“Juan Moreira”, un clásico que aún resuena

El 24 de mayo de 1973 se estrenaba, en 41 salas simultáneas de todo el país, Juan Moreira (1972, Leonardo Favio), una de las pocas películas argentinas que lograron convertirse en clásico perdurable y casi indiscutible. El día siguiente del estreno asumía como presidente Héctor Cámpora, lo que implicaba, entre otras cosas, la vuelta al poder del peronismo (proscripto dieciocho años), en el que Favio militaba, pero Juan Moreira era algo más que una escolta efervescente del triunfo electoral.
Tomando un personaje proveniente de las crónicas policiales (rescatado en otros tiempos por el folletín, el circo, el radioteatro y el cine), el joven director ofrecía un film que los críticos celebraban como un acontecimiento. “Indios, gauchos, inmigrantes y terratenientes coexisten de manera compleja en el mismo ámbito del campo bonaerense, se mueven sobre coordenadas propias” analizaba La Prensa, señalando que “Detrás de cada formulación aparente, de su simplicidad o su barroquismo, o aún de sus imperfecciones, existe un material riquísimo en el que se ejerce la intuición del artista”. En la revista Panorama, Néstor Tirri describía: “Planos en gran detalle, planos cortos, montaje con violentas interrupciones de acción o pasajes meditativos, todos son recursos de un lenguaje serio y preciso, que no deja lugar a efectos provenientes de técnicas publicitarias, con que se ha enviciado últimamente la producción local”, asegurando que Juan Moreira alcanzaba, por momentos, “la dignidad del mejor cine japonés” por apoyarse en tradiciones populares trascendiendo localismos. Poco después del estreno, la revista Gente le dedicaba cuatro páginas bajo el título “Estamos viviendo uno de los sucesos más grandes del cine argentino”, afirmando que cada función cerraba con el público estallando en aplausos, para luego espoilear: “El cuerpo ensangrentado de Moreira se yergue, viril, en una imagen detenida sobre el final. Para el recuerdo, para el asombro y el rechazo de cada injusticia, por pequeña que fuere”. El 9 de agosto llegó a reponerse en el Auditorio Kraft Crónica de un niño solo (1965), con un anuncio en los diarios: “A los dos millones de espectadores que vieron Juan Moreira los invitamos a descubrir la primera obra maestra de Favio”.
Mucho se ha escrito sobre el Juan Moreira de Favio, que representó oficialmente a nuestro país en los festivales de Moscú, San Sebastián, Washington y Los Ángeles, y obtuvo premios de la Asociación de Cronistas Cinematográficos a mejor película dramática, fotografía (Juan Carlos Desanzo) y banda sonora (Pocho Leyes y Luis María Serra). Podría agregarse que se repuso veinte años después en dos cines porteños, y que fue elegida una de las diez mejores películas argentinas de todos los tiempos por críticos e investigadores consultados por el Museo del Cine en el año 2000. Procurando aportar algo nuevo, en Espacio Cine rescatamos una nota realizada a su director durante el rodaje, en la que sostenía, entre otras cosas: “Me gustaría que mis películas quedaran como un papiro, una crónica de un mundo al que pudieran recurrir las generaciones futuras”.

Nota publicada en revista Gente en su edición del 22/6/1972.-

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