratea, Malvina Pastorino, Olga Zubarry, Mariano Vidal Molina, Joe Rígoli, Ana Marzoa, Mirta Miller, Nené Morales, Norma Sebré y Hugo Pimentel.
    • La femme fatale de los primeros años del sonoro en Argentina, Tilda Thamar, fue intérprete central de una veintena de películas en Francia, España, Alemania e Inglaterra. Con la ayuda del director y productor Hall Bartlett –su marido desde 1958–, Ana María Lynch logró actuar en dos producciones hollywoodenses, Los invictos y Almas en tinieblas, compartiendo responsabilidades con Alan Ladd, Joan Crawford y otros grandes. Narciso Ibáñez Menta tuvo un primer contacto con Hollywood en épocas del cine mudo y más tarde actuó en varias películas españolas. Alberto de Mendoza fue parte de más de cincuenta películas en México y Europa, incluyendo algunas dirigidas por Claude Sautet, Mario Camus y Lucio Fulci. Susana Mayo participó en siete películas españolas en los ’70 y posteriormente en una italiana (Isola alla deriva). Luis Sandrini actuó en varias películas en México y España, en una de ellas (Maldición gitana) junto a su hermano Eduardo, así como Guillermo Murray fue director, guionista y actor de varias películas en ambos países. Tras viajar a Europa en 1957, Milo Quesada fue actor de reparto en Rey de reyes (1961, Nicholas Rey), El desierto rojo (1964, Michelangelo Antonioni) y otras producciones españolas e italianas, algunas dirigidas por Marcel Ophüls, Claude Chabrol, Mario Bava y Sergio Corbucci. Alejandro Rey actuó en varias producciones europeas, incluyendo  Salomón y la reina de Saba (1959, King Vidor, rodada en España), cumpliendo más tarde roles secundarios en films estadounidenses.
    • Entre los que tuvieron suerte en Italia se encuentran Nino Persello y Juan Carlos Lamas, quien actuó en nueve films, incluyendo Escándalo en Roma (1953, Steno-Mario Monicelli). Durante una estadía en Europa a mediados de los años ’70, el escenógrafo, productor y animador televisivo Eduardo Bergara Leumann logró intervenir –en roles menores o apenas como extra– en seis películas, entre ellas Casanova (1976, Federico Fellini) y Calígula (1979, Tinto Brass).
    • A algunos cómicos, bailarinas y vedettes, las giras con sus espectáculos les permitieron incursionar en el cine extranjero, como Diana Maggi, quien en los ’50 actuó para tres películas en España. Alfredo Alaria participó de un puñado de films españoles e italianos (incluyendo Diferente, en 1961 y sobre guión propio). Violeta Montenegro y Víctor Ferrari fueron responsables de las escenas de baile de Cleopatra (1963, Joseph Mankiewicz). Eber Lobato escribió y dirigió la producción estadounidense El grito de la mariposa (1965), protagonizada por Nélida Lobato. Ethel Rojo fue comediante y bailarina en varias películas mexicanas y españolas como Esa pícara pelirroja (1963), donde compartió una escena de danza con Antonio Gades, en tanto su hermana Gogó intervino también en cinco películas españolas. Libertad Leblanc tiene en su haber una decena de películas españolas y mexicanas.
    • La popularidad alcanzada por sus triunfos como boxeador llevaron a Carlos Monzón a actuar en dos películas en Italia: La cuenta está saldada (1976, Stelvo Massi) y El macho (1977, Mark Andrews), en ambas junto a Susana Giménez, su pareja de entonces. Otro boxeador argentino, Gregorio Goyo Peralta, participó también en una producción europea: Dinero sangriento (1975, Anthony Dawson).
    • En los ’70 tuvo su experiencia en el cine español Germán Kraus, en dos películas poco relevantes, en tanto algunos de sus colegas se vieron forzados a probar suerte en el cine europeo debido a la imposibilidad de trabajar en Argentina (prohibidos por la dictadura iniciada en marzo de 1976 o amenazados un par de años antes por la Triple A). Héctor Alterio, a partir de Cría cuervos (1975, Carlos Saura), se convirtió en un rostro habitual del cine español e italiano: algunas de las más de cincuenta películas en las que participó son Asignatura pendiente (1976, José Luis Garci), A un dios desconocido (1977, Jaime Chavarri) –por la que fue premiado en San Sebastián–, El crimen de Cuenca (1979, Pilar Miró) y Flesh + blood (1985, Paul Verhoeven). Marilina Ross viajó a España en 1976 para actuar en Parranda (Gonzalo Suárez) y en un film de Manuel Gutiérrez Aragón del que finalmente desistió (siendo sustituida por Ángela Molina), protagonizando luego otras cinco películas. Norman Briski fue parte de cinco proyectos cinematográficos en España, incluyendo la nominada al Oscar Mamá cumple cien años (1979, Carlos Saura). Luis Politti también actuó en una docena de films en ese país, donde murió en 1980. Cipe Lincovsky actuó en Luto riguroso (unos años antes había sido parte de la producción alemana La Tomasa) y, del mismo modo, el uruguayo Walter Vidarte, Martín Adjemián, Raúl Fraire, Zelmar Gueñol, Norma Bacaicoa, Sara Bonet y Zulema Katz tuvieron intervenciones en el cine español en esos años.
    • A Norma Aleandro no le resultó fácil ser tenida en cuenta por el cine europeo en ese período, pero tras la repercusión internacional de La historia oficial (1984, Luis Puenzo) comenzó a ser convocada para distintos proyectos en el extranjero: así actuó junto a Liv Ullman en Gaby, una historia verdadera (1987, Luis Mandocki) –labor por la que estuvo nominada al Oscar– y con Anthony Hopkins en el telefilm Un hombre en guerra (1990, Sergio Toledo), y fue dirigida por Joel Shumacher (Un toque de infidelidad) y James Ivory (La ciudad de tu destino final). Siendo muy joven, después de actuar en un par de films argentinos, Cecilia Roth viajó a España con sus padres continuando allí su profesión, trabajando para  Iván Zulueta en el film de culto Arrebato (1979) y para Pedro Almodóvar en varias de sus películas (entre ellas Todo sobre mi madre, ganadora de un Oscar), además de actuar en la serie televisiva Luisa Sanfelice (2004), dirigida por los hermanos Taviani. También Darío Grandinetti fue actor de Almodóvar en Hable con ella (2002) y Julieta (2016), tras haber incursionado en el cine español en 1998 (El día que murió en silencio); una de las más recientes producciones europeas de las que participó es la italiana Sleeping around (2008, Marco Carniti).
    • En 1988 Pepe Soriano encarnó a un doble de Franco en Espérame en el cielo (Antonio Mercero), trabajando ocasionalmente en otras producciones españolas. Pablo Alarcón actuó en Enemistad, largometraje italiano dirigido por Gianfranco Cabiddu. Otras intervenciones de actores argentinos en el cine italiano de esos años fueron las de Tino Pascali en Giovanni Falcone (1992, Giuseppe Ferrara) y Salo Pasik en El ángel con la pistola (1992, Damiano Damiani). A Arturo Bonín pudo vérselo en la película española Amanece que no es poco (1989, José Luis Cuerda) y a la modelo Daniela Cardone en Operación Gónada (2000, Daniel Amselem). Marilú Marini intervino en Molière (1978, Arianne Mnouchkine) y otras seis películas francesas. Héctor Malamud también actuó en dos largometrajes franceses en los ’80, así como Iris Marga fue convocada a los noventa años para actuar en un film de Fabio Carpi (El amor necesario). Por su parte, el cómico Jorge Porcel tuvo la oportunidad de actuar bajo las órdenes de Brian de Palma y junto a Al Pacino en Carlito’s way (1993). El recientemente fallecido Federico Luppi fue otro de los actores argentinos más convocados para hacer cine en el exterior, actuando para el mexicano Guillermo del Toro en Cronos (1993), El espinazo del diablo (2001) y El laberinto del fauno (2006), y para el estadounidense John Sayles en Hombres armados (1997), interpretación por la que fue nominado al Globo de Oro [sobre la trayectoria de Luppi nos hemos ocupado más detenidamente aquí].
    • Un caso singular fue el de Mía Maestro, quien después de participar en la coproducción Tango (1998, Carlos Saura) continuó trabajando en España. Algo similar le ocurrió a su compañero en dicha película Miguel Ángel Solá, quien comenzó a frecuentar películas españolas como La playa de los galgos (2002, Mario Camus) y Tiovivo c. 1950 (2004, José Luis Garci). En El corredor nocturno (2009, Gerardo Herrero), Solá compartió los roles principales con Leonardo Sbaraglia, quien a partir de Intacto (2001, Juan Carlos Fresnadillo) –donde actuó junto a Max Von Sydow– intervino en más de veinte películas en España. Cecilia Dopazo formó parte de Territorio comanche (1997, Gerardo Herrero) con Gastón Pauls, quien fue parte también de Che: Guerrilla (2008, Steven Soderbergh).
    • Guillermo Francella actuó en la mexicana Rudo y cursi (2008, Carlos Cuarón) y la española ¡Atraco! (2012, Eduard Cortés), donde lo acompañaron Nicolás Cabré y Daniel Fanego. Cabré trabajó, asimismo, en Sólo para dos (2013, Roberto Santiago), así como Fanego en Los condenados (2009, Isaki Lacuesta) junto a los argentinos Leonor Manso, María Fiorentino, Arturo Goetz, Juana Hidalgo y Nazareno Casero. Rodrigo de la Serna fue tentado para actuar en Hollywood después de encarnar a Alberto Granado en Diarios de motocicleta (2004, Walter Salles) –por la  que ganó un Premio Independent Spirit y estuvo nominado al Bafta– y en 2016 protagonizó la miniserie televisiva Llámame Francisco, dirigida por el italiano Daniele Luchetti. Mercedes Morán integró las producciones españolas Remake (2006, Roger Gual) y Neruda (2016, dirigida por el chileno Pablo Larraín), en tanto el popular Ricardo Darín actuó en España en películas como La educación de las hadas (2006, José Luis Cuerda), Truman (2015, Cesc Gay) y Todos lo saben (2018), esta última dirigida por el iraní Asghar Farhadi (ganador de dos premios Oscar).
    • Rodrigo Guirao Díaz fue parte de algunos telefilms en Italia y un par de películas españolas, en una de ellas (La noche después de que mi novia me dejara) junto a Chino Darín, quien también fue dirigido por Fernando Trueba en La Reina de España. Lola Ponce actuó en dos producciones italianas (una de ellas dirigida por Sergio Castellito) y Beatriz Spelzini en una italiana y otra alemana (aunque rodada en Buenos Aires).
    • La reseña culmina con Nahuel Pérez Biscayart, quien debutó en el cine francés después que Benoit Jacquot viera en Cannes La sangre brota (2008, Pablo Fendrik): de esa manera obtuvo un papel en En lo profundo del bosque (2010), alternando posteriormente trabajos en Canadá, Reino Unido, Alemania, España, Italia, Bélgica, México y Brasil. En Grand Central (2013, Rebecca Zlotowski) fue uno de los intérpretes centrales junto a Tahar Rahim, Léa Seydoux y Olivier Gourmet. Su celebrada actuación en 120 pulsaciones por minuto –vital y severo ejercicio de militancia en torno a los derechos de los enfermos de HIV– resulta un ejemplo más de nuestro talento de exportación.

Por Fernando G. Varea

Imágenes: Carlos Gardel en El tango en Broadway (1934, Louis J. Gasnier), Carlos Thompson en Fort Algiers (1953, Lesley Selander), Libertad Lamarque en Gran Casino (1946, Luis Buñuel), Carlos Estrada en La tía Tula (1964, Miguel Picazo), Analía Gadé y Joan Manuel Serrat en Mi profesora particular (1973, Jaime Camino), Mirtha Legrand en Doña Francisquita (1952, Ladislao Vajda), Alberto de Mendoza en Una lagartija con piel de mujer (1971, Lucio Fulci), Héctor Alterio en Cría cuervos (1975, Carlos Saura), Marilina Ross en Parranda (1976, Gonzalo Suárez), Liv Ullman y Norma Aleandro en Gaby, una historia verdadera (1988, Luis Mandoki), Jorge Porcel y Al Pacino en Carlito’s way (1993, Brian de Palma), Federico Luppi en Cronos (1993, Guillermo del Toro), Cecilia Roth en Todo sobre mi madre (1999, Pedro Almodóvar), Darío Grandinetti en Hable con ella (2002, Almodóvar) y Nahuel Pérez Biscayart en 120 pulsaciones por minuto (2017, Robin Campillo).
– Para esta nota fue consultado el libro de Mario Gallina De Gardel a Norma Aleandro / Diccionario sobre figuras del cine argentino en el exterior (Corregidor) –

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2 pensamientos en “Méritos sin fronteras

  1. Qué buen material, Fernando. Hermoso e interesante artículo. Muchas gracias!!!

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